sábado, 24 de abril de 2021

  El debate a debate


La realidad manda

Había pensado dedicar este post al embrollo económico-deportivo de la Superliga Europa de fútbol. Andaba yo cavilando sobre las ansias redentoras de Florentino Pérez dispuesto a cualquier sacrificio para salvar el fútbol, ahora que dice estar arruinado, a la ejemplar camaradería culé y colchonera con su pesadilla secular, cuando en unas horas se ha disuelto el invento como un azucarillo en agua tibia y me ha dejado compuesto y sin novia.

Qué le vamos a hacer, otra vez será, que la habrá, no lo duden. Así es que déjenme que rinda tributo a Madrid, capital de las Españas, por más que el intento huela a centralismo. Al fin y al cabo muchas más veces he escrito sobre temas locales a propósito de lo que ocurre en Cataluña, o sobre cómo influyen los resultados electorales andaluces en el resto de España.

Hablemos, pues, del debate a seis que Telemadrid ha orquestado en el ecuador de la campaña electoral por la Presidencia de la Comunidad de Madrid.


Lo que yo vi

Eso, lo que yo vi, que no tiene por qué coincidir con lo que vieron los demás. Digo esto, porque cuando cualquier acontecimiento ha sido televisado, siempre hay alguien que argumenta su punto de vista con el aserto de que "todos lo han visto".

Todos han estado frente al televisor, que no es lo mismo, pero cada uno ha visto un debate distinto. Repasen sino, las declaraciones de los entrevistados inmediatamente después de terminado el espectáculo: tantos ganadores como partidos representaban los que hablaban. Relean la prensa: ¿Vieron el mismo debate los comentaristas de "El País" y el de "El Mundo"?

El que, repito, yo vi…

  • Me pareció bastante menos bronco, más civilizado que cualquiera de las sesiones de control al Gobierno que se ven en el Parlamento desde que el Gobierno de coalición llegó a la Moncloa. Algo, la contención, que habrá que agradecer a quienes diseñaron y ejecutaron las intervenciones.
  • Con alguna extemporánea excepción, hubo más datos que fraseología de campaña. En general, por tanto, hubo más debate que mitin que era de lo que se trataba.
  • Es cierto que se mintió, se exageró, se erró, se omitió, pero eso es algo que cabía esperar. Incluso en algún momento hubo quien cayó en contradicciones que otros ya se han ocupado en poner de manifiesto.
  • Eran seis pero se comportaron, en buena medida, como dos equipos de tres. Uno, el de la izquierda menos disonante que el de la derecha, pero, incluso en este caso, hay base para pensar que, llegado el caso, también ese trío, si las urnas no lo dejan en dueto, llegaría a un cierto entendimiento, siquiera fuera para evita el triunfo del contrario.  

Los candidatos uno por uno, según los colocaron

  • Pablo Iglesias. Es un hecho que se mueve en estos formatos como pez en el agua. Tiene aplomo, controla su voz, sus gestos, dice lo que quiere y cuando quiere y no suele caer en provocaciones. Hay quien ha dicho que fracasó, él que dejó la Vicepresidencia para romper la campaña y ni siquiera es la referencia de la izquierda. Eso es cierto pero ¿cuál es su verdadero objetivo? Si trataba de asegurar la presencia de su formación en la Asamblea, creo que su actuación habrá de ayudarle. 
  • Rocío Monasterio. No fue al plató a participar en debate alguno, sino a dar su mitin. Provocó, insultó, exageró, desafió y salvo por parte de Iglesias, poca respuesta recibió. Buscaba lo habitual: que se hable de Vox. Llamativa la ausencia de réplica de la Srª Ayuso. Tomen nota: Ayuso dice "Comunismo o libertad", es decir, libertad. Monasterio replica, "sin seguridad no hay libertad", o sea sin Vox, no gobernará el PP. En resumen, guste más o menos, la Srª Monasterio cumplió su objetivo. Sólo una incógnita: es cierto que esta señora moviliza a sus seguidores, pero ¿no moviliza también a la izquierda?
  • Mónica García. La he visto como la revelación del debate. Hasta su punto de inseguridad y de titubeo le dio autenticidad. Una izquierda no extrema, aliada objetiva del PSOE, ganó bastantes puntos, estuvo acertada, encontró su sitio en el espectro madrileño y salió del plató mejor que entró. Su único problema, el de su Partido, es que es una más a pescar en el mismo caladero que PSOE y UP. Pocos votos va a conseguir de la debacle de Ciudadanos.
  • Isabel Díaz Ayuso. Era la que más se jugaba. Llegaba en la cresta de la ola, no necesitaba el debate para nada porque tenía mucho que perder y poco que ganar. Salió viva, luego ganó. Otra cosa es lo que cada uno pueda pensar de sus pequeños fracasos puntuales, de la pérdida del asalto con Iglesias o de la pertinencia de sus desplantes. Entró en cabeza de las encuestas y así salió. ¿Qué importa que haya quien considere que sus gestos no están a la altura deseable?
  • Ángel Gabilondo. Incómodo en un formato que se compadece mal con su sentido del tempo, su necesidad de reposo y de reflexión, fue, no obstante, de menos a más. Es socialismo pero ni quiere subir impuestos hasta que  escampe, ni entrar a saco en el mercado de la vivienda de alquiler. Terminó con un corolario que está dando mucho que hablar ¿Pidió la colaboración de UP a cambio del agradecimiento por la ayuda a recibir o estaba ofreciendo Gobierno de coalición? Dependerá de los resultados, pero la frase permite ambas salidas cuando llegue el momento.  
  • Edmundo Val. Echó toda la carne en el asador para dar la imagen que necesita Ciudadanos: una fuerza de centro compensadora de cualquier exceso. Por una parte, el argumento quedó cojo, porque lo cierto es que solo ofreció su ayuda para frenar a Vox, o sea, para gobernar con Ayuso. Por otra, y eso es más grave ¿Ha llegado a tiempo? Las urnas lo dirán, pero me temo que el daño que hizo Rivera a su propio Partido es letal. En cuanto a su papel en el debate, la polarización izquierda derecha lo dejó en un incómodo terreno de nadie, clamando en el desierto, recibiendo insultos de Vox y críticas, que no acabo de entender, de Gabilondo.

¿Quién ganó?

Un debate electoral no es una competición deportiva ni un concurso tipo "Máster Chef". A veces, cuando leo pronunciamientos en este sentido, quién ganó y quién perdió, llego a la conclusión de quien los hace no sabe ni qué es un debate electoral ni para qué sirve.

En estas confrontaciones se trata, en primer lugar, de asegurar tus propios votantes, es decir, evitar fugas de tus electores "de toda la vida"; a renglón seguido, tratas de ir por los indecisos y por los que hasta dudan de si ir a votar o no, por los votos que en ese momento no son de nadie. Sólo en tercer lugar se intenta restar votos a los demás, y aun en este caso, con matices, porque no es lo mismo arrebatarle votos a tu enemigo declarado que a quien podría llegar a ser tu socio. Eso es así, pero ¿Cómo medir hoy lo que ha supuesto el debate en estos trasvases de intención de voto? ¿Cuántos han decidido votar a otro después de apagar el televisor?

En definitiva: hasta el día 4 por la noche no sabremos de qué ha valido el debate, y aun esa noche siempre nos quedará la duda de cuál ha sido la influencia en los resultados de lo que pasó el miércoles. El resto son añagazas para vender periódicos.


Mis conclusiones

  • Este y todos los debates electorales son interesantes. Debería haber más porque son la segunda fuente más fiable que tiene el votante para saber a qué atenerse. No tan veraz como los textos escritos, los programas de cada Partido, pero más significativos que los mítines. Se corre el riesgo de primar a las formas sobre los contenidos, pero dan bastante información.
  • El verdadero engorro es que todo este trajín, todo el gasto que supone, toda la zozobra que acarrea a la ciudadanía, era perfectamente prescindible: a mitad de mandato, cuando la legislación vigente solo valida los resultados para lo que falta por cumplir del anterior, dos años nada más, convocar ahora elecciones, diga lo que diga el Partido Popular, es un despilfarro de dinero y de energías. Por cierto, sin poner en duda la legalidad de la elección, me habría parecido más democrático votar en día laborable: lo contrario tiende a reducir la participación y eso, perjudique a unos o a otros, resta representatividad a los resultados.
  • Tengo la convicción personal de que la idea de la convocatoria no ha salido de Génova sino de algún lugar, de alguna mente próxima a la FAES. Puedo equivocarme, pero la veo como una maniobra para realinear a Casado con el ala dura del Partido. 
  • Es posible que Vox se beneficie del cambio de rumbo, aunque visto el insólito comportamiento de la Srª Monasterio en el debate en la SER la mañana del viernes, tal vez Casado debería instruir a sus huestes sobre qué puede esperarse de semejantes compañeros de viaje. 







sábado, 17 de abril de 2021

Inmigrantes e hijos de inmigrantes


Los que vienen de fuera

Todos somos inmigrantes o descendientes de inmigrantes. Me pregunto de dónde viene esa tan frecuente inquina que despierta el forastero; no importa que le llamemos eso, forastero, o extranjero, o bárbaro (que en origen fue lo mismos). Nuestros ojos ven un "visitante",  pero nuestro subconsciente detecta un "invasor" ¿Por qué?

Tememos que la presencia de desconocidos, de diferentes, de invasores, altere nuestra cómoda vida, aunque más que perder la comodidad, aunque lo que tememos de verdad es que el recién llegado nos enfrente a lo desconocido.

Solemos pretender que las cosas sigan como siempre, pero la historia demuestra que lo único permanente, lo único constante es el cambio. Así que pensar en un "como siempre", es admitir el cambio, aunque parezca una contradicción. Somos lo que somos, como pueblo, como país, como individuos, como consecuencia de los cambios que han ido produciéndose a lo largo del tiempo, aunque a veces no lo hayamos percibido.

Es una evidencia que "lo de siempre", o es el cambio o no es nada. Comparemos cualquiera de los elementos que creemos que nos definen, la lengua, nuestras creencias, las formas de organizarnos, nuestras fronteras, hasta el color de nuestra piel, tal como los conocemos ahora, con lo que esos mismos elementos han sido en otros momentos del pasado ¿Cuánto hay que retroceder para que nada sea igual? 

¿Qué se hablaba antes de el español? ¿En qué Dios se creyó  hace dos mil años? ¿A quién obedecíamos hace ochenta y cuatro años? ¿Dónde terminaba España por el norte hace quinientos años? ¿De qué color eran nuestros compatriotas en el siglo VI? 

Los migrantes

Así que enlazando con el comienzo del post ¿Cuáles de esos cambios se deben a la presencia, a la irrupción de otras gentes? Unas veces vinieron en son de paz, otras con las armas en la mano, pero llegaron, se aposentaron en tierras que antes estaban en manos de otros y todo cambió. También los que llegaron acabaron siendo otros. Nosotros, los de ahora somos sus herederos; de los que había y de los que llegaron.

El hambre, los cambios del clima, la ambición, las creencias religiosas, la presión demográfica, han sido las palancas de los grandes movimientos de pueblos enteros. Las hemos soportado y las hemos provocado. Esto viene siendo así desde que la humanidad comenzó a serlo. Nuestros ancestros empezaron a moverse antes de saber quiénes eran.

Utilizamos el lenguaje para distinguir lo que hacemos de lo que soportamos: cuando somos nosotros los que entramos en tierras de otros lo hacemos para civilizar, para evangelizar, para… Lo contrario de lo que piensan y sienten los que nos ven llegar, o pensamos nosotros mismos de los que vienen a nuestras tierras.

Hay otro rasgo no siempre perceptible, pero determinante en el rol del receptor: si el forastero viene hambriento, suele ser tratado a tono con su condición de perdulario, no importa lo necesitado que esté de nuestra ayuda. Es así, siempre lo ha sido; pero, por otra parte, ese mal trato nunca ha siso suficiente para frenar la llegada de más indigentes. El hambre sueles er más poderosa que el orgullo.

Hace dos años tuvimos entre nosotros a más de ochenta millones de turistas y a quizás seis millones de emigrantes. Unos y otros nos cambiarán, nos están cambiando. Servimos y agasajamos a los primeros; rechazamos y hasta satanizamos a los segundos. ¿Qué hemos sido nosotros en el pasado reciente, turistas o emigrantes? 


El afán de mantener las esencias

Todo cambia, pero casi nadie se siente cómodo con el cambio. Acaso por ello  siempre tendremos entre nosotros a aspirantes a garantes de las esencias de lo que sea, nuestra familia, nuestro pueblo, nuestro país. Pura paradoja, a veces los más firmes defensores de las tradiciones, son recién llegados que pretenden perpetuar usos y costumbres que apenas han sido un parpadeo en la historia de la tierra que habitan.

Intrusos que empiezan por definir la tierra que antes era de otros, reinventan el pasado, se lo apropian y continuan luego amurallando su conquista para hacerla inaccesible a otros como ellos. Son los criollos, se llamen como se llamen en cada país.

Siempre habrá un cronista oficial que ayude a definir quiénes éramos "desde siempre", aunque esa esencia nacional cambie cada capítulo al dictado del que paga la pitanza del escribidor. 

Veamos algún ejemplo en nuestro suelo: Cartago fue invasor hasta que se asentó definitivamente en celtiberia. Vinieron los romanos y se convirtieron en los malos hasta que, una vez consolidada su presencia nos dio presumir de que "España" dio Emperadores a Roma (¡España ya existía para algunos en el siglo I de nuestra era), que, una vez hispanizados hicieron frente, aunque perdieran, a las invasiones de los bárbaros del norte. Luego, cuando los visigodos ya eran españoles,  llegaron los árabes, y después los almorávides y más tardes los almohades, y hubo que echarlos a todos para seguir siendo españoles, antes de que existiera España.

Cualquier intento de relacionar nuestras fronteras actuales con las de cualquiera de los momentos de que hablo antes es tiempo perdido. Ni siquiera sabíamos que éramos españoles, porque fueron otros, los italianos, los que dieron en llamarnos así, mientras nosotros hablábamos de "Los Reinos Cristianos"

Lo que pretendo decir es que o asumimos que somos el resultado de la llegada de múltiples pueblos, o no entenderemos nada respecto a quiénes somos.

Dónde estamos y adónde vamos

Ahora dicen que somos europeos. Más aún, estamos orgullosos de serlo. ¿Existe Europa? Y si existe, si es más que un continente, o un mito griego ¿Desde cuándo, cuáles son sus límites, hacia dónde camina? No hace demasiado tiempo, Oswald Spengler, uno de los pensadores que más influyó  en el horror de la II Guerra Mundial, decía que "la voz "Europa" debiera borrarse de la historia. No existe el tipo histórico del europeo".

Supongamos que ahora lo somos; europeos, quiero decir. Tendremos que asumir que nos hemos invadido unos a otros, nos hemos matado con saña, nos hemos legado nuestras grandes creaciones artísticas, nos hemos mezclado los del norte con los del sur, y que todo eso lo hemos hecho por hambre, por codicia, por deseo de aventura, por fanatismo religioso, por amor a la humanidad, porque así nos enseñaron sacerdotes de cuarenta dioses diferentes, que unas veces predicaron el amor y otras mandaban a las hogueras de su Dios particular al disidente. Disidente que era, al mismo tiempo, hereje para unos y mártir para otros.

Déjenme, pues, que les diga alguna que otra cosa

  • Usted, amigo español, que a buen seguro tiene sangre celta, ibera, cartaginesa, griega, romana, judía, germánica, agarena ¿Por qué se empeña en creerse con derecho a mirar a nadie por encima del hombro? ¿De qué parte de su sangre quiere maldecir? 
  • Algunos de sus antecesores llegaron por aquí muertos de hambre, o ardiendo en deseos de escabechar a quien no creyera como ellos. El resultado, tres o cuatro siglos, o siete u ocho, somos usted y yo, y esa señora tan pimpante que pasa por ahí. ¿De verdad tenemos derecho a objetar la vecindad de quien viene por las mismas razones que el tatarabuelo de su tatarabuelo?
  • En la tierra que pisamos se ha adorado y se ha rezado a los dioses de los bosques, al panteón romano, al Dios de los cristianos en más de una variante; ha habido quien siguió fiel al Talmud y quien durmió con el Corán bajo la almohada. Se mataron entre ellos en nombre de dioses que prohibían matar¿A quién rezarán nuestros tataranietos? 
  • Hace dos mil años y ayer por la tarde hemos tenido entre nosotros demasiados fundamentalistas que hablaban en nombre de supuestas realidades que eran puras ficciones. A veces, cuando alguien pretendía desenmascararlos, lo descuartizaban, o le pegaban fuego, o le separaban la cabeza del cuerpo.
  • Pasarán los años, ni usted ni yo estaremos para verlo pero todo lo que ahora conocemos habrá desaparecido. Lo único que se nos pide es que dejemos en herencia más tolerancia que intransigencia, más inteligencia que prejuicios, más bondad que odio. 





















sábado, 10 de abril de 2021

 Maniobras para entrar en calor

Alabanzas nostálgicas, críticas solapadas, y negación de la evidencia

Siempre me ha llamado la atención la añoranza, incluso el fervor con la que gentes de no importa qué tendencia política, recuerdan a líderes de formaciones rivales  cuando les da por compararlos con quien en ese momento es cabecera de cartel del mismo Partido.

Socialistas que recuerdan a Fraga con los ojos en blanco cuando piensan en Casado, o antes en Rajoy. Populares que se emocionan recordando las ocurrencias de Alfonso Guerra y lo confrontan con Pedro Sánchez o con Zapatero. 

Añoran a Suárez, a Felipe González, a Herrero de Miñón, al mismísimo Santiago Carrillo gentes que años atrás los ponían de chupa de dómine.

Todos mienten. Si diéramos marcha atrás al tiempo, seguirían votando a sus siglas de toda la vida. Así que el conservador que ahora elogia a Guerra, a Corcuera, a González, lo que hace, en realidad, es poner a Sánchez a parir panteras; del mismo modo que el socialista que ríe a toro pasado las gracias de Fraga, lo que está haciendo es abominar de Casado.

Descubierto el truco, déjenme que les diga que tampoco tiene sentido, y, lo que es peor, tampoco vale de nada, dar por tonto a ese de ahí (o a esa, vaya por Dios, casi la lío) por el pequeño detalle de que lidere el Partido que usted jamás votará.

Es posibles que ni unos ni otros vayan a recibir nunca el Premio Nobel de nada, pero, créanme, no se llega a Secretario General, a Presidente de Gobierno o de una Comunidad Autónoma siendo un cebollo de competición. 

Otra cosa diferente es que usted, listo como un conejo, sea incapaz de captar las claves en las que se mueve la clase política y, por eso, no entienda lo que está pasando delante de sus narices. Pero de eso se trata muchas veces: de que usted no se entere de la misa la media.


Un ejemplo: la Srª Díaz Ayuso, el camarada Putin y la conexión gallega

El pasado día 6 de abril, el diario  ABC dio cuenta de ciertas conversaciones mantenidas por gente de la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid, con el Cónsul de Rusia en Galicia, un gallego afín al PP relacionado, dicen, con una farmacéutica aspirante a fabricar la vacuna Sputnik en España.

Tres reuniones de cuyo contenido se conoce poco, tarde y mal, pero que podrían haber sido conversaciones preliminares, tendentes a importar la vacuna rusa en Madrid. O en Madrid y el resto de España. O en ningún sitio, si no se daban las condiciones previas precisas.

Dª Isabel no solo no lo ha negado sino que ha reivindicado su derecho a mirar por la salud de tooooodos los madrileños y de tooooodos los españoles, (del resto del planeta, por el momento, no ha dicho nada) vista la inoperancia del Gobierno de la Nación.  Más aún: ha anunciado, desafiante, que piensa seguir haciéndolo.

La oposición no ha tardado en hacer lo que acostumbra: oponerse. Con mejor o peor fortuna, o, quizás, con mala o peor fortuna. 

Como decía ¿Quién es el ingenuo que da por hecho que la Srª Díaz Ayuso es tonta? Contesten ustedes mismos las siguientes preguntas y saquen sus conclusiones:

  • Rusos, gallegos y madrileños ¿Hablaban, negociaban o comerciaban? No compraron ni vendieron nada ¿verdad? Pues si eso es así, como en un sistema democrático todo lo que no esta prohibido está permitido, lo que hicieron está permitido.
  • Si las conversaciones hubieran llegado a buen puerto ¿Podrían haber comprado vacunas rusas para el barrio de La Elipa, para todo Madrid o para España entera? No, desde luego que no. La tal vacuna no está homologada por la Unión Europea y ese tipo de operación mercantil, hoy por hoy, no es competencia de ninguna Comunidad Autónoma.
  • ¿Lo sabía Dª Isabel? Desde luego ¿O la han oído ustedes decir que va a hacer lo contrario? No. Lo que está diciendo es que seguirá intentado "explorar cualquier alternativa beneficiosa para la salud de los madrileños y de todos los españoles". Sigo sin percibir signo alguno de debilidad mental en la Presidenta.
  • ¿Y por qué Chequia, Hungría y Eslovaquia…? En primer lugar son países, no regiones; en segundo lugar, son Gobiernos rebeldes, acostumbrados a moverse en el límite de la tolerancia de la UE. Tres de los cuatro partícipes del Grupo de Vosegrado al que, por el momento, no parece que tengan acceso las regiones italianas, los land alemanes o nuestras comunidades autónomas.

Añadan al cóctel estas tres reflexiones

  • Las conversaciones ruso-galaico-madrileñas se celebraron los días 11 y siguientes de febrero y se han conocido ahora, un suspiro antes de comenzar la campaña electoral en Madrid, y a través de una información publicada en ABC, diario más próximo a la Presidenta que a cualquiera de sus oponentes. Dicho de otro modo: los estrategas de la Srª Ayuso han decidido, ahora, sacar partido a un episodio de hace un par de meses (una eternidad en precampaña) previendo, como así ha sido, que la noticia provocaría un pandemonio de esos en los que la candidata del PP se mueve como pez en el agua.
  • La explotación del desconcierto y el rechazo entre el resto de candidatos sitúa a la Srª Ayuso, por una parte, en el centro de la controversia: solo ella atrae parabienes y maldiciones; eso, en campaña, siempre es positivo. En segundo lugar, fuerza a la dirección nacional (a la que, no se olvide, ha reclamado autonomía absoluta para planificar su campaña) a alinearse con ella, le guste o no: es obvio que Casado no puede sumarse a las críticas en el hipotético caso de que hubiera querido hacerlo.
  • La derechización del Partido puede rendirle frutos a largo plazo y, por el momento, reduce el margen de maniobra de Vox, a cuyo equipo también ha pillado desprevenido. El único problema en este punto, es que si aprieta demasiado el lazo y estrangula a Vox, con Ciudadanos en la UVI, podría ganar las elecciones de calle y perder la Presidencia si no encuentra socios que compensen su insuficiente mayoría.

Y cambiando de tercio, díganme, ¿qué hubiéramos pensado si la ocurrencia de mantener conversaciones con mandatarios más o menos lejanos del camarada Putin para beneficiarnos de su vacuna no hubiera sido de la madrileñísima Isabel Díaz Ayuso sino del Señor Pere Aragonés o de cualquiera de sus conmilitones? Dejen, dejen, no se hagan mala sangre: ya me hago cargo.


…Aunque todo podría ser más sencillo

No importa de quién fuera la idea, el cónsul ruso gallego y los prebostes de la sanidad madrileña se reúnen para hablar, vaya usted a saber de qué, el 11 de febrero.

En ningún momento a nadie se le pasa por la cabeza comprarle vacunas a Rusia desde la Puerta del Sol, sencillamente porque todos saben que no es posible.

Dos meses después alguien intuye el potencial mediático del episodio como fuente de controversia en la antesala de la campaña electoral y prepara el espectáculo. 

ABC filtra la noticia, todos, desde Unidas Podemos a Vox entran al trapo, se rasgan las vestiduras, y ya tenemos a la candidata Ayuso, sola frente a todos, que es como más cómoda se siente.

Casado, qué remedio, no es que se le vea entusiasmado, ahora que había iniciado el viaje al centro, pero a ver cómo va a justificar el dejarla en la estacada.

Más de un opositor cae en el error de creer que enfrente tiene a alguien cuya mente no da la talla. Peor para el que piense así: no hay enemigo pequeño, en especial cuando el enemigo es grande.

El único modo que habría tenido la oposición de neutralizar el endiablado entuerto habría sido contestar en clave de humor la ocurrencia, no dedicarle más allá de cinco minutos y pasar al siguiente asunto, que haberlos, haylos.  

Pero para eso falta imaginación y sobra adrenalina.














sábado, 3 de abril de 2021

 Cosas que pasan


Un trombo en la arteria de Suez


El mundo, nuestro mundo, el desarrollado, civilizado y neurasténico mundo al que pertenecemos, ha contenido el aliento durante cinco días.

Uno de los cargueros más grandes del planeta congestionó el comercio, la industria, la alimentación, el suministro de energía que nos da la vida.

Todo un paradigma, un símbolo de lo bueno y de lo malo, sobre todo de lo malo, que caracteriza el tiempo en que vivimos.

Los noticiarios de todas las cadenas de televisión, las primeras planas de todos los diarios nos fueron dando cuenta minuto a minuto de lo que estaba amenazándonos con devolvernos a los tiempos del racionamiento si aquello no se remediaba.

El Canal de Suez, la arteria aorta del comercio mundial, la que soporta el 12 % del comercio, sufría un peligroso colapso, un trombo, por mor de uno de los buques más gigantescos de la historia, encallado en el punto más estrecho del vaso sanguíneo más importante de la economía mundial

En el pintoresco mundo del periodismo planetario, la noticia venía adobada por algunas de las más tópicas expresiones de los últimos tiempos a propósito de sus dimensiones: El Ever Given, medía "cuatro campos de fútbol", (eslora inexacta, dado que no todos los campos miden lo mismo, que, en realidad, equivalía en este caso, a 399 metros), cargaba una tan grande cantidad de contenedores que equivaldrían a no recuerdo cuántas piscinas olímpicas (algo más de 20.000 contenedores) lo que significaba que si el problema no se resolvía antes de cuatro telediarios (nueva medida del tiempo, también insegura) tendríamos que hacer frente a problemas de desabastecimiento.

Pensemos en el significado de lo que hemos tenido delante de nuestros ojos: un enorme navío, propiedad de unos japoneses, que navega bajo bandera panameña, armado por una naviera taiwanesa, parte de China, la fábrica del mundo, rumbo a Rotterdam, el almacén de Europa. En sus entrañas y en su inmensa cubierta trae lo que necesitamos para nuestro día a día. 

El relato a mí me recuerda al de la Torre de Babel ¿No les parece? Por la abigarrada mezcolanza de sus orígenes y por el ejemplar castigo divino a la soberbia del hombre. 

¿Y qué puede traernos ese monstruo desde tan lejos? (Por cierto, comparen las hechuras del Ever Given con el tamaño de las carabelas que llevaron a Cristóbal Colón al Nuevo Mundo) Pues ése es el problema, que en los tiempos que vivimos, necesitamos elementos que tienen que llegarnos de las antípodas, no porque no pudiera haberse hecho de otra manera, sino porque así lo hemos decidido nosotros.

Los principios de la globalización y sus consecuencias, imponen que los componentes que precisan, por ejemplo, las fábricas españolas de automóviles radicadas en Barcelona, en Valencia o en Valladolid, no se fabriquen en Mollerusa, en Carcagente o en Zamora, sino en Corea, en Taiwan o en los alrededores de Shangai. 

Todos ganan, salvo cuando las cosas salen mal y entonces pierden los de siempre; como ahora. O como cuando hubo que disponer de respiradores o de mascarillas y resultó que Europa había dejado de fabricarlos y había que traerlos de la India o de China.

Es posible que el Ever Given también nos trajera golosinas imprescindibles para  los niños mal criados en que todos nos hemos convertido. Cualquiera de nuestros hogares está habituado a consumir cualquier producto en cualquier época del año. No es necesario, pero nos hemos acostumbrado a ello. Se ha terminado el consumir, por sistema, los productos de temporada, naranjas de enero, espárragos en abril, tomates en septiembre. Así que terminamos alimentándonos de cerezas chilenas, cebollas gringas, o garbanzos mexicanos.

Siempre habrá un teórico que nos convenza de las bondades de comerciar cada vez más, especializar cada vez más, consumir cada vez más, aunque para ello haya que ocupar nuestro tiempo en trabajos que de no llevarse a cabo nadie echaría de menos, por los que nos pagan un dinero que empleamos en comprar cosas que no necesitamos para deslumbrar a gentes cuya opinión nos trae sin cuidado.

No se alarmen: el máximo exponente de nuestro orgullo planetario, ese monstruo de los mares, ya navega de nuevo. Sí, pero ha puesto de manifiesto lo vulnerable que puede llegar a ser nuestra civilización; o, más exactamente, cómo es de cierta  y de preocupante la relación entre desarrollo y debilidad.


¿Podría explicármelo alguien?


Uno tiene sus limitaciones. Semana tras semana dedica una parte de su tiempo a escribir cuatro cosas que se le ocurren a propósito de lo que ve a su alrededor, pero le faltan conocimientos para enjuiciar correctamente causas y consecuencias de decisiones ajenas que, a veces, le dejan perplejo.

Por eso, porque no soy médico, ni farmacéutico, ni epidemiólogo, ni siquiera político, no termino de entender algunas de las decisiones que acaban por afectarme. Mi habitual buena fe, mi confianza en mis gobernantes me llevan a pensar que el problema es mío, porque, en mis cortos alcances, no veo más allá de mis narices, porque no debo dudar de que los político hacen lo que hacen en base a lo que los técnicos les dicen que es lo mejor para sus votantes.

Así pues, con toda la humildad de que soy capaz, pido que alguien me ilumine sobre estas simples cuestiones:

  • ¿Por qué para ir desde Madrid a Valencia tengo que hacer escala en Londres, Upsala o Pernambuco? ¿No sería más lógico hacer el trayecto en el AVE o a bordo de mi coche?
  • ¿Por qué si se me ocurre ir a Marbella a disfrutar del buen tiempo corro el riesgo de ser tratado poco menos que como un delincuente y no ocurriría lo mismo si tuviera pasaporte holandés? ¿Qué es más importante, ser español o ser turista?
  • ¿Por qué, hablando de Marbella, si me levanto a las 7 de la mañana y voy a la playa, solitaria a esas horas, debo ponerme mascarilla aunque no haya nadie en 237 metros a la redonda y horas más tarde, cuando cruce el Paseo Marítimo seguro que me cruzaré con algún corredor que irá sin mascarilla soltando aerosoles a troche y moche? ¿Soy yo quien no entiende lo que pasa o hay alguien que no piensa antes de legislar?
  • ¿Por qué en Madrid se está inmunizando en el Zendal a menores de 80 años mientras se ha suspendido la vacunación de los mayores de esa edad en los Centros de Salud durante el larguísimo fin de la Semana Santa? ¿Es casualidad o una operación diseñada para postergar la sanidad pública frente a la privada?

Tengo otras dudas, no crean: la vacuna Astra Zeneca se ha inyectado a más de 25 millones de ciudadanos en Europa; ha habido una veintena de muertes por causas que según algunos podrían haber guardado relación con la vacuna, mientras que otros descartan la relación. En el peor de los casos, uno por cada millón de vacunados habría muerto por la vacuna. ¿Cuántos se han salvado gracias ella? 

Así que si un gobernante decide paralizar la vacunación con Astra Zeneca, lo que está demostrando es que tiene más miedo a las encuestas y al ataque de la oposición que a los efectos el virus: no protege a la población, se están protegiendo él y su poltrona.

Última observación: la gestión de la compra de vacunas por la Unión Europea está siendo un desastre. 

  • A la hora de elegir suministradores se han puesto en la balanza valores geopolíticos y no científicos: se han descartado las vacunas chinas o rusas para que los regímenes correspondientes no aprovecharan políticamente los efectos de sus vacunas. ¿Qué tiene que ver eso con la salud de los europeos?
  • Los mismos responsables del despilfarro burocrático de la Unión Europea se han vuelto ahorrativos, cicateros, rácanos, en definitiva, cuando han salido de compras, olvidando con quién hablaban, quiénes eran sus competidores y a quién estaban obligados a proteger. Al final, los que tenían la producción asegurada o estaban dispuestos a pagar lo que se les pidiera han tenido las vacunas antes que nosotros.
  • Pese a todo, no quiero ni pensar qué nos hubiera pasado a los españoles si la UE no hubiera existido y hubiéramos tenido que gestionar las compras nosotros por nuestra cuenta y riesgo.