sábado, 17 de febrero de 2018

“Fake news”: más que simples noticias falsas

Es que no es lo mismo.

En términos generales soy un ferviente defensor del uso del castellano siempre que cualquier locución en lengua extranjera (inglés, con frecuencia) tenga su correspondiente término o expresión equivalente en castellano.

Sin embargo, me temo que en el caso que me ocupa, no es lo mismo hablar de "Fake news" que de "noticias falsas", en especial si la locución inglesa se refiere a esas falsas noticias que circulan por las redes sociales.

Un ejemplo: si alguien lee en el "Diario de León" que "en Rodrigatos de la Obispalía una cabra ha parido una cría con dos cabezas" estará delante de una noticia falsa. No creo que ocurra, pero si así fuera, es eso, una simple noticia falsa sin mayor trascendencia.

Si por el contrario, le llega un mensaje a su teléfono diciéndole que el párroco de Rodrigatos es cuñado de un conocido narcotraficante, se pregunta por qué no se habla de ello y se te dice "pásalo", con toda probabilidad estás ante una "Fake news". 

De nada vale que sea mentira, poco importa que ser cuñado de alguien nunca pueda considerarse delito. Igual caes en la trampa, y para cuando quieres darte cuenta ya has reenviado el mensaje. Dañas la imagen del cura, y de paso la de la Iglesia, arrojando sobre ellos la sospecha de su relación con el oscuro mundo del narcotráfico.

Así pues, "Fake news" son noticias falsas difundida en las redes sociales con el deliberado propósito de conseguir un resultado concreto de carácter político, social o económico a través de la manipulación del destinatario de la noticia. 

Incluso, tal vez, convendría añadir que la mentira y su difusión deban cargarse a personal especializado, pero de esto no estoy muy seguro.

Un ejemplo reciente:

Hace unos días, en menos de una hora llegó a mi teléfono por tres conductos diferentes el siguiente mensaje: 

"La directora general de Oxfam España (antigua Intermon) Begoña Gómez Fernández, es la mujer de Pedro Sánchez. 
¿Por qué no se habla de esto? 
Pásalo!!”.

¿Me permiten algunos comentarios al respecto?

1º.- La noticia era falsa. Una rápida y sencilla comprobación en Internet me bastó para comprobar que la Srª Gómez Fernandez no formaba parte del Patronato de Oxfam España, ni era su Directora General, ni ocupaba la titularidad de ninguno de los seis Departamentos que reportan a la Dirección General.

Primera conclusión: en el origen de la noticia hubo, como mínimo, una negligencia inexcusable por parte de quien pretende informar de algo que, a su juicio acertado o no, es relevante. Si no fue negligencia, fue engaño deliberado, lo que, desde luego, es peor.

2º.- De haber sido cierta, tampoco prejuzga nada reprobable. Una cosa es la verificación de las conductas inadmisibles de algunos miembros de tal o cual organización, y otra muy distinta criminalizar a la totalidad de los componentes humanos de la misma organización.

Oxfam cuenta con miles de cooperantes en todo el mundo, más la colaboración puntual de muchos más. Oxfam, por otra parte, ha tenido entre sus filas a un grupo de sinvergüenzas (salvemos el principio de presunción de inocencia, pese a todo) que tendrán que dar cuentas de sus actuaciones ante la justicia. 

Los estamentos directivos de Oxfam concernidos por este escándalo no parece que hayan estado muy diligentes a la hora de detectar y corregir conductas como las que se han conocido.

Pese a todo ello, trabajar para Oxfam no es sinónimo de sospecha de delincuencia.

Segunda conclusión: la intención del mensaje no era atacar a Oxfam sino menoscabar la fama de la aludida y tal vez por extensión, la de su marido y ¿por qué no? la del Partido que lidera.

3º.- El significado real de la pregunta. El final del mensaje (“¿Por qué no se habla de esto?”) es cualquier cosa menos inocente. Ahí es donde se encierra la malicia de esta "Fake new". 

Lo que en realidad subyace en el interrogante es la convicción del que pregunta de que bajo esa espesa capa de silencio de la que parece acusar a quién sabe quién, se ocultan secretos inconfesables, delitos tremendos, faltas incalificables de que, de ser conocidas, harían cambiar nuestra opinión sobre la Srª Gómez Fernández (me pregunto cuántos conocían su nombre antes de recibir el mensaje), sobre su marido, secretario General del PSOE y sobre el mismo Partido socialista.

Hay, pues varias preguntas implícitas en la que nos hace el autor del mensaje: ¿Qué interés ha movido a la mujer del Secretario General del PSOE a relacionarse con una ONG tan poco recomendable? ¿Quién ha movido los hilos para lograr tapar el escándalo (el de la relación Oxfam/ esposa de Pedro Sánchez, me refiero)? ¿Qué más habrá debajo de todo esto que ni siquiera sospechamos?, etc.

Tercera conclusión: “calumnia, que algo queda”. Me recuerda costumbres de hace tres cuartos de siglo en la España esteparia. Recuerdo a cierta vecina maledicente comentar en voz baja “no me gusta hablar mal de nadie, pero creo que la pequeña de Sonsoles se ha casado a las 6 de la mañana”. La que así se expresaba claro que hablaba mal, muy mal de alguien: de la hija pequeña de su amiga Sonsoles, porque en aquellos tiempos casarse a las 6 de la mañana era sinónimo de hacerlo a una hora tan intempestiva que minimizara el riesgo de verificar que la novia estaba embarazada. Embarazo prematrimonial era, entonces, el camino directo para la exclusión social. ¿Ven la semejanza?

La anécdota y la categoría.

Lo escrito hasta ahora no es más que un comentario sobre un ejemplo concreto. Creo, no obstante, que debajo de la anécdota se esconde un material mucho más complejo.

¿Quién controla las redes sociales?

Vivimos tiempos aciagos para el equilibrio entre derechos y deberes. Nuestra decadente civilización occidental ha configurado un ciudadano tipo convencido de que los derechos son suyos y las obligaciones del Estado.

Oigo cada vez con más frecuencia voces reclamando actuaciones de los poderes públicos que controlen los contenidos que aparecen en las redes. Vayamos por partes:
  • Si de lo que se trata es de aplicar la legislación penal a quienes incurran en delitos o faltas previamente tipificados, por atentados al honor, incitación al odio o a la violencia, atentado contra tal o cual principio básico de convivencia, de acuerdo, si logra probarse el delito.
  • Si lo que se pretende es algo que huela a censura previa, en absoluto desacuerdo. Si alguien no está de acuerdo con el contenido de una publicación, siempre tiene la opción de rebatirla. Las ideas se combaten con ideas, no con brochas ni con mordazas.
  • Por último, ¿Qué fiabilidad estamos dispuestos a otorgarle a unas estructuras de poder cuando son ellas mismas las primeras en interferir en la vida del ciudadano difundiendo mensajes equívocos, interviniendo unas en las esferas de actuación de las otras, cometiendo, en fin, abusos mucho más graves que los imputables a los ciudadanos?
La solución, por lo tanto tiene que venir del lado del ciudadano. Cada uno de nosotros somos los responsables de lo que leemos y de lo que escribimos y deberíamos serlo, en algunos casos, de lo que puedan leer o escribir quienes dependen de nosotros. ¿Estamos dispuestos a hacerlo o lo consideramos demasiado aburrido y trabajoso?

Ha habido precedentes

El camino a seguir no es, por tanto, ni la censura, ni la prohibición. Las nuevas tecnologías comportan ventajas e inconvenientes, riesgos y oportunidades, pero, antes que nada, es una evidencia que no van a desaparecer, les guste más o menos a unos o a otros. Al contrario, cada día llegarán más lejos y pondrán en cuestión ámbitos mayores de nuestra privacidad.

Se trata, nada más, de que si eso va a ser así seamos capaces de aprovechar lo positivo que tienen las redes y aprender a protegerse de sus riesgos. 

Como ocurrió hace casi seis Siglos cuando la Humanidad se enfrentó al reto que supuso la difusión de la imprenta. El invento puso al alcance de masas crecientes la literatura que hasta entonces estaba reservada para unas élites minoritarias por definición.

Se pensó y se escribió que el libro impreso era el camino directo al infierno porque sería usado para difundir el error. Y se tomaron curiosas e inútiles medidas algunas de las cuales, ¿recuerdan el Índice de Libros Prohibidos? se mantuvieron durante centurias.

¿Lo entenderíamos ahora? ¿Qué mundo tendríamos si se hubiera hecho caso a los agoreros del siglo XV?

Y en cuanto a la manipulación del ciudadano, no es algo que haya traído Internet. Desde que el hombre vive en sociedad ha sido manipulado o se ha intentado que lo fuera. Desde la Grecia clásica se sabe la importancia decisiva de un buen orador a la hora de defender una opción política. A corto plazo, una buena frase bien entonada vale más, en términos electorales, que una idea rigurosa.

Y más adelante, fueron los mitines, y la prensa y la radio y la televisión. El esquema es repetitivo; sólo cambian los medios. La manipulación opera con mayor frecuencia en la esfera de los sentimientos que en el de la razón. ¿Qué se aplaude en un mitin? No los impecables razonamientos, sino la poesía, la demagogia o el hábil manejo del discurso.

En esta misma evidencia sobre el origen del veneno se encuentra el antídoto: reflexión, razonamiento, calma. No indignación, ni sobresalto, ni inmediatez. El manipulador apela a tus sentimientos y sabe que si consigue soliviantarte, casi siempre en nombre de una noble causa, actuarás por impulsos incontrolados, antes de que tengas tiempo de meditar.

Por tanto,  se trata de pensar antes de actuar. 

Porque nadie, ningún poder por encima de ti, va a protegerte de la manipulación. Antes al contrario, cuenta con que ese mismo poder será quien lo intente.

¿Recomendaciones? 

Ninguna. Este Blog va dirigido a personas adultas.

Perdón, sí, una, sólo una: piensa qué  puedes hacer para reducir el efecto negativo de las redes sociales. Por ejemplo, si debes hacer algo antes de difundir un mensaje cuya veracidad no te consta. 

Y cosas por el estilo, todas sencillas. Nunca se me ocurriría proponer la lucha directa contra los hackers de Putin o los de nuestro propio Gobierno que supongo que también tendrá.



lunes, 12 de febrero de 2018

Ellas y ellos

Y viceversa

Que de todo hay y a veces está más que justificado. Enseguida volveré sobre este punto.

El sufrido lector habrá ya barruntado que el post va dedicado esta vez a entrar en la cansina polémica sobre el uso y el abuso de expresiones reiterativas y de inventos lingüísticos descabellados que tratan de conseguir, por tan insólito camino, la igualdad entre mujeres y hombres, así como de las peregrinas justificaciones que pretenden fundamentar el disparate.

Decía, apenas unas líneas arriba, que hay situaciones que justifican saltarse la regla general de utilizar ciertos plurales para englobar a hombres y mujeres en un sólo termino, y evitar con ello reiteraciones que alargan el relato y terminan por hacer perder el hilo. 

Ello es así cuando el discurso que sigue contiene elementos que no afectan por igual a unas y a otros. He aquí dos ejemplos triviales.

En 1955 se estrenó una película de J. Mankiewicz, interpretada por Marlon Brando, Jean Simons, Frank Sinatra y no recuerdo quién más en el cuarteto estelar, que se tituló “Ellos y ellas”. Un musical intrascendente, bastante flojo, por cierto, sin méritos suficientes para figurar en ninguna lista de películas notables. Sólo me interesa el título: "Ellos y ellas". 

Medio siglo más tarde, Bart Freundlich, rueda y estrena otra película con David Duchovny, Julianne Moore y Billy Crudup, hay también una segunda artista que completa el cuarteto, que titula “Ellas y ellos”, comedia dramática, también, mediocre, sobre las andanzas, venturas y desventuras de dos parejas neoyorkinas. De nuevo, aunque cambiando el orden, "Ellas y ellos" como géneros diferenciados.

No obstante, tanto en un caso como en el otro, el uso de la expresión “Ellas y ellos” o viceversa, está más que justificado, porque trata de enfatizar, de adelantar, de poner sobreaviso al espectador sobre algo que es la base de la trama: las mujeres y los hombres que protagonizan ambas historias, tienen comportamientos tan diferentes (de eso se trata) que es lógico diferenciarlos ya de entrada.

Sin embargo, casi nunca ocurre así.

¿Qué justificación puede tener, en cambio, la aburrida reiteración constante de expresiones que no menos de doce docenas de veces por mes oímos en los telediarios (“compañeros y compañeras”, “todos y todas” y no me alargo, porque en la mente de todos -sólo todos, incluidas mis lectoras- hay otra larga relación de ejemplos)?

Y mucho menos comprensible ¿Cuál es la base en la que se asienta la manía reciente de inventar términos absurdos, ridículos, que pretenden sacralizarse por obra y gracia de las intervenciones de ciertos líderes políticos?

Se me ocurren algunas reflexiones al respecto.

“Hay que dar visibilidad a las mujeres”
Quiero precisar que si lo que quiere decirse es que las mujeres deben ser más visibles, la expresión correcta no es “dar visibilidad” sino “hacer más visibles”. Dar visibilidad (consúltese el diccionario de la RAE, y no el manual de estilo de “Podemos”) es incrementar la capacidad visual. Por el contrario, conseguir que a Dª Pura o a Don Teodoro los vea más gente, es algo que se logra, como es natural, haciéndoles mas visibles a los ojos de los demás, no dándoles a ellos más capacidad de visión. 

No es que todo esto tenga demasiada importancia, pero, puestos a ser precisos, hagamos las cosas bien, aunque sepa de antemano que las recomendaciones de la RAE tienen el mismo valor para según quién, que las Sentencias del Tribunal Constitucional para Puigdemont y sus mariachis.

Y me pregunto ¿De qué depende que las mujeres sean más o menos visibles, de lo que hagan, de lo que digan, del salario que ganen, del puesto que ocupen, de su capacidad de acceso a los medios de comunicación, de su presencia en la vida real, en definitiva, o del tortuoso modo en el que un político hable de ellas?

Lo que de verdad importa es que se hable del autor del desmán
Cierta política inexperta inventa hace algunos años el término “miembra”. Es posible que sólo fuera un lapsus, aunque no hay que descartar que dijera lo que quería decir. Es igual. Regocijo general, chistes que van y vienen, etc., etc. ¿Qué hace su Partido? En vez de asumir que los errores son una constante del ser humano y tomarse el asunto a broma, monta sobre la marcha una defensa cerrada en toda línea del despropósito y saca a pasear una teoría socio-político-lingüística, justificativa de la pedrada al idioma. 

Años después, vuelve a haber otro error (o un atentado, ella sabrá) parecido, “Portavozas”, derivado de “voz”, femenino, y vuelve a repetirse el circo. Sesudos teóricos, gente que a veces da la impresión de tener más conocimientos que cultura, pretenden mantener abierta la polémica, porque eso “da visibilidad” a las mujeres, porque el lenguaje es la palanca que puede mover la realidad social y qué sé yo cuántas tonterías más.

¿No será que la verdadera finalidad  de la polémica es mantener en el candelero la marca política que la sustenta y hasta el irrelevante nombre de la autora de la fechoría? Y, de pronto, caigo en la cuenta que ahora mismo, este post, es otro ejemplo más de lo que digo: aquí estoy yo, argumentando contra quien hace esto o aquello, pero ¡ojo! hablando de quienes lo hacen.  

Cuando tengo la casi total seguridad de que mis lectores están de acuerdo en que es innecesario, por ejemplo, añadir "y lectoras", porque por muchas vueltas que le demos, lo diga como lo diga, ni vamos a resolver sus diferencias salariales, si las hubiere, ni hacerlas llegar al Consejo de Administración de la Empresa que las paga. Y eso, que es lo importante, no es un problema lingüístico

Ellas sí que hicieron visibles a las mujeres

Concha Espina, Emilia Pardo Bazán, Victoria Kent, Dolores Ibárruri, Clara Campoamor, María Zambrano, Federica Montseny, Concepción Arenal, Sor Juana Inés de la Cruz y, la que en mi opinión es la más grande de todas ellas, Teresa de Jesús, son mi personal  cabeza de honor de una lista, que podríamos hacer bastante más larga, de mujeres decisivas en la Historia de España, y en su particular parcela de la lucha por la igualdad de la mujer.

Militaron en campos muy diferentes, vivieron en momentos históricos alejados unos de otros, sostuvieron ideologías tan distintas que, han rayado en lo antagónico. 

Tienen, no obstante dos características en común: fueron figuras gigantescas que, sin discusión alguna, hicieron avanzar la causa de las mujeres y, en ningún caso, se vieron en la necesidad de retorcer, de torturar el lenguaje. 

Antes al contrario: ya hicieran Literatura, Ciencia o Política, sus obras, sus discursos son un ejemplo del correcto y hasta brillante uso del castellano.


Y a mí me parece…

 ¿Alguien tiene alguna duda de quién ha sido más importante en el interminable camino por la igualdad entre mujeres y hombres, cualquiera de las mujeres que cito en la lista, una sola, o Dª Viviana Aído, Dª Irene Montero y media docena de su preclaros defensores juntos?





sábado, 27 de enero de 2018

El enésimo embrollo

Uno más.

¿Puede ser investido Presidente el fugitivo Puigdemont? ¿Cuál es el momento idóneo para detener un trámite que repugna a la lógica? ¿Cuándo se impugna, antes de que ocurra, o debe esperarse a que acontezca y anularlo después? ¿Qué valor tiene un dictamen preceptivo pero no vinculante del Consejo de Estado?

Hay preguntas más “prácticas”, por ejemplo ¿Cuándo vamos a dejar de enredar la madeja y tratar de resolver no sólo los problemas de fondo del que llamo el embrollo catalán, sino, la interminable lista de cuestiones que afectan al diario transcurrir de la vida ciudadana en toda España, incluidos, dese luego lo que atañen específicamente a quienes viven en Cataluña?

Las esferas de actuación de los Órganos del Estado

¿Qué es y para que vale el Consejo de Estado?

Viejo órgano consultivo del Estado, el más importante de cuantos operan en nuestro país con la función de asesorar al Poder ejecutivo, el Consejo de Estado, más de cinco siglos de historia, cuenta entre sus miembros permanentes, natos o designados a figuras emblemáticas de la esfera pública de la Nación, entre otros:
  • Ex Presidentes del Gobierno.
  • Directores y Presidentes de Reales Academias.
  • Presidente del Consejo Económico y Social.
  • Fiscal General del Reino.
  • Presidente del Consejo General de la Abogacía.
  • Abogado del Estado Director del Servicio Jurídico del Estado.
  • Algún Magistrado del Tribunal Constitucional.
  • Defensor del Pueblo, etc, etc.

El organismo está auxiliado por el Cuerpo de Letrados del Consejo de Estado, sin lugar a dudas el más prestigioso Cuerpo Superior de la Administración Civil del Estado.

Sus funciones, como digo, son consultivas y asesoras. Sus dictámenes unas veces son facultativos y otras preceptivos, y entre estos, los hay vinculantes o no vinculantes (la mayoría por otra parte)

El meollo de la cuestión

Bien, pues este órgano sobre cuya competencia profesional pocas dudas puede haber, ha emitido un dictamen preceptivo y no vinculante del que se desprende que la intención del Gobierno de recurrir ante el Tribunal Constitucional la investidura de Puigdemont, no está suficientemente fundamentada.

Conviene saber que, si bien el Consejo de Estado admite las razones de fondo del Ejecutivo, no hace lo mismo con la oportunidad de la petición por considerarla prematura. Es decir, que, a su juicio, el Gobierno se precipita y pretende impugnar hechos que aún no se han producido, lo cual desde la lógica del Derecho es un tanto chirriante.

A partir de este dictamen, el Gobierno ha decidido, pese a su contenido, seguir adelante con su intención de presentar sus alegatos ante el Tribunal Constitucional. A este respecto:

  • No hay ninguna duda de que el Gobierno está en su derecho de actuar como lo ha hecho. Recordemos: el Consejo ha emitido un dictamen preceptivo pero no vinculante.
  • Sobre el gobierno ha caído un auténtico diluvio de críticas, algunas de las cuales vale la pena examinar.
  • No obstante, antes de entrar en su examen, no olvidemos que el Gobierno es, ante todo un órgano político, la cabeza del Poder ejecutivo, y que, por tanto, ni entre sus competencias no está ni estará nunca, la tarea de juzgar, ni tiene por qué pensar y actuar como el Consejo de Estado o los Tribunales. 

Los unos, los otros y los de más allá. Contradicciones cruzadas 

  • El mundo secesionista se frota las manos, hace como se rasga las vestiduras y pone de manifiesto, la supuesta contradicción en la que incurre el represor Gobierno de España al acudir al Tribunal Constitucional después de que el máximo Órgano Consultivo del Estado lo desaconseje. Como diría una amiga mía, “de putas habló La Tacones”. ¿O ya no recuerdan las veces que ellos han hecho negro cuando los servicios jurídicos del Parlamento Catalán habían dicho blanco? Aunque, desde luego, el mismo argumento habría que recordárselo a quienes desde el Gobierno se han llenado la boca descalificando a la Srª Forcadell y demás conmilitones. Dejémosles, de momento, que tiempo habrá para volver sobre ellos.
  • Ciudadanos. Un caso extraño. No por el posicionamiento del Sr. Rivera, ejemplar, sino por el extraño del Presidente del Gobierno. Habla con Sanchez, pero no con Rivera para ponerle al tanto de su intención de acudir al Constitucional. Pese a todo, Ciudadanos recrimina al Gobierno su silencio previo, pero anuncia su apoyo sin fisuras a la acción de Rajoy. Correcto ¡e inteligente!
  • PSOE. Margarita Robles, más de lo mismo: crítica por la inoportunidad del momento elegido, pero apoyo incondicional. El bloque constitucionalista, sin grietas. Algo que es esperanzador.
  • Podemos. A lo suyo, como era de esperar. Según ellos el recurso es un burdo intento de tapar la corrupción de la Gürtel valenciana. O sea, tergiversación, manipulación, mentira. No son genios, pero tampoco estúpidos: saben que la justicia tiene su ritmo, que los casos se ven en los Tribunales cuando toca y que eso no puede ser una disculpa para dejar que en Cataluña se hagan las cosas como quieran los secesionistas. No importa. Todo vale para arañar la piel del Gobierno. De nuevo quieren quedar bien con Cataluña y con la izquierda, pero perderán votos allí y en el resto de España.

En resumen:


  • Seguimos igual. Como suele decirse, ni se muere padre, ni cenamos. Ni vuelve Puigdemont, ni sabemos quién a va a votar qué, ni cuándo, ni qué haremos después con los de allí y los de acá.
  • Nadie parece capaz de salir del bucle de la política cutre, provinciana, pequeña, miserable. Los independentistas siguen buscando notoriedad, sólo eso, porque es lo único que les queda. Saben que este último embrollo podrían evitarlo proponiendo otro candidato, que saldría elegido con sus votos y podría gobernar desde el primer día.
  • No lo hacen porque quieren la confrontación, mantener viva la vieja tendencia a sentirse víctimas. Al final, perdidos en su propio laberinto, Cataluña no les importa nada. Sólo ellos, sus quimeras, son importantes. Grotesco.
  • El Gobierno, sigue, erre que erre, yendo a los Tribunales. Ni una sola nueva idea, ni una iniciativa, nada de nada para resolver el problema de fondo. Todo muy cansino, previsible, aburrido.
  • Por si fuera poco, visto lo visto, (hablo del intento de ningunear a Ciudadanos) podría haber quien pensara que les preocupa más el resultado de las siguientes elecciones, sean municipales, autonómicas o generales, que el interés general. ¿Cómo se entiende, sino, que se maltrate al Partido que más afinidad ideológica tiene con él? Electoralismo puro y duro. 
  • Mi vaticinio: el pueblo es mucho más sagaz de lo que piensan la mayoría de sus gobernantes. A este paso, que nadie se extrañe si, llegado el momento, las viejas vacas sagradas en las que usted está pensando son devueltas a sus corrales. 

lunes, 22 de enero de 2018

Todos somos culpables

El Gran Histrión

    La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto una aparente bendición para cuantos en mayor o menor medida comentamos la actualidad, ya sea en libros, revistas, periódicos o, como es mi caso, en los más modestos soportes de las “redes sociales”. Cada día caemos en la tentación de glosar, criticar, algunos incluso alabar, la última ocurrencia del Presidente.

    Demos por bueno que, al menos en Europa, la mayoría de los comentarios son adversos al pintoresco ocupante de la Casa Blanca. Unos utilizarán la ironía, o el sarcasmo o la burla más o menos ingeniosa. Otros escribirán desde la reflexión, le teoría política, los presupuestos del cambiante mundo de la comunicación. Incluso habrá quien, aprovechando la notoriedad del personaje, consiga sus buenos dineros pregonando las gracias y desgracias del exvendedor inmobiliario.

    No le hemos juzgado y ya le hemos condenado. Así somos. Y, sin embargo, tengo la impresión de que faltan por hacer muchas reflexiones y por plantear un buen número de  preguntas.

Algunas tienen que ver directamente con Donald Trump, por ejemplo:

- ¿Estamos seguros de que el Presidente es un perturbado? Soy de los que piensan que es mucho más fácil fingirse loco estando cuerdo, que cuerdo estando loco. Al final, si pierde, será un loco. En caso contrario, quién sabe. 

- ¿Y si fuera -dejemos la ética de lado por un momento- un experto manipulador capaz de arrastrarnos tras él o contra él, mientras, como un trilero, hurta a la vista del público sus auténticas hazañas, las que resultarían más difíciles de aceptar por sus ciudadanos?

 Miremos a nuestro alrededor y seamos capaces de admitir que ahora mismo, entre nosotros, mientras nos obsesionamos con cierto problema enquistado en el Nordeste de España, estamos olvidando asuntos vitales para todos que ni siquiera sabemos cómo van.  

-Dicen que el personaje no ha leído un libro en su vida, que se alimenta de la televisión y que le basta con sus frases en Twitter para desarrollar su programa ¿Qué nos hace pensar que para ser un político en estado puro hace falta ser culto? ¿Quién de nosotros no es capaz de recordar media docena de nombres de políticos que han pasado a la Historia Universal con escasísimo bagaje cultural? Si piensan un poco verán que los hay de cualquier signo y que algunos, incluso, han sido meritorios personajes públicos. 

   Y también hay preguntas que se refieren a otras instancias. He aquí algunas.

El muy respetable Partido Republicano.

En el sistema político norteamericano, admirable en muchos aspectos, puede darse el caso de que el Gobierno y sus dependencias tenga que suspender actividades temporal o definitivamente a falta de un acuerdo parlamentario sobre el presupuesto. Bien, eso es lo que hoy mismo está pasando: el Partido Republicano no cuenta con votos suficientes para aprobar el Presupuesto propuesto por el Gobierno y hasta que el acuerdo se logre, docenas de organismos cierran y mandan a sus empleados a sus casas. Sin cobrar, desde luego. Extraño, pero eficaz.

¿Y qué hace el Partido Republicano? Intenta chantajear al Demócrata. Si éste segundo quiere evitar que los soñadores, los “dreammers”, es decir, los hijos de los migrantes ilegales que Obama pretendió proteger, tendrán que votar una punta de millones de dólares ¡para levantar otra porción del muro que les aísle de México!

O sea: la idea del muro fue de Trump, todos pensamos que estaba loco, pero el Partido Republicano, el primer Partido del país, o el segundo, qué más da, hace suya la idea y la convierte en arma parlamentaria. Los estrategas del Partido no creen que ello les vaya a suponer un quebranto electoral, sino, quizás, al contrario. 

Hay algunos otros ejemplos de esa mímesis, de ese seguidismo del aparato republicano a las extravagancias del Presidente. No es necesario reproducirlos, pero, en cualquier caso, es evidente que sea por contagio, por identificación, o por desvergüenza, el más conservador de los partidos norteamericanos, comulga con las ruedas de molino del Presidente. 

O sea: las extravagancias de Mr. Trump lo son sólo para quienes tenemos la funesta manía de pensar de una determinada manera. No necesariamente para sus votantes. Dicho de otra manera, a ver si nos enteramos: a los votantes de Trump no les engañó nadie. Votaron a quien querían, sabiendo quién era el personaje. 

Mi impresión personal, es que muchos de los políticos republicanos siempre pensaron como ahora están demostrando, pero hasta que llegó Donald Trump no se atrevían a confesarlo en público. Pura cuestión de vergüenza ajena que salta por los aires cuando el mismísimo Presidente es quien levanta la veda: los latinos son basura, los países pobres un cubo de mierda, la sanidad para el que pueda pagársela, que a mí nadie me regala nada, y el que opine lo contrario, el que critique a Trump o es un mentiroso, o un comunista. En todo caso, un mal americano. 

De ahí a la persecución real de los medios de comunicación adversos, por ejemplo, no hay demasiado trecho.

Muchos millones de norteamericanos

¿O es que somos tan ingenuos que confundimos nuestros deseos con la realidad? Manhattan no es Nueva York y Nueva York no es Los Estados Unidos de Norteamérica? Como no lo son Hollywood, el Sindicato de Actores, la prensa más o menos progresista y media docena escasa de los Jueces que han plantado cara a Trump. Se me entiende ¿verdad? Son una parte muy visible, muy llamativa, muy del gusto de Europa, pero nada representativa de la realidad sociológica del país.

La izquierda norteamericana (¿existe la izquierda norteamericana o la expresión es un verdadero oxímoron?) o, si se prefiere, el pensamiento liberal, buena parte de la intelectualidad, el mundo del arte y algunos, ni siquiera todos, los líderes de los millones de inmigrantes abominan de Trump ¿Y el resto?

¿Y el middle west, los granjeros de Oklahoma, los habitantes de los suburbios de ciudades que fueron poderosas como Detroit, como Baltimore, y hoy están arruinadas? ¿Y los orgullosos texanos? ¿Y los supremacistas? ¿Y los fundamentalistas de docenas de sectas pseudo religiosas? ¿Y las empobrecidas clases medias a quienes machacó la crisis? ¿Y los herederos del Ku Klus Klan?

Suena bien lo de “América lo primero” ¿Verdad? (Por cierto, Trump es otro más de los que confunde América con Los Estados Unidos de Norteamérica) Puede ser verdad o no. No es lo mismo el corto que el largo plazo. Suena bien lo de repatriar industrias, bajar los impuestos, reabrir minas, etc. etc.

¿A quién le importa si a medio plazo el que compre lo que se hacía en México y ahora en  Tennessee es más caro que antes? ¿Quién cae en la cuenta de que la era Trump está volviendo a beneficiar a los clanes, las corporaciones, los sistemas que desataron la crisis que se llevó por delante decenas de millones de empleos en su propio país? ¿No es más cómodo culpar a los negros, a los inmigrantes, al Islam, al mundo hispano en su conjunto? ¿Quién se preocupa por el deterioro del medio ambiente en Alaska, si nada menos que tu Presidente se ríe del cambio climático?.

¿Verdad que lo de repatriar beneficios suena divinamente?

¿Y nosotros?

Sigamos con lo de repatriar beneficios. Oigo o leo que Apple repatriará no sé cuántos miles de millones de dólares de su capital y pagará al fisco tampoco recuerdo cuántos dineros en impuestos porque después de la reforma fiscal que tanto ha beneficiado a las grandes fortunas del país (¿alguien pensaba que habría de ser de otra manera? ¿A santo de qué? Ni que Trump fuera socialdemócrata, o sea, socialista, es decir, comunista, que por allá tanto da) le trae más cuenta que hacerlo en Irlanda, donde venía haciéndolo en unas condiciones ya de por sí escandalosas.

Pero seguiremos comprando sus productos  (esto mismo lo estoy escribiendo en un portátil de la marca de la manzana) y no presionaremos a nuestros Gobiernos para que el gran gigante tribute en nuestros países lo que debería hacer por sus  ventas  aquí.

¿Podríamos hacer más? Por supuesto: no podremos votar en las elecciones norteamericanas, que no sé yo si no debería ser una opción atractiva, pero sí podríamos elegir a gobernantes menos complacientes con quienes tanto nos desprecian y con tan poco miramiento se comportan con sus “aliados” 

¿Qué Gobierno occidental ha exigido explicaciones o ha condenado la decisión de cambiar la sede de la embajada USA a Jerusalén, sea cual sea la trascendencia que ello pueda tener en el recrudecimiento del terrorismo islámico en nuestro espacio?

¿Somos algo más que amigos de países que pretenden ser humillados como México o preferimos que el Gran Histrión no se fije en nosotros? Porque a lo mejor era el momento de demostrar qué son para nosotros los países hispanos, en vez de llenarnos la boca con frases sonoras pero huecas.

En resumen

  • El fenómeno Trump está compuesto de muchas piezas: el personaje, desde luego, los efectos devastadores de las nuevas formas de comunicación de masas a la hora de desmantelar discursos políticos con algo más que proclamas dentro, y demasiadas complicidades.
  • No simplifiquemos. Es algo más costoso, más exigente, pero pensemos antes de tragar sin masticar lo que nos vayan poniendo delante.
  • Y, sobre todas las cosas: miremos a nuestro alrededor y procuremos identificar, mientras aún es tiempo, a quienes entre nosotros, sean del signo que sean, utilizan las mismas herramientas que el ocupante del Despacho Oval: la mentira, la simplificación, la manipulación, la desvergüenza.
  • Porque, recordemos: cuando empezó la campaña todos dábamos por descontado que el tal Trump iba directo al fracaso. Incluso nos reíamos con sus ocurrencias.