Lo que queda de Europa
De cuna de la civilización…
Sí, pero, pasado ya el primer cuarto del siglo XXI, no caigamos en un trasnochado eurocentrismo. Europa ha sido la cuna de una civilización todo lo espléndida que queramos, pero no la única ni la más antigua ni la más longeva, aunque, desde mi punto de vista, ha sido una de las que han aportado valores que más han influido en las culturas circundantes.
Tratar de resumir lo que ha sido Europa en la Historia de la Humanidad me parecería una osadía. Unos simples brochazos como mero recordatorio: Grecia, la pequeña y convulsa Hélade, nos aportó una cultura específica de alguna de cuyas fuentes, la Filosofía, el teatro, la épica seguimos alimentándonos. Roma nos legó el Derecho y el sentido moderno de cómo gestionar un Imperio (ocupándose del bienestar de los ciudadanos). Los pueblos germánicos trajeron sangre nueva que trascendió la desaparición del Imperio Romano para gestionar una época, la Edad Media, en absoluto tan tenebrosa como se la ha querido pintar. E Italia, de nuevo, iluminó el mundo con el estallido del Renacimiento, y España descubrió, y alumbró, con criterios semejantes a los de Roma, otro Imperio en el que no se ponía el sol, y Francia redescubrió el concepto del "ciudadano" y legó obras fundamentales como La Enciclopedia o La modernización del Derecho Civil.
Y todos los pueblos que he citado cometieron terribles errores antagónicos con los valores que decían defender.
…¿A parque temático?
Bien pudiera ser. Nada hay eterno en la Historia e imperios que parecían indestructibles, acabaron siendo un mero recuerdo. Decía Arnold. J. Toinbee que una civilización sucumbe cuando coinciden las longitudes de onda del proletariado interno y el externo. Es posible: todos los ciclos concluyen y nadie sabemos si el nuestro está a punto de terminar.
En todo caso, si así fuera, si el faro europeo estuviera dando sus últimos destellos, bueno sería que repensáramos cuál debería ser en este preciso momento el papel de nuestros lideres.
Europa, la Europa que hoy conocemos, es el resultado de la materialización de los sueños de un pequeño grupo de grandes políticos, que allá por la mitad del siglo pasado fueron conscientes de que el mundo salido de las dos infernales guerras mundiales había dejado a la vieja Europa hecha pedazos, que había nuevas potencias, los Estados Unidos, la Unión Soviética, y, años más tarde, China con las que, mejor o peor, tendríamos que coexistir.
La fórmula ideada por los Alcide de Gasperi, Conrad Adenauer, Jean Monnet, Robert Schuman, Paul-Henri Spaak era más sencilla de explicar que de poner en práctica: Europa habría de ser el bastión que defendiera a ultranza los derechos humanos, el humanismo, la legalidad internacional y para conseguirlo tendría que conseguir, cuanto antes, ser un sujeto político de primer orden.
Dónde estamos ahora
Hemos dado pasos de gigante. Vistos desde fuera de nuestras fronteras, hitos tales como la libre circulación de bienes y personas, la moneda común o contar con el germen común de los tres poderes, Parlamento, Gobierno y Tribunales, son logros asombrosos conseguidos en un período que, en términos históricos, es apenas un parpadeo.
Pero…
- Pasa el tiempo y seguimos siendo incapaces de, por ejemplo, hablar con una sola voz en política exterior.
- Hemos confiado demasiado tiempo en el músculo militar de "el amigo americano" y hemos descuidado la seguridad de nuestra casa común.
- Fuerzas políticas centrífugas, defendiendo criterios identitarios, estarán justificados como contrapeso al excesivo reglamentarismo de "Bruselas", pero, objetivamente, operan como brigadas quintacolumnistas.
- Cada vez que nos hemos visto presionados por exigencias externas, hemos tendido a refugiarnos en lo que creíamos que era nuestra última frontera: la que nos separa como país miembro, del resto de socios europeos.
Un ejemplo lamentable
Hace muy pocos días, Ursula Von der Leyen, nada menos que la Presidenta de la Comisión Europea, es decir, la primera autoridad de Europa, a propósito de la agresión de USA de Israel a Irán, ha dado por cierto el fin del orden mundial basado en reglas y ¡advierte de los riesgos de convertir a Europa en la defensora del Derecho Internacional!
Aunque se trate de tan alta magistratura como la suya, éste es un ejemplo de lo que A.J. Toynbee entendía por proletariado interno: renunciar al corpus fundacional de la entidad política que preside, no sé si temblando o suspirando por el abrazo de alguno de los tres grandes matones del momento: D. Trump, V. Putin y Xi Yin Pin, es hacerse el haraquiri. ¿O es que envidia el desparpajo de alguno de ellos?
De inmediato, António Costa, Presidente del Consejo de Europa, se desmarca por completo de la srª Von der Leyen, reivindica el derecho internacional como eje de la política exterior de la UE y señala a los EE. UU. por desafiar el orden internacional.
A la Presidenta de la Comisión le ha faltado tiempo para asegurar ante el Parlamento Europeo que la UE “siempre defenderá” los principios de la Carta de la ONU. ¿qué quieren que les diga? Cada uno es muy dueño de creer qué piensa en realidad doña Úrsula, pero sea como fuere, decir hoy negro y mañana blanco, no es la mejor tarjeta de presentación para alguien a quien, como mínimo, hay que pedirle que piense unos segundo antes de hablar.
Los riesgos reales
Es imposible trazar un patrón común de los tres autócratas que mencionaba antes.
- Xi Yin Pin y sus sucesores, estoy convencido de que, a largo plazo, son el riesgo mayor para Europa, para la cultura europea. China lo tiene casi todo: masa poblacional sobreabundante y pformada, una sólida cultura milenaria que opera como elemento de cohesión. Las cifras de su desarrollo económico están poniendo en evidencia que sus estructuras son sólidas. ¿Puntos débiles? Incorrecto tratamiento del problema de las minorías étnicas y la dependencia exterior de combustibles fósiles (en tanto no se le encuentre un sustituto más manejable que las presentes energías renovables). No obstante, China es un peligro remoto para Europa: demasiado lejos y sin atractivos objetivos para hacernos presa de sus afanes expansionistas. Tengo para mí que durante bastantes años Xi Yin Pin y sus sucesores, preferirán considerarnos clientes fiables y lugares a visitar, que terreno a conquistar. De hecho no creo que la dominación de Europa se lleve a cabo por la fuerza, sino por el oro; recordad que hablamos, entre otras cosas, del principal tenedor de deuda pública estadounidense. Si mantienen el ritmo, de crecimiento podrán comprar lo que les venga en gana.
- V. Putin se ha revelado como un tirano más de los muchos que ha padecido Rusia. Desalmado, vengativo, implacable… y con un sentido mesiánico de su misión: volver a hacer de Rusia un país grande y temido. No obstante, deberíamos reconocer que cuando se desintegró la Unión Soviética, las democracias occidentales, cayeron como buitres sobre los pedazos del enemigo por antonomasia: en un tiempo récord países que habían sido miembros de la URSS entraron en la Unión Europea y muchos también en la OTAN. Ucrania que había sido no ya una más de las Repúblicas de la URSS sino parte de la antigua Rusia zarista y que tiene una zona de su territorio poblado por rusófilos, fue la primera en ser invadida. Una acción bélica ¡Qué duda cabe! al margen del Derecho Internacional y de las normas por las que se regía el mundo a partir de 1945. Ahora bien: tan cierto es que Rusia es un país inconquistable, como que carece de medios para ser el dueño del mundo o de Europa. Ni su población, ni su economía (su PIB es inferior al de Italia) dan para tanto, aunque sí está en su mano crearle graves problemas económicos y de seguridad a una Europa envejecida, vacilante y mal defendida.
- D. Trump, por último, es el único de los líderes con veleidades autocráticas que ha sido elegido, y por dos veces, democráticamente. Narcisista, bravucón y mentiroso, me da la impresión de que guarda con Europa una relación enfermiza en la que no hay que descartar altas dosis de complejo de inferioridad. Sus erráticas políticas, su autosuficiencia (no se siente concernido, limitado, por Leyes ni Tratados, sólo por su voluntad, fruto de un ego desmesurado) nos trae problemas y nos los seguirá trayendo. Odia a Europa porque se sabe incapaz de ponerse a su altura: siempre se verá a sí mismo como un patán frente a un Carlos III, un Macron, una Von der Leye. Por eso la cita en su campo de golf de Escocia, para tratar, a u tiempo, de menospreciarla e impresionarla. La cuestión es cómo defenderse de él. ¿Qué hacer cuando te enfrentas al capricho del matón del colegio? Cualquier cosa, menos besarle las botas. La única respuesta coherente es presentar un frente unido, dejar claro que seguimos siendo Europa y no olvidar que, a diferencia de chinos y rusos, los norteamericanos eligen Presidente cada cuatro años y que en 2028 no podrá volver a presentarse como candidato.
¿Y España?
País miembro de pleno derecho de la UE, seguirá, más o menos, la suerte de los otros veintiséis países miembros. Sin embargo, es bien cierto que, de la misma manera que la distancia que nos separa de las fronteras rusas nos hace menos vulnerables que Polonia o las Repúblicas bálticas a las posibles agresiones procedentes del sátrapa moscovita, la postura mantenida por el actual Gobierno, nos expone a las iras del impredecible Trump y a las consecuencias que de ellas se deriven.
El Presidente Sánchez se ha significado dentro de Europa como la punta de lanza de la oposición la guerra contra Irán. Otros, la tan citada srª Von der Leyen, el Canciller alemán, el húngaro Orbán, se han mostrado propicios a alinearse con los EE.UU., mientras que Francia, Portugal o Italia, mantienen posiciones críticas pero menos explícitas que las españolas. Trump truena cada dos por tres contra España (aunque matice que somos estupendos, pero mal liderados) y no hace falta insistir en que este enfrentamiento viene a ahondar en el abismo que sigue agrandándose entre Gobierno y oposición.
En resumen
- Europa será uno de los sujetos políticos que, en los convulsos momentos que vivimos, más gravemente pagará las consecuencias de la guerra en Oriente Medio. Y, sin duda, la escasa influencia que pudiera llegar a tener, se pierde por completo con declaraciones, las dos, como las de la Presidenta de la Comisión.
- España, por su parte, no está en condiciones de influir en el resultado de la guerra, pero reforzar lo lazos internos podría ayudarnos a reducir sus efectos. Por desgracia, el camino que estamos siguiendo es el inverso. Algún Partido ni siquiera descuelga el teléfono cuando recibe una llamada de La Moncloa.
- En cuanto a la posición del Presidente Sánchez, no importa cuanto de favorable sea mi opinión personal, disiento de su olvido, una vez más, de compartir previamente su decisión con la oposición y con el pueblo español ¿para qué cree que sirve el Parlamento, además de para perder votaciones?