Las disculpas del Rey
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Los que me conocen saben de mi relación con México. He estado allí cuarenta veces, número exacto, aunque conocer de verdad México sea una tarea para la que una vida entera podría no ser suficiente.
Lo que sí es posible, después de muy pocas visitas, es admirar y amar a ese país increíble. Y este es mi caso: considero a México como mi segunda patria y, por tanto, cualquier expresión, cualquier frase que pueda interpretarse como una crítica, debe entenderse que va dirigida a esos gobernantes que no saben, no quieren o no pueden valorar su propia Historia.
Algunas fechas clave
1521
- Suele admitirse esta fecha como el fin de las hostilidades entre las fuerzas de Hernán Cortés y los mexicas de Cuahtemoc que terminaron con la segunda entrada de los españoles en Tenochtitlan y el comienzo de lo que fue la joya del Imperio.
- Hay un dato a tener en cuenta: cuando Hernán Cortés cerca la capital azteca, va al frente de una fuerza que los cronistas cifran entre los cuarenta y los cincuenta mil guerreros. De ellos alrededor de novecientos eran españoles; el resto eran enemigos locales de los mexicas. Esto habla de la habilidad de Hernán Cortés para capitalizar el descontento, las ganas de revancha de los pueblos vasallos del intruso pueblo azteca.
- En efecto, el pueblo azteca, o mexica, era un recién llegado a Mesoamérica: doscientos años en números redondos desde que, procedentes de las inmensas llanuras al norte del río Bravo, se asentaron "alrededor de un lago en cuyo centro hay un islote donde un águila, posada en un nopal, devora una serpiente". Cuando llegan al Bajío la cultura teotihuacana ya había desaparecido, cuatro siglos antes y el mundo maya empezaba su decadencia.
- 1521 es, pues, la fecha a partir de la cual, se crea el Virreinato de la Nueva España, cuyo territorio, en el momento de su máximo esplendor más que doblaba los poco menos de dos millones de kilómetros cuadrados actuales.
1821
- Casi trescientos años años exactos después, España, derrotada, abandona el Virreinato y nace lo que hoy son, oficialmente, los Estados Unidos de México.
- No exactamente: como decía en el párrafo anterior, el Estado recién nacido tenía entonces una extensión algo más del doble que la actual, en la que habitaban no sólo los descendientes de los aztecas y de los españoles: cerca de cien grupos étnicos distintos (Mayas, Olmecas, Totonacas, toltecas, tlaxcaltecas, chichimecas, zapotecas, lacandones…) y otras tantas lenguas, poblaban el nuevo país.
- La malhadada guerra contra los Estados Unidos entre 1846 y 1848, sumó al vencedor, los territorios de California, Texas, Arizona, Nuevo México y Utah, y parte de Colorado, Oklahoma, Kansas y Wyoming. Un vecino rapaz que se hizo grande a costa de México. (Volvió a invadir México en tiempos de la Revolución, persiguiendo al legendario Pancho Villa, pero éste copó al ejército gringo y lo devolvió a su país con las orejas cortadas. En USA no se habla de esta expedición fallida).
Volvamos al Virreinato
- Hace muchos años que las opiniones sobre el papel de España en América pueden llegar a ser diametralmente opuestas. En todo caso, es un hecho probado que, desde que se tuvo noticia del descubrimiento de las nuevas tierras, la Monarquía Española consideró a los habitantes de los territorios descubiertos, súbditos de la Corona.
- Aplicó, pues, el mismo principio que inauguró el Imperio Romano al extender la ciudadanía a los habitantes de las Provincias del imperio. Y los reyes de la España de los siglos XV al XVII legislaron en consecuencia, tratando de proteger a los nuevos súbditos.
- La lectura, el contenido de la Legislación de Indias demuestra que habrían de pasar más de dos siglos para que, en plena Revolución Industrial, las potencias europeas fijaran por Ley derechos para sus trabajadores que llevaban promulgados a favor de los nativos americanos desde finales del siglo XV.
- De tres a cinco meses, a veces más: ése era el tiempo que tardaban los galeones españoles en llegar de Veracruz a Sevilla, o viceversa. ¿Puede extrañar a alguien que a esa distancia real de la metrópoli fueran frecuentes los abusos entre dueños y sirvientes?
- Muy frecuentes, desde luego, como denunciaron antes que nadie plumas españolas y como trataron de corregir los Visitadores y Veedores, funcionarios reales enviados a la Nueva España para corregir tropelías y castigar a los culpables. Más de un encomendero acabó colgado (y bastantes de estos funcionarios de la Corona terminaron ahorcados por los que iban a corregir).
- Pese a todo, un somero recorrido por el México actual, asombra al visitante que contempla los vestigios que puntean el esfuerzo de nuestros antepasados. Ciudades como Veracruz, Zacatecas, Guanajuato, Querétaro, Oaxaca, Morelia, Taxco son una prueba de cómo afrontó el español de los siglos XV al XVIII su misión en Nueva España.
- Otra evidencia: las cinco primeras Universidades del continente americano no cuentan entre sus fundadores a ingleses, franceses u holandeses, sino a españoles. La primera no española, obra del Reino de Inglaterra, la de Harvard, data del 1636; noventa y ocho años posterior a la de Stº Tomás de Aquino, de Santo Domingo (1538) y poco menos que la Real y Pontificia Universidad de México (1551), de la que procede la actual UNAM.
La vetusta leyenda negra y la moderna
- Cuando el Imperio Español era envidiado por las restantes potencias europeas, fue sencillo cubrir de oprobio la hazaña llevada a cabo por las gentes de un Reino despoblado y pobre: nosotros mismos, los españoles y sus jueces, suministramos los materiales. Ningún inglés habría sobrevivido si hubiera sido tan crítico con su Emperador como lo fue Fray Bartolomé de las Casas con el suyo; y ningún holandés, metido en pleito con un alto cargo de su país, hubiera osado dejar por escrito los descarnados argumentos esgrimidos en el juicio, como lo hizo cualquiera de los litigantes contra Virreyes o Comendadores en los Juicios de Residencia. Esa fue la materia prima de la que se nutrió la Leyenda Negra; el resto fue cuestión de interpretación.
- Aquella ola pasó y hubo que esperar al siglo XX para que, fieles lectores del opúsculo de Stalin "Sobre el papel del nacionalismo en la lucha de clases", Diego Rivera, Siqueiro, Orozco, geniales muralistas, desde luego, dedicaran sus pinceles a reescribir la Historia. Los murales del Palacio Nacional de México, de Diego Rivera, son una maravilla pictórica… Y un lamentable panfleto político carente del menor rigor histórico.
- Y hace cuatro días, como quien dice, a un tal Antonio Manuel López Obrador, Presidente de la República Mexicana, no se le ocurre mejor cosa que escribirle al Rey de España, a Felipe VI, exigiéndole que pida perdón por lo que hicieron sus antepasados hace cinco siglos. Dados sus apellidos es bastante más verosímil rastrear abusadores entre los antecesores de AMLO que entre los de Felipe VI. ¿No habría sido más lógico, aunque también más arriesgado, desde luego, pedirles a su vecino del norte que repusiera sus fronteras al punto originario?
- Y su epígona, la actual Presidenta Claudia Sheinbaum, insiste. Felipe VI, escogiendo para la ocasión un entorno semioficial, le comenta al Embajador mexicano, que, pese a las buenas intenciones de los Reyes de la época, "hubo abusos". Desde luego que los hubo ¿Cometidos por quiénes? ¿Por los antecesores de Pedro Manuel López Obrador? ¿Por los padres de los que se alzaron en armas y declararon independiente al país donde habían nacido y crecido? ¿Se alzaron para detener los abusos contra los nativos, o los de la metrópoli contra ellos, los criollos, o sea, los nacidos de padres o abuelos o tatarabuelos españoles?
- Ni USA, Ni UK, ni Portugal, ni Francia, ni Bélgica han pedido perdón a nadie por las barbaridades cometidas por quienes ocuparon territorios habitados por pueblos que llevaban allí milenios. Algunas de estas gestas heroicas son de hace bastante menos tiempo ¿Por qué el empeño de que lo hagamos nosotros, y el masoquismo de algunos compatriotas que les parece de perlas la petición, no de disculpas, sino de perdón?
La curiosa disculpa de que "eran otros tiempos"
- Sí, eran otros tiempos, y mientras los españoles, tan fanáticos, tan sanguinarios, hacían cosas tan tremendas como casarse con las nativas, porque así lo recomendaban sus Reyes, los civilizados reyes británicos y holandeses, concedían patentes de corso a troche y moche para hundir los galeones españoles, no sin antes haberlos desvalijado de sus pertenencias.
- ¿Otros tiempos? Cierto: bastante antes de que el Rey Leopoldo se declarara dueño del inmenso Congo Belga en cuyas lejanas posesiones se cometieron atrocidades inimaginables en el Virreinato de Nueva España.
- Antes y ahora, ha habido y hay un lazo muy visible entre México y España. Y así, cuando el General Franco se levantó en armas contra la República, uno se de los más preclaros Presidentes de la República Mexicana, Lázaro Cárdenas, no sólo se negó reconocer al régimen surgido del golpe de Estado, sino que acogió con los brazos abiertos al Gobierno de la República y a lo más granado de los que tuvieron que marchar de su patria. Magistrados poetas, arquitectos, médicos, maestros, ingenieros, encontraron en México una segunda patria, para bien de ambos países. Permítanme una anécdota personal: en mi primer viaje a México me beneficié de los servicios profesionales de Néstor de Buen, catedrático de Derecho del Trabajo, español que llegó a México siendo poco más que un niño acompañando a su padre, Demófilo de Buen, cuyos textos de Derecho Civil yo había consultado durante mi carrera. Verifiqué que la Ley Federal del Trabajo, vigente en México hace treinta años, era un trasunto de la Ley de Contrato de Trabajo española del 31, copiada en sus tres cuartas partes por la Ley del mismo nombre del 44.
- Srª Presidenta de los Estados Unidos de México: México, el México que conocemos no lo entendería ni usted si pretende sacar de la ecuación el parámetro España. Ahora, el Rey Felip VI ha admitido, y tiene razón, que en el Virreinato, pese a lo que legislaban los monarcas de la época, se cometieron abusos. Ya está dicho. Ahora, acaso le quede tiempo libre para limpiar a su país de los horrores que se le atribuyen a los cárteles de la droga, o a detener la plaga de feminicidios que ensombrecen algunas ciudades del norte, o a encontrar a los desaparecidos cuya ausencia pone en entredicho a las autoridades que dependen más o menos directamente de usted. Tenga usted un feliz mandato.