sábado, 25 de diciembre de 2021

 La lengua de los políticos

El quinto "coño"

Dicen los cronistas de la Villa y Corte de Madrid que "El 5º pino", es expresión nacida en los tiempos de Felipe V, alusiva a la más alejada conífera crecida en lo que ahora es casi el centro de la ciudad, la zona de Los Nuevos Ministerios. Ése era el punto hasta donde se desplazaban las parejas de enamorados, lejos de la vigilancia de cuñadas y carabinas. Expresión que aludía a lejanía, y que con el paso del tiempo cedió su lugar a "El 5º coño", frase más grosera pero igualmente alusiva a distantes parajes de complicado acceso.

Sin embargo, el encabezamiento de este párrafo trato de que tenga, una significación entre aritmética y política. Quiere, en resumen, traer a colación las circunstancias que rodean la última vez, la cuarta por ahora, en que la malsonante locución ha sido utilizada en sede parlamentaria.

Porque, a la espera de que cunda el ejemplo, cosa que no reclamo, y se llegue al quinto, cuatro han sido las veces que la interjección (que no sustantivo en la acepción que ahora interesa) ha rebotado en artesonados y cabezas dediputados No excesivas, si uno repara en la prodigalidad con que el español medio tira de vocablo para expresar, según la RAE, "diversos estados de ánimo, ya sean de extrañeza o de enfado". 

  • El Teniente Coronel Tejero inauguró la tanda el 23 de Febrero de 1981. "¡Se sienten, coño!", dijo el golpista, pistola en mano, bigote en rostro y tricornio en testa.
  • Pocos años después, el cantautor José Antonio Labordeta, Diputado por la Chunta Aragonsesista, harto de que los escasos asistentes a la sesión en la que hablaba no le prestaran la menor atención, los llamó al orden con un tonante "¡coño! ¡Ya". Provocó algunas risas pero el asunto no pasó de ahí.
  • Más tarde, fue el propio Presidente del Parlamento, Don Jesús Posada, molesto por las interrupciones que soportaba no recuerdo qué orador, quien tiró por la calle de en medio y espetó a los presentes, un enérgico "Esperen a que termine ¡Coño!".
  • Por último, no recuerdo qué día exacto de la semana pasada, el que dice ser el líder de la oposición,  Pablo Casado, interpeló desde su escaño al Presidente del Gobierno en los siguientes términos: "¿Qué coño tiene que pasar en España para que usted asuma alguna responsabilidad?"

De "coño" a "coño" y tiro porque me toca

Sin pretender enmendar la plana a la RAE, tengo para mí, que el potencial expresivo del referido vocablo es bastante más versátil, más polivalente, más rico, en definitiva, que la escueta dualidad extrañeza/enfado.

Centrémonos en el primero y el último, el de Tejero y el de Casado.

Tal como yo los interpreto son dos "coños" radicalmente diferentes y ninguno encaja con precisión en la alternativa del diccionario.

  • Podría más de uno interpretar el "coño" de Tejero como un exabrupto propio de ambientes cuartelarios. Un taco tabernario de alguien poco ducho en el uso del lenguaje, más pendiente del gorgoteo del vino que vierte la frasca, o del reparto de los naipes en sala de banderas, que de las reglas del bien decir. No, no creo que fuera eso: ese "coño" habla del carácter enérgico de quien está acostumbrado a ser obedecido a la primera. (—Si digo, "se sienten", se sienta todo cristo y se acabó). Es por tanto, el atajo de quien no está habituado a perder el tiempo, sino a ordenar y a ser obedecido. Como así ocurrió; lo que pasara después es cosa bien sabida, que aquí ya no pinta nada.
  • ¿Y el de Casado? Pues qué quieren que les diga. A mí me parece un "coño" frustrado, insatisfecho, si acaso un pelín angustiado. Un "coño" que no llega a tiempo,  que sufre, que quiere y no puede, que ni come ni deja comer, que teme ir por uvas y salir trasquilado; un "coño" que, diga lo que diga, se siente lejos del clímax que busca: sentarse donde está Sánchez.  

Si les da por comparar, fíjense: 

  • Tejero llega al Congreso pletórico, grita un par de órdenes, larga una rociada de disparos, suelta su archiconocido "coño" ¡Y es obedecido! El personal, o sea, mayormente, los Padres de la Patria, se sientan: "coño" vomitado, asientos ocupados. Se acabó.
  • ¿Casado? El Sr. Presidente del Gobierno oye el taco pero no le increpa, no se rasga las vestiduras, no acude a nuestro rico palabrero en busca de otro taco más contundente: lo mira sonriente y le recomienda que modere la ingesta de café. Lo que no deja de ser un problema para don Pablo, porque si le han tomado la medida y cada vez que se suba por las paredes provoca sonrisas condescendientes ¿Qué puede hacer? A punto de romperse su entente cordiale con Dª Inés, con la Srª Ayuso afilando el estoque y la Srª Olona afirmando que votarle a él es como hacerlo a Sánchez, sólo faltaba que ni siquiera el Gobierno Social-Comunista y de Los Grandes Expresos Europeos responda a sus desplantes.

En fin, que me despido que el tema no da para más. O sí que da pero no estoy por la labor de seguir mareando la perdiz. Y el caso es que podría haber hablado de algo que me parece bastante más relevante, el acuerdo CEOE, Gobierno, Sindicatos para presentar en Bruselas el nuevo modelo de relaciones laborales, pero ya tendremos tiempo de comentarlo.

Dadas las fechas y como no quiero ser menos que Don Pedro y Don Pablo, permítanme que les desee a todos ustedes unas Navidades tranquilas, alejadas de contagios, cuarentenas y penalidades, y un 2022 con mejores perspectivas que lo que el pasado 2021 nos ha dejado en herencia. Tampoco creo que sea pedir la luna.

sábado, 18 de diciembre de 2021

 Suicidios

Por dónde empezar

La muerte reciente de Verónica Forqué, algunas de las reflexiones que he oído al respecto, y ciertos materiales conservados en mi memoria me llevan a dedicar este post al enigmático tema del suicidio.

Preguntas sin tiempo y sin posible contestación que asfaltan el corto camino que pretendo recorrer, ¿Por qué?, ¿Cómo evitarlo?, ¿Qué nos quiso decir?, ¿Quién soy yo para juzgarlo?, dificultan cualquier aproximación a esa realidad que me preocupa desde hace más de medio siglo.

Alboreaba la década de los 60 cuando Salamanca se conmocionó con una sucesión de suicidios. Un hombre en la treintena se quitó la vida arrojándose al vacío desde la torre de la Catedral Nueva; nunca se supieron sus motivos. Una pareja de novios, ambos cursando el doctorado, acabaron con sus días ingiriendo barbitúricos, no sin antes haber dejado por escrito sus reflexiones mientras la muerte se les acercaba. Por último, apenas terminado el curso académico, otro muchacho recién llegada la mayoría de edad, puso el cañón de la escopeta bajo la barbilla y apretó el gatillo; dicen que unos amores desgraciados acabaron con él. ¿Qué tenían en común? ¿Qué circunstancias de sus vidas tendrían que haberse corregido para evitar sus muertes? 


Algunos datos escalofriantes

Según el INE,

  • Cada día se suicidan en España 11 personas: una cada dos horas y quince minutos.
  •   Hay 13,6 muertes más por suicidio que por homicidio en España.

Pese a esos datos tremendos, según el Eurostat,

  • España ocupa la 24ª posición en el macabro ranking de suicidios (7’5 al año por cada 100.000 h., cerca de la menos golpeada, Chipre (4’5) y muy lejos de la triste líder de esta clasificación, Lituania, con 30’3.
  • Otros datos consultados, señalan a Groelandia al frente del desastre con 138, mientras que Turquía apenas sobrepasa los 2 (2’2).

Según la OMS, 

  • Hay  alrededor de 800.000 muertes al año en todo el mundo y 20 intentos fallidos por cada suicidio efectivo.
  • Por regiones, Europa lidera la clasificación con 15’4, mientras que muy cerca, en el Mediterráneo Oriental, no se llega a 4.
  • En todos los casos, sean países o regiones, la incidencia del problema es mayor en hombres que en mujeres, más frecuente entre clases sociales acomodadas que menesterosas y se observa una preocupante tendencia a la disminución de la edad de los suicidas.

Respecto a las causas

He leído algunos estudios pero me temo que poco aportan sus conclusiones. En apariencia, las causas podrían ordenarse, más o menos, de este tenor:

  • Trastornos psíquicos.
  • Problemas económicos.
  • Vivir en áreas con escasas horas de sol.

No me parecen satisfactorias

  • La primera, trastornos psíquicos, es tan reinterpretable, que no vale de nada. Equivale a zanjar la cuestión con un socorrido "estaba mal de la cabeza". Valdría lo mismo para explicar el comportamiento de quienes se quitaron la vida porque Brasil perdió la final del Campeonato Mundial de Fútbol, como para el samurai que se practicó el harakiri para lavar su deshonor, o para quien decide dejar de sufrir porque perdió la esperanza y prefiere la muerte al dolor. En estos casos y en otros muchos, se trata de actuar según escalas de valores que no coinciden con las de la mayoría.
  • Los problemas económicos, pueden ser agobiantes, pero me parece asombroso que, por regla general, la relación entre la riqueza de los países y las tasas de suicidios sea inversa, no directa. Es decir, la percepción del problema se agudiza entre quienes tienen más, lo que nos vuelve a llevar al punto de qué escalas de valores rigen en cada caso.
  • Tampoco parece determinante el factor relacionado con la falta de luz solar: Groenlandia no recibe menos sol que que Islandia, ni Lituania que Estonia.

Cómo prevenir la tendencia

Me temo que durante demasiado tiempo se ha enfocado el problema desde la represión, la culpabilización a priori de un comportamiento que sigue siendo enigmático.

  • Desde una perspectiva religiosa, el suicidio se ha calificado como una ofensa tan grande al Creador, que quien lo comete perdía el derecho a descansar en suelo sagrado: hasta 1983, estaba vigente el canon 1240 del Código de Derecho Canónico que vetaba la inhumación en cementerio católico a “quien con libertad y dominio de sus facultades se matara a sí mismo”.
  • Al hilo de ésta concepción, la legislación civil española ha venido considerando hasta hace bien pocos años que el suicidio era delito (El intento de delito, se entiende, que el consumado mal podía perseguirse).
  • Es ahora, quiero decir, en los últimos años cuando empieza a calar la convicción de que, dada la trascendencia social del problema, habría que intentar reducir al máximo los casos evitables. Desarrollo de las terapias psiquiátricas, tan huérfanas de soporte público por el momento; políticas enérgicas de prevención de las prácticas de acoso escolar, laboral o familiar; mecanismos de ayuda institucional…

En resumen

  • ¡Qué difícil es calificar la conducta del suicida? Heroísmo, generosidad, cobardía, egoísmo, locura desesperanza, amor... ¿Quién es capaz de escudriñar la mente y los sentimientos ajenos?
  • ¿Qué se puede hacer cuando alguien se convence de que no hay razón alguna para seguir en este mundo, que prefiere la nada al dolor de vivir?
  • ¿En qué punto hay que centrarse para reducir el número de estas muertes? ¿Está enfermo el suicida, o es la sociedad la que debe evolucionar? ¿Qué hay de común en la variedad de casos que observamos? 
  • ¿En qué momento hay indicios suficientes para saber que un semejante está en riesgo de hacerse tanto daño? ¿Dónde termina la responsabilidad individual y comienza la social?

Me gustará tener contestaciones, alguna al menos, pero, lo siento, no soy capaz.





sábado, 11 de diciembre de 2021

 Carta abierta a un político sin nombre

      Mi muy respetado y anónimo representante:

    Permítame que no escriba su nombre. No es falta de respeto, ni siquiera síntoma de mala educación; es que mi intención es tratarle a usted como arquetipo de todo un enjambre de profesionales de la cosa pública; comparten tantas características que resultaría indiferente en manos de quién de ustedes pudieran caer estos párrafos, si es que eso llega a ocurrir, cosa que dudo.

    Se acercan las Navidades. Si uno echa cuenta de cuándo encendieron ustedes las luminarias públicas, parecería que serán el próximo fin de semana; no es así, pero las citadas Fiestas, vaya si se acercan. Desde tiempos inmemoriales se relaciona esta época del año con una amalgama de sentimientos que van de lo familiar a lo amistoso, de lo poético a lo cursi, de lo religioso a lo jaranero; aunque, cada vez más, yo veo las Navidades como una trampa para ceder a los hábitos desbocados del consumismo más irracional. No me hagan caso: ya sé que vivimos en un sistema económico que necesita de una aceleración creciente, so pena de nuevas crisis o sea que disculpen mi extravío.

   Así que, dando por buena la tradición de desearnos felicidad unos a otros, constantemente y venga o no a cuento, me atrevo a sugerirle, a usted y a sus congéneres, sea cual fuere el Partido al que pertenezcan, que se tomen un respiro y que, al menos hasta el 7 de enero, hagan como todo hijo de vecino, tómense una copita con quien tengan más a mano y dejen de agobiarnos con sus quejas jeremíacas, con sus pronósticos agoreros, con sus profecías apocalípticas.

    Verá usted, don Político: muchos de nosotros, la mayoría, leemos uno o más periódicos, escuchamos alguna emisora, vemos tal o cual noticiero y, además, hablamos con nuestros amigos y recibimos información por las consabidas redes sociales. Vaya, que estamos informados de los resultados de la erupción volcánica que sufre la isla de La Palma, de los perniciosos efectos de nevadas y aguaceros y de los avatares de nuestra economía. 

   Puede extrañarle, pero le aseguro que estamos que al cabo de la calle de la preocupante evolución de las sexta ola de la Covid en España, aunque todo indica que esos países que siempre nos ponen de ejemplo lo llevan peor. Casi todos lamentamos las altas tasas de paro, pero, aunque las cifras sean las mismas, ¿por qué insisten en decir que 35 de cada cien jóvenes no tienen trabajo, en vez de contarnos que 65 de cada cien han encontrado ocupación? Ya sé que son los mismos, pero ¿a que suena mejor? ¿Y qué decirle del incremento de los precios? Claro que nos preocupa, aunque seamos sólo los sextos de Europa en la lista de los que mayores incrementos soportan. Y el precio de la energía, y los problemas de nuestra agricultura…, y… ¡Un desastre! ¿O no es para tanto?

Cuando sus ocupaciones se lo permitan, salga de su casa y verá lo que encuentra: calles abarrotadas, tiendas llenas, restaurantes con listas de espera, hoteles a rebosar ¿Cómo se explica? ¿Estaremos todos todos tan desesperados que hemos decididos reventar antes de que todo acabe? ¿Y si nada más fuera la manifestación de un estado de ánimo que tan mal casa con lo que escuchamos a ustedes cada vez que les ponen un micro o una cámara delante?

    Hace unos días me llegó por una de las habituales redes sociales un espléndido artículo de Manuel Vicent en el que después de listar la impresionante relación de logros de los que podemos enorgullecernos los españoles dejaba en el aire la evidencia de que, por extraño que les parezca a ustedes, (él, muy benévolo, los llama "líderes") fuera de nuestras fronteras nos quieren y nos admiran más que dentro.

       Y a eso iba: ustedes han hecho del lamento una estrategia, de la queja un arma, de la tergiversación una costumbre. Tal parece que en vez de alegrarnos la vida, levantarnos el ánimo y convencernos de que somos capaces de lo mejor porque ya lo hemos hecho otras veces, se dedican a mantenernos al borde del pánico.

      Barrunto que ustedes tratan de conseguir un pueblo asustado, porque así es más fácil de gobernar. Déjeme que le diga que el miedo es la antesala del odio, y que cuando éste se instala en la sociedad ni usted, ni sus amigos, ni la suma de ustedes con sus adversarios serían capaces de controlar los resultados. En vez de tantas profecías siniestras, repasen la historia y comprobarán cuántas veces enloquecer al pueblo ha traído la desgracia, no sólo aquí sino en cualquier rincón del mundo. Y cuántas, por el contrario, España, ésta España, ha asombrado al mundo, no importa quién estuviera al frente.

      En fin, señor político. Ni quiero aburrirle, ni sé si valdría para algo; por si acaso, vuelvo a repetirle un par de cosas. Sólo dos para que le resulte fácil recordarlas:

    Primera: Estamos mejor de lo que ustedes quieren hacernos creer; no lo digo yo: lo dice el resto del mundo, así que no sea cenizo y alégrese con sus rrepresentados.

     Segunda: Si me ha hecho caso, dedíquese desde ahora a pregonar la buena nueva, y háganos partícipes de su alegría, que para penas, con las de cada uno tenemos de sobra.




sábado, 4 de diciembre de 2021

 Toda España es La Palma

Política volcánica

Después de poco más de dos años desde las últimas elecciones generales, el volcán de la política española no presenta síntoma alguno de vuelta a la normalidad.

  • Siguen abiertos los cráteres strombolianos del primer momento (imposibilidad de acuerdos que la Constitución establece como obligatorios, exhibición de capacidad descalificadora, perdida de la cortesía parlamentaria, desmesura, tensión…).
  • Aparecen cada cierto tiempo nuevas bocas por las que se derraman coladas que amenazan con arrasar campos y viviendas apenas respetadas por las anteriores; entre ellas la aparición de contradicciones internas en cualquiera de los bloques que tratan de hacerse con el control del volcán.

Volvamos a lo más real; hoy quería escribir sobre la encrucijada en la que se encuentran  la  mayoría de nuestros Partidos. Disputas internas, batallas fronterizas entre quienes se acuestan como aliados y se despiertan como enemigos, líderes estresados (y perdonen la exageración de hablar de líderes en España, una especie que hoy se encuentra, en el mejor de los casos, en estado de hibernación), confusión creciente de la ciudadanía carente de elementos para saber qué quiere, qué busca un Partido y su antagonista.


Las aguas de la izquierda bajan revueltas

Apenas superado el escollo del debate presupuestario, recién terminado (¿o quizás no?) el cabildeo, la búsqueda de los apoyos necesarios para apuntalar la legislatura, vean y recuerden:

  • No importa lo que diga la OCDE, el FMI, el Cabildo Catedralicio de Mondoñedo o la Sociedad de Amigos de la Capa, el Gobierno mantiene, erre que erre, sus previsiones económicas. "Sostenella y no enmendalla", como siempre. Si luego la realidad se impone, será porque la realidad es reaccionaria.
  • Las cuentas se apoyan si se consiguen acuerdos en la protección a lenguas cooficiales en series televisivas, lo que la oposición interpreta como la manta que cubre excarcelaciones de terroristas. Ustedes no sé, pero servidor no encuentra relación alguna entre escuchar a gringos hablando euskera en Pamplona y la partida presupuestaria que dota de fondos a la investigación, por ejemplo.
  • Minutos antes de que el la tormenta escampe, el socio minoritario del Gobierno amenaza con votar en contra, farol, supongo, que nadie se toma la molestia siquiera de comentar, y el inevitable señor Rufián hace gala de su más cavernosa entonación para amenazar a quien todos sabíamos que acabaría apoyando.
  • Yolanda Díaz da un paso más en su enigmático proyecto político. Un proyecto que, cuando tenga más elementos de juicio, me gustaría comentar a fondo. Por el momento, me sorprende que después del fracaso histórico de diluir el Partido Comunista en Izquierda Unida, y ésta en Unidas Podemos, trate ahora de fundar un… ¿Un qué? Algo alejado de los Partidos, transversal, y no sé si reservado sólo a las mujeres. Una  perla del jueves pasado: "Dejo la izquierda para el PSOE", dijo Yolanda, ella que, salvo error por mi parte, sigue llevando en el bolsillo el carné del PCE. Aunque ¿de dónde habré sacado yo que el PCE era de izquierdas?
  • Así que ésta es mi aventurada conjetura: Yolanda Díaz ha empezado el camino a la irrelevancia, parecidp al  que ya recorrió el antes temido Pablo Iglesias.


Mal de muchos… epidemia (aunque no se trate de la Covid)

Tampoco están las cosas como para tirar cohetes en la casa de la derecha. Una casa que según Aznar debería concebirse como "La Casa Común". Un hogar donde convivieran en paz y armonía Santiago Abascal, Pablo Casado y… Y nadie más, porque ¿qué pinta a estas alturas Inés Arrimadas o cualquier aspirante a sucesor? Por el momento, me temo que de casa, nada: barrio como  poco.

El problema es que una cosa es el diseño y otra la ejecución. La primera parte del plan, deshacerse de los cantamañanas que coqueteaban con la idea de hacer del PP un Partido de centro, los Rajoy y sus cuates, ya saben, salió medio bien, y la entronización de Casado como supuesto líder del Partido, concluyó con éxito.

El resto no está saliendo como se había programado en la FAES

  • La derecha de la derecha gana fuerza cada día, porque es más homogénea, porque estamos viviendo una crisis imprevista en la que es más fácil hacerse oír diciendo que no que diciendo que sí, porque, no se olvide, en la eclosión de Vox estuvo el descontento de los votantes de la derecha ante la exasperante indefinición de la era Rajoy.
  • Un mal día, Casado trata de "pintar su raya", como dicen en México, y se descara con Abascal en el Congreso. El movimiento táctico pudo estar justificado, pero también pudo ser inoportuno. O no, nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que alejó el sueño de Aznar de ver a todos viviendo en la misma casa y comiendo en la misma mesa.
  • Y entonces, (entonces, no antes ni después) se abre un nuevo cráter en el volcán: Isabel Díaz Ayuso, arrasa en Madrid y se enfrenta cada día con el Presidente de su Partido. No es un cisma doctrinal, ambos son miembros de la misma familia interna, sino una variante estratégica: cómo relacionarse con el Partido que ocupa su flanco derecho. Por eso, la Srª Monasterio y la Srª Ayuso van de la mano en la Comunidad, mientras que el Sr. Almeida, telonero de Casado, tiene que hacer equilibrios en la cuerda floja para evitar el bloqueo de Vox en el Ayuntamiento de Madrid.
  • Y tal vez por lo incierto del resultado, mientras unos y otros vocean lo amigos que son, Casado ha dejado de urgir a Sánchez para que convoque elecciones la próxima semana, y es ahora a la Srª Ayuso a la que no le vendría mal tal adelanto. 

 Qué quieren que les diga

  • Salvo explosión del volcán, tenemos Gobierno para los dos años que le faltan para agotar la legislatura, así es que ¿por qué tanta prisa? ¿No sería mejor dedicar algún esfuerzo, unos y otros, a lograr que los contribuyentes viviéramos un poco mejor y más tranquilos?
  • Hay cosas que hacer y muchas otras que evitar; dedíquense a ellas que para eso están donde están. Luego, un par de meses antes, ya damos por descontado que todos gritarán, exagerarán, prometerán, insultarán… Habrá quien se emocione y habrá quien apague el televisor cuando lleguen los espacios electorales, pero, por lo que más quieran: apiádense de nosotros hasta entonces.