viernes, 21 de julio de 2017

Cadáveres manipulados

En la muerte de Miguel Blesa

No quiero que haya la menor duda al respecto: la muerte de Miguel Blesa me entristece. No porque fuera el ex Presidente de Caja Madrid, ni porque fuera amigo del ex Presidente del Gobierno, ni porque fuera un notorio afiliado al Partido Popular. No. Me entristece porque estamos ante la muerte de un congénere, acaecida además en circunstancias dramáticas.

Digo lo anterior a sabiendas de que en los tiempos que corren parece como si en cada momento, en cada acontecimiento, cada uno de nosotros tuviéramos que reaccionar de acuerdo con los códigos éticos del clan, el grupo, el Partido, la región a la que perteneciéramos  y no cupiera no ya la discrepancia, sino ni siquiera el matiz.

En este sentido, reivindico mis privilegios de hombre libre, sin ataduras de carnés, de afiliaciones, sometido nada más a mi propia forma de ver la vida; así que si lo que quiero decir a continuación me granjea el rechazo de unos por criticar a un difunto y a otros por no condenarle... ¡Qué le vamos a hacer!

Las cosas que oímos y leemos

No quiero repetir, sólo faltaba, ninguna de las barbaridades que he visto reproducidas y que han aparecido en las redes sociales. No merecen disfrutar de la posibilidad de que las lean nadie más. Sólo se me ocurren un par de cosas.

Primera, que no seré yo quien defienda la censura de ningún medio de comunicación, pero sí, desde luego, la aplicación de las generales de la Ley a quienes confundan libertad de expresión con derecho al insulto, al ultraje, al agravio a quienes, en estos momentos, lloran la muerte de alguien a quien querían, no importa qué hubiera hecho de bueno o de malo en su vida.

Segunda, que tampoco hay que extrañarse demasiado. Siempre ha habido miserables. Comportamientos semejantes son muy anteriores a la aparición de las redes sociales. Éstas, nada más los han hecho más accesibles. Demonizar Twitter por el uso que hagan de él dos docenas de energúmenos, sería desconocer las ventajas evidentes que la red supone para docenas de millones de usuarios sensatos (entre los que no se encuentra, desde luego, Donald Trump).

Pero, y eso amerita punto y aparte, tampoco me parecen de recibo los intentos de aprovechar la muerte siniestra de un hombre para obtener alguna ventaja política.

Cadáveres reciclables

Los hechos escuetos, hasta donde sabemos, son elocuentes: Miguel Blesa, condenado por algunas de sus actuaciones mientras era Presidente de Caja Madrid, se ha suicidado. Son elocuentes, pero, pese a todo no autorizan a interpretaciones interesadas.

Sólo él conocía los motivos que le llevaron a quitarse la vida, si es que se ha suicidado. Digan lo que digan los demás, sólo él. Aún así, si se afirma que ha muerto porque no pudo soportar la presión que sobre él se ejercía desde la judicatura, o desde la prensa, habrá que recordar, que los Tribunales cumplieron su cometido y le proporcionaron un juicio justo y los periodistas cumplieron con su obligación de informar.

Dicho de otra manera, las consecuencias de actos deliberados, sean cuales fueren, siguen siendo responsabilidad del autor de aquéllos.

Si la muerte de Blesa es consecuencia de sus actos como Presidente de la que llegó a ser la tercera entidad financiera del país (hundida en parte por su gestión) hay que recordar que no es la única muerte que se puede cargar a estos avatares. También ha habido suicidios de quienes perdieron su casa y su hacienda en el sumidero de Caja Madrid ¿o ya los hemos olvidado?

No ha faltado quien haya rescatado del más allá la figura de Rita Barberá, y aprovechando la ocasión, haya cargado el infarto que acabó con ella a la persecución de que fue objeto. Su muerte me impone la obligación de respetar el principio de presunción de inocencia porque no llegaron a sustanciarse los procesos abiertos contra ella, pero no puedo dejar de pensar que, Tribunales al margen, quien se dedica a la política y alcanza un sitial público, debe saber que está expuesto a la crítica, especialmente si, como en el caso que nos ocupa, hay indicios de que no faltan motivos para el ejercicio de acoso y derribo.

Sólo dos cosas más

Miguel Blesa ha roto con la tendencia generalizada de cargar sólo al contribuyente el coste de sus errores, y ha enlazado con la siniestra tradición a la que, dicen, eran aficionados sus predecesores neoyorkinos durante la crisis de Wall Street del año 1929. Entonces quienes arruinaban a sus accionistas, se suicidaban; ahora, con esta excepción, se limitaban a acudir al Gobierno a pedir dinero para tapar su agujero.

A propósito de la muerte de Miguel Blesa, recordaba esta mañana unos párrafos de Hanna Arendt en su conocido "Estudio sobre la banalidad del mal". Decía la autora, hablando de la indignación de ciertos liberales alemanes cuando Albert Einstein no tuvo más remedio que huir de Alemania, que "lo grave no es que un genio como Einstein haya tenido que exiliarse, sino el asesinato de su vecino de enfrente, judío desconocido".

O sea, que no caigamos en el error de hablar de muertos de Primera y muertos de Tercera. 



jueves, 13 de julio de 2017

El grotesco espectáculo del secesionismo

Si les pasara a otros sería divertido

Pero no es así. Nos está pasando a nosotros. Es un grupo de ciudadanos nacidos, criados, alimentados y enriquecidos en España, a costa de España mejor sería decir, los que día a día suministran material para el más delirante guión de una eventual película tragicómica de política ficción.

La mentira como arma reglamentaria

Desde que Adolph Hitler encargó a Joseph Goebels el Ministerio de Propaganda del III Reich, citar el principio de que "una mentira repetida el suficiente número de veces se convierte en verdad", es un lugar común.

El secesionismo catalán se mueve a diario en este universo de posverdades infumables,   (posverdades, o sea, certidumbres basadas en sentimientos y no en hechos) prevaliéndose de que, por sistema, el cansino agota a la audiencia y casi nunca encuentra enfrente a otro igual que él que se tome el trabajo de desmontar todas y cada una de sus mentiras, tantas cuantas veces sean necesarias.

A mí me pasa lo mismo, pero a veces, hoy sin ir más lejos, me levanto con ganas de controversia, así que, para que quede claro:

- Cataluña ni es, ni ha sido nunca un país independiente. Jamás. Ni un sólo día. No importa cuántas veces se repita lo contrario, la Historia no va a cambiar. Quien lo defienda, o es un ignorante, o un mentiroso o las dos cosas.

- No ha existido jamás la Monarquía Catalana ni la Catalanoaragonesa, así que cuando leamos esa patraña en una novela, debemos de saber que el autor es un farsante que usa y abusa de la libertad que le concede el país del que forma parte, aunque no quiera, para embaucar a los lectores.

- El derecho de autodeterminación sólo lo reconocen los tratados internacionales a los habitantes de territorios coloniales o a los invadidos por fuerzas extranjeras, lo que, evidentemente, no es el caso. Invocar ese supuesto derecho en Cataluña es manipulación, tergiversación, otra vez mentira.

- Un territorio escindido de un país miembro de la Unión Europea queda fuera de ésta y sólo podría ser nuevo miembro de la Unión siguiendo los procedimientos habituales, entre los que hay que contar con la unánime aceptación del solicitante por los países miembros. Se puede repetir lo contrario a diario, pero los Tratados siguen diciendo lo mismo. Los "Puigdemones" lo saben, pero mienten constantemente cuando dicen lo contrario.

- La España actual es un régimen democrático como lo prueba el hecho de que quienes dicen que estamos en un sistema dictatorial no sean perseguidos por manifestarlo. Asegurar lo contrario, es mentir y calumniar, sea quien sea quien lo dice o sean cuales sean los motivos que se tengan para mentir.

- Cuando las Leyes vigentes se han elaborado por procedimientos democráticos, no cabe oposición entre legalidad y democracia. Al contrario: ignorar, desobedecer la Ley es antidemocrático. Y la legalidad española es democrática. El resto del mundo lo sabe; ellos también, y mienten cuando dicen lo contrario

- España no roba a Cataluña; por el contrario, durante décadas, Cataluña se ha lucrado de fondos públicos invertidos allí en detrimento de las necesidades de otras partes de España. Vayan a Extremadura, a Andalucía, a Castilla y compruébenlo. Quienes les han robado son los que están detrás de buena parte de sus delirios secesionistas. Para entendernos: primero les mienten y luego les roban. Si les gusta...

- Ladrones catalanes que han robado a Cataluña y, cuando han podido, al resto de España, haberlos, haylos. Una buena parte de ellos forman un clan familiar. Negarlo, disimularlo, acusar a España de persecución política, es, además de mentira, masoquismo. ("Sí, nos roban, pero al menos son de los nuestros")

Podría seguir, pero no quiero aburrir.

La tragicomedia de cada día.

Un día es el lamentable peregrinaje del tal Puigdemont mendigando audiencias que no se conceden por esos mundos de Dios. (se hace el ridículo, pero los costes los paga el contribuyente)

Otro día nos enteramos de que el actual Gobierno catalán retira su apoyo a los medios de comunicación que no sean sus fieles palmeros. Y siguen hablando de campañas de prensa orquestadas desde Madrid

Al siguiente asistimos atónitos a la puesta en escena desde un teatrillo del bodrio jurídico que se quiere hacer pasar por Ley reguladora del proceso de secesión. Ley que pretende aprobarse en una sola lectura, sin debate, sin dejar opinar a la disidencia, de tapadillo, como quien dice, por quienes acusan al Gobierno de escasa calidad democrática.

Nos enteramos de que el Gobierno catalán tiene problemas hasta para hacerse con urnas donde votar porque cada día son más quienes disienten del disparate.

Y llegamos al punto en el que el ridículo roza la categoría olímpica. Las gentes del Junts pel Si, los próceres del PdeCat, las huestes de Ezquerra Republicana y los agitadores de la CUP, los increíbles socios de la burguesía convergente, no parecen dispuestos a arriesgar su patrimonio dando un pasito adelante y dejándose ver más de lo debido.

O sea, que independencia sí, pero no a costa de que vayan a ponerme una multa. ¡Sólo faltaba!, Así que el mismísimo Oriol Junqueras se niega a ser Consejero para el Referéndum y pide que en su Gobierno rija una especie de "Fuenteovejuna, todos a una",  no vaya a ser que la tomen sólo con él y acaben metiéndole la mano en el bolsillo. Y como él, todos cuantos han sido sondeados por el atribulado Puigdemont.

¿Ha llegado el momento?

La cuestión, una de las cuestiones, tampoco exageremos, es si ha llegado o no el momento de aplicar el Art. 155 de la Constitución y el Estado interviene la Generalitat.

Más allá de las opiniones de cada uno, hay algo que está fuera de cualquier duda: la posibilidad de suspender total o parcialmente el autogobierno catalán, de aplicar, por tanto el Art. 155, es una eventualidad absolutamente constitucional, si se dan las condiciones para ello.

Por lo que a mí respecta, creo que es una opción que hay que tener dispuesta, estudiada y medida de manera que, si llega a aplicarse, no haya margen alguno de error.

Más allá de esta alternativa, es evidente, negarlo es ceguera, que el problema catalán existe y que hoy por hoy no hemos dado con la tecla para resolverlo. Creo, por tanto, que es preciso hacer algo más que constatarlo o acudir a los Tribunales un día sí y el siguiente también.

No obstante, creo también que la búsqueda de cualquier solución posible exige tiempo, serenidad y buen ánimo por parte de todos cuanto intervengan en la búsqueda del remedio. Lo que equivale a decir que primero es indispensable recuperar la absoluta normalidad y después pensar mucho, dialogar más y apasionarse menos.

Esa meta, desconocida hoy, no la vamos a encontrar con juegos de palabras. La semántica no es la solución. No se trata de si "nación" es mejor que "nacionalidad" o viceversa, de si somos un país de países, una nación de naciones, o un Estado de Estados. Eso son ganas de liar al personal. 

Hay que volver a hablar de las competencias de cada espacio territorial y de las relaciones de cada parte del territorio con el resto y con el conjunto. Si eso exige la reforma en profundidad de la Constitución, habrá que hacerlo. Otros países lo han hecho y han resuelto buena parte de sus problemas.

Y habrá que hacerlo sin prejuicios, o sea, que no necesariamente la solución tiene que ser ahondar en el esquema actual, sino que no debería descartarse, como punto de partida, el contrario, es decir, reducir el número de entes territoriales y revisar sus atribuciones. Metodológicamente es una exigencia lógica. 

¡Qué lástima!

Sí, qué lástima pensar que toda esta farsa que tan carísima nos está saliendo a todos, a los catalanes los primeros, tenga como principal ingrediente el deseo o la necesidad de hacer algo sonado para evitar que cierta familia calificada por los Tribunales como "organización mafiosa" entre en la cárcel. Algo que, por cierto, están logrando por el momento, con una sola excepción.

Sí qué lástima que, mientras tanto, los verdaderos problemas de los catalanes sigan posponiéndose sine die . 

martes, 27 de junio de 2017

Alrededor de la tauromaquia

El debate viene de antiguo

Y tanto. Nada menos que Felipe II, cualquier cosa menos un monarca liberal, prohibió la celebración de corridas de toros en cosos cerrados. Primer indicio, llamo la atención sobre ello, de que no cabe en modo alguno establecer una relación causa-efecto entre regímenes  políticos  autoritarios y fiesta de los toros.

No obstante, tengo la impresión de que en los tiempos que corren el debate ha adquirido tintes nuevos. Hasta ahora, fuera del uso de adjetivos más o menos descalificadores de los integrantes del otro bando, podría decirse que el debate sobre la tauromaquia era punto menos que académico. No es el caso actual. 

La virulencia de las posiciones antitaurinas están llegando a un punto tal que es de temer, si no se encauza el debate, que más pronto que tarde tendremos que lamentar desgracias personales. Es increíble cómo puede brindarse por la muerte de un torero o desearle la muerte a un niño enfermo de cáncer que quiere ser torero

Simplificar es empobrecer, ya lo sé. Sin embargo, en síntesis, la posición antitaurina creo que podría resumirse en los siguientes puntos:

- El carácter esencialmente cruel de la fiesta para con el toro exige su prohibición total.
- El espectáculo taurino es una barbarie impropia de una sociedad culta y moderna.
- La muerte del toro es un asesinato, y quien la comete, un asesino.

Sé que no todos los partidarios de la supresión de los toros asumen el último de los tres puntos, pero, en general, es así.

Otro factor a tener en cuenta es que, salvo prueba en contrario, por primera vez la ofensiva contra la tauromaquia la orquesta un Partido Político entre cuyos objetivos fundacionales figura, precisamente, la supresión de las corridas de toros.

¿Por qué prohibir?

Uno de los más logrados lemas del Mayo 68 fue, precisamente, "prohibido prohibir". Soy defensor a ultranza del derecho a la libertad de pensamiento, de expresión, de crítica. Defiendo, por tanto, el derecho a decir lo que piensan y a intentar conseguir que sus ideas se conviertan en pautas de conducta, quienes opinan que las corridas de toros son una barbaridad. 

Reclamo para mí, como es natural, el mismo derecho. La cuestión, tal como yo la veo, es que si los antitaurinos tienen la capacidad de convicción que suponen, no necesitarían prohibir nada. Sencillamente, las plazas de toros se quedarían vacías por falta de aficionados. ¿Por qué limitar, mientras tanto, los derechos de quienes gustan de un espectáculo legalmente autorizado?

Por otra parte, advierto una contradicción entre los postulados, los objetivos, más bien, de los antitaurinos, y las consecuencias que se derivarían de la prohibición de las corridas. A saber: la desaparición de los festejos taurinos supondrían a muy corto plazo la desaparición del toro bravo como especie. 

¿Saben los antitaurinos que en el espacio que se necesita para criar un toro bravo podrían vivir cincuenta bueyes de carne?  Dicho de otra manera ¿Quién seguiría criando toros bravos si no hubiera espectáculos taurinos?

Otro curioso efecto de la desaparición de las corridas de toros sería la reconversión de las actuales dehesas y cortijos dedicados a la crianza del toro bravo. Hoy, por razones de seguridad, está prohibida la caza en las fincas de ganaderías bravas. En consecuencia, cada una de estas dehesas se ha convertido en el hábitat refugio de especies de interés cinegético que huyen de los espacios donde se practica la caza.

Podría hablar del derecho al trabajo de quienes han elegido una profesión legalmente autorizada e, incluso, regulada; podría citar datos sobre el dinero que mueve la fiesta; prefiero hablar, como hasta ahora de la improcedencia de reducir los márgenes de libertad de los cientos de miles de ciudadanos a quienes les parece normal seguir disfrutando de un espectáculo con siglos de tradición a sus espaldas.

La cultura y el mundo del toro

¿Es barbarie la tauromaquia? Me parece a mí que en éste como en tantos otros órdenes de la vida no se llega a conclusión alguna a base de repetir una, cien, cien mil veces la misma frase, por mucho que personajes como Goebels afirmaran lo contrario ("una mentira repetida el suficiente número de veces, se convierte en verdad") 

Así que si esto es así, mejor sería que quienes defendemos una cosa y los que sostienen lo contrario, aportáramos alguna que otra prueba. Por mi parte, sin ánimo de agotar el tema y dejando sentado que no soy un erudito del mundo del toro, sino un sorprendido espectador  por cuanto pasa a mi alrededor, ahí van algunos argumentos.

No deja de ser curioso que los Tratados de la Unión Europea, cuando hablan de la defensa de los animales, exceptúen expresamente aquellas manifestaciones que tienen su fundamento en raíces culturales o tradicionales de los países miembros.

España, pues, cuyo Parlamento (Ojo: el Parlamento, es decir, la manifestación genuina de la voluntad y la soberanía popular), ha declarado la fiesta de los toros Patrimonio Cultural de España y entra por tanto dentro de las previsiones de la normativa de la Unión Europea.

La tauromaquia ha influído desde siempre en las Bellas Artes. Mariano Benlliure, Pablo Gargallo, Arturo de Modica (el autor de "El toro de Wall Street"), Manuel de la Fuente, Venancio Blanco, Pedro A. Hermoso, Pierre Jules Mève, José Mª Casanova, Viviane Haye, son algunos ejemplos de hasta qué punto la tauromaquia ha influido a escultores de los últimos tiempos.

En cuanto a la pintura, Romero de Torres, Mariano Fortuny, Edouard Manet (Sí, Edouard Manet), Darío de Regoyos, Roberto Domingo, Vázquez Díaz, Gutiérrez Solana, Zuloaga, Saura, Barjola, Fernando Botero, Fancis Bacon, todos grandes, se inspiraron en la fiesta para muchos de sus cuadros. ¡Qué cabeza la mía, se me olvidaban dos pintamonas que hicieron de la tauromaquia una de sus fuentes esenciales de inspiración: Francisco de Goya y Pablo Picasso!

 Y poetas como Lorca, Alberti, Manuel Machado, Gerardo Diego, Bergamín, Vicente Aleixandre. Y narradores como Valle Inclán, Pérez de Ayala, Hemingway, Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias. Y dramaturgos como Jean Cocteu o Henry de Monterland, todos se inspiraron aluna vez en nuestra fiesta.

¿Será necesario argumentar sobre el efecto de la tauromaquia en la música? Desde "Carmen" a "El Gato Montés", creo que el muestrario es suficiente como para no aburrir al lector.

O sea, que desde varios Premios Nobel de Literatura a filósofos como Ortega y Gasset, toquemos la partícula de la cultura que queramos, vamos a encontrarnos con la fiesta como fuente de la inspiración de una legión de creadores. Eso, en mi opinión, es la aportación de la fiesta nacional a la cultura universal. ¿Hay pruebas -pruebas, no insultos- de lo contrario?

La muerte del toro en la plaza ¿es un asesinato y el torero un asesino?

No, verán, señores antitaurinos, eso no es así. A ustedes puede nos gustarles la fiesta. Están en su derecho. Pero un asesinato, desde el punto de vista lingüístico y desde el mundo del derecho es otra cosa. Es la muerte de un ser humano a manos de otro, si, además se dan circunstancias agravantes (nocturnidad, alevosía, desprecio de sexo, etc.)

Y todo lo demás, la voladura de un oleoducto, la destrucción de un monumento, una paliza a una cuñada, siete violaciones a siete menores, serán todas barbaridades, pero no son asesinatos ¿entienden? Luego quien mata a un toro en la plaza no es un asesino, y por muchas veces que lo digan, no va a cambiar.

Por cierto: cuando un toro mata a un torero, nadie aficionado a la tauromaquia  se pone a odiar al toro. Sabe de antemano que eso es un riesgo inherente al toreo que el primero que acepta es el torero, y su cuadrilla, y la familia del torero. Es posible que no lo entiendan, pero es igual: basta con que lo recuerden.

La ideología subyacente: el animalismo y el pseudoizquierdismo.

El reciente fenómeno del animalismo

Una vez más debo declarar mi respeto por quienes hacen de la defensa de lo animales su razón de estar en la política. Por si fuera poco, el Partido que los representa, el PACMA, es una organización legal, con su documentación en regla y tan respetable, como mínimo, como el Partido en el Gobierno. No obstante, déjenme que exponga algunas reflexiones.

Una de las premisas del animalismo, sea o no la versión del PACMA, es considerar a los animales (a ciertos animales, que de eso hablaremos luego) como iguales al hombre. 

Creo que podría decirse de toda la Filosofía occidental, y en cualquier caso, de la totalidad del pensamiento mediterráneo: desde los presocráticos a los existencialistas. Desde Sócrates a Sartre, pasando por Tomás de Aquino, Espinosa, Erasmo de Roterdam, Kant, Leibnitz, Kierkegard, y añadan ciento cincuenta más, es decir, los más preclaros cerebros de la Historia han considerado la especie humana como la cúspide de la pirámide trófica, y han construido las bases de la sociedad que conocemos sobre esta premisa.

Ni uno sólo del os pensadores que han configurado nuestra cultura emparejó hombres y animales irracionales.

El Derecho, por ejemplo, es una creación genial del género humano, en la que desde el Código de Hammurabi, hace de ello 3.750 años hasta la totalidad de los ordenamientos legales del mundo civilizado, reservan para los humanos la condición de titulares de derechos. Dicho de otra manera: sólo los hombres tenemos derechos porque somos los únicos a los que se nos pueden exigir obligaciones. Cuando se habla de los derechos de los animales, en realidad se habla de los derechos de los dueños de los animales.

La otra fuente de inspiración del animalismo es el influjo de las filosofías extremo orientales. Nada que objetar, pero habrá que admitir que se trata de culturas no digo opuestas, pero sí ajenas por completo a la cultura grecorromana. Culturas en las que convivían, por ejemplo, sin aparentes contradicciones, el respeto por la vida de ciertos animales, y la estratificación de los seres humanas en castas estancas. Culturas en las que el paria estaba al nivel o quizás por debajo del nivel de la vaca. ¿Tiene eso cabida en España, en Francia, en Luxemburgo?  

Hay otras dos cuestiones que me llaman la atención. La primera es que la defensa de la vida y bienestar de los animales, suele circunscribirse a ciertas especies, los toros, los perros, los gatos, los que trabajaban en los circos, algunas aves y pocos más. ¿Qué pasa con las demás? ¿Hay que defender al toro de lidia aunque ello suponga su desaparición y no al bogavante, y no digamos a la cucaracha?

La segunda es la más que probable relación entre la boyante industria crecida alrededor del mundo de los animales domésticos (perdón: mascotas, no vaya a ser que algún dueño de animalito doméstico se ofenda) y el animalismo.

Para cerrar este punto, es evidente que amor a los animales, sentimiento noble, sin ningún género de dudas, no equivale a bondad de corazón. Un buen número de los jerarcas nazis, quizás emulando a A. Hitler, amaban a sus perros más que a millones de seres humanos. Oí, aunque no he encontrado confirmación, que Josip Stalin también era un amante de los animales. 

A los nuevos izquierdistas no les gustan los toros.

Allá ellos. Si no les gustan no seré yo quien les invite ni quien se rasgue las vestiduras por ello. Lo único que se me ocurre es que creo que podría pedírseles dos cosas.

La primera es que hasta que ellos llegaron, hasta que empezaron a confundir los gestos con la sustancia, o como diría un castizo "el culo con las témporas", nadie en su sano juicio habría establecido igualdades demenciales entre tauromaquia y derecha.

Si cierto Partido cuyo nombre no me da la gana escribir quiere ponerse en línea con la prohibición catalana de los festejos taurinos, -ilegal, por otra parte, como los Tribunales han declarado- que sepan que se prohibieron no por taurinos sino por españoles, lo que de paso podría explicar su posición.

Si ese Partido diera la importancia que se merece a la opinión pública y no la confundiera con la opinión publicada, ni menos aún, con lo que ellos quieren hacer pasar por la Nueva Biblia de La Nueva Izquierda, se ocuparía de asuntos de enjundia, aunque ello le supusiera menos titulares. Dejaría, en definitiva, de intentar hacernos comulgar con ruedas de molino como el axioma de que "la gente está harta de esa barbaridad que es una corrida de toros" o la mentira flagrante de que tauromaquia y franquismo son una y la misma cosa.

¿Los Aficionados a la fiesta son todos unos "fachas"? ¿Sí? ¿Puedo repetir algunos nombres que ya han aparecido en este post? ¿Sí? Pues tomen nota de la somera relación de fascistas famosos que se distinguieron por su afición a los toros:

- Francisco de Goya.
- Pablo Picasso.
- Federico García Lorca.
- Manuel Machado.
- Ernst Hemingway.
- José Bergamín.
- Vicente Aleixandre.
- Pepe Luis Dominguín.
- Joaquín Sabina.

¿Dónde está su lista?

Así es que como decía el último de los citados, el gran Sabina, "Si no les gustan los toros que no vayan, pero que dejen ya de tocarme los cojones".




lunes, 19 de junio de 2017

El PSOE después de su Congreso

Había mucho que hacer

Y tanto. Desde la quizás inevitable pero, en todo caso, poco elegante defenestración de Pedro Sánchez, el PSOE ha vivido inmerso en un marasmo interno que le ha restado el protagonismo que la izquierda y el país necesita.

Había tajo. Reflexionar sobre las razones de los insatisfactorios resultados electorales en las dos últimas citas con las urnas; hacer frente a la realidad de una formación política que quiere ocupar el lugar histórico del PSOE en la escena nacional; decidir si el modelo organizativo que había venido utilizándose era o no el más adecuado para las finalidades que se buscaban; cómo responder al alarmante fenómeno del secesionismo catalán; en qué claves podrá el votante identificar al Partido como una formación de izquierdas; Cómo superar la crisis interna y zanjar las diferencias que habían llevado al Partido al borde de la fractura interna.

¿Ha contestado el Congreso a todas estas cuestiones? Formalmente, sí. Otra cosa distinta es el juicio que pueda merecernos la forma concreta en la que se haya hecho.

Recuperar el terreno perdido

No se trata, creo yo, de limitarse a ser la primera fuerza de la oposición, lugar que, por otra parte, ni siquiera estaba seguro antes del Congreso. Se trata de ganar las Elecciones Generales, las próximas o las siguientes, para lo cual hay que resolver los siguientes problemas.

- Saber qué ha pasado. Ejercicio, pues de análisis y autocrítica que explique el abandono de millones de votantes. Fenómenos como la insuficiente reacción ante casos de corrupción, la pérdida de identidad cuando se aplican políticas propias de otras formaciones en vez de negarse a ello, explicarlo y convocar elecciones, o la falta de reacción ante situaciones cuya realidad se negaba -la crisis económica- costaron el desapego de la ciudadanía, especialmente el voto joven y el de buena parte de la clase trabajadora. Hasta donde he podido leer, la autocrítica ha brillado por su ausencia.

- Proponer una alternativa clara. Si por ello entendemos un Partido identificable, creo que se ha logrado en parte, aunque sea a base de desacreditar su propio pasado. Cuando el renombrado Secretario General habla de un nuevo Partido de izquierdas y socialdemócrata ¿en qué lugar del espectro político coloca a Felipe González, a Alfonso Guerra, a Pérez Rubalcaba, a Rodríguez Zapatero? Esta especie de canibalización de la Historia suena a revanchismo más que a construcción teórica rigurosa.

Y lo que es peor, pude ser interpretado como la búsqueda de un espacio desconocido y, como tal, inseguro. Sólo Podemos ha calificado de derechistas, de parte de "La Trama" a los líderes históricos del PSOE.

Identificar los caladeros de pesca

El PSOE llegó al poder con el tándem Felipe González/Alfonso Guerra, después del correcto análisis de la realidad del momento y de la identificación del espacio donde se encontraban los votantes que podían confiar en el PSOE y aún no lo habían hecho: en el feudo de la UCD, cuyo margen derecho estaba vallado por Alianza Popular y a cuya izquierda estaba el PSOE.

Entonces se acertó con una definición de Partido y un programa de Gobierno progresista e interclasista. Las Elecciones se ganaron en el centro y ahí siguieron disputando hasta la irrpción de Podemos y Ciudadanos. ¿Y ahora?

El espacio del centro está más desdibujado, con un Ciudadanos, centrista en lo político y derechista en lo económico. Pocos votos se pueden arañar a Rivera a base de "derechizar" el PSOE. Más aún: lo que se gane por la derecha, se perderá con creces por la izquierda. El caladero electoral socialista está a su izquierda que es por donde huyeron la inmensa mayor parte de los votos perdidos.

Así las cosas, para hegemonizar la izquierda se requiere recuperar los votos que auparon a Podemos, mantener la tesis de que el PDOE es un Partido de izquierdas y dibujar con toda nitidez las propias señas de identidad que le diferencien de Podemos. Lo cual, todo al mismo tiempo, no es nada fácil.

La táctica definida, proponer a izquierda, Podemos, y derecha, Ciudadanos, una triple alianza que desbanque al PP de la Moncloa, sirve para neutralizar los groseros intentos de Podemos de embarcar al PSOE en sus aventuras desestabilizadoras, pero es inútil para alcanzar la Presidencia del Gobierno porque Ciudadanos y Podemos se vetan mutuamente. Y, me parece, no van a cambiar de la noche a la mañana.

No obstante, si en la futura cita electoral el PSOE recupera lo perdido por su izquierda y Ciudadanos se mantiene como en las últimas Elecciones, podría pensarse en una mayoría de centro izquierda con algún apoyo puntual de grupos minoritarios.

Las cuestiones de organización

El modelo de organización interna ha cambiado. Menos descentralización, menos reparto de poder, más atención a las lealtades que a las diferentes sensibilidades. Tal parece que por aplicación del viejo dicho ("El gato escaldado del agua fría huye") el renacido secretario General confía más en la base de su Partido que en los mandos intermedios y otorga a la militancia la última palabra si alguien piensa en volver a las andadas e intentar su destitución.

Una mirada a la composición de sus nuevos órganos de decisión habla más de victoria que de paz. Sólo Patxi López y Fernández Vara, y ninguno de ellos en los primeros puestos del escalafón, han sobrevivido a las Primarias. Como digo, entre sumar opiniones diferentes o garantizarse la obediencia, Pedro Sánchez opta por lo segundo. El tiempo dirá si ha servido para acallar la disidencia o para aplazarla.

Cataluña

No importa de qué evento político estemos hablando, en los tiempos que corren, la referencia al fenómeno secesionista catalán es inevitable. 

La solución del Congreso deja un sabor agridulce. Depende de quién lo interprete, es una apuesta firme por los valores constitucionales, o un peligroso desliz hacia las tesis podemitas.

Por lo que a mí respecta, me quedo con la inequívoca postura de situar la soberanía en el conjunto del pueblo español y en el rechazo frontal al referéndum, aunque siga preguntándome qué quiere decir eso de "una nación de naciones" que no sé por qué, me trae a la mente el acertijo del Misterio de la Santísima Trinidad. ¿Qué más da que el invento de la nación de naciones se le pueda atribuir a alguien tan poco sospechoso de independentista como Peces Barba? No hay quien lo entienda, por bien que suene.

Por una parte, entonces y ahora, lo de la nación de naciones me parece una manera como otra cualquiera de marear la perdiz; por otra, esa ambigüedad no me preocupa demasiado en tanto se declare sin ambages la ilegalidad de una consulta unilateral y la concepción de la soberanía nacional como algo no troceable.

Cómo identificar al Partido

Por el método que yo llamo de Ágatha Christie. Es decir: después de leer el programa electoral, ¿quién sale ganando en el hipotético caso de que quien lo propone gane las Elecciones?

Así que elevar el salario mínimo, equiparar fiscalmente capital y trabajo, reducir la jornada, volver a relacionar el incremento de las pensiones con el IPC o exigir que la Iglesia pague el IBI son síntomas de que el programa es de izquierdas. (Perdón: el tema de la Iglesia y el IBI, en cualquier otro país de nuestro entorno no sería ni de izquierdas ni de derechas. Sería, nada más, una cuestión previa ya resuelta hace 200 años, lo que ocurre es que esto no es "nuestro entorno" sino celtiberia)

Habrá que ver la concreción de estas y otras propuestas, habrá que examinar cuáles son sus efectos globales y habrá que explicar cómo se financian algunas de ellas, pero, en principio no cabe duda de que no son propuestas de derechas.

En cuanto a la tan traída y llevada reforma de la Constitución, no me cabe ninguna duda de que ha pasado tiempo suficiente desde su promulgación como para plantearse revisar su articulado. Sigo pensando, no obstante, que el PSOE corre el peligro de convertir la reforma constitucional en un mantra carente de significado concreto. Es preciso, por tanto, que tome tierra y empiece  desgranar propuestas concretas, porque, estaremos de acuerdo en que no se trata de reformar por reformar, sino para corregir desajustes.

Hay cuestiones esenciales: el modelo territorial y la precisa definición de estado Federal que se ha de proponer, la financiación de Partidos, las funciones del Senado y hasta su misma supervivencia, la revisión de los criterios que en su día sobreprimaron a los Partidos de ámbito autonómico, la reflexión sobre el Poder Judicial, la legislación electoral etc. etc. Hasta si el Partido quiere meterse en ese charco, el debate Monarquía o República.

Mi resumen

Lo mejor que puede decirse del Congreso del PSOE es que ya se ha terminado y ahora puede el Partido, por fin, ponerse a trabajar.

Ha sido un Congreso con claroscuros, lo que, desde mi punto de vista, no es ni es malo ni bueno, sino que está en línea con casi todas las actuaciones humanas.

Apunto en el Haber la enumeración de medidas económicas que he citado, el relaivo distanciamiento de Podemos, tengomis dudas de si suficiente o no, y el posicionamiento constitucionalista en el problema catalán.

Me ha gustado menos la laminación de la disidencia interna, la negación de la Historia reciente del Partido y la falta de autocrítica.

jueves, 15 de junio de 2017

Una moción sin emoción

Banalizando las instituciones

Fieles a sus principios -que hablen de nosotros aunque sea mal- el claustro de Profesores de Podemos, con el Decano Iglesias a la cabeza han vuelto a demostrar cuán poco les importa ni el prestigio de las instituciones, ni la utilidad de los más solemnes mecanismos democráticos del país.

Como bien se sabe, la Constitución regula el mecanismo de cambio de Gobierno sin necesidad de acudir a las urnas, a través del excepcional recurso de la moción de censura. Insisto en el carácter excepcional de la moción de censura porque lo es: en una democracia el modo normal de sustitución del Gobierno de la Nación es obtener la mayoría parlamentaria a través de un proceso electoral.

Por eso me parece a mí que el recurso a la moción de censura debe reservarse para momentos en los que por circunstancias fuera de lo normal se plantee la conveniencia o la necesidad de remover al Gobierno.

Es obvio que para que una moción de censura prospere es preciso, por mandato constitucional presentar un candidato alternativo a Presidente de Gobierno y un programa de Gobierno. Y lo que es más importante, lograr el respaldo de la mayoría absoluta del Parlamento. 

Sólo es mi opinión, aunque me consta que no soy el único que lo piensa, sino más bien lo contrario: plantear mociones de censura cuando se sabe de antemano que no se han de lograr no ya la mayoría absoluta de los votos parlamentarios, sino ni siquiera la tercera parte de los precisos sólo puede entenderse aceptando que los motivos de quien presentó la moción, son otros que los que establece la Constitución.

Eso, instrumentalizar las instituciones para finalidades distintas a las previstas, es una forma de banalizarlas. 

Así pues, si los politólogos de Podemos no pretendían hacerse con el Gobierno, ¿cuáles podrían haber sido sus objetivos?

La incesante búsqueda de la notoriedad

Una auténtica obsesión para quienes se atribuyen la representatividad de "la Gente", como ente abstracto, opuesto a "La Casta" (hasta que ellos mismos entraron a formar parte de ella) y, más recientemente a "La Trama", nebuloso concepto a medio camino entre "La Mano Negra" y "Los cien mil hijos de San Luis".

Objetivo cumplido. Los terminales de cientos de miles de televisores reprodujeron la sobreactuada imagen de la portavoz de Podemos, gritos, insultos, manoteos, y la larguísima intervención del Decano Iglesias, desgranando la primera los pecados del contrario y deambulando el segundo por los inciertos territorios de la política ficción cuando se adentró en lo que quería hacer pasar por un programa de gobierno.

Durante varios días, prensa radio, televisión, tertulianos y bloggeros nos habríamos dedicado a glosar encomiástica o críticamente las hazañas de Doña Irene y Don Pablo. Objetivo cumplido, pero secundario, porque si algo hay que reconocer a los cerebros pensantes de Podemos es el desparpajo y el acierto con el que logran salir en los medios. 

Cuando no es la imagen de una dirigente amamantando a su rorro en el su escaño parlamentario durante el acto solemne de apertura de la legislatura, es el grotesco modo de montar ruedas de prensa sentados en el suelo de un salón de las Cortes, o tantos otros parecidos. Todo vale cuando se trata de salir en pantalla.

Quizás, pienso, les falló el cálculo de sacarle rendimiento a la tal vez prevista reacción airada de la bancada popular, que no se produjo. En esta ocasión, quien fuera, había aleccionado a sus señorías para que se comportaron como mejor cuadraba a sus intereses: más cerca de la displicencia y el aburrimiento que de la indignación.

Desgastar al Gobierno

Punto este de necesaria valoración personal. Los medios afines a Podemos dan el objetivo por cumplido. Otros, la mayoría, opinan lo contrario. Por lo que a mí respecta, creo que el Presidente del Gobierno ganó el combate por amplísimo margen de puntos.

Salió Rajoy al ruedo dispuesto a lidiar lo que hubiera salido por la puerta de toriles y lo hizo bien. Acudió al primer reto, contestar a la portavoz de Podemos, para lo que no le hicieron falta demasiados argumentos porque fuera de retóricas y aspavientos, Irene Montero se repitió hasta el aburrimiento.

El mero hecho de contestar la primera intervención convertía a Iglesias en replicador de Rajoy lo que, desde luego, no estaba en el guión del Profesor.

El cruce de intervenciones entre Iglesias, más dedicada su intervención a sus seguidores que al Gobierno, y Rajoy, más pendiente de los eventuales votantes a favor o en contra de PP y Podemos que del orador que le había precedido, la he visto decantada a favor del Presidente del Gobierno.

No es, por tanto, un objetivo cumplido ni me parece a mí que ello le haya quitado el sueño a ninguno de los miembros del Claustro directivo de Podemos, porque esa no era su intención.

El verdadero objetivo: abducir al PSOE

Ése ha sido el principal objetivo de la moción de censura: conseguir la irrelevancia del Partido Socialista, convertir a Iglesias en el Patrón de la Izquierda, y dejar a Pedro Sánchez  como personaje secundario en el tablero dela política nacional, mero figurante llamado a bailar al son que le tocara el Profesor.

Recordemos. ¿Alguien ha olvidado el número callejero la víspera de las elecciones primarias a la Secretaría General del PSOE? ¿Tanto tiempo hace desde que, sede vacante en la Moncloa, Pablo Iglesias convoca a los medios (a los medios, no a Pedro Sánchez) para darles a conocer la composición del supuesto Gobierno del Cambio, con Pedro Sánchez de Reina Madre y él como verdadero factótum, Vicepresidencia y Ministerios clave bajo su control.

Y ahora mismo, anuncia su moción de censura sin consultar apoyos, para después, conocida ya la elección de Pedro Sánchez como nuevo Secretario General, declarar que renunciaría a su iniciativa si la moción la presenta el PSOE, con su apoyo y el de sus confluentes.

Desde mi puno de vista, la mano tendida en el debate del portavoz del PSOE a Podemos, tenida en cuenta la obligada ausencia de Pedro Sánchez que seguirá ausente durante toda la legislatura, puesto que no es Diputado, ha sido demasiado condescendiente. 

Se sabe que Podemos no irá contra Rajoy si tiene que aliarse con Ciudadanos. (Recordemos que pudo haber desmontado al PP con la suma de PSOE, Ciudadanos y Podemos y no lo hizo). ¿Qué mayoría alternativa es posible? PSOE, Podemos y sus confluencias, Bildu y su herencia asumida de los 1.000 muertos de ETA, los secesionistas catalanes de Rufián, Tardá y demás congéneres y alguno más perdido en las alturas del hemiciclo. 

O sea, un Gobierno socialista, rehén de sus socios, patrocinador de referendums independentistas en Cataluña y País Vasco, y, hasta si se hace caso al sector anticapitalista de Podemos, cuestionador de la Unión Europea y del Euro. Es posible que recibieran el enfervorizado apoyo de Vladimir Putin y no sé, no sé, con tal de dañar a Europa, quizás el de Trump.

En Resumen

Aburrimiento de la ciudadanía hastiada cada día más de números más propios del espectáculo circense que de la seriedad parlamentaria.

Tranquilidad absoluta, sino satisfacción del supuesto objetivo a batir, el PP.

Problemas para el futuro electoral del "nuevo" PSOE que parece renegar de su pasado cuando anuncia que ahora sí va a hacer política de izquierdas (¿Qué se supone que ha estado haciendo hasta ahora?) si no rectifica cuanto antes. Cuanta menor sea la diferencia que perciba el votante entre Podemos y el PSOE, peor para el Partido Socialista.




viernes, 2 de junio de 2017

A propósito de la violencia

El despropósito de cada día.

Un telediario te informa de que un veinteañero, enfurecido porque un anciano le llama la atención sobre su forma de conducir, lo mata de un puñetazo.

Las televisiones de medio mundo muestran a un tenista descerebrado manoseando a una periodista mientras el presentador del noticiero aplaude alborozado. 

Dos británicos borrachos y drogados utilizan su todoterreno como arma y arremeten contra paseantes desprevenidos.

Pandillas de pelagatos adolescentes conciertan citas para pelearse ante las cámaras de sus teléfonos, porque eso, hacerse ver en las redes sociales, es el desideratum de sus existencias. Tanto que hasta vale la pena arriesgarte a que la Guardia Civil dé contigo, con tal de ser visto en facebook conduciendo tu propio vehículo a más de 200 km por hora.

Padres enloquecidos se enzarzan en riñas tumultuarias al hilo de las incidencias del juego en el que participan sus hijos en competiciones deportivas de categorías infantiles.

Escolares perseguidos, acosados, agredidos por pandillas de sus propios compañeros, en secuencias también luego visibles en los teléfonos de sus colegas, ante la más que frecuente pasividad o, al menos, inoperancia de quienes tendrían que impedirlo.

Una y otra y otra más mujeres van cayendo a manos de sus maridos, sus parejas o sus excompañeros. Delante o no de sus hijos que, a veces, también mueren víctimas de la vesania del macho de la casa. O son víctimas de abusos, de violaciones grupales también, cómo no, grabadas para su posterior difusión

Son noticias correspondientes a menos de una semana y referidas a un solo país. Es obvio que la relación de acontecimientos violentamente irracionales podríamos multiplicarlo por el dígito que mejor nos cuadrare, si ampliamos las categorías de espacio y tiempo.

Todas, o casi todas, tienen un elemento común: la violencia se ejerce sobre quienes tienen escasas posibilidades de defenderse. Es la violencia contra los débiles, la más repugnante de todas.

¿Qué está pasando? ¿Qué nos está pasando?

Hay quien piensa que siempre ha sido así o peor, y que el diferencial está en la frecuencia y en la globalización de la información. O sea, que lo que ocurre es que enciendes el televisor y ves en cinco minutos las desgracias ocurridas en todo el planeta.

Es posible, pero tiendo a pensar que hay algo más. Sostener que estamos viviendo una época en la que ha saltado por los aires la tradicional escala de valores, no es añadir nada nuevo. Sería, nada más, resumir en una frase cuanto he venido reseñando, más otro aluvión de acontecimientos desgraciados (agresiones al estamento docente, desprecio a cualquier forma de autoridad, sometimiento borreguil a modas y tendencias extrañas, etc. etc.)

Sin que el oden de la enumeración implique género alguno de orden de importancia, se me ocurren los siguientes apuntes apresurados, como causas o concausas de lo que comento:

Necesidad de hacerse visible. Es como si el anonimato fuera una desgracia tan grande que hay que romperlo al coste que sea ¿Y qué mejor manera de conseguirlo que ser visto por cientos, miles de personas, haciendo no importa qué barbaridad? Esa patética necesidad de reconocimiento público pone en evidencia, me parece a mí, una inseguridad en sí mismo cuyo origen habría que buscarla en la ineficiente dotación de elementos educativos tanto en la escuela como en la familia: nadie ha explicado dónde está el fundamento de tu persona, tú solo no lo encuentras y sales a buscarlo en la notoriedad a cualquier precio. Normalmente arropado por la seguridad de la cuadrilla a la que perteneces

La permisividad como regla. No es un fenómeno que padezcamos en exclusiva en España, pero tal vez entre nosotros sea más evidente. El tránsito de la dictadura a la democracia ha sido mal entendido por casi todos los ciudadanos. Creen que democracia es hacer solo y siempre lo que te apetezca, olvidando aquello de que "tu derecho a manotear termina donde empieza mi nariz". No se trata de cómo se legisla (creo, al contrario, que la normativa es no sólo excesiva sino, además, demasiado intervencionista) sino de cómo se administra, es decir, qué pasa cuando se infringe una norma -nada, normalmente- y cuáles son las pautas familiares a la hora de establecer reglas de comportamiento.

El halago como pauta. Llevamos dos generaciones al menos utilizando el halago como medio sistemático para granjearnos las simpatías de los colectivos que queremos atraer, supongo que con la vana esperanza de poder contarlos entre nuestros seguidores. Así, oímos hasta la saciedad que "estamos en presencia de la generación más formada de la Historia de España", afirmación que no casa con la nula presencia de nuestras Universidades en el ranking de Centros de Excelencia, del mundo occidental o con la evidencia de que nuestros jóvenes, los universitarios quiero decir, ni saben qué río pasa por Roma, ni han leído ninguna de las diez obras literarias claves, ni saben, siquiera, quién fue Adolfo Suárez.

Una sociedad de derechos. Creo que fue J. F. Kennedy quien dijo aquello de "no preguntes que pueden hacer los Estados Unidos por ti, sino qué puedes hacer tú por los Estados Unidos". No digo que lo mataran por ello, pero murió. Y, desde luego, lo que parece muerto y enterrado es el viejo principio de "ni un derecho sin deber, ni un deber sin derecho". Hoy sólo se habla de derechos. 

Todos, desde el niñato malcriado al inmigrante sin papeles, pasando por los líderes políticos (lo de líderes no es más que una forma de hablar), sean de derechas, de izquierdas, o mediopensionists, hablan de sus derechos, pero nadie parece tener deberes. 

Peor aún, el mero recordatorio de que pueden existir obligaciones, recoger lo que tu perrito va dejando por las calles, utilizar el carril bici en vez de la acera, respetar el caminar del peatón en paso de cebra, puede acarrearte el peligro de ser agredido por quien desconoce sus deberes y te toma por una especie de Inquisidor General.

Los efectos de la competitividad. Porque "nadie recuerda al número dos" y hay que ganar como sea y a lo que sea, ya sea un partido de fútbol infantil, un adelantamiento en carretera o el informal ranking de popularidad escolar. Así que hay que atropellar a los demás, si es preciso. Y si tu hijo suspende matemáticas, en vez de llamarlo al orden, se acude al centro escolar y se le parte la cara al Profesor, para que se vaya enterando de quién eres tú. Lo que importa es obtener cuanto antes el papel en el que se diga que el cebollo de tu niño es ya, lo que sea. ¿Los conocimientos, la formación? ¿A quién le importa? 

¿Hacia dónde vamos?

Hace ya bastantes meses publiqué una serie de comentarios en este blogg a propósito de la decadencia de la Civilización Cristiana Occidental. No he visto desde entonces nada que me haga variar mi punto de vista.

Las civilizaciones crecen y se hacen grandes por la asunción colectiva de deberes  y obligaciones para con el individuo en sí mismo, y para con el grupo. Así ha sido desde que el mundo es mundo. Los derechos son, entonces, el correlativo consecuente de un deber previo, no al revés.

Cuando comienza la decadencia, la molicie, la facilidad, la autocomplacencia, el egoísmo,  sustituyen al espíritu de trabajo, a la satisfacción por la obra bien hecha, al pundonor profesional. La soberbia reemplaza al orgullo y la envidia al sentido de la emulación. Se confunde disciplina con dictadura, autoridad con tiranía hasta que la sociedad entra en barrena. 

Es posible, casi seguro, que la generación que ahora está en las aulas no vea el final de nuestro mundo, porque el tiempo histórico y el personal avanzan a ritmos diferentes, pero, como ya he dicho en alguna otra ocasión, salvo cambio radical de rumbo, la civilización occidental, tan ufana de sus logros, está herida de muerte.

Mientras tanto, la mala educación, las explosiones de estúpida violencia, el olvido de normas elementales de convivencia nos hacen la vida un poco más desagradable cada día. Y  no faltan los que creen que lo que están destruyendo son los vestigios de regímenes autoritarios. ¡Pobres!