viernes, 20 de abril de 2018

Tiempo de desasosiego

Pintan bastos

Hay un tiempo para la esperanza y otro para el desánimo; un tiempo para la ilusión y otro para la congoja. 

Días en los que miras a tu alrededor y encuentras motivos sobrados para inspirar cuanto oxígeno quepa en tus pulmones, sonreír y salir de casa a disfrutar la mañana, sin que importe que llueva o haga sol.

Y otros, quizás iguales al anterior, en los que el desasosiego, la melancolía, la nostalgia de momentos que viviste y ahora recuerdas, te encogen el ánimo, frenan cualquier deseo de hacer nada y te devuelven a ti mismo con la vana pretensión de que sólo eso, refugiarte en tu mente, sea la solución para algo, siquiera sea para garantizar tu salud mental.

Es evidente que ahora, cuando estoy escribiendo estas líneas, me encuentro en uno de esos días negros en los que tan difícil resulta encontrar las razones de por qué tú mismo, si, tú, hubo un tiempo en el que pensabas que el futuro era nuestro, que todo lo bueno era posible y que, además, íbamos a conseguirlo.

Y es que en estos días no hay canal de entrada de información que esté en condiciones de suministrarte vitaminas mentales que te alegren la existencia. Por lo que a mí respecta, tengo la impresión de que lo que leo, oigo, veo, está desenfocado, que no toca el meollo de la cuestión y se centra, sobre todo, en soliviantar al contribuyente.

El "edificante" espectáculo de la clase política

Una epidemia de currículos ficticios

No tiene demasiada importancia en sí mismo. En realidad es de una banalidad monumental, pero ¿qué decir del manoseadísimo “Caso Cifuentes”? Nadie parece ser capaz de dar con la tecla.
  • Lo peor no es que la Srª Presidente de la Comunidad de Madrid haya mentido. No es bueno, desde luego, pero hubo un tiempo en el que la cultura mediterránea, más sabia y menos hipócrita que la anglosajona, habría integrado el caso como uno más de los divertidos pecadillos propios de cualquier cargo público.
  • Lo peor, por una parte, ha sido la cerril (cerril, no cerrada) defensa del caso que ha pretendido hacerse desde su propio Partido con el increíble argumento que “es de los nuestros”, y, por otra, utilizar los múltiples casos similares que podrían haberse dado en otros Partidos para minimizar la gravedad del caso. 
  • 509 mentiras en otros tantos currículos de veinte formaciones políticas diferentes, no limpian el máster de la Srª Cifuentes ¿Está esto claro, o vamos a seguir, creyendo que si los demás son sinvergüenzas nosotros estamos autorizados a serlo?
  • Lo peor no es si hubo falsedad o no en tal o cual documento, sino estar dispuestos a llevarse por delante el prestigio de una Universidad en vez de asumir lo que, guste o no, es inexorable: justa o injustamente, la Srª Cifuentes es ya un cadáver político, así que debería retirarse antes de que empiece a oler. 
 Por cierto, sigo preguntándome el por qué de la insólita manía que les ha entrado a nuestros incompetentes políticos de no importa qué Partido en intentar convencernos de su valía a base de titulaciones académicas. Tal como yo lo veo, contemplando el deplorable rendimiento de nuestra clase dirigente, lo mejor para ellos y para nuestras instituciones es que presumieran de lo contrario, de ignorancia. Al menos nos cabría la duda de qué habrían sido capaces de hacer si hubieran tenido acceso a una formación superior.

Nada nuevo en Cataluña. O sea, cada vez peor.

No hace falta cambiar de canal o de diario: antes o después, nos habrán puesto al día del último dislate ocurrido al Oeste del Ebro.
  • Habrá quien opine que la Justicia alemana está de los nervios o que a algunos de sus Jueces les falta la formación jurídica mínima indispensable para poder ejercer su alta función. Y habrá quien piense, como de costumbre, que los Jueces sólo aciertan cuando sus sentencias coinciden al milímetro con nuestro propio juicio previo, aunque no nos hayamos tomado la molestia de leer ni el auto del Juez Llerena, ni, mucho menos, la traducción de lo que dijeron los alemanes.
  • Oiremos arriesgados comentarios sobre lo que puede esperarse de las crecientes, eso parece, disensiones en el seno de las formaciones secesionistas. Nadie, o pocos, caen en la cuenta de que eso, si andan o no a la greña los que están más cerca de Puigdemont que de Jonqueras, o equidistantes o no respecto a los antisistema, es lo de menos, porque no afecta al fondo de la cuestión.
  • Y eso, el centro neurálgico del problema, es que uno de cada dos catalanes, voto arriba o abajo, no se siente español; que eso es el resultado de que las nuevas generaciones han sido educados mayoritariamente en el dogmatismo y la mentira.
  • Pasan los días, los años, y nadie intenta solucionar las claves del problema: el sistema educativo, el mundo podrido de la información manipulada, la impunidad de lustros de ignorancia de las resoluciones judiciales sin consecuencias. Y que, por consiguiente, cada día estaremos un poco más cerca del desastre, porque en política las batallas que no se dan, son batallas perdidas.
Nuestra clase política sigue viviendo en "La Montaña Mágica"

  Observo el carnaval de mi país y doy en pensar que la práctica totalidad de los Partidos marchan despreocupados camino del suicidio. Cada barómetro social que se publica, veo repetido el nulo aprecio de mis conciudadanos por los sedicentes representantes de la voluntad popular, y no me extraña, porque soy uno más de los que así piensan. 

Los unos, los otros, los viejos, los nuevos, la derecha, la derecha de la derecha, la izquierda, la izquierda de la izquierda, sólo piensan en cómo zancadillear al rival. Nadie se ocupa de la "res pública", del ciudadano, más que para que pedir su voto, normalmente, engaño mediante ¡Qué espectáculo!
  • Dicen que el PSOE anda ocupado en robarle candidatos a los que tiene a su izquierda. Por supuesto, sus dirigentes lo niegan, como era de esperar, o sea que debe de ser ciero. Y no sé qué es peor, si la certidumbre  de que están pescando en caladeros ajenos, o si lo hacen porque no tienen dónde elegir en el suyo. 
  • Podemos deja sobre la mesa a diario las flagrantes contradicciones entre sus proclamas de democracia pura, purísima por encima de todo, ¡incluso de la Ley! mientras se comporta en su interior con los peores resabios autoritarios que se puedan imaginar (“¡Tonterías, ni media”!)
  • En cuanto a Ciudadanos, lo malo no es que carezca de experiencia, nadie la tiene antes de empezar, sino su preocupante distancia entre lo que dice un día y lo que hace el siguiente, porque también ellos resulta que tienen cadáveres en los armarios, aunque se autoproclamen los garantes de la limpieza.
  • Y en el PP… El Sr. Rajoy sigue mejorando día a día su estampa de Don Tancredo, mientras al inefable Sr. Montoro le da ahora por contradecir al Tribunal Supremo y suministrar el enésimo balón de oxígeno al secesionismo. 
  • ¿Es que nadie tiene alguna idea de cómo resolver los problemas políticos desde la Política? ¿Dónde quedaron aquellos principios de el Partido por delante del militante y España por encima del Partido?
El pantanal de las Redes Sociales

Deambulo por las redes sociales y sólo encuentro crispación, bulos, insultos groseros, mentiras flagrantes, llamadas a la ira, al desquite, a la indignación, al precio que sea.
  • Noticias alarmantes sin asomo de confirmación alguna se desplazan a la velocidad de la luz, porque, tal como se ha descubierto, resulta más creíble la mentira, si anuncia desgracias o llama a la guerra, que la verdad que suele ser bastante más sosa.
  • Viejos colegas que me han dado sobradas muestras de cordura durante decenios, los encuentro trasmutados en iracundos contribuyentes pidiéndome a diario que sea yo mismo el siguiente eslabón de la cadena del odio. (¡”Pásalo!”. Pues no, lo siento, conmigo no contéis)
  • Amigos que en su día creamos un chat para reírnos con nuestras cosas, acabamos cayendo en el general vicio de dar pábulo a las “fake news” más llamativas (disculpadme el anglicismo, pero me parece, por ahora, muy significante) ya traten asuntos que nos atañen, como la revalorización de las pensiones, o se refieran a suposiciones sobre si en tal familia, la suegra y la nuera se llevan peor o mejor. 
  • El insulto suplanta al argumento. Eres “facha” o “rojo”, o unas veces una cosa y otras la contraria, dependiendo de a quién le lleves la contraria. Adjetivos usados como navajas tabernarias por gentes que en muchos casos carecen del más elemental conocimiento que les permita discernir si el Almirante Cervera fue un héroe o un juguete roto en manos del destino.

Iba a decir que nadie se libra, pero no, por fortuna participo en un chat en el que, hasta ahora, nos hemos librado de la maledicencia, las barbaridades, las injurias, los epítetos de grueso calibre, la desmesura. Quiero que siga así, más preocupado por los avatares de cualquiera de sus miembros que por si el Sr. Maduro ha dicho o dejado de decir lo primero que se la haya ocurrido.

Hasta el deporte se ha contagiado

Y, claro ¿Por qué habría de esperarse que el deporte se librara de tanta turbulencia? Mañana (escribo  estas líneas la víspera de la final de la Copa del Rey) algunos miles de seguidores del Barcelona abuchearán al Rey, y pitarán el Himno de España. Seguro. Como cada uno de los últimos años en los que el Barça o el Bilbao han jugado la final. 
  • Ya me han llegado mensajes pidiendo que si eso ocurre se suspenda el partido. ¿Por qué no? ¿Por qué? Y yo pregunto ¿Y por qué no se ha hecho nada en los últimos años modificando la normativa vigente y habilitar a quien corresponda para suspender el partido o, incluso para retirar de la competición al equipo responsable?
  • Pasará otro año y se repetirá el bochorno dentro de doce meses porque pasado el furor de la dos próximas semanas, volveremos a encolerizarnos por la enésima bobada que nos llegue a nuestro teléfono y nos olvidaremos de la pitada.
  • Mientras tanto, el Presidente del Club catalán declara, solemne, serio y como quien descubre el Mediterráneo, que cada uno es muy libre de expresar sus emociones y que su Club siempre defenderá la libertad de expresión. 
  • ¡Libertad de expresión! Me pregunto si el pulquérrimo y muy demócrata Presidente culé entendería que quienes pusieran en duda la moralidad de su señora madre también deberían estar amparados por la libertad de expresión, y, por otra parte, cuándo, cómo y dónde pretende defender el derecho a no ser ofendidos de los cientos de miles de seguidores de su Club que ni son catalanes, ni odian al Rey, ni tienen más bandera ni más himno que los de España.
  • Tres mil agentes de las fuerzas de orden público “tratarán de garantizar la normalidad para el partido de mañana". Eso he visto en el telediario ¿Es que alguien piensa que puede hablarse de “normalidad” si se necesita un ejército para evitar que cuatro manadas de descerebrados conviertan un acontecimiento deportivo en una batalla campal? Sí, si lo hay: los redactores y locutores de nuestros noticieros ven “normal” el despliegue policial. Y supongo que quienes mandan a la tropa y a los locutores, también.
No nos engañemos: el problema somos nosotros. Todos nosotros

O sea que, como es de suponer, el verdadero problema está más allá, más lejos y más profundo que en el tan denostado universo de “La Política”. Está en la calle, en las cabezas de millones de compatriotas que sólo hablan de derechos y dan por supuesto que las obligaciones son para los demás; cosas del pasado, seguramente del franquismo.

Salgo a la calle y veo a un atribulado cuarentón pastoreando a un quinceañero enrabietado que se ha liado a patadas con la marquesina de una parada de autobuses. Presto atención y descubro que el zangolotino, tatuado, malhablado y peor vestido reclama el cambio de su teléfono por que es el único de sus amigos que aún no cuenta con la última versión del I-Phone. ¿Qué puede hacer el padre? Nada, salvo sumarse a la protesta y emprenderla mánsamente a cabezazos contra la pared más próxima porque con la edad de su vástago ya es tarde para inculcarle alguna idea sensata en su mollera. Esas cosas hay que empezarlas mucho antes.

Y es ahora, cuando he vuelto a casa cuando me hago la pregunta cuya contestación, si la encuentro, procuraré darla a conocer a quienes tienen la paciencia de leerme de vez en cuando. ¿Qué podemos hacer el común de los mortales que no somos ni Diputados, ni Presidentes de ningún Club, ni miembros de una peña violenta de seguidores de club alguno de fútbol, ni mucho menos Ministros, ni Presidentes de Gobierno, ni siquiera líderes de engendros pensados para soliviantar a la ciudadanía?






viernes, 6 de abril de 2018

Dos mujeres importantes

El Máster de Dª Cristina Cifuentes

¿En qué estaría pensando la Presidente de la Comunidad de Madrid?

Me pregunto cuántos de los votantes que izaron a la Sª Cifuentes a la poltrona desde la que gobierna la Comunidad de Madrid se habían tomado la molestia de leer su currículo antes de depositar su voto en la urna.

Me pregunto cuántos de los que lo leyeron fijaron su atención en la línea que se dedicara a comentar que la candidata poseía un Máster en no sé qué por la Universidad Rey Juan Carlos.

Me sigo preguntando cuántos de quienes se fijaron en ese detalle votaron a la Srª Cifuentes por ese dato y no porque era rubia, o porque “antes que votar a otro Partido, mejor no correr riesgos y hacerlo al de siempre y por quien propone Génova, que ellos saben mejor que yo quién es quién”.

Otra pregunta que se me ocurre es cuántos, si es que hubo alguno, de los votantes que leyeron el currículo y votaron porque la candidata tenía el manoseado Máster, habrían votado a Ciudadanos, o al PSOE (de Podemos, mejor ni hablamos) de no haber leído la referencia citada.

Sólo me quedan dos preguntas más:

¿Cuántos de quienes dieron su confianza a la Srª Cifuentes cambiarán el sentido de su voto después del affaire de la supuesta falsificación del expediente del dichoso Máster?

En resumen: ¿en qué pensaba la Srª Cifuentes cuando autorizó la inclusión de la referencia al Máster en su historial y permitió su difusión entre la ciudadanía cuando ella mejor que nadie sabía que podía prestarse a interpretaciones nada favorables para sus intereses? 

Los tiempos han cambiado.

Alguien con su experiencia debería haber comprendido tres cosas.

  • España ha entrado ya en el mundo hipócrita y fundamentalista de las campañas electorales anglosajonas donde es más imperdonable haber asistido a una manifestación de signo políticamente incorrecto cuando tenías quince años que ser un incompetente manifiesta. Un mundo en el que es prioritario desacreditar al contrario antes que ponerte tú mismo en valor. Por consiguiente, hay que ser extremadamente cuidadoso a la hora de suministrar informaciones que puedan dejar cabos sueltos. Ni siquiera digo que la la Srª Cifuentes esté mintiendo, pero me parece evidente que ha sido incapaz de despejar muchas de las dudas sobre lo que se le echa en cara.
  • En política se puede llegar a lo más alto sin un bagaje académico demasiado espectacular. Ejemplos de grandes políticos que fueron malos universitarios los hay a docenas. ¿Quién recuerda, por ejemplo, cuántos años tardó Adolfo Suárez en terminar la carrera de Derecho? Lo contrario es igualmente cierto: la cúpula al completo de Podemos son toooodos “Profesores” y por si fuera poco de la Facultad de Ciencias Políticas.  
  • Lo malo no es tener o dejar de tener tal o cual Máster, sino que te sorprendan en manifiesta y flagrante mentira, o que seas incapaz de demostrar que dices la verdad y son los demás quienes mienten. No importa cuál sea el fondo que esconda el supuesto engaño (en este caso me parece de una trivialidad inconmensurable) lo que se te va a echar en cara, lo que el votante puede recordar, es que has demostrado que no eres de fiar.

El caso tiene algunos ribetes dignos de consideración. Por ejemplo:

  • Como de costumbre, las redes sociales han juzgado y condenado a la acusada mucho antes de que las pruebas empiecen a ser tan abrumadoras que lo menos que pueda decirse del caso es que está plagado de irregularidades, de zonas de sombra.
  • No seré yo quien deje de lado la presunción de inocencia, lo que ocurre es que la reservo para cuando el asunto adquiera dimensión judicial, que es donde tiene sentido. Por el momento, los problemas de la Srª Cifuentes son de carácter político, y en ese ámbito cuenta tanto el cómo como el qué.
  • Me llama la atención que el escándalo haya estallado justo cuando arrecian las voces a propósito de la carrera sucesoria de un todavía no difunto Presidente Rajoy, en la cual había quien consideraba a la Presidente de la Comunidad de Madrid como bien colocada. Ahora , hoy mismo, podría haber quien la viera ya como un cadáver político. ¿Un competidor menos? Dicho de otra forma ¿Seguro que no ha habido ninguna filtración interna?  

  El problema de tener dos Reinas.

Y, por si fuera poco, suegra y nuera.

Me he negado a ver el vídeo de la discordia y, por extraño que parezca, lo he conseguido, al menos hasta ahora. Me he negado, por una parte por mi tradicional tendencia a desmarcarme de los movimientos de masas y, por otra, porque para lo que quiero comentar lo considero irrelevante.

Así que, por lo que oigo y leo, tengo entendido que Dª Leticia, vamos a llamarla “La Reina Joven” para entendernos, madre (augusta, regia, pero madre) de dos criaturas de tierna edad no es partidaria de que a sus hijas, sean Infantas, Princesas o lo que el Sr. Peñafiel, con más con conocimiento de causa que yo, tenga a bien determinar, se las fotografíe en público, más que cuando ella haya autorizado de antemano.

Ocurre que, por otra parte, Dª Sofía, “La Reina Vieja” como ya supondrán mis sagaces lectores, a más de hija de Reyes, esposa de Rey, Madre de Rey, Hermana de Ex Rey, y abuela de futuras e hipotéticas Reinas, es suegra de Reina. Algo que no he visto referido entre sus otros contrastados títulos.

¡Suegra y nuera! ¿Hay alguna razón que obligue a que en este caso concreto suegra y nuera tengan necesaria, imperiosa, automática y permanentemente que llevarse siempre bien, en cualquier caso y circunstancia? Un somero repaso a la Historia de cualquier Monarquía de cualquier país en cualquier época me lleva a pensar lo contrario: la realeza suele ser poco o nada considerada con sus parientes. Tanto, que no hay dinastía sin esqueletos en el armario.

Cosa diferente es que a quien vive de su corona sea hereditaria o conseguida por vía matrimonial, se le pida algún nivel de hipocresía innecesario entre funcionarios y menestrales. Puede haber quien piense que ya que le pagamos a ambas todo cuanto tienen y consumen, lo menos que se les puede pedir es que se comporten como si fueran perfectas. 

Yo creo que eso es pedir peras al olmo y que basta con repasar el comportamiento de nada menos que la familia real británica en el último Siglo para verificar que tengo razón. Pero, en fin, allá cada cual con su “cadacuala”.

Lo malo, como siempre, están siendo las redes sociales.

Doy por descontado que la práctica totalidad de quienes están vertiendo sus opiniones en las redes saben de las relaciones entre los miembros de la Familia Real, y, más concretamente, entre la Reina Vieja y la Reina Joven, lo que se leen los unos a los otros o lo que han empezado a ver y oír en la última semana.

¿Alguien sabía hace sólo una semana cuáles eran las verdaderas relaciones diarias entre suegra y nuera? ¿Se conocen las razones de por qué la Reina Joven no es partidaria de que se fotografíe a las Infantas, ni aunque sea la Reina Vieja quien lo quiera? ¿Sabía ésta, la Reina Suegra, que aquélla, la Reina Nuera, no está por la labor de andar con las Infantas en las páginas de la prensa rosa? Muchos dan por supuesto los el carácter sagrado de los lazos que unen a abuelas y nietas ¿Son mayores, iguales o menores que las que unen a una madre con sus hijas?

Así las cosas, comento algunos de los contenidos que he leído en las redes sociales.

“Leticia no es mi Reina”. Error. Puede gustarte más o menos, pero, si eres ciudadano español es tu Reina, como Rajoy es tu Presidente de Gobierno aunque hayas votado a otro. Estas cosas no están sujetas a elecciones personales. La de Presidente de Gobierno, al menos, se puede dejar en nuestras manos cada cierto tiempo. La de quién es tu Reina, va por otro camino. Cuestión del contenido de la legislación vigente que, por extraño que  parezca, no deja en manos de la ciudadanía el trabajo de elegirle esposa al Rey, ni la facultad de quitársela de en medio.

“Si es que se veía venir. ¿A quién se le ocurre casarse con ésa?” A Don Felipe, mire usted, que es quien la tiene que aguantar o disfrutar a diario, no a usted ni a mí, que si nos dedicáramos a nuestras cosas no habría de quitarnos el sueño el que la Reina Vieja y la Reina Joven se lleven peor o mejor. ¿O es que todavía no hemos caído en la cuenta de que quien gobierna en España no es ninguna de las dos Reinas, sino el Poder Ejecutivo? ¿O seguimos pensando que las bodas reales suman o restan territorios como en tiempos de las Monarquías Absolutas?

“Esta tía (“La reina Joven”) está haciendo un daño enorme a España”. Absoluta y desproporcionadamente falso. Al mundo exterior, el mínimo rifirrafe entre las Reinas, o le ha pasado inadvertido o, como mucho, le habrá parecido un episodio curioso. Lo que sí puede hacerle daño a España es embarcarse en una desaforada campaña de descalificaciones de los miembros de la familia Real, sin más fundamento que las particulares filias y fobias de cada uno, casi siempre anteriores al episodio que comento.

“Esto es intolerable. Tendríamos que hacer algo” Una variante de la anterior. Hacer algo ¿como qué? ¿Raptar a La Reina Joven y acabar con ella? ¿Llorar delante de Palacio hasta que ella se conmoviera y se fuera por sus propio pie?

“O Don Felipe se divorcia o Leticia acaba con la Monarquía” (Este comentario, quiero aclararlo, procede de Jaime Peñafiel, antaño fervoroso palmero de la Zarzuela, y desde hace algunos años, resentido profesional al servicio de sus propias obsesiones) ¡Lo que faltaba! El Señor Peñafiel en funciones de oráculo pronosticando el fin de la Monarquía. Y como cuanto más ruido, más audiencia, no falta quien le ponga un micrófono delante.

Por último, abundan también los comentarios que para defender a La Reina Joven, no se les ocurre mejor medio, ni forma ni argumento, que poner a La Reina Vieja de chupa de dómine. Lo de siempre (¡Somos tan previsibles los españoles!): no se trate de que gane mi equipo, sino de que pierda el enemigo. Excusadme si no pongo ejemplos de este capítulo porque los que he leído son deprimentes.  

En Resumen:


  • Entre el caso Cifuentes y el descalabro que ha supuesto la decisión del Tribunal alemán que está viendo la extradición de Puigdemont, no parece que ésta semana sea para el Sr. Rajoy y su Partido lo que para los demás españoles: la Semana de Gloria.
  • Dejemos que la Reina Vieja y la Reina Joven tomen el té juntas; demos tiempo al tiempo y aunque el Sr. Peñafiel se encorajine, dediquemos nuestro tiempo a tareas más importantes que a mirar con lupa lo que hace una familia al salir de Misa ¿O era otra cosa?

martes, 13 de marzo de 2018

España encabronada

Me veo rodeado por una ciudadanía soliviantada.

Muerte atroz de un niño a manos, parece ser de la pareja de su padre. Busquen el adjetivo “descalificativo” que mejor les cuadre. Un suceso tremendo que sacude a la sociedad de tanto en tanto desde que el mundo es mundo.

No, no es exacto: mejor sería decir que, por fortuna, este tipo de acontecimientos ocurre cada vez con menos frecuencia. Aunque no es de eso de lo que quería hablar, sino de las pasiones que despierta en la actualidad un horror de esas características.

Llegan a mi teléfono mensajes incendiarios pidiendo que me sume a la exigencia de la prisión permanente revisable, o a la demanda de que la asesina cumpla su pena en su país de origen, porque aquí viviría en prisión mejor que un pensionista en una residencia de la tercera edad.

Quien me envía el requerimiento de prisión permanente revisable carece de conocimientos suficientes para saber si ésta figura penal es más dura o no que una condena a cuarenta años de cárcel. 

No importa: él ha recibido el texto y lo circula como un autómata porque así se le ha pedido. Lo llamo, hablo con él y se queda hecho polvo cuando comprueba que antes de hablar de prisión suele ser conveniente, por ejemplo, juzgar al supuesto reo, haya confesado su crimen o no.

La persona que habla de mandar a las cárceles de su país a la presunta asesina, quizás no sabe (algunos de sus comentaristas, sí, o deberían saberlo) que tal petición no está amparada por la legislación vigente, pero lo pide, sin pensarlo dos veces, porque, a su vez, también lo ha oído y se suma, sin más a una petición que le suena bien.

A todo esto, ni siquiera ha pasado el tiempo suficiente para que la presunta homicida haya sido puesta a disposición del Juez. ¿Qué más da? Las redes sociales, bastantes medios de comunicación, la ciudadanía ya la han encausado, revisado y valorado las pruebas, juzgado y condenado. 

Sólo falta aplicar la pena. Algunos de los mensajes vislumbran el desencanto que les produce a sus autores el que se haya abolido la pena de muerte; incluso el que no les dejaran a ellos tomarse la justicia por su mano.

¿Sentido de la justicia? En absoluto: sed de venganza, ánimo ejecutor al más puro estilo western. Estamos en pleno reinado de la Ley de Lynch. Peor aún: ni siquiera venganza, sino manifestación exacerbada de un grado insólito de frustración colectiva que busca cada día víctimas propiciatorias para desahogar su furor contra todo y contra casi todos. 

Cientos de miles de ciudadanos viven en permanente desasosiego, soliviantados por mensajes tremebundos, la mayor parte de ellos sin fundamento alguno, sin soporte en hechos concretos, sin cobertura legal, sin base teórica consistente. Todos se suman al tremendismo.

El caso de “el pescaíto” no es más que un ejemplo.

Seguimos, por ejemplo, inmersos en el universo de posverdades y noticias falsas referidas al insoportable proceso político catalán. Te llega al teléfono un mensaje en el que se te informa que, por fin “hoy” (quiero decir, ayer: 12 de marzo del 2012) se ha cerrado las falsas Embajadas Catalanas. La noticia es vieja pero para el comunicante es primicia. El mensaje termina con el consabido “Pásalo” 

Otro conocido, con conocimientos sobrados para saber que lo que me manda es mentira, me informa de que se quiere hacer llegar al tal Jordi Sánchez al Parlament como sea porque le tienen preparado un apartamento en su interior donde podría vivir tranquilo "sine die" “porque la Policía no puede entrar en el Parlament”(¿?)

Él sabe que, desde luego, las fuerzas del orden pueden entrar en el Parlamento y en la Catedral de la Almudena, llegado el caso. Lo sabe pero se comporta como si no lo supiera. ¿Por qué? Porque no importa la verdad; importa enardecer al ciudadano que no ve con buenos ojos al otro bando. La disculpa suele ser que “ellos vienen haciendo lo mismo desde hace años”, con lo que la receta parece ser igualarse a los malos. 

Y el ciudadano medio no se toma el respiro suficiente para pensar por sí mismo y traga como píldoras de vitaminas lo que son grajeas venenosas.

Informes precisos, aunque discrepantes entre sí, te informan de lo que va a ganar de por vida éste o aquel político secesionista huido de la justicia “con tus impuestos”.. O de lo que se han llevado del erario público en ayudas insólitas una lista interminable de individuos con nombres de inequívoco origen musulmán. 

Nadie lo demuestra, nadie lo comprueba, todos o la mayoría, lo creen. La indignación sigue creciendo.

Y, día tras día, el ciudadano se angustia, se solivianta, toma partido sin saber muy bien por qué, se suma a causas que nunca debieron de ser suyas, colabora sin pensarlo en hacer que la sociedad en la que vive sea un poco más incómoda, más crispada, más violenta en definitiva, que la víspera.

El papel de cada uno los motores de la crispación.

Los medios de comunicación.

Hace un par de días publiqué en facebook un ejemplo de la falta de rigor de cierta prensa que pasa por ser seria: la mañana siguiente al descubrimiento del cadáver de Gabriel estos eran los titulares: 

"La Guardia Civil cree que Ana Julia Quezada, detenida por la muerte de Gabriel, actuó sola" ("El País" del 12 d marzo).
"La Guardia Civil sospecha que la asesina de Gabriel Cruz no actuó sola" ("El Mundo" del 12 de marzo)

Para mí que aún hay otra posibilidad bastante realista: La Guardia Civil considera prematura cualquier opinión al respecto.
En todo caso, uno o los dos diarios no publicaron la verdad, y uno de ellos ya califica a la mujer de asesina, antes de haberse sentado ante el Juez.

¿Hay base para pensar que este ejemplo es suficientemente significativo de un modo poco riguroso de ejercer una profesión clave en la formación de la opinión pública? ¿Habremos entrado en el ciclo en el que la prensa pone por delante la venta de ejemplares a cualquier otro objetivo?

En cuanto a la televisión, sólo hace falta repasar opiniones de tertulianos, ése raro especímen capacitado por algún prodigio de la genética para pontificar cada mañana sobre un tema diferente, para verificar hasta qué punto resulta difícil formarnos nuestras propias opiniones sobre la base de la información que nos suministra la pantalla. 

Esta mañana, por ejemplo, he oído insinuar que una posible forma de acometer el espinoso asunto de las pensiones, sería “limitar” las pensiones máximas “porque su importe es superior al de muchos salarios”. 

Magnífico ¿Sin tener en cuenta lo que los pensionistas cotizaron? ¿Sin pararse a pensar por qué los salarios siguen siendo más bajos que cuando empezó la crisis y qué habría que hacer para remediarlo?

¿Y si quien así hablaba era portavoz de intereses todavía poco dispuestos a decir lo que de verdad piensan, que no es otra cosa que dinamitar el actual sistema de pensiones y hacer pivotar el futuro económico de los viejos en el ahorro privado?

Y volviendo al caso del niño asesinado, tampoco parecen un ejemplo de serenidad y sensatez los reportajes emocionales transmitidos desde el terreno por locutores en los que, además que su más que demostrable desconocimiento básico del idioma, transitan por un mundo de emociones primarias muy lejos de la objetividad, la calma y la ponderación.

Los Poderes Públicos

En los tiempos que corren, me parece a mí, que todos, desde el Presidente del Gobierno al Alcalde de la localidad que toque, pasando por el Ministro del ramo afectado y por los líderes de las restantes formaciones políticas, suelen reaccionar en todos los casos que merecen la atención de los medios con una desmesura sospechosa de electoralismo.

Es posible que lo que voy a decir a continuación no me haga el más popular de la red, pero me trae sin cuidado, porque no entra en mis cálculos aprovechar una popularidad que no busco para fin político alguno.

No creo que la presencia del Ministro del Interior en los funerales de cualquier ciudadano que pierde la vida en trágicas circunstancias, ayude en nada a la disminución de la criminalidad. No creo que el sueldo del Ministro se pague por funerales, sino por dirigir a quienes investigan. 

Una cosa es lo público y otra, lo privado. Si un atentado terrorista, por ejemplo, provoca muertes, entiendo lo de los tres días de luto oficial. Si los fallecidos lo han sido en un accidente de circulación, o víctimas de la saña de un asesino, no importa que sean uno o cuatro, estamos ante sucesos de carácter privado, en los que el Ayuntamiento no tiene por qué adoptar decisión alguna. 

El problema es que empezado el melón, el Alcalde que no se someta a la moda será tachado de insensible, de rojo o de facha, según de qué tendencia sea el difunto o difuntos.

Peor, desde luego, son las proclamas que alguna vez oímos en las que representantes del poder ejecutivo, versión municipal, autonómica o estatal, parecen querer condicionar las decisiones que por definición corresponden a otro de los poderes del Estado, el Judicial, en concreto. 

Porque, no nos engañemos: la mayoría de nuestros sedicentes representantes sólo creen en la independencia judicial, cuando el contenido de la Sentencia coincide con su punto de vista. Y en algún caso clamoroso hasta se entrevé la querencia a poner a órdenes a los Jueces. Por el bien de la gente, se entiende.

Y, en cuanto, a los líderes políticos, ¿por qué no se callan de vez en cuando? Siguen tratando de aprovechar cualquier desgracia como la de Gabriel Cruz para llevar las aguas a sus respectivos molinos electorales. Exacerban la sensibilidad de los ciudadanos que en los últimos tiempos está a flor de piel y terminan provocando la histeria generalizada en ámbitos cada vez mayores.

Están todos tan preocupados por el corto plazo que se revelan incapaces de debatir el futuro, porque más allá de la próxima cita electoral sólo hay vacío. Por eso en materias tan trascendentales como la Educación, o la Legislación Penal, se toman posiciones en función no del interés general, sino de lo que digan las encuestas o lo que predigan los estrategas del Partido. 

¿Resultado? Lo ven pero no saben interpretarlo: según esas encuestas que tanto les preocupan, ellos, Los Políticos, son percibidos como uno de los primeros problemas de España. No les preocupa porque “Los Políticos” son todos, y si son todos no son ninguno. Viven al borde del precipicio, ignorando, despreciando al ciudadano, mientras se insultan unos a otros que es una de las cosas que más les gusta y mejor saben hacer.  

Las redes sociales

Y de fin de fiesta, las redes sociales como depósito y correa de transmisión de emociones incontroladas movidas por energías insospechadas, basadas, las más de las veces, en medias verdades o en mentiras clamorosas.

Juicios de valor, argumentos “ad hominem”, bulos intencionados, proposiciones descabelladas. He aquí un par de ejemplos de lo que ha corrido por las redes a propósito de la desaparición de Gabriel:

  • Se rumorea que el niño se lo han llevado dos marroquíes en una furgoneta blanca. Esa misma tarde la Guardia Civil tiene que intervenir para poner fin a varios altercados.
  • Se difunde un cuadro de fotografías tipo carnet en una de las cuales aparece el padre de Gabriel. Son todos militantes de “Podemos”. Poco después algunos mensajes parecen indicar que, siendo así, la cosa cambia: “no son de los nuestros”, “a saber en qué andarían metidos”. 

La madre del niño asesinado ha hecho circular un mensaje enternecedor, lleno de dolor y de sensatez, de bondad. No importa: más papistas que el papa, cientos de miles de energúmenos cibernéticos siguen pidiendo sangre, poniendo en circulación textos rodantes pavorosos pidiendo que tú también seas un eslabón más de la locura.

Y lo malo es que, a veces, antes de haberte parado a pensar ya has pulsado la tecla que sigue dando cuerda al mecanismo del odio y la sinrazón, y has colaborado a que uno, tres, veinte ciudadanos más reciban una banderilla de cólera en su espalda. 

¿Presunción de inocencia? ¿A estas alturas? ¿Pero es que somos estúpidos? “todo el mundo sabemos que esa tía, que encima es inmigrante, es una asesina, así que duro con ella”. Si por muchos fuera, ni juicio ni nada. Al cubo de la basura siglos de lento progreso hasta llegar a la civilización: una buena cuerda, una rama de un árbol y se acabó la presente historia.

¿O usted, lector, no conoce a más de media docena que no es que lo piense, es que ni siquiera se recata de decirlo alto y claro, para que se vea cuán acendrado es su espíritu justiciero?

¿Qué podemos hacer?

¿Cómo? ¿Es que no está claro? Pensar antes de hablar. Tomarse un tiempo antes de divulgar cualquier supuesta noticia cuya veracidad no te conste y con cuyo contenido no estés absolutamente de acuerdo.

Y pasar al contraataque: contestar a quien trata de soliviantarte, decirle que si está seguro de lo que dice, y llegado el caso, enfrentarlo con su propia responsabilidad. 

Hay veces en las que el silencio es también culpable