Carta abierta a Donald Trump
Señor Presidente:
Permítame que me presente: soy Clemente Rodríguez Navarro y nací, cinco años antes que usted, en un precioso lugar, Ciudad Rodrigo, a poco más de 80 Km de Salamanca, cuya Universidad, en la que estudié, se inauguró a mediados del siglo XIII. Soy, pues, español y europeo, lo que le ayudará a comprender mejor mis puntos de vista y mis discrepancias respecto a los suyos. Todo eso, si, dadas mis credenciales, no ha tirada ya esta carta, que nunca recibió, al cesto de los papeles
Por si sigue ahí, le felicito por su selecta formación en cuestiones económicas. Es evidente que su paso por la Warton School de la Universidad de Pensilvania le ha pertrechado a usted para detectar negocio, olerlo, intuirlo sean cuales fueren las circunstancias "medioambientales". Sólo a un genio de las finanzas, a un visionario como usted, se le ocurre ver un paraíso turístico de lujo en Gaza, tal como su protegido Benjamín Netanyahu la había dejado cuando a usted se le ocurrió la idea. Muy perspicaz, por otra parte, prever la evacuación en masa del pueblo palestino ¿Qué podrían haber añadido a su brillante idea ese par de millones o tres de desharrapados? ¿Los imagina pululando entre lo más granado del turismo internacional, mendigando unas monedas? Asqueroso ¿verdad?
Otra muestra de su sagacidad clarividente. Cuando acabe el pequeño embrollo en el que se ha metido en Irán, resuelto el asuntillo del Estrecho de Ormuz, coincido con usted en que hay mucho dinero a ganar. Quién lo gane, es, frase española, harina de otro costal. Por cierto, debería ordenar a sus chicos que fueran más discretos: ciertas filtraciones sobre decisiones de su inagotable fantasía bélico-pacifista, no sé a quién se deberán, pero han hecho ganar una fortuna en la bolsa a quién sabe quién, y siempre habrá algún mal pensado que… ya sabe a qué me refiero.
Por el contrario, en todo lo que no sea el cómo ganar dinero en un pis pas, no parece que aprendiera usted mucho en la citada School. No crea que me extrañe demasiado: soy de los que creen que ciertas cosas o se traen aprendidas de casa o no se aprenden nunca.
Me refiero, por ejemplo, a la salvajada de amenazar con hacer desaparecer en una noche la civilización persa. Eso, que le habría bastado para entrar en el Guiness, no es tan sencillo como usted cree: una cosa es acabar con cualquier rastro de vida humana en Irán, y otra muy distinta terminar con una civilización. No insista, le creo capaz de intentar lo primero.
Porque ¿Qué sabe usted, realmente, de la civilización persa? ¿Ha oído hablar de las Guerras Médicas? ¿Ha leído, aunque sea traducido, el Annabasis y su relato de la retirada de los diez mil? Inténtelo, podría resultarle premonitorio ¿A qué le suena Artajerjes? ¿Sabe quién, cuándo y cómo deshizo el Nudo Gordiano? Le podré otro ejemplo: usted y sus bombas pueden aniquilar Italia en una semana, pero la civilización romana, seguirá persistiendo en países como España, Francia, Rumanía, y, desde luego Italia mucho tiempo de que de usted no quede ni la memoria. ¿Ve el matiz? Lo que quiero decir es que la civilización persa, como la egipcia, la maya o la china , por suerte para las generaciones venideras, están a salvo de sus barbaridades.
Y luego, sr. Presidente, están las formas. Son importantes, se lo aseguro ¿Me permite algunos ejemplos de lo que no se debe hacer estando donde usted está? No se puede invitar a alguien para encontrar solución a algo que al parecer a usted le interesaba, me refiero a la paz en Ucrania, montarle al invitado una encerrona bochornosa, empezando por afearle su gusto vistiendo (como si sus cachuchas con lemas políticos nos parecieran un dechado de elegancia) y terminando por las agresivas intervenciones de su Vicepresidente. Tiemblo pensando que él sería su sucesor, si, casualmente, usted tuviera que abandonar la Casablanca, antes o después de que culmine su magna obra: el nuevo salón de baile. ¡Lástima que su fenecido amigo Epstein ya no esté! Sería el tipo ideal para llenar el salón de jovencitas deslumbrantes.
Sigo. Concierta usted una cita con la mandataria que representa a la Unión Europea ¿Cómo se le ocurre elegir como lugar del encuentro un campo de golf escocés, aunque sea suyo, o precisamente si es suyo? ¿No se da cuenta que es una falta de tacto y una sobra de prepotencia? Si algo abunda en el Reino Unido son edificios históricos representativos, aunque tal vez, en ese caso, el que se sintiera fuera de lugar, fuera usted.
Otra más: hacer bromas en público sobre posibles malos tratos conyugales sufridos por el Presidente de la República Francesa ¿a quién cree usted que deja en evidencia, al sr. Macron o a usted?
Para cerrar este capítulo: Cuando se amenaza a un enemigo al que se está bombardeando sin piedad con la ayuda (o a las órdenes) de un genocida, el tono tabernario, aunque usted piense lo contrario, resta contundencia al mensaje: llamar cabrones a los iraníes o puto al golfo de Ormuz, es… impropio no ya del Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, sino hasta del Concejal de Festejos de Rodrigatos de a Obispalía.
Por último, quiero pensar que sus neuronas le dirán que no debe extrañarse de mis palabras: no creo ni que usted esté negociando con los que mandan en Irán, ni que tenga asegurada la reapertura de Ormuz, ni que la agresión a Irán esté a punto de concluir. (Si creo, en cambio, que detrás de tanto dolor hay mucho, mucho dinero a ganar) Son demasiadas las veces que ha mentido a su pueblo, y de rebote, al resto del mundo. También creo que su socio de correrías, el matarife Netanyahu, seguirá haciendo lo que le venga en gana sin que usted ejerza sobre él la más mínima presión. Usted sabrá por qué (¿o sigue pensando en el negocio turístico de la franja de Gaza?).
Sin más por el momento, me despido de usted con la cortesía que me exige el respeto a los que le votaron.