jueves, 2 de noviembre de 2017

El ruido

Demasiado alboroto
¿Qué mente es capaz de aislarse del ruido ambiente tanto como para enjuiciar con serenidad, a la sola luz de la razón lo que acontece a su alrededor? La mía no, desde luego.

Confieso mi complicidad en generalizar algo de lo que abomino: la simplificación complaciente de los hechos en base a la distribución de estereotipos que no son sino malas caricaturas de una realidad no siempre asequible.

Me gustaría, ya sé que es imposible, dar marcha atrás y borrar mi contribución al desconcierto. Sí, yo también he circulado mensajes simplistas, y lo siento, porque si algo sobra en estos momentos es eso, esquematismo, lugares comunes, lemas y banderas. Sí, también sobran banderas si han de usarse las unas contra las otras como si fueran lanzas.

¿Y si el ruido tuviera su propio valor?
Aunque a veces tiendo a pensar que tal vez no todo sea pasión, incluso lo que parece su quintaesencia. ¿Y si el ruido, el exceso de ruido, quiero decir, fuera un elemento clave del planteamiento? ¿Y si la llamada directa al sentimiento, orillando la razón, fuera una estrategia acorde con el núcleo duro de la doctrina?

Pasan los años y es ahora, más de tres cuartos de Siglo después, cuando es fácil advertir la paupérrima base teórica del fascismo ¿Qué habría sido de Europa, del mundo, si en los años 30 la razón hubiera arrinconado al sentimiento? ¿Qué habrían dado de sí Hitler, Mussolini, sin los símbolos, sin los himnos, sin las banderas, sin los saludos, sin los desfiles? ¿Qué sería, por tanto, de los nacionalismos si los pasamos por el tamiz implacable del razonamiento?

El último ejemplo: Puigdemont en Bruselas  
Me veo circulando chascarrillos alusivos a la supuesta "espantá" del Honorable. ¡Ha sido tan fácil...! Las ratas que abandonan el barco, la huída vergonzosa, etc. etc., todo adobado por imágenes más o menos ridiculizantes. Pero ¿Y si detrás hubiera algo más?

Me parece a mí que en la trastienda del folklore callejero de cualquier signo ha habido dos factores determinantes de los últimos pasos del independentismo: por una parte, la salida de Cataluña de casi dos mil empresas. Poco hay que comentar. El efecto sobre la economía catalana es demoledor, se diga lo que se diga. Su impacto en términos de desprestigio, aún mayor. Por otra parte, el frontal e interesado rechazo europeo al proceso independentista ha sido tan evidente que el sueño de la independencia (¿qué país es independiente si no lo reconoce la comunidad internacional?) se aleja sin remedio.

Así las cosas, el Estado Mayor del movimiento secesionista percibe que es necesario dar algún paso atrás, aunque ello no implique abdicación de ideas ni pérdida de objetivos. Reparto, pues de papeles: unos se quedan guardando la casa, aparentando moderación, encabezando listas electorales y otros hacen como que escapan concitando sobre ellos las iras y las risas.

Me lo planteaba un viejo amigo desde la periferia de Barcelona. "Te estás equivocando en el análisis. La marcha de Puigdemont y los suyos no ha sido una escapada improvisada.Todo estaba escrito, lo que desde Madrid se ve como huída vergonzante, desde el bando secesionista se ve como una burla al Gobierno, así que eso no va a tener penalización electoral" (Como no la ha tenido la corrupción, pensé)

Aunque no se debe jugar a aprendiz de brujo 
El mismo amigo me comentaba algo que a él, y a mí, desde luego, le preocupaba: la creciente polarización de las masas. Cada manifestación que se convoca son más quienes al final del desarrollo pacífico del evento alteran el orden público. Si la marcha es independentista, crece el número de elementos venidos quién sabe de dónde, activistas de la lucha callejera vasca, antisistema de media Europa. Si los convocantes defienden la unidad de España, también aumentan los grupos de la ultraderecha nacional y extranjera. 

Y es que en tiempos de crisis, se alimentan los radicalismos. En los años 30 sólo los nacionalsocialistas o los fascistas de un lado, y los comunistas de otro iban con la cabeza alta. Al resto, a los tibios, los vomitará Dios como dicen los textos sagrados. Sólo un apunte: al término de la confrontación, cerca de 50.000.000, sí, ¡cincuenta millones! de seres humanos habían perdido la vida.

¿Hemos vuelto al terreno de la razón?
Sí, pero menos. Paralizar la deriva y convocar elecciones eran dos pasos indispensables. Si debió hacerse antes o no, es irrelevante, porque ya no tiene remedio. Lo que ahora cuenta es cómo afrontar el proceso electoral y qué hacer al día siguiente.

Oigo voces y leo textos demandando una candidatura única que represente a quienes no quieren independizarse. Hay razones para ello. Yo, sin embargo, creo que sería un trágico error. Unir bajo las mismas siglas a Partidos cuyo único punto en común es el rechazo a la independencia es dar otro aval importantísimo a la tesis de que las próximas elecciones vuelven a ser plebiscitarias.

El frentismo impide matices. ¿Qué otro punto programático, salvo la defensa de la Constitución, que no es poco, por otra parte, cabe detrás de una candidatura donde estén gentes del PP y del PSC, por ejemplo? Es un planteamiento reductor. Las elecciones no servirían sino para contar quiénes están a favor y quiénes en contra de la independencia. Y hay quienes llevan y llevamos años diciendo que los últimos gobernantes de Cataluña se han olvidado de todo menos de la malhadada independencia.

Lo que, desde mi punto de vista, sí sería imprescindible es configurar desde ahora mismo otro frente: el de los que no importa cuál sea su ideología estén dispuestos a trabajar codo con codo para restañar heridas, soldar fracturas y eliminar cicatrices. Los amigos distanciados deben volver a serlo cuanto antes; las familias deben seguir siéndolo, la sociedad no puede vivir a diario al borde del abismo.

Justicia y Política
En los tiempos que corren oímos a diario a líderes proclives a la independencia protestar por el procesamiento de ciertos políticos con el consabido argumento de que los Tribunales no podrán jamás resolver problemas políticos.

Es cierto, desde luego. Como que se trata de ámbitos distintos llamado cada uno a solventar problemas diferentes. No obstante, pretender que al hilo de esta verdad, hurten la acción de la jusicia quienes son procesados por infringir la legalidad vigente, es engañar con la verdad.

Cuando a diario se oyen manifestaciones altisonantes, lindantes con frecuencia con el insulto, ya sea en sede parlamentaria o ante los medios de comunicación social, cuando se escucha a personajes como el Sr. Rufián, o el Sr. Tardá barbarizando sin que a nadie se nos pase por la cabeza que deban ser encarcelados, es evidente que aunque les gustaría que fuera de otra manera, en España sigue vigente el principio de separación de poderes. Sus libertades son la mejor prueba.

Mis consabidos puntos finales.

La comunidad docente debe volver a la búsqueda de la verdad y del conocimiento. Tiene que abandonar el adoctrinamiento simplista. La libertad de cátedra no ampara la mentira deliberada

La información ha de ser tan libre y tan plural como la colectividad a la que va dirigida. Cualquier censura es execrable, no importa en nombre de qué se ejerza.

La corrupción, no importa dónde anide, tiene que ser perseguida a muerte. Ni el ideal de la independencia puede ampararla

En un régimen democrático, la división de poderes es incuestionable. Por tanto, las consecuencias de la desobediencia a las Leyes son materia a solventar en Tribunales. ¿Recuerdan la apostilla "Hágase justicia y derrúmbense los Cielos"? 

sábado, 7 de octubre de 2017

Es la hora de la razón

¡Sosegaos!

...Decía Felipe II. No tengo especial aprecio por el personaje, pero siempre he admirado su sentido de la calma cuando sobre su mesa se acumulaban cientos de problemas que necesitaban urgente solución y le interrumpía algún impaciente cortesano que quizás creyera de buena o mala fe que traía la solución para los males del Imperio o ¿quién sabe? las de los suyos propios.

Y esto es lo que en este momento complicado necesitamos todos. En Cataluña y en el resto de España. La cabeza fría, el raciocinio a punto y las pasiones bajo control. No vamos a arreglar nada gritando esto o lo contrario, soliviantando al vecino, insultando o  recibiendo insultos. Más bien, al contrario

Es el momento de la palabra justa, de la reflexión antes de hablar, de tener a punto la mente para ver cómo son las cosas, que, seguro, no son ni como las cuentan los unos ni los otros.

Por encima de todo, es el momento de exigir a nuestros gobernantes que cumplan con su obligación, la primera de las cuales es cumplir y hacer cumplir la Ley, coincida o no con el cálculo electoral que podría derivarse de hacer una cosa o su contraria.

La inexorable lección de la Historia

Si hay algo cierto en la Historia, una constante aplicable a no importa qué pueblo, qué nación, qué Imperio, es que nada es para siempre. Así que cuando alguien dice que tal o cual cosa "siempre se ha hecho así", o es un ignorante o interpreta el "siempre" como el único período de tiempo que él conoce.

Lo que quiero decir es que los pueblos, las naciones, no sólo cambian, sino que  veces desaparecen. En ocasiones, sólo durante un tiempo y vuelven después a renacer. Otras veces se pierden para siempre en la nebulosa del tiempo pasado.

Polonia desapareció y volvió a nacer a lo largo de la II Guerra Mundial. Israel estuvo en el limbo durante cerca de dos mil años. Otros pueblos, kurdos, armenios, se sienten nación y nunca han llegado a tener un Estado. 

El más importante país de Europa, Alemania, nació como tal hace menos de siglo y medio y durante un tiempo se partió en dos. Italia también logró ser un solo Estado hace siglo y medio. En tiempo histórico reciente, surgió Yugoeslavia, desapareció y ha dado lugar a cinco Estados nuevos. ¿Qué pasará en los Balcanes dentro de cincuenta años?

No hay nación en el mundo cuyas fronteras se hayan mantenido estables durante mucho tiempo. Alsacia fue territorio del Sacro Imperio hasta mediados del XVII en que pasó a la Monarquía francesa; volvió a ser alemana en el último tercio del XIX, retornó a Francia en 1918, cambió de bandera, otra vez alemana, en 1940 y, desde 1945, ha vuelto a ser francesa.

No quiero hablar de fronteras ni de posesiones españolas, pero sí de su organización territorial. El sistema de Provincias y Regiones, es un invento reciente, creación de Javier de Burgos: 1833. Durante la I República, la exacerbación del federalismo estuvo a punto de dinamitar el Estado a partir del movimiento cantonalista, que dio lugar a episodios grotescos. Vuelta al centralismo y retorno a la descentralización actual del Estado de las Autonomías.

La conclusión, para mí, es que España ha sobrevivido a tantos cambios (como el resto de los grandes países del mundo, por otra parte) que en el inmediato futuro puede configurarse como un estado Federal, mantenerse como está, o volver a los principios del más férreo de los modelos centralistas.

Ésa no es, pues, la cuestión, sino qué harán con un modelo o con otro nuestros gobernantes y nuestro pueblo.

La respuesta racional al secesionismo catalán

No quiero que nadie piense que estoy censurando a las fuerzas de Orden Público, pero para mí es evidente que aun cumpliendo escrupulosamente con su deber, estén bajo el mando del Ministro del Interior o de la Generalitat, no son la herramienta adecuada para resolver la cuestión. Insisto en que no pongo en solfa su actuación reciente, sino que afirmo que no podrán nunca arreglar el fondo del problema, porque éste no es un problema de orden público.

De la misma manera que afirmar que un problema político ha de arreglarse con medidas políticas, ni invalida, ni pone en duda la obligatoriedad de nuestros Tribunales de aplicar la legalidad vigente con todas las consecuencias a quienes hayan infringido el ordenamiento jurídico. Es fundamental que así sea, pero tampoco se arregla el problema catalán con Sentencias, aunque, que nadie lo dude, será indispensable pasar por los Tribunales a cuantos se hayan hecho merecedores de ello y a sus actuaciones.

Lo que quiero decir, en definitiva, es que, restablecido el orden público y sometidos a la justicia quienes se hayan hecho acreedores a ello, habrá que resolver el problema desde instancias políticas. El tiempo no tiene marcha atrás, ¡qué más quisiéramos! pero lo cierto es que hemos perdido muchos años sin afrontar el problema en clave política.

Guste o no a unos y a otros, no hay más remedio que hablar, negociar y acordar cómo salir de este maldito embrollo. Hay que reflexionar, sentarse, hablar y acordar. ¿Sobre qué bases? Porque no se trata de negociar a cualquier precio ni cualquier solución. Éstas son mis opiniones.

No se negocia con rehenes

Dicho de otra manera, antes de sentarse hay que recuperar la normalidad; la callejera y la institucional. Se negocia desde la legalidad vigente aunque sea para cambiarla de arriba abajo. Antes las calles tienen que estar tranquilas, sin huelgas convocadas desde el Poder, sin acoso al que se aparta del pensamiento único.

Recuperar la normalidad, implica entender como algo normal, que a incumplimientos de la legalidad le corresponden actuaciones judiciales. Una vez que hablen los Tribunales, o mientras lo hacen, se puede empezar cualquier conversación, pero tampoco sería admisible que para "abrir boca", una de las partes exigiera algo parecido a un principio de inmunidad por el hecho de haber aceptado negociar.

Hay muchos más requisitos

Compartir el punto de partida
Sería ingenuo pedir que ambas partes tuvieran idéntico objetivo concreto, pero es imprescindible que, genéricamente busquen lo mismo: el bien general de la parte a la que representan. Es decir, hay que asumir que una parte pretenderá conseguir lo mejor para Cataluña y la otra buscará lo mejor para el pueblo español en su conjunto.

Nada hay más tramposo en estas cuestiones que pretender decirle al otro "lo que le conviene", y nada hay más mezquino que poner el interés personal por delante del del Partido y el del Partido por encima del del País.

Cuidado con las cuestiones de principio
Existen, desde luego, pero son una pésima arma de negociación. Suelen generar una reacción contraria de la misma intensidad y bloquear el diálogo. 

Salvo que se trate de los principios de Groucho Marx ("Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros"), es mejor, más práctico, más eficaz hablar de intereses, porque esos sí admiten grises, lejos del blanco o el negro puros de los principios.

La elección de los interlocutores.
Es obvio que ninguna de las dos partes pueden elegir a quien deba representar a la otra parte, pero sí, en cambio, creo que debería admitirse el derecho al veto. Se trata de una cuestión de mutua confianza, esencial si se quiere progresar.

Quiénes y cuántos, tampoco es algo esencial, pero deberían estar en condiciones de representar el amplio abanico  de fuerzas que apoyen el proceso y de controlar el peso de quienes de una y otra ribera del Ebro habrán quedado fuera y se estarán oponiendo a todo lo que no sea la admisión pura y dura de sus tesis.

Reglas de procedimiento y juego limpio.
Quienes intenten el acuerdo deberán elaborar sus propias reglas de juego y someterse a ellas con absoluto rigor. No va a haber nadie con autoridad y capacidad suficiente para imponer el orden internos, pero todos han de saber que lo que está en juego es la estabilidad y el futuro para mucho tiempo.

Especial atención ha de tenerse con el delicado tema de la información pública sobre el proceso. Cierta reserva sobre la marcha puntual de las conversaciones e información previa a cada parte de lo que la otra quiere dar a conocer, son medidas que suelen dar buen resultado

Y paciencia, mucha paciencia
Porque el problema viene de antiguo, porque en los últimos tiempos se ha soliviantado a la ciudadanía hasta límites intolerables y no puede esperarse que se arregle de la noche a la mañana.

Por el contrario, serían de esperar puntos muertos, retrocesos incluso que pondrán a prueba la paciencia de quienes estén negociando.

La pregunta del millón: ¿Qué se puede negociar?
No es eso. La cuestión es cómo. Si se negocia dentro de la Ley, incluso para cambiarla, si  las conversaciones terminan en un acuerdo y sus resultados se someten a la aprobación del pueblo soberano, no tendría que haber puntos previos excluidos.

¿Qué tienen Quebec/Canadá o Gran Bretaña/Escocia que no tengamos nosotros? Una legislación diferente a la nuestra que no hubo que incumplir para conocer qué pensaban escoceses y quebequeses. 

Se tomaron su tiempo, informaron sin mentiras a la población, eligieron determinadas garantías previas y posteriores a la votación, y la ciudadanía permaneció unida. ¿Tan distintos creemos que somos?

¿Un referendum? No, uno no: dos. Veamos.

Supongamos que se empieza por hacer las cuentas y se aclara quién debe dinero a quién y cuánto. Imaginemos que estas cuentas se hacen públicas de común acuerdo, de manera que todo el mundo sepa lo que puede ganar o perder en un caso y en su contrario.

Demos por hecho que los negociadores presentan, también al unísono cuáles serías las alternativas reales a la independencia, en cuanto a financiación y competencias autonómicas revisadas.

Asumamos que hay acuerdo en cuanto a qué porcentaje de votos son necesarios para que el hipotético sí a la independencia sea válido, un mínimo del 51 % del censo, por ejemplo ¡Del censo, no de los votantes!

Admitamos que el acuerdo incluye el principio de que si gana el no, la cuestión no puede volver a plantearse n los próximos 30 años, o 40, o los que las partes acuerden.

Imaginemos que lo que se pretende es que en esa consulta sólo vote el censo catalán debidamente elaborado y que lo hagan contestando una pregunta simple, clara, sólo una a contestar con un "Sí" o un "No".

Es evidente que articular esa consulta exige modificar la Constitución. Primer referéndum, por tanto, en el que vota toda la nación y cuyo resultado, es obvio, es vinculante. Sólo si el pueblo español en su conjunto, después de los pasos anteriores, acepta que los ciudadanos catalanes decidan sobre su futura relación con el resto de España, podrá plantearse el segundo referéndum.

En esas condiciones, y sólo en ésas, ¿Tan imposible sería hablar de ese segundo referéndum? ¿Por qué no hemos empezado por ahí? 

Aún estamos a tiempo.







miércoles, 27 de septiembre de 2017

¡Maldición, soy fascista y no lo había sabido hasta ahora!

¿A qué viene esto?

Sencillamente, a que de un tiempo a esta parte, los voceros del secesionismo catalán, y sus palmeros podemitas, reparten carnés de fascista a todo aquel que les lleve la contraria.

Resulta así, que si un significativo gruppo de intelectuales y gentes del mundo de la cultura, personas que rechazan las políticas de Mariano Rajoy como la directora de cine Isabel Coixet; las actrices Mónica Randall, Julieta Serrano y Rosa María Sardá; el escritor Félix Ovejero o la catedrática Victoria Camps, todos catalanes, o los escritores Javier Marías, Ignacio Martínez de Pisón, Rosa Montero, Juan José Millás y Manuel Rico; el diseñador Javier Mariscal, el director de cine Fernando Colomo; el economista Juan Torres; el músico Miguel Ríos, y quien fue fiscal Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, entre otros, rechazan la deriva suicida del secesionismo catalán, ¡Son fascistas!

Si alguien como Joan Manuel Serrat, hace años perseguido por catalanista, es fascista porque no se siente cómodo con el modo de hacer las cosas del Gobierno de la Generalitat y sus consocios de la CUP.

Si enarbolar la bandera de la nación a la que pertenezco, una bandera antigua, remozado su escudo por el primer Parlamento democrático elegido después de 40 años de dictadura, es fascista.

Si todo está pasando, tengo que llegar a la conclusión de que tal vez no fuera de nuestras fronteras, pero sí, desde luego en España, sólo hay dos clases de ciudadanos: los iluminados que actúan al margen de las Leyes, incumplen las Sentencias, insultan y acosan a quienes no piensan como ellos y obedecen como borregos las consignas mántricas que les llegan desde las cuevas de sus dirigentes, y el resto.

Los primeros, los iluminados, son demócratas. El resto, son, SOMOS, fascistas. Todos, sin excepción, sin medias tintas. O secesionista o fascista.

Yo no soy secesionista, luego soy fascista.

¿Quién reparte los carnets y dónde estaban cuando había fascismo de verdad?

Hay verdades como puños, axiomas de uso común, al alcance de cualquiera que use la cabeza para pensar, aunque no sea Profesor de Ciencia Política, ni lleve toda su vida escalando posiciones en cualquier formación política

- Manifestarse en la vía pública día tras día para denunciar el fascismo del país en el que te manifiestas, es prueba de democracia, no de fascismo.

- Sostener desde la tribuna de oradores del Parlamento que el sistema es dictatorial y salir tan tranquilo por la puerta, es prueba de democracia, no de fascismo.

- Acallar a la disidencia cercando los domicilios sociales de los Partidos antagonistas y los domicilios de sus dirigentes, es prueba de fascismo, no de democracia.

- Silenciar el Parlamento cuando interesa a la mayoría pare evitar denuncias de arbitrariedades, es prueba de fascismo, no de democracia.

- Poner la ideología del Partido por encima de la Ley y de la Justicia, es fascismo puro, no democracia.

¿Y de quiénes hablamos y de dónde vienen los que me tachan de franquista, de fascista, de autoritario? (Sí, me tachan a mí y a casi todos mis lectores, los que no piensan y actúan como ellos) He aquí algunos ejemplos:

- Señor (es un decir) Puigdemont: tenía 13 años cuando murió  el General Franco
- Señor Junqueras: Nació en el 69. 6 años tenía el angelito (¿qué niño no lo es?) a la muerte del Dictador.
- Señora (si no le molesta) Colau: Apenas tenía 1 año cuando falleció Franco.
- Marta Rovira: Un año más joven que La Señora Colau.
- Señor (por raro que pueda parecerle a alguien) Rufián: cuando nació, el Generalísimo llevaba ya 7 años enterrado.

A todos estos repartidores de credenciales democráticas, les vendría bien pasar una temporada como ciudadanos de a pie en cualquiera de los países que sí son autoritarios, desde Corea del Norte a Turquía, pasando por Cuba o Venezuela.

Aunque quizás bastara con que hablaran con sus padres y les preguntaran qué habría sido de ellos, de sus Partidos, de sus publicaciones, si hubieran vivido en sus casas cuando España sí era un régimen autoritario.

Y pese a todo...
Ahora, cuando llego a la conclusión de que digan lo que digan, griten lo que griten, empujen lo que empujen, mientan lo que mientan, amenacen lo que amenacen, abusen lo que abusen, están equivocados y yo no soy fascista, quiero decirles que, pese a todo...

- Seguiré defendiendo su derecho a pensar lo que les dé la gana, porque soy demócrata.
- Seguiré prefiriendo oírles en el Parlamento, aunque usen la libertad para insultar, que verlos en la cárcel, porque yo no soy como ellos.

Espero, por último, que no les extrañe si, por otra parte y en justa consecuencia de mi respetuosa posición ante la legalidad vigente, aplauda cuantas medidas tomen los Tribunales contra sus desafueros. 

Porque eso, aplicar la Ley y hacer pagar sus incumplimientos, es algo consustancial con el concepto de democracia que si de algo está lejos es de la Ley de la Selva, del todo vale, del abuso de la fuerza.

Y, por último: 
- No vuelvan a confundirme políticos presos con presos políticos.
- En toda democracia se vota, pero no cualquier votación es democrática.

Esas formaciones políticas, tan repletas de Profesores lo saben de sobra, pero juegan a confundir a la ciudadanía, porque, como descubrieron los nazis, una mentira repetida el suficiente número de veces, se convierte en verdad.



martes, 19 de septiembre de 2017

... y llegará el 2 de octubre

Lo repetiré otra vez

Una vez más creo prudente poner de manifiesto que cuanto expongo a partir de estas líneas, no son más que opiniones personales. No pretendo tener "La Razón", ¿la tiene alguien? Pero espero que se entienda que tengo algunas "razones" para fundamentar lo que digo. A partir de ahí, ruego el mismo respeto por mi forma de pensar que el que tengo con quien lo haga de forma distinta a la mía.

El día de después

 Tengo que dar por supuesto que el día 1 de octubre no habrá habido referéndum. Desde un punto estrictamente jurídico, si el Tribunal Constitucional lo ha declarado ilegal, no ha habido ni siquiera censo fiable de votantes y se ha incurrido en no sé cuántas irregularidades más, no cabe duda alguna de que no habrá habido ningún referéndum. 

Cosa distinta es si ha habido o no lugares donde donde alguien a hurtadillas ha logrado poner una urna, o una caja de zapatos con una abertura en la tapa, o un saco sobre una mesa, y unos cuantos ciudadanos han dejado dentro un sucedáneo de papeleta. Hasta es posible que detrás de la mesa se sentara algún representante de la Generalitat haciéndose pasar por miembro de una Mesa Electoral, pese a la declaración de ilegalidad del proceso.

Entre esos supuestos votos, habrá habido una abrumadora mayoría de respuestas favorables a la secesión, ya que los partidarios de la unidad de España no habrán participado en la farsa, así que los voceros del "procés", dejarán para otro momento hablar del % de participación y anunciarán alborozados que el "Sí" ha sido casi unánime. Ellos saben que todo es un esperpento, pero seguirán con su murga, porque saben lo que se juegan: por ejemplo, la libertad del clan familiar de la Madre Superiora y el ex Honorable, y la suya propia.

Así pues, el día 2, el Gobierno y los portavoces de los Partidos constitucionalistas dirán, con razón, que no ha habido referéndum, y, por el contrario, la patulea de formaciones secesionistas darán por realizada la consulta "pese a los constantes ataques de Madrid a la democracia". Lo dirán quienes han hecho bandera de la desobediencia civil, han amordazado a su propio Parlamento y han demostrado desconocer las más elementales formas democráticas.

Por su parte, los Profesores de Podemos, se congratularán de que, pese a las intolerables agresiones de un Gobierno corrupto al pueblo catalán, éste se ha manifestado, aunque no haya sido a través de un referéndum con las necesarias garantías sino a través de una movilización política legítima, a pesar del acoso del PP y sus corifeos, dejando patente que ellos quieren que Cataluña siga formando parte de España, siempre que..., bla, bla, bla... Como siempre: decir y no decir, hoy una cosa y mañana su contraria, una vela a Dios y otra al diablo, a ver si, entre tanto, el PSOE se lía y cae en sus redes.

Y, supongo yo, la ciudadanía estará perpleja e intrigada, esperando acontecimientos, porque (sabio es el pueblo) todos estaremos seguros que algo deberá pasar. 

Y ésa es la cuestión: Qué puede pasar, quién está obligado a hacer algo y qué es lo que se debe hacer.

Dos urgencias

Aplicar la legislación vigente.
Ésta es la primera obligación de cualquier gobernante: cumplir y hacer cumplir las Leyes. Las Leyes no son eternas, claro que no. Como si fueran seres vivos, nacen, se desarrollan, envejecen y mueren, sustituidas por otras. Pero hasta ese momento, como dice el Código Civil, ni el desuso ni la práctica en contrario derogan las Leyes.

Hablando más claro: a partir del día 2, deben exigirse las responsabilidades civiles y penales que correspondan a quienes no sólo han incumplido las normas vigentes, sino que han animado a otros a hacerlo y hasta se han jactado de ello.

Habrá quien piense que es el momento de ser magnánimo, y generoso, y compasivo. Habrá quien diga que hay que llegar a una solución no traumática sin vencedores ni vencidos. Sus razones tendrán para decirlo. Las mías son otras.

Creo que para construir cualquier cosa hay que ser cuidadoso con los cimientos. Hagamos lo que hagamos en el futuro, todo el mundo debe saber, sin que quepa margen para la duda que en un Estado de Derecho no hay lugar para la impunidad. En román paladino, que el que la hace la paga, sea quien sea. Y aquí (bueno, allí) se han hecho cosas muy graves.

En este caso, además, hay que ser diligente e instruir y desarrollar los procesos judiciales que correspondan con la mayor celeridad posible, no sólo por aquello que aprendí en mi vieja Facultad de Derecho de que "Justicia a destiempo es injusticia", sino porque hay tarea por delante y hasta que los responsables del desafuero no conozcan sus sentencias, es difícil ponerse a trabajar en lo que de verdad importa.

Pensar en el futuro.
El día 1 de octubre no habrá terminado nada. El día 2, en cambio, es una buena fecha para dar por inaugurada una nueva etapa. Todos estaremos hartos del tiempo pasado. Los unos porque, como no podía ser de otra manera tal como han hecho las cosas, sus esperanzas se han visto defraudadas. Los otros, los más, porque estaremos suspirando por alcanzar tiempos de paz y tranquilidad, sin tabarras constantes repitiendo mentiras o perogrulladas.

Y como pensar no cuesta dinero y puede hacerse en cualquier momento, todos, pero especialmente los agentes de lo que tendrá que ser el proceso de solución de la cuestión catalana, deberían empezar a darle vueltas al magín. He aquí algunos puntos sobre los que meditar.

- ¿Tiene España un problema pendiente de resolver o la llamada "cuestión catalana" es un invento de políticos y periodistas?

- ¿Cabe algún tipo de solución plausible para la inmensa mayoría de los catalanes y la inmensa mayoría del resto de los españoles o eso es el sueño de un perturbado?

- ¿Qué estaría dispuesto yo a hacer o a dejar de hacer, si de mí dependiera la solución del problema?

- ¿Es compatible el estricto sometimiento al imperio de la Ley con la posibilidad de modificar las normas que convenga, incluida la mismísima Constitución?

- ¿Cómo han resuelto embrollos parecidos otros países a los que podríamos parecernos, y, en su caso, en qué medida pueden servirnos sus soluciones?

Qué se pretende y qué no.

Empecemos por lo que no son objetivos esenciales:

- No se trata de hacer cumplir la Constitución y las Leyes. Eso se da por supuesto, y a eso me refería cuando hablaba de aplicar la legislación vigente. O sea, el cumplimiento de las Leyes es una condición previa, no un objetivo.

- Tampoco se trata, ni mucho menos, de pasar la cuenta y "vengarse" de quien tantos malos ratos nos haya hecho pasar. Eso, lo de que de cada uno pague su cuenta, es tarea de los Tribunales.

- Menos aún  se trata de pensar en qué hacer para que el enemigo de la unidad de España doble la rodilla y "nunca más vuelva a pasar esto". Eso, lo de que "nunca más vuelva a pasar esto", no dependerá de lo que les ocurra a tales o a cuales figurones, sino de que hayamos resuelto el problema.

¿Entonces?
El verdadero gran objetivo es encontrar la forma de relacionarse Cataluña en su conjunto con el resto de España, poniendo para ello los medios que sean necesarios y de resolverlo de manera que la solución sea perdurable en el tiempo.

Y para eso, guste o no a quienes piensan una cosa y su contraria, el acuerdo debe estar respaldado por la mayoría de los interesados, que son los ciudadanos españoles, vivan donde vivan, hayan nacido donde hayan nacido, y hablen la lengua que hablen. 

Ahora bien: que la inmensa mayoría esté de acuerdo en algo no implica necesariamente que haya que convocar un referéndum en el que puedan votar la totalidad de los españoles. ¿Y si en lo que llegaran a estar de acuerdo todos es en que, bajo ciertas premisas, el Estado pudiera delegar en tal o cual Comunidad Autónoma la facultad de  llevar a cabo una consulta, vinculante o no con arreglo a los estrictos términos acordados de antemano?

Cuestión al margen, previa, desde luego, es que para ello haya que modificar la Constitución, sobre cuya posibilidad, ésta vez sí, tiene que pronunciarse la totalidad del pueblo español.

¿Y todo eso cómo se hace?

Tengo para mí, que en la reciente Historia de España ha habido al menos dos momentos en los que el futuro era más sombrío que en el presente: cuando muerto el General Franco hubo que decidir entre continuar con el régimen nacido de la Guerra Civil o regirnos por las normas básicas de la convivencia democrática, por una parte, y cuando fuimos conscientes de que con aprobar una Constitución y elegir a nuestros gobernantes no teníamos suficiente y hubo que llegar a los Pactos de la Moncloa.

Hay que repetir lo que entonces se hizo, a saber:

- Por lo que se refiere a la Generalitat de Cataluña, tiene convocar ya Elecciones Autonómicas, porque es evidente que una buena parte de los actuales mandatarios están políticamente amortizados, cuando no procesados o a punto de serlo. Es un punto sin relación con lo que termino de decir, pero creo que es fundamental contar con interlocutores incuestionados. 

- Por lo que se refiere al Gobierno, convocar a la totalidad de las organizaciones políticas con representación parlamentaria y emplazarlas y emplazarse a sí mismo a un proceso negociador del que salga un acuerdo que se someta a la aprobación del pueblo soberano.

- Establecer unas reglas de juego que todos los actores se comprometan a respetar, una de las cuales habría de ser que durante ese proceso, por lo que al mismo se refiere, el Gobierno, o el Partido que lo represente, es uno más de los partícipes, en pie de igualdad con los demás.

- Creo que los Partidos tendrían que empezar por listar las materias objeto de la negociación, entre las cuales bien podrían incluirse algunas no referidas a Cataluña, antes de que su no solución las convierta también en problemas. Eso, por otra parte, abriría el campo de la negociación facilitando el consenso.

- En cuanto a Cataluña, si se quiere llegar a una solución duradera habrá que poner sobre la mesa todas aquellas materias que han estado sobrevolando nuestras cabezas estos últimos tiempos: quién debe dinero a quién, cuánto y cómo se resuelve el problema; cómo y cuándo van a cumplirse sentencias firmes que siguen pendientes de ejecución; qué materias pueden ser tratadas en un sentido o en su contrario en términos de revisión de las facultades de autogobierno; cómo y sobre qué bases se resuelve la financiación de Cataluña.

- Y como colofón, si así se desprendiera de lo tratado y acordado hasta ese momento, abordar el más espinoso de todos los puntos: Independencia sí, o independencia no para Cataluña y, en su caso, bajo qué procedimientos, qué premisas, y con qué tipo de consulta previa, incluyendo, si fuera preciso, como ya he dicho, la oportuna reforma constitucional. Tengo para mí que el movimiento independentista, en sí mismo, no es ilegal. Pueden serlo sus métodos si no cumplen la Ley, pero no el movimiento, menos aún el sentimiento.

Por lo que a mí respecta.

Creo que los españoles, gente rara donde la haya, en ocasiones sólo resolvemos los problemas cuando no hay más remedio. Éste momento, desde luego, es uno de ellos.

Creo, por tanto, que saldremos de ésta, aunque por el momento sea incapaz de saber cómo.

Me preocupa cómo encajar en el proyecto del que hablo a Partidos más interesados en destruir que en edificar, más dispuestos al quiebro dialéctico, a la finta táctica que a la verdad, dispuestos a cualquier cosa que les acerque al Poder aunque eso les obligue a  presentar blanco lo que ayer era negro. Pero hasta ellos son necesarios para salir del hoyo.




viernes, 1 de septiembre de 2017

Anticipos a cuenta

Podría ser cierto y no haber pasado.

De un tiempo a esta parte, cada vez que me da por comentar algún suceso de actualidad del que no he sido testigo presencial, me asalta la duda de si lo que estoy glosando ha ocurrido en verdad y, en su caso, en qué términos.

Hace un par de días, por ejemplo, "El País" publicaba una información referida a Podemos que de ser cierta, y de serlo en los términos en los que el diario la recogía, supondría uno de los indicios más preocupantes sobre la deriva del Partido de "Los Profesores".

Me llamó la atención que, salvo despiste por mi parte, otros diarios consultados, "El Mundo", "El Confidencial", no daban cuenta del suceso. No obstante, doy un cierto margen de credibilidad a "El País" y continúo.

Según lo que leí, Olga Jiménez, Presidente de la Comisión Estatal de Garantías de Podemos, habría sido apartada provisionalmente de su cargo, en tanto se sustancia el expediente disciplinario que se le ha abierto por la Dirección del Partido.

El motivo del expediente es, además, significativo: la declaración de nulidad de los nuevos Estatutos, aprobados por la Dirección sin haberlos sometido a votación de los militantes. Es decir, que, según la expedientada, los Estatutos habrían nacido tocados por el pecado de lesa democracia.

No es el hecho en sí, sino sus circunstancias, las que provocan mi alarma.

- No se ha informado a la expedientada, hasta el momento de redactar la noticia, de lo shechos que se le imputan, ni de los preceptos internos que supuestamente ha vulnerado. Nada más se le ha notificado la apertura de expediente disciplinario y se la ha apartado transitoriamente de su puesto. 

- Los firmantes de la denuncia forman parte del órgano que ha de resolverlo, con lo que ostentarían la doble condición de ser jueces y parte simultáneamente.

- Alguno de los denunciantes podría no haber sido reconocido como militante de Podemos en el momento de firmar la denuncia.

- El expediente podría estar tramitándose no sólo a velocidad exprés, sino en período inhábil -agosto- para el funcionamiento estatutario del órgano que ha de resolverlo.

Ocultar al acusado los hechos por los que se le juzgan, duplicar la condición de acusador y juez, acomodar los tiempos del proceso a la conveniencia del juzgador, me recuerdan las particularidades de los procesos de la Inquisición, pero debe de ser sólo un mal sueño. Estoy seguro que ninguno de los Profesores ha pensado en llevar a Olga Jiménez a la hoguera.

Supongamos, pues, a los meros efectos de continuar con lo que he comenzado, que la noticia y sus circunstancias reflejan la verdad.

Inquisición totalitaria.

Los totalitarismos, sean del signo que sean, comparten elementos identitarios. Entre el nacionalsocialismo y el comunismo en su versión estalinista, hay tantas similitudes como para que en un momento concreto de la Historia, se aliaran, aunque fuera por poco tiempo. 

Cierto que también son muchas las diferencias entre ambas ideología, pero tampoco hay que olvidar la mezcla de admiración/odio mutuo que siempre se profesaron. Yendo a lo que hoy nos ocupa:

- Nazis y estalinistas decían actuar en nombre del pueblo alemán, o del proletariado, respectivamente, pero, de hecho, suplantaban la voluntad de alemanes y obreros a la que nunca se dignaron convocar para conocer su opinión.

- El nacionalsocialismo tenía como última legitimación de cualquiera de sus actuaciones, la voluntad y la palabra del Führer. En el estalinismo, como dijo León Trotstki, el Partido sustituye a la clase obrera, el Comité Central sustituye al Partido y, al final, el Secretario General sustituye al Comité Central

-  En uno y otro caso, la disidencia se paga con la muerte física o política, eso depende del momento. La democracia interna es en ambos casos, sencillamente, el derecho a aplaudir las decisiones de los líderes.

Podría, supongo, traer a colación algún ejemplo más próximo como la perra suerte corrida por la Fiscal General de Venezuela a partir del día que le dio por cuestionar la constitucionalidad de las decisiones del Sr. Maduro, y hacerlo, para mayor sarcasmo, desde posiciones "chavistas", pero tampoco quiero exagerar.

La suma de detalles ominosos que afean el suceso (impugnación sin especificación de hechos ni normas infringidas,-praxis estalinista en estado químicamente puro- coincidencia en las mismas personas de la condición de acusador y juez, vulneración de normas de procedimiento) traen al recuerdo tiempos pasados. 

Sólo habrían faltado las autoinculpaciones, la autocrítica plañidera pidiendo clemencia al Tribunal al estilo de los Zinoviev, Kamenev, Radek, Bujarin y demás condenados en los Procesos de Moscú del período 1936/38, tan parecidos, por otra parte, -los extremos se tocan una vez más- al coro de lloriqueos ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses del Senador MacArthy.

Y digo yo que...

Suponiendo que lo publicado por "El País" sea cierto,

¿Alguien tiene alguna duda de qué entiende por democracia interna el Claustro de Podemos?

¿Hay quien piense que se puede ser autoritario de puertas adentro y demócrata en la calle?

Si ése es el proceder contra alguien importante en la organización ¿Qué puede esperar "la gente" que es como ahora llama Podemos a lo que antes se llamaba El Pueblo Soberano?

Éstas son las cosas que uno debe recordar el día que se nos convoque a votar.


martes, 8 de agosto de 2017

El turista 1.999.999...

Hace medio siglo.

50 años es una eternidad o un relámpago, eso depende. ¿Recuerdan? En el IV Festival de Mallorca, año 1967, "Los Stop" convirtieron "El turista 1.999.999" en la canción del verano. No tengo las estadísticas a mano, ni ganas de buscarlas. No sé, por tanto, si los dos millones de visitantes habían sido el récord del año 66, o de cinco años antes, o eran nada más el acierto casual de un afortunado letrista. No importa.

Lo que sí importa es que medio siglo después, España va a recibir una cifra descomunal de turistas. Más de ochenta millones. O sea, alrededor de dos visitantes por español, incluyendo entre los españoles a los recién nacidos y al mismísimo Puigdemont.

Y precisamente ahora, los cachorros anticapitalistas que abrevan en los aledaños de la CUP, secundados, lo que no deja ser curioso, por la última generación de antisistema independentistas vascos, han hecho de la contestación al turismo de masas su última bandera. Tratándose e quien se trata, por el momento insultan, amenazan, destrozan, queman. Están a un paso de causar desgracias personales. 

Cuando, además, en el caso catalán, la formación política de la que proceden es imprescindible para que el PdeCat y Esquerra sigan dando la murga, es ilusorio pensar que los responsables políticos pasen de condenas verbales.

No obstante, me da la impresión de que la catadura política de los virulentos opositores al turismo masivo, por un lado, y las bochornosas formas de expresar su desacuerdo con el citado fenómeno, por otro, podrían hacernos perder el equilibrio necesario a la hora de examinar el fondo de la cuestión. Es decir: las cosas no son ciertas o falsas en función de quien las diga, sino por sí mismas.

Un fenómeno que nos cambió.

Dicen los expertos que el desarrollo español de los años sesenta se asentó en tres soportes fundamentales. Es posible que existieran otros factores, pero estos tres, sin duda, fueron claves.

El coste de la mano de obra, bajos salarios, jornadas superiores a las de nuestros vecinos del Norte y nula conflictividad (recuérdese que en ese momento la huelga era delito de sedición según el Código Penal del momento) fueron el imán que atrajo cuantiosas inversiones extranjeras. España disfrutó entonces de la parte agradable del fenómeno de la deslocalización.

La emigración de compatriotas llegó en el 64 a superar los tres millones de trabajadores españoles sólo en Europa. Exportamos desempleo e importamos divisas. Es una realidad que deberíamos recordar cuando oigamos clamar contra la presencia en nuestro suelo de mano de obra foránea.

Y el turismo. El turismo, "La industria sin chimeneas" como alguien lo bautizó, significó no sólo la entrada creciente de divisas, sino el florecimiento de un sector intensivo en mano de obra, conectado con la construcción e, indirectamente, con la imprescindible modernización de infraestructuras viarias, sanitarias, y de todo tipo. Creo, además, que nos puso en contacto con masas cada año más abundantes de congéneres cuyos esquemas mentales, escalas de valores, forma, en definitiva, de estar en el mundo, primero nos asombró y después consideramos como algo digno de imitar.

La obsesión por los récords

Un día nos enteramos de que ya éramos una potencia turística, quintos, terceros, después segundos, y este año, dicen, los primeros del mundo. Nuestras características, nuestro trabajo y una suma ininterrumpida de circunstancias desfavorables para nuestros competidores mediterráneos, nos han llevado a lo más alto de los gráficos. ¿Hay algo más que estadísticas?

La pregunta clave es ¿Primeros en qué? En número de visitantes, por supuesto. ¿Esto es digno de ser celebrado o es el momento de detenerse y dedicar un tiempo, el necesario, para saber qué hay que mejorar, que corregir, que eliminar, que cambiar, que inventar? ¿Tiene sentido preguntarse qué precio estamos pagando por ser los anfitriones de tantos millones de turistas, o es mejor seguir mirando para otro lado?

Partiendo de la convicción de que el récord, cualquier récord no deja de ser un mero resultado, por más que muchos lo quieran convertir en objetivo, hay que llevar a cabo un ejercicio de autocrítica, si queremos evitar morir de éxito.

Porque, lo diga quien lo diga, es evidente que si el modelo actual no cambia, el español medio, no digamos si además habita en zona atractiva para el turismo, soporta cada día mayores incomodidades, no todas inevitables.

Como doy por supuesto que las ventajas, creación de empleo, entrada de divisas, prestigio del país, las conocemos todos, permitidme una excursión por los arrabales menos halagüeños de la industria turística.

Las múltiples caras feas del turismo.

Estacionalización.

Las estadísticas confirman que una buena parte de los ochenta millones de turistas nos visitan en verano, coincidiendo, además, con las fechas preferidas por el español tipo para tomar sus vacaciones.

No es exacto afirmar que ese fenómeno sea inevitable. Lo es, si las cosas siguen como están, pero
¿Y si la oferta turística española diera más peso a valores alternativos al sol y a la playa?
¿Y si se primara la duración de las vacaciones de quienes las tomaran fuera del período estival, aunque para ello hubiera que repensarse, también, el calendario escolar?

Turismo masificado.

Es otro de los aspectos de la estacionalidad ya comentada pero, además, hemos llegado a la masificación 

- Porque se ha primado la cantidad sobre la calidad.
- Porque en el origen, la influencia del sector de la construcción sobre el modelo turístico español se orientó a la venta de viviendas de bajo coste y de hoteles baratos aunque ello supusiera el destrozo irreparable de cientos de kilómetros de nuestras costas
- Porque la presencia de capital español en el sector de los Tour Operator no tiene el volumen que debería corresponderle como primera potencia mundial del turismo.
- Porque en bastantes lugares las Autoridades locales están más pendientes de los intereses de ciertos sectores (bares y restaurantes, por ejemplo) que de los de la población.

En consecuencia, y este verano se nota especialmente, la capacidad de nuestros servicios  y la calidad de sus prestaciones está en situación crítica: ni la sanidad, ni la banca, ni la misma hostelería están a la altura de lo que se supone que tendrían que ser el nivel de la primera potencia mundial del turismo

Pasividad de la Administración

No sólo no creo que falten normas, sino lo contrario. Mi impresión es que sobran muchas aunque falten algunas. Lo que en cualquier caso es evidente que falta es la voluntad política para hacer cumplir la normativa en vigor. Por ejemplo:

- ¿Por qué si una verbena o un festival, o una charanga tiene permiso para desarrollarse hasta las 12 de la noche o las 2 de la mañana, nadie atiende la queja de un vecino que no puede dormir porque a las 5 de la mañana sigue el jolgorio?
- ¿Por qué si en tal o cual punto de la costa el Ayuntamiento limita el uso del traje de baño a las playas y aledaños, no se evita que una manada de británicos borrachos deambule en taparrabos por el centro de la ciudad?
- ¿Por qué sigue sin derruirse el Hotel El Algarrobico?
- ¿Por qué sólo ahora, cuando aquellos grupos de que hablaba al principio empiezan a crear problemas al sector descubrimos que muchos alojamientos turísticos son clandestinos, carecen de cualquier documentación y, desde luego, son opacos al Fisco? No era tan difícil: se anunciaban en Internet.

El Valor de algunos lugares comunes

Prefiero terminar estos comentarios con la nota positiva de recordar afirmaciones que no por sabidas han perdido vigencia.

- España es una potencia indiscutible en patrimonio artístico y cultural. Lograr visitantes para el Museo del Prado, para el Festival de Almagro, para Las Médulas, para nuestros Parques Naturales es mucho más interesante que recibir rebaños de aspirantes a alcohólicos que han oído "Magaluf" pero que tal vez sean incapaces de situar España en el mapa.

- Nuestras cocinas, no importa de qué parte de España hablemos, tienen entidad suficiente como para evitar verse avasalladas por locales de tres al cuarto que sólo aspiran a dar a un visitante sin criterio un mal remedo de lo que puede encontrar en su pueblo.

- La inversión en formación de cuantos agentes intervienen en el sector turístico es esencial: camareros que sepan qué sale de cocina, en qué se diferencia un vino de cosecha de un crianza; guías avezados capaces de desulmbrar al visitante que recorre tu ciudad; tour operadores capaces de competir con sus colegas británicos o franceses; y servicios de la Administración que orienten y apoyen al sector, dentro y, sobre todo, fuera de España.

- Cuando toda Europa al Norte de París está bajo mantos de nieve, España cuenta con un par de cientos de campos de golf en perfecto estado de revista. Oigo que, sin embargo, el número de Campeonatos de prestigio internacional, disminuye. ¿Tan difícil es revertir la tendencia?

- La riqueza folklórica española es inagotable. Va mucho, mucho más allá que la Romería de El Rocío, Las Fallas y Los Sanfermines. Son otro potencial polo de atracción.  

En resumen: podemos y debemos (y si no sabemos habrá que aprender) buscar y atraer un tipo de visitante con mayor capacidad de gasto, que venga motivados por valores superiores al del sol, la playa, el alcohol barato y la fama de que somos tan tolerantes que aquí, como si fuera territorio conquistado, podrán hacer todo aquello que en su pueblo daría con ellos en manos de la justicia.

Un último apunte:

No sé qué me saca más de quicio, si la actitud prepotente de un "guiri" que a la decimosexta vez que viene a España sigue sin saber decir "buenos días", o el papanatismo provinciano del que tolera la arrogancia de un extranjero. Si el extraño que aparca en prohibido en la cara del guardia, o la tolerancia del guardia que no se atreve a multar a un turista alemán.