Elecciones Generales
A modo de introducción
Permítanme traer a colación una cita de Nicolás Maquiavelo. (Por cierto: he leído y releído hace años "El Príncipe". Sus razones tendría el que lo incluyó en el "Índice de libros prohibidos", pero me cuesta imaginar que la lectura de semejante obra haya sido, durante siglos, motivo de persecución religiosa) Dice así: "Todos los Estados bien gobernados y todos los Príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento". Es bastante obvio que en los últimos tiempos, los gobernantes españoles habían conseguido, no sin esfuerzo, ambas cosas: jas élites rondaban la desesperación y la calle estaba descontenta.
Sigo, o más bien, comienzo.
La decisión más esperada
El día 5 del presente mes de octubre, Pedro Sánchez, haciendo uso de la prerrogativa que le concede el Art. 115 de la constitución, anunció su intención de proponerle al Jefe del Estado la disolución de las Cortes y, en consecuencia, fijar el día 29 de noviembre para la celebración de las correspondientes Elecciones Generales.
Una breve alocución televisiva del Presidente, ni entusiasta ni catastrofista, escueta, dejando entrever el manido slogan "yo o el caos" (más bien, "yo o la vuelta a la edad de piedra"), por supuesto sin rueda de prensa subsiguiente, ha puesto en marcha el mecanismo para una nueva legislatura.
Primeras reacciones
Alberto Núñez Feijoo, el más cualificado candidato a sucesor de Sánchez según sus seguidores y según la casi, casi absoluta opinión de las encuestas, compareció, serio, circunspecto y, también sin rueda de prensa, nos vino a decir lo contrario que su rival, tal como mandan los cánones: que no le temblará el pulso para enderezar el rumbo. O sea, para entendernos, deshacer todo lo que ha hecho mal su predecesor. Ninguna sorpresa: quien más, quien menos esperábamos cualquier versión del "Por fin" que ahora cuelga de la fachada de la sede de su Partido. El PP presidido por Don Alberto, se apresta a derogar el sanchismo hasta donde le den las fuerzas. Si ésa es su meta, tiene tarea.
Santiago Abascal, aspirante también a sucesor, aunque todo parece indicar que la Historia le tiene reservado el papel de socio minoritario del acaso inevitable Gobierno de coalición, en el que podría ocupar el puesto de Vicepresidente, fue un poco más explícito y en tres brochazos dibujó con total nitidez los ejes fundamentales de su programa: prioridad nacional, desregulación y remigración: esos son los sapos con los que tendrá que desayunar Don Alberto para estrenar su estancia en el Palacio de la Moncloa. Nada nuevo, ninguna sorpresa: la concreción de este trío de principios podríamos adivinarla la mayoría de los que seguimos con cierta atención la vida nacional.
Algunos añadidos nada más:
- El asturiano José María Figaredo, una de las voces, sino más ilustres, si, al menos, más tonantes de Vox ya ha anunciado el funeral a celebrar por la muerte del actual sistema público de pensiones, que habría de ser sustituido por un modelo mixto, con entrada del sector privado. Que esto sea o no parte del trágala que Vox plantee al PP está por ver. En cualquier caso, es de agradecer que los nueve millones largos de pensionistas españoles, votantes todos, conozcan con antelación suficiente cuáles podrían ser las consecuencias de su voto. Lo que no tengo tan claro es si su jefe tenía previsto desvelar tan temprano esa parte de su programa electoral.
- La madrileña Isabel Díaz Ayuso, siempre tan ocurrente, cree que desde el Gobierno se va a tratar de adulterar el resultado de las elecciones. "Buscará (¡Sánchez, quién sino!) nuevos señuelos con trampas", por lo que ha pedido a la gente que "ni se le ocurra votar por correo", componiendo, mientras lo decía, una cara de susto en línea con sus acreditadas dotes histriónicas.
- Y acaso para no dejarla sola, otras voces, Abascal desde luego, y algunos compañeros de la Doña han abundado en la idea. Qué quieren que les diga, eso tan "trumpista" de ponerse la venda antes de la pedrada por si vienen mal dadas, no es la actitud más demócrata, exigible a quienes blasonan de pertenecer a un Partido de Estado. Sobre todo cuando hablamos de uno de los sistemas electorales más garantistas del mundo.
¿El mejor momento para ir a elecciones?
Para la oposición, cualquiera habría sido bueno; al fin y al cabo, llevan pidiendo el adelanto electoral desde la toma de posesión de Pedro Sánchez.
No era eso a lo que me refería, sino a si el Presidente ha elegido bien el momento de dar por terminada la legislatura, rompiendo su reiterada cantinela de que llevaría su mandato hasta los cuatro años previstos por la Constitución, o si lo ha hecho porque "no tenía más remedio".
- ¿Es suficiente razón el revés parlamentario más reciente, al haber visto rechazados sus dos Decretos-Leyes sobre la vivienda? Cada uno puede interpretarlo como quiera, pero, si volvemos la vista atrás, podríamos traer a colación media docena de fracasos semejantes que el Gobierno ha encajado sin pestañear. Mucho más grave me parece a mí, haberse saltado durante tres años seguidos el mandato constitucional de presentar y sacar adelante los Presupuestos Generales.
- No se trata de elegir el mejor momento, sino el menos malo. Sánchez ha entrevisto una ventana de oportunidad, un atisbo de esperanza, en la protesta popular generalizada, con acampadas en bastantes ciudades españolas, empezando por la que sigue en pie de la madrileña Puerta del Sol. Ha debido pensar que es posible que toda la indignación no se traduzca en más votos para su Partido, pero podría darse por contento si la movilización de la izquierda deriva los votos rescatados de la abstención a formaciones más radicales.
- Con un poco de habilidad, y alguna que otra complicidad, puede, tal vez, salvar los muebles. Para incrementar los efectos de la protesta, la muerte de Maricarmen Abascal este miércoles pasado, agranda su figura y su significación. La oposición le pedirá que no haga electoralismo con su muerte, pero todos tratarán de sacar partido de algo tan oportunamente luctuoso. Actuaciones como las del Alcalde y la Presidenta de la comunidad de Madrid, negándose al minuto de silencio, demuestran o que digo.
- Cuando hablo de complicidad, me refiero a la rapidez con la que los Secretarios Generales e CC.OO. y UGT han accedido a respaldar la petición de huelga general, puesta de manifiesto por las portavoces de los Sindicatos de inquilinas. Permitidme que me asombre de que el Sr. Garamendi, tan ducho en estas lides, califique de ilegal esa hipotética huelga, porque "no es una huelga por motivos laborales". ¡Qué aparente ingenuidad! "Toda huelga es política, porque en caso contrario, no es una huelga", escribió E. Tierno Galván allá por los albores de la transición. En cuanto a si es legal o no, Tribunales tiene España que sabrán responderle.
- Doy por supuesto que las encuestas sobre intención de voto que maneja el PSOE y las perspectivas sobre la evolución a plazo medio de la coyuntura económica nacional eran cualquier cosa menos esperanzadoras. Únase a eso que noviembre no alcanza a ser el momento álgido del viacrucis judicial que afecta a la imagen del Partido, con la única posible excepción de la que luego hablaré. La retahíla de casos en marcha no está aún madura como para provocar titulares periodísticos demoledores (faltan bastantes meses para todos ellos), así que quizás la suma de todos estos factores nos lleve a que, en efecto, finales de noviembre es la fecha menos mala para echarle un pulso al futuro.
Dos factores adversos
- Ceuta. Es muy poco probable, cercano a lo imposible, que para cuando empiece la campaña haya vuelto la normalidad a Ceuta, lo que será explotado hasta el límite de lo posible por la oposición. Nadie puede extrañarse, porque, además, es un hecho que el Gobierno malbarató todo un mes, el de agosto, sin hacer prácticamente nada de provecho. Eso al margen de otras cuestiones (todo lo eferente al papel de Marruecos en este asunto y las inexplicadas razones del comportamiento de Sánchez sobre este punto concreto) que no Vox, pero sí el PP deberán tratar con cautela si llega a La Moncloa, dada la muy especial relación del reino alahuita con los Estados Unidos.
- En el terreno judicial, no sería de extrañar que, una vez más, pudiera cumplirse una de las conocidas leyes de Murphy ("todo lo que puede empeorar, empeora"). Concretamente, la evolución del caso Leire y su periferia podría entrar en ebullición, si aparecieran pruebas que pusieran en tela de juicio la limpieza de la financiación del PSOE. El problema para Sánchez es que no puede saber cuándo podría estallar esa mina. ¿Cabe imaginarse algo más perjudicial para el Presidente que esa bomba en plena campaña?
¿Y ahora?
El Gobierno no ha perdido ni un minuto. Disueltas las Cortes, se ha puesto a la tarea con un entusiasmo digno de mejor causa: desde el espectáculo insólito de Yolanda Díaz, Vicepresidenta y cabeza visible del socio gubernamental, llamando a la ciudadanía a manifestarse contra el Gobierno del que es parte esencial, a la presentación de dos nuevos Decretos-Ley, versión corregida y aumentada de los rechazados la semana pasada, ante la Diputación Permanente del Congreso donde, dada su composición distinta de la del pleno, podría conseguir la aprobación. La maniobra será legal, si es que lo es, pero ¿verdad que rechina un poco?
Puestos a no perder el tiempo, el Ministerio de Trabajo ha anunciado que pone en marcha la maquinaria para establecer el nuevo salario mínimo para 2027. Ha empezado por las tareas preparatorias, convocatoria de los asesores expertos, para después citarse con los "interlocutores sociales". Sagaz maniobra: el Gobierno gana puntos si con su mediación logra poner a CEOE y Sindicatos de acuerdo, y pierde la CEOE, o sea la derecha, es decir la oposición, si las partes rompen la negociación y tiene que ser el Ministerio de Trabajo quien fije la cuantía del nuevo salario mínimo.
Por lo demás, se supone a todas las formaciones políticas en pleno zafarrancho de combate. La mayoría dice estar preparada desde hace tiempo par afrontar las elecciones que se avecinan. Lo veremos en capítulos siguientes.
Por excepción, que, por otra parte, no es sino la repetición de lo que viene ocurriendo desde, más o menos, el incierto reinado de Witiza, la izquierda alternativa está enfrascada en el consabido y lamentable espectáculo de múltiples voces clamando por la unidad pero sin el menor atisbo, hasta ahora, de que los portaestandartes de las propuestas se sienten alrededor de una mesa y salgan de la reunión con la novedosa noticia de haber consensuado una sola voz, una sola imagen, una sola marca electoral y un sólo candidato (o, candidata, no vayan a creer que estoy tratando de volver al patriarcado) a la izquierda de la socialdemocracia.
Señores, el espectáculo ha comenzado. Tiempo tendremos de ir comentando esto, aquello y lo de más allá. No hagan demasiado caso a los portavoces: ni estamos al borde del precipicio, ni, gane quien gane va a conseguir ponernos a la cabeza del mundo civilizado. Cuando elección tras elección se habla de "momento trascendental", se está reconociendo, quiérase o no, la normalidad.
En fin, que ojalá cuando termine el recuento de nuestros votos, en la tarde/noche del 29 de noviembre y se sepa cuál es la fuerza real que el pueblo ha otorgado a cada uno los aspirantes a gobernarnos, las cosas transcurran con tan absoluta normalidad, que, pasado el tiempo no haya lugar para recordar aquella copla anónima del siglo XIX que alcanzó triste y comprensible notoriedad:
"Salieron seis toros.
Los seis mansos fueron
y ésta fue la causa
de quemar conventos".