lunes, 28 de mayo de 2018

Una censura censurable.

Instalados en el esperpento.

Oigo y veo esta mañana a la Srª Cospedal criticando a Pedro Sánchez por su ocurrencia de presentar la moción de censura y no doy crédito a mis sentidos. La Secretaria General del PP, actuando como tal, por suerte, y no como titular del Ministerio de Defensa, acusa a su homólogo socialista nada menos que de traición a la Patria por su osadía de intentar una moción de censura contra su jefe por partida doble, el Sr. Rajoy.

¿Es que han perdido el juicio? Una cosa es hacer del sostenella y no enmendalla un arte de vivir y otra distinta caer en tal despropósito. Digo yo si no habría llegado el momento de que los que oficien de cerebros pensantes del Partido se encierren en cualquier cenobio y mediten sobre por qué han llegado a donde están, cuáles son sus propios errores, sus culpas y de qué modo podrían salir del agujero con el menor daño posible.

Parece que no es el caso: Don Mariano es magnífico, todos le debemos la vida, así que cuanto le pasa al PP es culpa de los que están más allá de sus muros: la oposición, que no para de oponerse, los jueces que no dejan de juzgar, la prensa que no hace otra cosa más que hablar mal de ellos, y me temo que, cuando llegue el momento, también serán culpables los votantes que les han dejado solos como a los de Tudela. Mal camino.

No todo lo que es legal es, además, acertado.

Dando por sentado que el Secretario General del Partido Socialista ha actuado dentro de la más estricta legalidad cuando inscribe su moción de censura en el Parlamento, soy de los convencidos de que se ha equivocado de medio a medio.

¿Por qué tanta prisa? ¿Y para qué? La cuestión, tal como yo la veo, no es si la moción va a tener votos suficientes para llevarlo o no a la Moncloa. Es más que posible que hubiera tenido los mismos hoy o dentro de una semana, porque en uno y otro caso serán los Estados Mayores de los Partidos los que decidan apoyarlo o no, y eso es difícil de cambiar por una conversación más o menos.

El meollo del asunto estriba en que antes o después, más bien pronto que tarde, seremos llamados a las urnas y ahí sí tiene importancia el modo en el que los votantes hayamos percibido las razones y las formas de Pedro Sánchez.

Decía el portavoz del PNV con un cierto tono condescendiente que “esas cosas se cocinan antes”. Tiene razón. Ni siquiera los barones del PSOE y la gran mayoría de sus Diputados sabían lo que estaba a punto de pasar.

Oigo las fuentes socialistas y hablan de que se trataba de evitar que Rajoy se les adelantara, disolviera el Parlamento y convocara elecciones. Y eso, precisamente, es lo que no entiendo. Ya sé que ni estoy ni estaré jamás en su lugar, pero de haberlo estado, yo lo habría hecho exactamente al contrario: habría conminado al Presidente del Gobierno a convocarnos a las urnas bajo la amenaza de la moción de censura.

Es más que probable que, conociendo al personaje, la petición no hubiera valido de nada, pero Sánchez habría estado, en ese caso, más que legitimado para mover su ficha y justificarse no sólo por el argumento “ético”, que habría seguido siendo válido, sino que, además, podría haber exhibido la cerrazón gubernamental a actuar de acuerdo con lo que la lógica política exige: si los Tribunales te niegan la credibilidad, ¿qué puedes esperar de la ciudadanía?

Oigo también que las bases del Partido están encantadas con la actuación de su Secretario General. Pues muy bien. Otra vez el Secretario General del PSOE parece incapaz de diferenciar entre su militancia y los eventuales votantes. ¿Está seguro de que estos últimos comparten su entusiasmo?

Por último, incluso el incómodo tema de las características de quienes podrían apoyar su propuesta, habría sido otro de haber seguido un calendario más pausado. De una parte, porque podría haberse presentado con algún que otro aliado confirmado; de otra, porque la teoría de que una cosa es pedir apoyos y otra aprovechar los que recibas sin pedirlos (y sin ofrecer nada a cambio) habría sido bastante más verosímil.

Siguiendo con este punto, es evidente, lo examinaremos a continuación, que el PSOE va ir al Pleno en el que se debatirá su moción, en malas, muy malas compañías. Todos los que se sientan en el Parlamento lo hacen por mandato popular, es cierto, pero estoy seguro que de haberle dado a elegir, Don Pedro habría preferido otro mariachi. ¡Qué le vamos a hacer! Habrá que concluir con que le pasa lo que le pasa por su mala cabeza. Veamos.

El previsible y anunciado voto del Sr. Iglesias.

Habrá quien piense que Podemos es “aliado objetivo” del PSOE. Yo no lo tengo tan claro. El Partido de los Profesores nació con la vocación de monopolizar la izquierda y eso pasa por descuartizar al PSOE. De hecho, como se recordará, no ha perdido ocasión de intentarlo.

No obstante, en esta ocasión harán las cosas de otra manera. El Profesor Iglesias se apresuró a garantizar su apoyo a la moción “sin pedir nada a cambio”. 

No les creo, ni tengo por qué porque las pruebas de la sinceridad del personaje son más bien escasas, pero seguro que no habrán de caer en los groseros errores del pasado cuando se apresuraron a presentar en público su cuota de Ministros en el inminente “Gobierno del Cambio”, sin haberse tomado la molestia, siquiera, de comentarlo antes con quien habría de ser el Presidente del Gobierno (A quien, por cierto, dejaron luego en la estacada, con la peregrina razón de que no querían votar con Ciudadanos, así que el elegido fue, qué curioso, el Sr. Rajoy)

Lo que es de esperar es el apoyo a la moción acompañado por una constante y creciente presión para escuchar lo que hayan de exigir ciertos perdularios que dicen representar al pueblo catalán. Ellos, los Profesores, sí que son complacientes con el secesionismo. Tanto que su apoyo al PSOE puede terminar siendo “el abrazo del oso”.

Y, sin duda, al Sr. Iglesias, la Sentencia y la moción le llegan en el mejor de los momentos. ¿Quién va a seguir hablando de su mansión, con lo que se ha calentado, de golpe, la política nacional? Por cierto: que a él y a su pareja les hayan votado dos de cada tres militantes de los que decidieron participar no es para celebrarlo, porque hay otra manera de verlo: después de una consulta en la que nadie ha pedido el no, uno de cada tres militantes habría querido que dimitieran. 

Otra vez la misma reflexión que ya hice hablando de Pedro Sánchez. Si uno de cada tres militantes habrían echado de sus cargos a la feliz pareja, quizás con el bienintencionado propósito de dejarles tiempo para disfrutar de su villa, ¿cuántos votantes ha perdido Podemos en la pintoresca operación inmobiliaria del líder y la lideresa?

Albert Rivera en el laberinto.

Por el contrario, a Albert Rivera le viene la moción en el peor momento. Él habría preferido que las cosas se hubieran desarrollado con más calma. Lo imagino haciendo su propia campaña exigiendo, presionando, llevando contra las cuerdas al Sr. Rajoy para que dimitiera y convocara elecciones.

De haber pasado así las cosas, habría llegado a las urnas en el mejor momento sin necesidad alguna de hablar de Gobiernos provisionales, Gobiernos de gestión o zarandajas semejantes. Nuevas elecciones, nuevo Gobierno, absorción masiva de cuadros populares “desencantados” con el nefasto modo de hacer las cosas del que hasta la víspera era el Partido de sus vidas, y Presidencia de Gobierno, con nadie a su derecha y una izquierda hecha añicos a su siniestra mano.

Pero no, ha tenido que venir el gracioso de turno a estropearle la fiesta. Su encrucijada es un tanto dramática: haga lo que haga, estará suministrando munición de grueso calibre a sus contrincantes en las previsibles próximas elecciones.

Si apoya la moción, desde su derecha le recordarán que ayudó a llevar a la “izquierda radical” a la Moncloa. (Como es de sobra conocido, para la derecha tradicional, toda izquierda es radical, por el mero hecho de no ser derecha ) Le recordarán que votó con el secesionismo catalán y con los abertzales vascos. ¿O creen que unos y otros van a dejar pasar la ocasión de votar contra Don Mariano?

Si no la apoya, ya sea votando en contra o absteniéndose, la izquierda le recordará algo que está fuera de toda duda: el paladín de la lucha contra la corrupción, el que blasonaba de que negaría al PP el pan y la sal si éste seguía cayendo en las tentaciones habituales,  mantuvo al Presidente en su poltrona, pese a que los Tribunales le habían llamado mentiroso.

Pese a todo, el Sr. Rivera, como cabal heredero de la derecha parlamentaria, habrá de pasar un calvario menor, una vez se termine el recuento de los votos. La derecha de verdad, la de los votantes, se habrá pasado a Ciudadanos con armas y bagajes, como se pasó de Alianza Popular al PP. Lo cual, por otra parte, es absolutamente lógico.

Los votos secesionistas catalanes.

Estoy convencido de que Pedro Sánchez daría cualquier cosa con tal de no tener que contar con sus votos. Hasta es posible que prefiriera perder la votación que ganarla, si hubiera de hacerlo gracias a los votos del PdeCat y ERC (no pondría mi mano en el fuego, desde luego, pero lo creo). El pequeño problema es que nadie le va a dar a elegir.

También en este caso, le van a llover los palos como granizo y ya ha empezado el diluvio. Desde la derecha dirán alto y claro que Pedro Sánchez está dispuesto a llegar a la Moncloa aunque sea a costa de pactar con los enemigos jurados de la unidad de España.

De nada valdrá poner de manifiesto que no hay manera de impedir que alguien vote a tu favor por mal que te venga. Será inútil jurar que gobernarás solo, que no negociarás nada con nadie, porque no será creído, ni antes, ni durante, ni después del debate, sea cual sea su resultado. 

Más aún: a partir de ahora, pase lo que pase, Sánchez será el perjuro que habría estado dispuesto a romper España en cien pedazos con tal de ser Presidente de Gobierno. La veda la ha levantado la Srª Cospedal.

Y luego está el día de después. Si Pedro Sánchez gana la moción, (recuerden que lo digo ahora, antes del debate), Los voceros del secesionismo y, lo que es más difícil de contrarrestar, los intoxicadores profesionales de las redes sociales, divulgarán mil y una infamias. Dirán que le apoyaron bajo promesas incumplidas y pretenderán cobrar por algo que nadie les vendió.

Pero ¿saben? fue Pedro Sánchez quien se metió en ese charco.

Mi resumen.

El Presidente de Gobierno, nunca debió haber dado lugar a que le sometieran a una moción de confianza. Aunque la gane, perderá.

El Candidato Sánchez, debió de haber puesto freno a sus prisas. Aunque gane, también perderá.

Y a poco sensibles que seamos, perderemos todos porque se avecina un debate bronco, plagado de insultos. Más que nunca, porque la materia prima del debate es pura basura. 










sábado, 26 de mayo de 2018

No, no. Así no, Don Mariano


Me permitirá, Don Mariano, que me dirija a usted desde este modesto blog, como si tuviéramos algo más que ver entre nosotros que la obvia relación entre un ciudadano corriente y el Presidente del Gobierno de su país.

En descargo de mi osadía, déjeme que le recuerde la vieja fórmula que se utilizaba en la coronación de los Reyes de Aragón: “que cada uno de nos somos como vos y todos juntos, más que vos”.  

Pues eso, D. Mariano, que aunque yo no sea ni aragonés, ni noble, ni usted sea Rey, cualquier día normal me siento “como vos”, y hay veces, días como hoy, en los que me siento “más que vos”, sin necesidad de apandillarme con unos cuantos millones de ciudadanos más.

Día triste, D. Mariano, el que sigue al aciago ayer en el que sin apenas tiempo para asimilar el contenido de la Sentencia de la Audiencia Nacional en el “Caso Gürtel”, cuando estábamos intentado reponernos del impacto de ver cómo la Guardia Civil detenía a su antiguo compañero de bancada y de Gabinete, el Sr. Zaplana, el que fue, además, mandamás de su Partido en Valencia y Presidente de la misma Comunidad, nos enteramos de que Pedro Sánchez presenta una moción de censura contra usted.

Antes de continuar, permítame que le diga que ni soy militante de Partido Político alguno, ni me distingo por un especial aprecio a quien pretende moverle el sillón que, al parecer, tanto le gusta. 

Usted no tiene por qué saberlo y por eso se lo digo, pero en este mismo blog he sido muy crítico con el autor del manido lema “No es no”, de infausta memoria. Si quiere verificar lo que le estoy diciendo, encargue a alguno de sus colaboradores, bastaría con un becario, que busque mi post del 1 de diciembre del 2016, por ejemplo, o que lea mi abundante y quizás aburrida producción en este citado blog. Rara vez sale bien parado el hoy Secretario General del PSOE

O sea, D. Mariano, que no se trata de darle la razón al Sr. Sánchez, sino de discutírsela a usted. Ni siquiera de quitársela, porque comprendo su desazón si ahora tiene usted que marcharse de la Moncloa. Y la comprendo más por mérito propio que suyo, que no me parece a mí que usted reúna merecimientos suficientes para seguir ahí, atornillado a la poltrona, después de lo que ha pasado.

El caso es que, según la Audiencia Nacional, usted es el Presidente del único Partido Político de España condenado hasta ahora por beneficiarse de la corrupción. Es usted el Presidente del Partido con más Ministros y cargos públicos condenados por el mismo delito. Es usted el primer Presidente de Gobierno de España al que un Tribunal de Justicia niega la credibilidad de su testimonio en sede judicial. 

Aún podría preguntarme si el Tribunal en cuestión, la Audiencia Nacional, nada menos, no se ha quedado a medio camino y ha agotado el argumento que se deduce de haber mentido como testigo, pero esa es otra historia.

Yo no sé si cada una de las ciento y una veces que usted le dijo al Tribunal “no me acuerdo”, “no sé de qué me habla”, “no tengo la menor idea”, mentía o no. Eso usted lo sabrá. Lo que sí puedo asegurarle es que la Audiencia Nacional no le creyó, o sea que según el Tribunal usted mentía. Y eso es bastante grave ¿no cree? Cuatro Maíllos, cinco Cospedales y seis Calvos Hernandos no son bastantes ni para taparlo ni para darle la vuelta.

Sus voceros y usted mismo, hablan de que todo eso pasó hace mucho tiempo. Que pasó hace tiempo, es un hecho; lo de mucho, es opinable. Hace tiempo, sí, pero entonces, cuando pasó, ya era usted Presidente de su Partido. 

Eran los tiempos (maldita memoria, malditas hemerotecas, malditos archivos televisivos) en los que usted se ufanaba de ser íntimo amigo y ferviente defensor de quienes luego han sido condenados y se permitía ponerlos de ejemplo ante el resto de España.

D. Mariano, lo cierto es que usted ha defendido a Bárcenas, a Zaplana, a Camps, a Rita Barberá, a Ana Mato y ayer a la Srª Cifuentes hasta sus últimos momentos. Eso habla alto y bien de su sentido de la amistad, pero le deja en mal lugar como político que blasona de honradez institucional.

Así que haga el favor de decirle a sus acólitos que dejen de hacer el ridículo, que todo eso ha estado pasando, como quien dice, hasta ayer por la mañana y que de lo que estamos hablando es de algo más que un asuntillo sin importancia en un par de Ayuntamientos de la periferia madrileña, porque usted y yo y millones de votantes suyos (¿o serán ya ex votantes?) saben que no es así. 

Permítame que le diga que ayer logró usted dejarme perplejo. Le oí decir, lamentándose del daño que les había hecho la corrupción, algunas cosas asombrosas. El tono general de su intervención parecía querer dar a entender que eran ¡ustedes! los principales perjudicados por el asalto a los dineros públicos. 

Recuerde que el Partido Popular quiso ser acusación particular en el caso ahora sentenciado y el Tribunal se lo impidió, haciéndoles ver que el Partido, el suyo, ya tenía su propio papel en el proceso: el papel de acusado. Doy por supuesto que hubieran preferido otro, pero los Jueces les endosaron el de presuntos malos. Así que ya no pudieron acusar a nadie. Es posible que el juzgador quisiera evitar la contradicción de ser acusado y acusador al mismo tiempo.

Le oí ayer, D. Mariano, que su formación estaba sana y que eran nada más “diez o quince casos aislados” ¿Diez o quince? ¡Por favor, Señor Presidente, un respeto a nuestra inteligencia! Me temo que una buena parte de sus conciudadanos sabrían repetir los nombres de bastantes más sin acudir a las hemerotecas. No, pierda cuidado que no voy a sacar ahora la lista porque no quiero aburrir al personal, pero permítame que le diga que, una vez más, pretende usted hacernos comulgar con ruedas de molino. De lo que habla la Audiencia es de otra cosa, sistemas organizados de saqueo, o cosas por el estilo, que no recuerdo la literalidad del fallo judicial.

Luego, y eso fue muy chocante, dijo más o menos que “en fin, que espero que a partir de ahora no haya muchos casos más”. Recordé la teoría freudiana de que no hay lapsus linguae, y que los llamados errores no son sino manifestaciones del subconsciente, lo que  querría decir que usted, allá en el fondo de su mente presidencial, da por hecho que, pese a todo, habrá algún que otro caso más.

Comprendo, como le decía, que la moción de censura no le haga maldita la gracia, pero ¿No cree usted, D. Mariano, que ha dejado pasar la ocasión de evitarla? ¿Qué habrían hecho cualquiera de sus colegas europeos, los de verdad, Francia, Inglaterra, Alemania, Holanda, en fin, ya sabe de quiénes hablo y de quiénes no, en semejante situación? ¿Es muy aventurado por mi parte dar por supuesto que habrían dimitido muertos de vergüenza, se habrían retirado de la vida pública por siempre jamás y se habrían escondido en el último rincón de su país a escribir sus memorias? Fíjese, Don Mariano que soy bastante considerado: ni siquiera afirmo, me limito a preguntar y sólo hablo de dimisión, nunca de suicidio.

A lo que me niego es a admitir que más allá de su molesta percepción de la que se le viene encima, cargue contra el Sr. Sánchez porque le incomode su actuación. De ahí el título del post.

No se trata de que la iniciativa del Sr. Sánchez sea estrictamente legal, ni de si va a salir adelante o no. Lo primero es indudable; lo segundo, ya se verá. Lo que usted no puede, de la noche a la mañana, es olvidar que el Secretario General del PSOE ha estado con el Gobierno de España, como era su obligación, cuando se ha tratado, se sigue tratando de dar respuesta adecuada a la locura secesionista. 

Nadie mejor que usted sabe que el art. 155 se está aplicando en Cataluña por el apoyo de Ciudadanos y del Partido Socialista. No es de agradecer, porque era su obligación, pero menos aún de olvidar. Usted no es quién para sugerir que el Sr. Sánchez está a punto de pactar con Puigdemont. Eso, D. Mariano, es injusto. Es decir, para que no le queden dudas, eso es una infamia, aunque "La Razón" y "ABC" opinen lo contrario.

Dice usted que la actitud del Sr. Sánchez daña a España, a su recuperación económica y a la imagen internacional de nuestro país. ¿Por qué se empeña usted en seguir considerándonos estúpidos? Lo que de verdad daña a España es que su Partido, el Partido en el Gobierno, haya sido considerado corrupto, que doce de los Ministros de su predecesor, el Sr. Aznar, hayan sido procesados y algunos de ellos condenados por los Tribunales de Justicia, que en la misma sentencia que se condena a su Partido, se le aplique la misma suerte a una señora a la que usted hizo Ministro y que el propio Tribunal considere increíble su testimonio. Esto es lo dañino, no el que alguien intente que usted abandone un cargo que ya no puede sostener.

Parecen los suyos escandalizados porque el Secretario General del PSOE pudiera llegar a salirse con la suya gracias al apoyo de Podemos y de nacionalistas y secesionistas. ¿A cuántos de los votantes del PSOE cree usted que les hacen gracia esos apoyos? Muchos recordarán la chulesca actitud del Profesor Iglesias cuando presentó en público, antes de hablar con Sánchez, el que sería su aporte al inminente Gobierno del Cambio. Ahora promete no hacerlo. Bueno, y ¿usted, D. Mariano, recuerda que si es Presidente del Gobierno es porque el Sr. Iglesias no votó a favor de la investidura de Sánchez?

O sea, que en política hay veces que uno recibe apoyos no pedidos pero que no sólo le vienen bien a uno, aunque proteste con la boca chica, sino que ni siquiera está en condiciones legales de rechazarlos. 

Yo no sé si la moción va a prosperar o no. En pura matemática parlamentaria, puede salir adelante. Ya sabe que, al final, como sus Presupuestos Generales, todo podría depender de los votos del Partido Nacionalista Vasco, y que con ellos nunca se sabe (o sí se sabe ¡qué le voy a contar! pero se hace como que no). Lo cierto es que nos ha puesto usted a muchos de sus conciudadanos en la peor de las tesituras: malo si usted sigue en el Gobierno y malo si para echarlo tienen que aparearse churras con merinas.

Porque es el caso que se va sabiendo todo y casi todo se entiende. Es comprensible que Ciudadanos no vaya a apoyar la moción. No, no se trata de que le tenga a usted especial aprecio, ya sabe que no, ni de que El Sr. Rivera y el Sr. Sánchez no quepan en la misma habitación ¿O no recuerda cuando se unieron para intentar sacarlo de la Moncloa en el tiempo aquel en el que usted nos llamaba a votar cada dos por tres? 

No, el Sr. Rivera, con un ojo en las encuestas y otro en Cataluña, Lo que no quiere es que Sánchez le gane por la mano y llegue a la Moncloa antes de que el cada día más acelerado declive de su Partido de usted, señor Rajoy, le ponga en bandeja el triunfo electoral. Por eso, porque no le casa el calendario, podría usted librarse por los pelos de salir de la Moncloa como El Gallo de Morón, sin plumas y cacareando.

Por eso no va a unirse esta vez al Sr. Sánchez, aunque con ello caiga en la más clamorosa contradicción política de los últimos tiempos: él que se ha autoinvestido como paladín de la lucha contra la corrupción mantiene en el Gobierno al paradigma de los malos hábitos. Terminará Rivera como jacobino de vía estrecha, puritano de andar por casa, pero La Moncloa bien vale un renuncio.

Créame, D. Mariano, si le digo que se me hace muy duro tragarme el sapo de que para que usted se vaya sea necesario contar con los votos del Partido de los Profesores, por no hablar de indeseables como el Sr. Rufián, sus conmilitones secesionistas, o los Diputados de Bildu y todos sus cofrades. Pero, no le demos más vueltas: si usted hubiera tenido un mínimo de vergüenza torera ni habría dado lugar a que esto sucediera, ni hubiera dejado pasar ni un minuto sin convocar elecciones y dimitir. Ahora ya es tarde.


Así que no vengan usted y sus palmeros con aleluyas. No hace falta que nos agobie con los casos de corrupción de los demás. Los ha habido, los conocemos de sobra y están siendo juzgados, como los noticiarios nos informan a diario. Por extraño que pueda parecerle, no hay ningún otro Partido como tal imputado. Ésa es una malhadada exclusiva del PP. 

Esta vez le ha tocado a usted y se acabó. Deje de una vez de hacer daño, sea un hombre cabal y vuélvase a su Registro en cuanto pueda, si es que recuerda por dónde anda. 

jueves, 24 de mayo de 2018

Aquí no hay quien viva
No es casualidad
  • Casi nada lo es. La serie de televisión que da nombre al post, lleva años en antena. Hay opiniones para todos los gustos; algunos disfrutan con ella y otros, yo entre ellos, creen que es un bodrio. 
  • Sin embargo, si la cadena la mantiene en la programación es porque al margen de lo que pensemos otros como yo, goza del favor de una masa suficiente de espectadores como para resultar rentable.
  • ¿Por qué? No soy ningún experto en los secretos que hacen popular una serie. No obstante, como en algún momento he visto partes de algún capítulo, se me ocurre que tal vez el secreto esté en que reproduce a escala al propio país en el que vivimos.
  • Se me ocurrió que eso podría ser así cuando reparé en que, caricaturas aparte, la sainetesca comunidad de vecinos de la serie, se parecía bastante, a su vez, a aquellas en las que vivo.
  • Las mías, las nuestras mejor sería decir, son mucho menos divertidas, porque entre mis vecinos no hay cómicos profesionales. Son más complicadas y más tortuosas, pero, en esencia, y a eso iba, mis Comunidades de Vecinos, la de Madrid y la de Marbella se parecen demasiado a España. Lo cual, por otra parte, es lógico: ambos, las Comunidades y España las formamos los mismos. ¿O alguien podría esperar que un ciudadano sea azul en la Junta de Vecinos y amarillo el día que hay elecciones Generales?

Algunas semejanzas preocupantes
  • La culpa la tiene la Junta (o, lo que es lo mismo, el Gobierno). Se reclaman acciones contundentes de la Junta de Gobierno, para arreglar los jardines, mejorar el asfaltado, exigir diligencia al servicio de vigilancia, pero…
  • Nadie se cree en la obligación de cumplir el Reglamento de la Comunidad (o sea la Ley), porque están convencidos de que las normas son para los demás, porque si hay algo que caracteriza a los ciudadanos de este país es la obsesión por hacer lo que a cada uno le dé la gana, quizás porque nos consta que si no obedecemos las Leyes, lo más probable es que no nos pase nada.
  • Todo el mundo se queja, pero nadie reclama. Las lamentaciones, las críticas, los denuestos, las medidas que deberían tomarse para mejorar la convivencia, se comentan en el bar ante una cerveza, o en un almuerzo entre vecinos, o en una charla al paso. Nadie se toma la molestia de ponerse a escribir y cursar su reclamación ante la Administración.
  • Nadie se informa, pero todo el mundo sabe lo que está pasando. Así que ante el mismo suceso lo esperable es oír catorce versiones diferentes sobre las causas. En su momento, la Junta, o el Gobierno, o el Partido de la oposición, que tanto da, circuló sus programas, o sus proyectos, o los presupuestos de tal o cual medida. Los mismos que “saben de buena tinta” a qué se debe lo que está pasando, reconocen que no leyeron la documentación que tuvieron a su disposición. Las actas de las Asambleas de Vecinos, por ejemplo, suelen terminar en las papeleras sin ser leídas. Eran tan pesadas…
  • La Junta y el Gobierno, en el mejor de los casos, son unos incompetentes. Y es posible que así sea. Es más ¿quién no conoce en su círculo a alguien con mejor currículo que el Presidente de la Comunidad de Vecinos o que el Ministro del Interior? Pregunten a ese conocedor de genios, o a ese genio si él mismo estaría dispuesto a presentarse a Presidente de la Comunidad o a ser candidato en la siguientes Elecciones. “En eso estaba yo pensando”, contestará riendo o mirándote como si hubieras perdido el uso de la razón.
  • Y más…
  • Todos conocen sus derechos, muy pocos sus obligaciones.
  • Todos se preguntan qué puede hacer la Junta o el Gobierno por ellos, pocos o ninguno qué pueden hacer ellos por la Comunidad o por su país.
  • Muy pocos revisan las cuentas, pero muchos creen que quienes les representan no son honrados. No lo saben, pero lo creen. Por desgracia, a veces tienen razón.
  • Frente al silencio de la mayoría, es fácil caer en manos de unos cuantos. Siempre se oirán más los gritos de cuatro vocingleros que el silencio de diez mil callados.
  • Todos pretenden exigir servicios, pero pocos están conformes con asumir su coste.  

Resumiendo

  • Lo habitual es comportarse de manera parecida en todas partes, así es que no deberíamos asombrarnos: gritamos sin reflexionar, hablamos sin saber de qué, protestamos donde no vale de nada, creemos que lo público no es de nadie cuando es de todos.
  • Abominamos de quienes nos gobiernan pero ni en sueños se nos pasa por la cabeza ser nosotros quienes estuviéramos dispuestos a sustituirlos.
  • En consecuencia, con demasiada frecuencia terminamos por ser gobernados o por los menos capaces o por quienes han hecho de la caradura un arte de vivir, aunque desconozcan lo que ocurre a la vuelta de la esquina.

sábado, 19 de mayo de 2018

Cosas que pasan

1.- Por la boca muere el pez

Eso dicen. No soy de los que creen que quienes se consideran de izquierdas tengan que vivir, necesariamente, en una chabola. Creo que, en primer lugar, no es lo mismo ser socialdemócrata que anarquista (si es que el anarquismo es izquierda, cosa que Stalin, por ejemplo, negaba); en segundo lugar, la cuestión no está en vivir mejor o peor, sino en qué origen tienen tus bienes y qué uso haces de ellos.

Y, antes que nada, lo que es herejía es hacer exactamente lo contrario de lo que se dice, no una, sino muchas veces. Lo que se ha predicado como norma de conducta de la nueva forma de hacer política. De un lado "La Casta", del otro, nosotros, los que vamos a regenerar a España. Los que sólo pensamos en "La Gente" 

No me escandaliza, por consiguiente, el que el Decano de los Profesores de Podemos y su pareja se hayan embarcado en la compra de un chalé en la Sierra Norte de Madrid (área geográfica que es el sueño recurrente de una buena parte de la pequeña burguesía y de las clases emergentes madrileñas). Tampoco me rasgo las vestiduras ni por las proporciones de la parcela y la vivienda, ni por el montante de la hipoteca o por su plazo de devolución, cuasi vitalicio.

Al contrario. Lo que me pide el cuerpo es saludar alborozado a la pareja por la abjuración de sus errores y su incorporación a la comunidad modal de la amorfa clase media española. "La casada casa quiere", dice otro refrán y de eso habrán hablado más de una vez. Así que imagino el diálogo:

  • (Pablo, desengáñate, con los niños en camino, es hora de sentar la cabeza. Vivir alquilados es tirar el dinero.
  • Ya. Por otra parte, tendríamos que pensar en su educación que el tiempo pasa volando y no somos unos niños. Nos vendría bien comprar algo cerca del colegio donde, dentro de nada, tendrán que ir. 
  • Ya hemos hablado de eso. Al fin y al cabo, lo que compremos lo estaremos pagando con nuestro trabajo. Nadie tiene por qué escandalizarse
  • Seguro, pero nos van a poner a caer de un burro.
  • La envidia, es muy mala consejera. Que digan lo que quieran. Para las elecciones se habrá olvidado todo). 

Lo malo, parte de lo malo, quiero decir, es la memoria del personal. “La Gente”, ese ser abstracto al que tanto citan los flamantes propietarios del chalé con piscina, ese ente al que antes llamábamos pueblo, está formado, ahora más que nunca, por individuos cuya mayoría tienen, qué curioso, los mismos sueños que el que nuestros protagonistas acaban de cumplir: un trabajo bien pagado, una pareja estable, al menos por el momento, hijos, algún que otro perro y ¡un chalé en la Sierra Norte!

Y “La Gente” suele llevar mal el que sus autoproclamados guías espirituales acusen a otros de lo que ellos hacen. Porque no son tontos, piensen lo que piensen sus líderes. Tienden a pensar -manías pequeñoburguesas, tal vez- que si un Ministro de derechas no debiera haberse permitido el lujo de comprar un ático por 600.000 €, menos aún debiera haber incurrido en parecido escandaloso pecado su amado líde.r

Recuerda el personal, o le recuerdan, que para el caso es lo mismo, cómo y con qué elocuencia pontificaba el Profesor sobre lo inconveniente que es para la buena marcha de la cosa pública, el que los dirigentes se aíslen de la ciudadanía y se encastillen en plácidas mansiones alejadas de la plebe.

Puede ser que se pregunten, no por las razones de comodidad de la pareja a la hora de elegir vivienda cerca del colegio que mejor les cuadre a su ideología, sino por qué eso, vivir en la Sierra y poder elegir y pagar el centro de enseñanza que les guste, es un lujo que a ellos les está vedado.

Igual acaban por suponer que han sido ellos con sus votos los que han colaborado a que las cosas estén pasando así. Igual les da por pensar que alguien ha tomado el pelo a alguien. Y, lo que es peor, igual siguen pensando eso el día que toque votar.

Otros, quizás más retorcidos, se preguntarán si no resulta un tanto extraño que la entidad financiera que les ha concedido la hipoteca, sea, precisamente, uno de los pilares que sustentan la caja de resistencia del secesionismo catalán, una Caja, la de Ingenieros, cuyo Presidente es, a su vez, Vicepresidente de Ominum Cultural.

Está visto que la pareja no comulga con aquello de la necesidad de que la mujer del César no sólo deba ser honesta sino, además, parecerlo. Es posible que, de recordárselo, replicaran que ellos no tienen nada que ver con Julio Cayo César, al fin y al cabo, militar golpista que acabó con la República Romana. O sea, "Casta". 

Pese a todo, no seré yo quien afirme sin pruebas que detrás de la concesión del préstamo hipotecario hay algún género de cambalache ideológico-político-económico, que acabe amargándonos la vida a todos, pero no faltará quien sea menos precavido que quien esto escribe y lo dé por hecho.

Último apunte: el colega Echenique ha salido al paso de las críticas y ha sentenciado que comparar la compra del ático de Guindos con el nidito de amor de Iglesias-Montero, es reaccionario. Me he quedado extrañado. Yo suponía que habría de ser ¡¡FRANQUISTA!!. 

En fin, que, como dice el refrán “no es lo mismo predicar que dar buen trigo”. Se empieza satanizando a la casta y, quizás para verla más de cerca, se termina por compartir barrio con ella.

Como decía al principio, Irene y Pablo, bienvenidos a la aburrida normalidad burguesa. 

2.- Nacido para matar.

Nueva matanza en Texas. Un muchacho de 17 años, armado con un rifle, una escopeta, una pistola y varias bombas de fabricación casera entra en su Instituto y mata a nueve compañeros y a un profesor.

Todo lo tenía escrito en sus diarios. Hay fotografías que él mismo había colgado en facebook vistiendo una camiseta con esa leyenda que me sirve de entradilla para este comentario, “Nacido para matar”. Tengo leído que pensaba suicidarse después de la masacre, pero al final no se atrevió. 

Hemos escuchado el consabido coro de lamentaciones oficiales. El mismísimo Donald Trump, el que hasta ahora se ha opuesto a cualquier medida de control sobre el uso de armas de fuego, el que aseguró que quizás la solución para evitar estas absurdas tragedias pasara por armar a los profesores, ha prometido hacer “lo necesario” para acabar con el problema.

Me echo a temblar. No creo que el personaje caiga en la cuenta de algo tan elemental como que si el autor de la matanza, 17 años tiene el angelito, no hubiera tenido armas (un rifle, una escopeta, una pistola, amén de bombas caseras, recuerden) habría sido imposible que las disparara. 

Así que no hay que descartar que, con la documentada asesoría de la Asociación Nacional del Rifle, se doten fondos presupuestarios federales para convertir los centros de enseñanza en fortines tipo “La conquista del Oeste” y se arme a los docentes como si fueran émulos redivivos de Wild Bill Hickok, Wiatt Earp,  Pat Garret o Doc Holliday.

Volverán a las calles los adolescentes, exhibirán pancartas pidiendo control de armas, pero sus mismos padres les recordarán que tienen la fortuna de haber nacido y de vivir en un país libre en el que la tenencia de armas está protegida por la Constitución. Así que les sugerirán que se encomienden al Señor y, de paso, empiecen a practicar tiro en cualquier polígono cercano, porque más vale estar prevenido.

Quizás alguien recuerde la cita de Oscar Wilde, entre la ironía y el humor más negro posible: "Se empieza asesinando a un semejante y se termina por no acudir a los Oficios religiosos del Domingo". 

3.- Un nazi en el Palau

Tal como suena: un nazi. Por muchos esfuerzos que haga el secesionismo, por muy sesgada que siga siendo la información vertida en los medios de comunicación catalanes de titularidad pública, lo escrito, escrito está.

No son pecadillos de juventud. Las barbaridades racistas escritas por el nuevo Presidente Provisional de la Generalitat se publicaron cuando su autor ya peinaba canas en su no muy abundante cabellera. Antes que él, Sabino Arana dijo cosas muy parecidas. Y un tal Adolph Hitler, también. Recuerden, lean o relean “Mein Kampf”. El nuevo Presidente catalán ha debido hacerlo hace años con notable aprovechamiento.

Se comienza creyendo en una entelequia indefendible a la luz de la razón y de la ciencia como es la raza. ¡Raza catalana, además! ¿Qué vericuetos, qué atajos, qué patrañas hay que articular para dar sentido a la expresión “raza catalana”? Pobladores primigenios de  origen incierto, fenicios, cartagineses, griegos, romanos, judíos, pueblos germánicos, huestes arábigas, habían llegado al territorio que hoy llamamos Cataluña hace más de mil años. Después… ¿Quién es capaz de rastrear las aportaciones genéticas que han ido llegando desde hace tres mil años al Nordeste de la Península Ibérica?

El mecanismo del racismo es de sobra conocido. Por motivos enfermizos se genera un sentimiento de inferioridad que lleva a buscar las causas de supuestas desgracias en un enemigo exterior prefabricado. A él se le cargan las culpas, se le convierte en la víctima ceremonial de ofensas y desventuras reales o imaginarias, se le transforma en un no humano y se le odia hasta exigir su desaparición.

Eso fueron los judíos, y los gitanos, y después los comunistas, los socialistas, los católicos, los homosexuales, los enfermos para el nacionalsocialismo.

Primero se le discrimina, más tarde se le excluye de los ámbitos sociales de convivencia y al final, si es necesario, se le expulsa sin miramientos. Al final del camino, esperan las cámaras de gas.

El único delito de la víctima no es ser diferente, basta no compartir el delirio del grupo dominante. Quien no está conmigo está contra mí, y a partir de ahí, se eliminan de la vida política valores que han tardado siglos en conseguirse, porque lo que va contra la pureza de la raza es el mayor de los delitos posibles.

No es ninguna exageración. Eso, que era una desmesura, un imposible, porque un pueblo culto jamás reniega de sí mismo, ya lo hemos conocido. La cultura, pese a las apariencias, no es un antídoto contra la barbarie, porque llega un momento en el que sólo toman decisiones los exaltados, los fanáticos, los profetas del nuevo orden. Los demás, callan aterrorizados.

Dirán a los suyos que cualquier sacrificio está justificado para conseguir que la pesadilla racista sea llevada hasta sus últimas consecuencias. El sacrificio, en verdad, no corre por cuenta de los racistas, sino de sus víctimas. ¿Sesenta millones costó el mito de la raza aria? ¿O fueron más? ¿Qué más da el numero exacto?

Sólo queda una esperanza: aún es tiempo. Cataluña, el resto de España, toda Europa tiene que hacer las cosas de manera que el peligro sea abortado mientras estamos a tiempo de hacerlo. Es posible, pero no va a ser fácil, porque hay fuerzas siniestras que ayudarán a que triunfe todo aquellos que dañe a Europa.


Créanme: Cataluña está al borde del abismo, pero eso podría ser, nada más, el punto de partida de una carrera suicida.