viernes, 6 de febrero de 2026

 


Guerra en las calles


De nuevo la inmigración

Creo que ya he dicho en alguna ocasión que, mientras la ciencia no cambie de opinión, salvo los habitantes de una imprecisa zona africana, Tanzania, Kenia, el sur de Etiopía, el resto de la Humanidad desciende de emigrantes, que tras una lentísima trashumancia de acaso más de medio millón de años, acabaron asentados en cualquier lugar perdido de este perro mundo.

No obstante, pese a esa evidencia, muchos pueblos (y bastantes pueblerinos) reclaman para sí no sé muy bien qué tipo de supremacía basada en el lugar donde la casualidad les hizo nacer. El fenómeno está bastante extendido, pero llama la atención cuando se produce en un país en el que sus vestigios históricos no hay que extraerlos de restos fósiles, ni de excavaciones, ni de dataciones con el carbono 14, ni siquiera de viejos legajos perdidos en recónditos baúles, sino que están a la vista de quien guste consultarlos en las hemerotecas que recogen puntualmente su corta trayectoria.


Algunos datos sobre la inmigración en USA

A principios del siglo XVII, los primeros colonos británicos habían fundado Jameston, en la costa este de Norteamérica. Dos décadas después, el centenar de puritanos de cuño calvinista que habían puesto tierra de por medio a bordo del Mayflower, escapando de la intolerancia de la iglesia anglicana, desembarcaron 800 km al norte de lo que pretendían y llegaban a una tierra que ya estaba habitada pero que, sin embargo, tomaron por suya enseguida.

No hay estadísticas fiables de cuántos americanos en sentido estricto, enseguida llamados "indios" por lo recién llegados, habitaban aquellos inmensos territorios. Las cifran oscilan nada menos que entre los 2 y lo 8 millones, o sea que a saber.  De lo que no cabe duda es de que su disminución fue constante. No para sustituirlos sino, simplemente, para poblar lo que hoy son Los Estados Unidos de América, sólo en los dos últimos siglos, se estima que más de 30 millones de europeos llegaron al Nuevo Mundo entre 1815 y 1930, principalmente alemanes, irlandeses, británicos y escandinavos y, a partir de 1880, también italianos, griegos y polacos.

Súmense a estas cifras, los alrededor de 27 millones procedentes de países sudamericanos y caribeños, lo que convierte esta región en el origen más importante de inmigrantes en Estados Unidos. Añádese la más reciente llegada de asiáticos, hoy por hoy la segunda región en importancia con casi 17 millones de recién llegados a partir de mediados los 60.

Por último, téngase en cuenta la cifra del medio millón de esclavos africanos que llegaron a los puertos norteamericanos y tendremos una visión panorámica de la riquísima diversidad étnica que configura el actual pueblo norteamericano.


La caza del "sin papeles"

En este país en el que lo difícil es encontrar alguien que pueda presumir de su origen conspicuo, el actual Presidente de la República, Donald Trump hijo de una inmigrante escocesa y cuyos abuelos paternos nacieron en Alemania, casado en primeras nupcias con una inmigrante checa y cuya tercera esposa, Melania Knauss, emigró de Eslovenia, ha desatado la más agresiva y despiadada persecución de inmigrantes sin papales que se haya conocido hasta ahora.

La ICE, la Agencia federal que controla la inmigración ha puesto en práctica métodos que han llevado a la detención y encarcelamiento de menores, alguno de hasta 6 años, ha detenido a norteamericanos por su mera apariencia o por su acento "sospechoso", ha violado la sede Consular de Ecuador, lo que ha motivado una protesta diplomática formal, y ha matado a balazos a dos ciudadanos norteamericanos: 

  • Renée Nicole Good, tiroteada en su coche por agentes del ICE cuando tan solo quería alejarse del caos, murió cuando solo estaba conduciendo su vehículo. Fue motivo suficiente para que le dispararan en la cabeza. Era madre de tres hijos. Una mujer que la Administración Trump ha querido tildar de radical mientras los vídeos evidenciaban la brutalidad del ICE.
  • Alex Jeffrey Pretti, 37 años, estadounidense residente también en Minneapolis,  trabajaba como enfermero de cuidados intensivos y murió por disparos de agentes federales, en un operativo anti protestas ciudadanas. 


Minnesota

¿Qué pasa en este Estado? El principal juez federal de Minnesota, Patrick Schiltz, ha emitido una sentencia demoledora contra los métodos del ICE. Afirma en ella que la agencia ha violado casi cien órdenes judiciales en Minnesota y que tan solo en el mes de enero ha desobedecido más órdenes que “algunas agencias federales en toda su existencia”.

  • Mientras tanto, Minneapolis, capital del Estado, sigue sumida en el terror del ICE, en el pánico a los agentes federales. Y sigue protestando a diario y manifestándose contra esta especie de milicia invasora, contra estas 'fuerzas del orden' que han causado ya la muerte de dos personas.
  • Minnesota se ha convertido en un Estado en el que el ICE hace y deshace como le viene en gana con detenciones arbitrarias e incluso rociando con gas pimienta de forma aleatoria cuando lo estima conveniente. Así está ahora Minnesota, un Estado que día tras día sale a las calles para pedir a estos agentes que se vayan.
  • Donald Trump ha calificado a los fallecidos de "lunáticos y matones de la izquierda radical". Es evidente que está convencido de que es mejor dos inocentes muertos a tiros, que un "sin papeles" libre.


Las calles de Minneapolis 

https://youtu.be/GDaPdpwA4Iw?si=P8hnoHtGp7j-sjFE 


(Bruce Springsteen sorprendió con el estreno de esta canción a los desprevenidos asistentes a un concierto celebrado en Minneapolis, que no contaban con su presencia).


  • En este contexto, con la ICE campando a sus anchas en muchas ciudades, Los Ángeles, Denver, Phoenix, sospechosamente todas en manos de administraciones demócratas, Minnesota, donde los republicanos llevan más de medio siglo lejos del Poder, y más en concreto en Minneapolis, las calles siguen albergando protestas ciudadanas crecientes.
  • Trump afirma  que "me eligieron por una política de control de fronteras que ahora ha sido perfeccionada, de seguridad nacional y de ley y orden. ¡Es lo que quiere EEUU y es lo que EEUU está teniendo!". ¿Está seguro? La mayoría de los ciudadanos, según las últimas encuestas -luego hablaré de ellas- desaprueba su comportamiento.
  • Quizás por el sesgo de los últimos datos, una de sus últimas ocurrencias es sugerir que el control de las próximas elecciones debería pasar a las manos de la Presidencia. Es de esperar que los Tribunales lo impidan.


¿Alguna esperanza?

  • De nuevo el Poder Judicial, que, con alguna contada excepción, empieza a tomar conciencia de los abusos de la agencia federal, de su inspirador, de los riesgos reales para el sistema en el que se fundamenta la sociedad americana. Los tribunales pueden acabar convirtiéndose en el más eficaz freno a la demencial trayectoria del ICE y de quien lo estimula.
  • Y están las encuestas, los preciados "índices de aceptación", brújula y motor de todo político no sólo, pero sobretodo, norteamericano: cuando Trump tomó posesión gozaba de un apoyo total del 47 % que ascendía al 91 % entre los republicanos. Hoy la aprobación total oscila entre 41 y el 43 % del total y entre el 73 y el 86 % entre los republicanos. Algo empieza a moverse.
  • ¿Y cuándo lleguen las elecciones de mitad de mandato? Quién sabe, porque las encuestas dicen lo que dicen, y son sólo la foto fija de un estado concreto de opinión, pero lo que de verdad cuenta es la decisión de los votantes: el martes 3 de noviembre de 2026, se renuevan la totalidad de los escaños de la Cámara de Representantes y la tercera parte de los del Senado, amén de otros cargos como varios Gobernadores Estatales y otros cargos locales. Ahí tendremos el auténtico barómetro capaz de desmenuzar, analizar y sentenciar lo que ahora está ocurriendo. Estas elecciones son las que, al parecer, quiere controlar Trump.


Algo insólito en apariencia

¿Cómo es posible que con sus antecedentes personales, D. Trump haya podido embarcarse en esta cruzada tan contradictoria? No es el único caso, ni mucho menos: Hitler no era alemán, y Torquemada tenía antecedentes judíos. Es, o podría ser, la reacción del converso que le lleva a enfrentarse a sus circunstancias personales, no tanto para hacérselas perdonar como para que nadie dude de su intachable pedigree.

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