sábado, 30 de abril de 2022

Escuchas ilegales y medidas anticrisis

Otra quincena convulsa

El lunes 18 de abril del 2022, "The New Yorker", semanario neoyorkino del que Dª Margarita Robles no había oído hablar y que para cierto diputado de C’s es un periódico canadiense, publicaba un trabajado artículo en el que, en síntesis, cuenta que más de sesenta teléfonos de políticos catalanes, activistas y abogados han sido espiados con "Pegasus"

La investigación del Citizen Lab, a quien se había encargado la investigación sugiere que el gobierno español ha utilizado Pegasus, el programa israelí que sólo se vende a Gobiernos.

En todo caso, hechos ya viejos, ocurridos hace más de dos años, parecidos o idénticos a los que en su día habían motivado actuaciones judiciales en juzgados catalanes.

Diez días después, el 28 de abril, tal como estaba previsto, se ha debatido, votado y aprobado, el Decreto Ley de medidas urgentes para combatir los efectos de la guerra de Ucrania sobre la economía española.

El texto ha salido adelante pese al voto en contra de la oposición habitual (PP, Vox y C’s) a la que en esta ocasión se ha unido ERC. 

Mientras tanto, en plena tormenta levantada por el supuesto espionaje a líderes independentistas, un Decreto de la Presidencia del Parlamento había modificado las mayorías necesarias para formar la Comisión de Secretos Oficiales, permitiendo, también el mismo día 28, la presencia en ella de Vox y de formaciones independentistas catalanas y vascas.

Esta Comisión estaba bloqueada desde el comienzo de la legislatura, por vetos cruzados que hoy han devenido irrelevantes. Al final, en este órgano de control se sientan junto al PSOE y al PP, Vox, Unidas Podemos, ERC, Junts, Ciudadanos, PNV, EH Bildu y La CUP.

Estos son los hechos. Lo llamativo de toda esta doble historia es que acontecimientos sin aparente relación entre ellos se hayan influido mutuamente hasta el punto de nublar la perspectiva de lo que estaba en juego, en un caso y en otro.


Algunas preguntas

  • ¿Es casual que la información de "The New Yorker" vea la luz en un momento tan delicado? ¿Ustedes qué creen? Los hechos de los que habla el trabajo del semanario datan, como decía, de hace más de dos años. 
  • ¿Tiene el Gobierno Español, es decir, el CNI el programa "Pegasus"? Ni lo sé ni tengo a quien preguntárselo, porque la actual Ley de Secretos Oficiales prohibiría contestar a quienes conocen la respuesta. No obstante, en mi opinión, si no lo tiene debería ir a comprarlo ahora mismo. No se puede dar ventajas al contrario, y, al fin y al cabo, el CNI es la organización que trata de averiguar cuanto pueda suponer un riesgo para la seguridad nacional. Sus agentes son espías, desde luego, pero son nuestros espías ¿O les deberíamos prohibir escuchar a escondidas?
  • Si, como supongo, el CNI tiene "Pegasus" ¿Lo utilizó? Pues tampoco lo sé, pero espero que sí ¿O para qué habría de comprarlo si no?
  • ¿Y a quién espiaron los espías? ¡Ah!, pues eso sí que no lo sabemos, y es posible que sigamos sin saberlo con o sin comisión de secretos constituida. Lo cierto es que hemos oído algún que otro nombre conocido, hemos escuchado muchas quejas, pero pruebas, lo que se dice pruebas, ninguna, más allá del estudio de "The New Yorker" que no sé hasta qué punto sería admitido como tal en un Tribunal.
  • En el hipotético supuesto de que haya habido escuchas ¿Estaban autorizadas por los Magistrados del Supremo que están a cargo de estas habilitaciones? Tampoco lo sabremos. Insisto: ni una cosa, ni su contraria. 
  • ¿Y quién suministró el material a la revista neoyorkina? Podría haber sido (pero podría no haberlo sido) alguno de los perjudicados por el supuesto espionaje que pidió la ayuda de no recuerdo qué laboratorio de Toronto para ver si su teléfono había sido manipulado. Lo que no está tan claro es si el diagnóstico de los "torontinos" despeja la duda de quién pudo ser el responsable del pinchazo. Como tampoco sabremos, con toda probabilidad, por qué esto sale ahora a la luz y no hace un año o año y medio o nunca.

Sigamos preguntando

Hace ya la friolera de 2.600 años, Sun Tzu afirmaba que "todo el arte de la guerra está fundado en el engaño" así que recomendaba: "haz por conocer al enemigo mejor que a ti".

En todo tiempo y lugar, los Gobiernos han procurado saber de dónde pueden venirle los problemas. A veces basta con preguntar, otras con observar, pero en muchos casos es necesario conseguir la información sin permiso de quien la tiene. De ese menester se ocupan los espías, los agentes de información que son héroes cuando trabajan para ti y villanos cuando eres tú el espiado. Así ha sido siempre: KGB o CIA son hermanos gemelos, y primos hermanos del MI5, del "Deuxieme Bureau", y de nuestro más castizo CNI.

Si eso es así, si lo sabemos todos, si estamos seguros de que no podemos, ni debemos, ni queremos prescindir de esta herramienta, si estamos al cabo de la calle de que por muchos controles que intentemos establecer sobre las actuaciones de quienes trabajan en la oscuridad, protegidos por normas que nosotros mismos hemos aprobado, bien sea que por método indirecto ¿A qué viene ahora rasgarse las vestiduras? 

Pues depende de cada escandalizado, las razones pueden ser distintas

  • ¿Tenemos que creer que a PP, Vox y C’s les han molestado tanto las escuchas a los líderes del secesionismo catalán?
  • ¿El berrinche de Unidas Podemos podría tener algo que ver con que en poco tiempo estaremos de nuevo en campaña electoral o se trata de su peculiar modo de ver España? Porque ¿recuerdan el interés de Don Pablo Iglesias en tener bajo su capa al hoy denostado CNI? ¿Trataba de desactivarlo, de domesticarlo o de saber a qué se dedicaba?
  • ¿No es verdad que este asunto de las supuestas escuchas clandestinas ha dado vidilla al tambaleante discurso nacionalista catalán cada vez más mortecino y con cuotas de adeptos a la baja?

Lo sorprendente es que, de pronto, parece haberse olvidado el fondo de la cuestión, si hubo escuchas y si estaban o no debidamente autorizadas, para centrarse en la composición del órgano que deberá ¿controlar? este tipo de actividades. En definitiva, el cambio de rumbo que desbloquea después de dos años en el limbo, la constitución de la Comisión de Secretos Oficiales.

No creo que vaya a hacerme demasiado popular en según qué sector de mis lectores, con lo que estoy a punto de decir, pero es lo que pienso:  la verdadera anomalía democrática es la existencia de vetos cruzados para impedir la presencia de tal o cual Partido en una Comisión Parlamentaria.

¿Quiénes se han creído que son los que osan discriminar a aquellos que se sientan en el Parlamento, con los mismos derechos y por las mismas razones que ellos? Me da igual de quién hablemos, Vox y la Cup tienen los escaños que tienen porque los han votado ciudadanos españoles que gozan en plenitud de sus derechos civiles. Ninguno de sus votantes tenía limitado el ejercicio del sufragio y dio su voto a quien le dio la gana. Y, perdón por señalar con el dedo, pero hablemos de ERC, de Bildu o, de nuevo, de Vox, lo estamos haciendo de Partidos legales, contra los que ningún Tribunal ha encontrado motivos para ilegalizarlos. ¿No les gusta como piensan? ¡Pues no les voten! Pero mientras estén en el Parlamento son tan iguales entre ellos como los votantes de unos y de otros entre sí ¿O en qué creen que consiste la democracia? ¿O no se dan cuenta de que por este camino volveremos a dejar sin voz a la mitad de España?


Sigo sin dar crédito

Y en mitad del fragor de las escuchas, con argumentos tan sólidos como dar por falso lo que vaya a decir el oponente antes de que haya hablado, como rechazar la oferta antes de haberla leído, como negar el pan y la sal a quien plantea alternativas escritas, como seguir insultando en vez de argumentando, se llega a la votación de un texto que ni de cerca ni de lejos tiene algo que ver con si hace dos años espiaron o no a los líderes del secesionismo catalán, si se hizo o no de acuerdo con las preceptivas autorizaciones.

Y en esa votación, recuérdenlo cuando pase el tiempo, ERC, PP, Vox y C’s votaron en contra. Puedo entender a Vox, está en su papel, pero ¿éste es el nuevo PP? ¿Qué más da lo que haga C’s? Bastante tiene con seguir contando los afiliados que pierde ¿Y tanto le preocupa a ERC lo que puedan echarle en cara los acólitos del eterno fugado? Lean, lean el texto del Decreto Ley y díganse si era sensato correr el riesgo de perder lo bueno porque no alcanzaba lo mejor.

"Ahora, para que se fastidie el sargento, hago la guardia sin manta", ¿No les suena esa broma? Me recuerda los alegatos en contra del Decreto que se votó el jueves pasado:   como no recoge lo que yo pido, no quiero lo que me den, aunque me beneficie. El problema es que detrás del Decreto estamos los ciudadanos.

Soy de los que creen que podía haberse ido más lejos y haberse hecho antes, pero no me parece razón suficiente para prescindir de los puntos positivos de lo que se ha aprobado.

Así que, si eso es así, tengo que suponer que, en realidad, como tantas otras veces, no se trata de saber qué dice el texto sino quién lo propone. O sea, en corto y por derecho, se trata de desgastar al Gobierno, no importa a qué precio, porque tiempo tendrá el sucesor de arreglar las cosas. Es posible, pero si es así, debería decirse sin tapujos, porque al menos sabríamos por qué hay que seguir con el cinturón cada vez más apretado.




viernes, 22 de abril de 2022

 Mascarillas, cordones sanitarios y listas más votadas

Vuelta a la vieja rutina

Disculpen mis fieles lectores si el sábado pasado, Sábado de Gloria, los dejé ayunos de mis ocurrencias. Y sigan disculpando mi optimismo, si barrunto algún pesar por el descanso que les procuré. León, su Semana Santa, sus piedras, sus tierras, su cocina y, por encima de todo, la compañía de unos amigos inmejorables me alejaron de mi terminal. Doy por supuesto, no obstante, que todos han sobrevivido a semejante dieta de palabrería.

Volvamos, pues, a la rutina. Relativamente que, como estarán comprobando, esta semana publico en viernes. Servidumbres del trajín de andar de un lado para otro.


Pescar en río revuelto: aquellas compras de la primera ola 

Quiero empezar comentando lo que oigo y leo a propósito de algunas compras de esas humildes mascarillas que, precisamente estos días, a punto han estado de ser enviadas al baúl de los recuerdos.

La globalización nos sorprendió desprevenidos; no sólo a nosotros, sino a medio mundo. Tardamos en saber qué estaba pasando y cómo protegernos. Descubrimos aterrados que no teníamos nada de lo que necesitábamos para hacer frente a la más inesperada emergencia que estaba zarandeando al mundo entero. Ni disponíamos de lo imprescindible, ni podíamos improvisarlo, ni era sencillo ir de compras cuando otros más ricos o más influyentes andaban a la greña en mercados dispuestos a explotar su oportunidad.

Varias veces al día escuchábamos las crecientes cifras de contagiados, de ingresados, de cadáveres. ¿Recuerdan todo aquello? Ése es el telón de fondo de los flagrantes abusos (dejo para los jueces la calificación penal de los hechos) de los que ahora nos llegan noticias. Noticias alarmantes, aireadas por quienes creen que pueden sacar algún rédito político de lo ocurrido.

Así que parece evidente que en ocasiones, terminamos en manos de logreros sin escrúpulos que se prevalieron del viejo principio de que necesidad más escasez es igual a precios y ganancias astronómicos.

¿De qué nos extrañamos? Siempre ha sido igual: el "estraperlo" cambiará de nombre, pero siempre lo tendremos entre nosotros No importa cuán grande sea el dolor ajeno, las necesidades extremas de los demás, siempre tendremos cerca desaprensivos dispuestos a exprimir las penurias del prójimo para enriquecerse.

¿Ejemplos? Búsquenlos si quieren, no importa en qué tiempo, en qué país, por causa de qué, una guerra, un cataclismo… una epidemia. Sólo un recuerdo pavoroso: durante el sitio de Leningrado se consumió carne humana; la más apreciada era la de niño recién sacrificado. Se "cazaba" a un crío, se le mataba y se vendía su carne. Que era comprada y consumida, porque el instinto de supervivencia pone tu vida por delante de las ajenas.

Alguien, hace unos días, ha llamado pillos a los que compraron mascarillas a diez y las vendieron a cien. Lo hicieron con dinero público y por cauces poco ortodoxos. Inventaron empresas, fueron, vinieron y se enriquecieron a nuestra costa ¿Pillos? ¿Cómo los niños que hurtan un caramelo del kiosko de las "chuches"? Un tanto benevolente me parece el comentario, pero ¿qué más da?

Oigo hablar de corrupción. Es más que posible, aunque, habrá que verificar si ha vuelto a funcionar el consabido mecanismo de comprar con dinero, regalos o favores las decisiones de los responsables del poder político.

La situación de emergencia, la inusitada urgencia de conseguir material protector cuanto antes, viniera de donde viniera y costara lo que costara, justificó el levantamiento de los controles. Entonces, en aquellos días, era comprensible; la mayoría dimos por buenas las excepcionales formas de ir por lo que necesitábamos a donde quiera que pudiera hallarse.

No quiero centrarme en ningún supuesto concreto porque doy por descontado que en poco tiempo conoceremos más casos, además de ése que ustedes y yo sabemos que está dando tanto que hablar. Los amigos de los que ahora están en la picota serán los primeros en buscar ejemplos de que "en todas partes cuecen habas". Un pobre recurso exculpatorio.

Así que, decía, tal vez no haya habido corrupción en el sentido técnico de la expresión; quizás sea más exacto hablar de nepotismo, tráfico de influencias, uso de información privilegiada… que también habrá que probar.

¡Y el grotesco modo de gastar enseguida los dineros llovidos del cielo! No obstante, ése proceder impropio no ya de gentes de presumen de nobles cunas, sino de simples ciudadanos con los pies en la tierra, ésa obscena manera de tirarse en plancha sobre algunos símbolos de lo que el medio pelo profesional considera el paradigma de la riqueza, yates, automóviles "de alta gama", relojes, ésa ostentación rayana en lo ridículo, puede encorajinar al ciudadano pero no constituye delito. No en sí misma. 

Puede encolerizarnos, pero no es ésa la cuestión. Habrá que investigar el resto, es decir si hubo connivencia entre el peticionario y el suministrador, si la autoridad que intervino actuó con arreglo a las escasas normas que sobrevivían, si se documentó el proceso, si alguien mintió, si lo entregado se correspondía con lo demandado, si la ganancia percibida tributó como es debido hasta el último céntimo, si los responsables políticos sólo no lo han sabido hasta ahora, si, si… 

Y habrá que hacerlo, estoy seguro, en decenas de casos, lo que con nuestras normas procesales vigentes, es posible que para cuando celebren las bodas de plata los que se casen este fin de semana, puedan llegar a saber en qué paró todo este descomunal despropósito. Mientras tanto, los de la derecha, los de la izquierda y los que los flanquean seguirán jugando a su juego favorito: "¡Y tú, más!".


Cordones sanitarios y listas más votadas

Nos llenamos la boca hablando de lo que hacen franceses y alemanes; envidiamos el muy democrático proceder de galos y teutones cuando todos se conjuran para aislar a la ultraderecha. Y nos rasgamos las vestiduras cuando en uno de nuestros territorios, conservadores y populistas de derechas forman Gobierno.

Otros, con tanto derecho a la palabra como los que comento, llevan tres años discutiendo la legitimidad de un Gobierno, el de España, tan salido de las urnas como el de Castilla y León. 

Unos y otros parece que vieran su país por un canuto: sólo alcanzan a observar el pequeño espacio al que dirigen su catalejo. Ambos grupos le piden al otro bando que pacte sólo con quien ellos creen libre de pecado. Ni aquellos ni estos se preguntan qué hicieron mal cuando mandaban para que sus votantes hayan cambiado de parroquia, así que lo mejor es rasgarse las vestiduras y clamar por la excomunión de quienes están en sus antípodas ideológicas.

Lo curioso es que cuando, hablando de exclusiones, se dice "en Europa", se oculta que sólo se trata de un minúsculo grupo de países, porque Alemania proscribe por Ley tanto a nazis como a comunistas, porque en Italia ha gobernado una atrabiliaria coalición de antisistema de derecha e izquierda, porque Portugal sigue gobernada por una coalición socialista y comunista, porque el cordón de marras no funciona en los Países Bajos. Eso, por no hablar del Grupo de Visegrado, que puede no gustarnos pero que lo forman países que siguen siendo miembros de esa Unión Europea que tanto citamos.

Lo que me llama la atención es la inconsistencia de quienes, por ejemplo, reclaman el derecho a gobernar de la lista más votada, añeja murga se mire por donde se mire, y lo hacen sólo cuando ésa lista es la suya; o quienes hablan de excluir de toda posibilidad de tocar Poder a tal o cual formación, cuando han tenido en sus manos la varita mágica que lo habría hecho posible: bastaría con haberse abstenido en el momento oportuno.

Y esto que digo va por todos: los que suspiran por la vuelta al bipartidismo y los que se regocijan con la fragmentación actual. Recuerden: la abstención del PP habría hecho innecesario el doloroso "sacrificio" de Sánchez teniendo que pactar con quien decía que le quitaba el sueño. Del mismo modo, la abstención del PSOE en Valladolid habría dejado en la cuneta a Vox.

¿Todo el poder para la lista más votada? ¿Seguro que eso garantiza la estabilidad? ¿Y qué ocurriría con un Gobierno respaldado nada más por un tercio de la Cámara cuando haya que aprobar los Presupuestos Generales del Estado? ¿Verdad que es algo que exige más compromiso, más acuerdo, menos sectarismo, menos insultos? 

Mientras tanto, unos y otros acusan al contrario de hacer lo que ellos mismos vienen haciendo desde que la presencia de terceros y cuartos Partidos les ha complicado la vida. Tanto, que se han olvidado de que la política es negociación, pacto, cesión. Así que, si añoran los tiempos en los que era cosa de dos, pónganse a la tarea, hablen en vez de ladrar, exploren territorios comunes y sienten las bases del entendimiento. España y los votantes se lo agradeceríamos.




sábado, 9 de abril de 2022

 Criminales de guerra

De nuevo el horror

Puntual a su cita con el dolor, el segundo caballo del Apocalipsis, el corcel rojo de la guerra, galopa de nuevo. 

Pendientes de verificación por investigadores independientes que conviertan nuestras certezas morales en pruebas judiciales, es bastante más que probable que el ejército ruso esté cometiendo en Ucrania las mismas barbaridades que se repiten una y otra vez desde la noche de los tiempos: civiles masacrados, mujeres violadas, viviendas saqueadas, ciudades indefensas destruidas, pueblos deportados.

Una vez más, sí, en nuestros días, cuando creíamos que esas atrocidades pertenecían a la historia antigua, al cautiverio judío en Egipto, al ensañamiento con que atenienses y espartanos se destrozaron en el Peloponeso, al exterminio de los armenios por el Gobierno de los Jóvenes Turcos, nuestras pantallas caseras nos acongojan varias veces al día mostrándonos qué clase de bestias seguimos siendo.

Joe Biden, el otro polo de la contienda, ha hablado de crímenes de guerra, ha llamado criminal a Vladimir Putin. Es posible que tenga razón, tiendo a pensar que si el acusado llegara a sentarse ante el Tribunal competente podría ser calificado como tal, aunque no sé si el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica es la persona más indicada para actuar de fiscal; no tanto por él mismo, sino por el país que representa. 

¡Crímenes de guerra! ¿Retórica, reiteración o deseo colectivo de ascender un escalón en el camino de la dignificación de la especie? "El concepto moderno de “crímenes de guerra” es estúpido: la guerra consiste, sobre todo, en crímenes en todos los frentes y del primer al último día", dice Javier Marías. Algo muy parecido a lo que escribió Séneca hace dos mil años: "Los homicidios individuales los castigamos pero ¿qué decir de las guerras y del glorioso delito de arrasar pueblos enteros? Hechos que se pagarían con la pena de muerte los elogiamos porque los comete quien lleva insignias de general. El ser humano no se avergüenza de hacer la guerra y de encomendar a sus hijos que la hagan".

Creo, por mi parte, que en cualquier guerra sólo hay dos bandos, el de los malos y el de los peores, dando por supuesto que "los peores" son siempre el otro, el enemigo; todo es cuestión de saber en qué trinchera estás, y de escuchar sólo a los tuyos, porque en cualquier conflagración la verdad es siempre la primera víctima. Me pregunto sino es ingenuidad rayana en la hipocresía hablar de crímenes de guerra cuando en todos los conflictos armados se trata de acabar con el enemigo lo antes posible y al menor coste propio en vidas y bienes.


Qué entendemos por "Crímenes de Guerra"

Pese a todo, admitamos que el intento de civilizar la guerra, por más inútil que se revele una y otra vez, tiene un trasfondo ético que vale la pena compartir y mantener.

La expresión es moderna; de anteayer como quien dice: aparece en las cuatro Convenciones de Ginebra que fueron firmándose entre 1864 y 1950, completadas por tres Protocolos, el último de los cuales data del 2005.

Las obligaciones que se derivan de ellos afectan a los países firmantes, aunque extienden o pueden extender sus efectos al resto. Entre el concepto de "crimen de guerra" y el desarrollo del llamado "Derecho Internacional Humanitario" se ha ido configurando un cuerpo de prohibiciones que tratan, con escasa fortuna, como cada conflicto armado se encarga de demostrar, de lograr la cuadratura del círculo: civilizar la barbarie.

Tanto las Convenciones de Ginebra como el Derecho Humanitario (expresión cuyo contenido podría ya rastrearse en el Código de Hamurabi) intentan prohibir conductas execrables que, sin embargo se repiten en cada nuevo conflicto: el respeto por los civiles, la protección de las instalaciones no militares, el trato a dispensar a los prisioneros de guerra o a los heridos… Obligaciones olvidadas una y otra vez desde el comienzo de la historia.

Los civiles, los prisioneros, las mujeres, los niños, han sido siempre víctimas propiciatorias, precisamente porque son vulnerables y por el efecto desmoralizador que sus sufrimientos provocan en los combatientes 

  • El Egipto de los Faraones deportó en masa al pueblo judío.
  • Gengis Kan decapitó un número de prisioneros suficiente para construir con las cabezas cortadas una pirámide más alta que la muralla china: el ejército defensor huyó despavorido.
  • En la vieja España, durante casi ocho siglos, sarracenos y cristinos, por riguroso turno, asolaban las tierras enemigas, destruían pueblos, capturaban esclavos, violaban mujeres, degollaban inocentes y volvían satisfechos a sus cuarteles.
  • Los aztecas guerreaban para capturar víctimas cuyos corazones eran ofrendados a  Huitzilopochtli (el "Huichilobos" de las crónicas hispanas) para granjearse sus favores. Los guerreros que los capturaban eran considerados héroes.
  • Y los soldados de Carlos V saquearon Roma, Hitler bombardeó Londres, los aliados laminaron Dresde o Hamburgo, mientras el Ejército Rojo, cruzadas las fronteras alemanas, violó a más de seiscientas mil mujeres sólo en la antigua Prusia.
  • En los estertores del siglo XX, Chechenia padeció los mismos horrores que hoy estamos viendo en Ucrania. En parte porque nos quedaba muy lejos y en parte porque siempre hubo dudas sobre el papel que saudíes y norteamericanos habían jugado en aquella guerra, la prensa  y la política occidental ignoró la tragedia que vivieron los chechenos.

¿Por qué toda esta barbarie? Porque el terror es un arma estratégica, porque el pánico paraliza, porque, como decía Arthur Koestler, desde un punto de vista estrictamente militar, el humanitarismo es siempre una desventaja, porque se trata de destruir el alma enemiga, cuanto antes y por cualquier medio posible.


Un Tribunal para juzgar a los criminales de guerra

¿De qué vale una Ley si los que la incumplen no pueden ser juzgados, condenados y castigados? A este fin, hace muy poco tiempo, finales del siglo XX, tras las penúltimas demostraciones de la locura humana, los genocidios balcánicos y ruandés, tomando como precedente los Tribunales de Nuremberg y Tokio, se ha creado la Corte Penal Internacional, el también llamado Tribunal de la Haya.

Loable intento, desde luego… que sufre el mismo problema de origen que las Convenciones de Ginebra: sometidos a su jurisdicción los países firmantes del Estatuto de Roma 1998, han quedado fuera de su órbita nada más y nada menos que los Estados Unidos de Norteamérica, Rusia, China, Israel, Cuba o Irak amén de algunos otros menos significativos que se han negado a reconocer la capacidad del Tribunal para juzgar sus conductas.

Es decir, si repasan la lista, algunos de los que, con toda probabilidad, más motivos tendrían para temer la actuación de este Tribunal.

Y ése es el problema, que mientras el Presidente Biden acusa a Putin de criminal, él mismo sigue sin reconocer la virtualidad del Tribunal que podría juzgarlo. Ni él, ni Obama deshicieron lo que hicieron presidentes como George Bush o Donald Trump:

  • Firmar más de sesenta acuerdos bilaterales de inmunidad, en su mayoría con pequeños países con frágiles democracias y débiles economías.
  • Prohibir desde 2002 facilitar ayuda militar a los países sometidos a la jurisdicción del Tribunal de la Haya.
  • Autorizar al Presidente de los Estados Unidos a utilizar  "todos los medios necesarios y adecuados para lograr la liberación de cualquier personal estadounidense o aliado detenido o encarcelado, en nombre de, o a solicitud de la Corte Penal Internacional",
  • Para rizar el rizo, Donald Trump firmó una orden ejecutiva permitiendo sanciones económicas y restricciones de viaje contra trabajadores de la Corte directamente involucrados en la investigación referente a la actuación de las tropas norteamericanas en Afganistán.

¿Escandaloso? O no. Mera consecuencia de la noción de imperio: ninguno, desde el hitita al británico  se ha sometido a Tribunales ajenos. Eso queda para los vencidos.


¡Vae victis!

Cuenta Tito Livio que allá por el 390 antes de Cristo, el jefe galo Breno infligió una dolorosa derrota a las legiones romanas. Firmada la paz se obligó Roma a pagar un tributo en oro al vencedor. Durante el pesaje de las monedas, algún romano advirtió que la balanza estaba trucada y protestó. Breno, al grito de ¡Ay de los vencidos! sacó su espada y la tiró sobre el platillo de las pesas para hacer aún más gravoso el tributo.

Así continúa sucediendo: hechos de semejante gravedad se valoran de modo distinto dependiendo de quién sea el relator.

  • En marzo del 44, en plena debacle de las fuerzas del Eje, como represalia a un atentado partisano, las SS fusilaron sin más a 335 prisioneros en las Fosas Ardeatinas en las afueras de Roma. Cuatro años antes, el Ejército Rojo había acabado con la vida de casi 22.000 oficiales, intelectuales y políticos polacos; setenta veces más. Rusia sigue negando el hecho.
  • En marzo de 1968, el oficial norteamericano William Calley y los hombres a su mando, exterminaron a la totalidad de los hombres mujeres y niños de la aldea vietnamita de May Lay. Murió una cifra próxima a las 500 personas. El responsable fue condenado a tres años de arresto domiciliario, aunque terminó siendo indultado por Richard Nixon.


En estas condiciones ¿Qué esperamos que pueda pasarle a Putin?

¿Ustedes qué creen? Déjenme que les añada tres o cuatro comentarios finales.

  • No figura ni en las Convenciones de Ginebra ni en los Estatutos del Tribunal de la Haya, pero a efectos de lo que estamos tratando, el mayor, o acaso el único delito que acaba por ser condenado es perder la guerra y caer en manos del vencedor (ya saben, ¡Vae victis!)
  • No se me ocurre en qué circunstancias podría terminar Vladimir Putin ante el Tribunal de la Haya. ¿Quién lo llevaría hasta allí? ¿Tendría Mr. Biden el cuajo suficiente como para nombrar él mismo el fiscal que acusara al autócrata del Kremlin? Porque de momento ni siquiera reconoce la legitimidad del único Tribunal competente para considerarlo "criminal de guerra". 
  • Por otra parte, tendría que ser apresado fuera de sus fronteras ¿verdad? Ni siquiera contemplo la posibilidad de que un tercer país, pensemos España si fuera cierto que don Vladimiro tiene casa en "La Zagaleta", Marbella, se atreviera a arrestarlo y conducirlo esposado hasta Los Países Bajos ¿O ustedes sí?
  • Los juicios de Nuremberg, precedente lejano del Tribunal de la Haya, juzgaron delitos que lo eran en virtud de decisiones adoptadas después de los hechos juzgados. ¿Eso es justicia, venganza, o necesidad de dar un escarmiento para que las generaciones futuras tomaran buena nota de lo que es empezar una guerra y, encima, perderla?

No, no creo que, en definitiva, Vladimir Putin vaya a correr la suerte de quienes fueron llevados al Tribunal por sus fechorías durante la Guerra de Los Balcanes.



sábado, 2 de abril de 2022

 Las orejas del lobo

En plena resaca

Una semana; apenas ha pasado una semana desde que las carreteras y los mercados volvieron a una cierta normalidad cuando el transporte volvió a rodar; tiempo suficiente, no obstante, para reflexionar sobre síntomas, indicios, avisos que nos llegan de tanto en tanto sobre rumbos torcidos que deberíamos enderezar.

Nosotros, los españoles, hemos vuelto a caer en la trampa, como la práctica totalidad de países que habíamos creído las prédicas de los profetas del desarrollo sin fin. ¿Para qué enterrar el capital en los almacenes, cuando puede llegar a tu puerta lo que necesitas justo en el momento preciso? ¿Por qué pagar a 100 lo que se fabrica junto a tu corral trasero cuando puedes comprar a 20 el mismo artículo aunque venga del confín del mundo? ¿Qué necesidad tienes de mantener a tu costa a quienes puedes utilizar desde fuera de tu nómina? Llegó la edad de oro de la deslocalización, de la externalización, de la economía global, de la interdependencia absoluta. El apogeo de la logística: dime qué necesitas y yo me ocupo de todo.

Alguna advertencia clamorosa pasó sin que hiciéramos caso. 

  • Un porta contenedores atravesado en el Canal de Suez demostró la fragilidad de la economía desarrollada: una interrupción brusca del delicado mecanismo de los suministros había puesto el mundo boca abajo. 
  • La evidencia de que cuando atacó la Covid no podíamos producir medicinas o mascarillas, ni nosotros, ni los alemanes, ni nadie fuera de China, de India, del otro lado del planeta, en definitiva. Y seguimos como antes, lamentándonos, filosofando, perdiendo el tiempo.

Un nuevo aldabonazo, esta vez local

Precios de los combustibles desbocados, incremento constante inexplicable o inexplicado de la factura eléctrica, gestión política desconcertante de estos y de otros fenómenos, habían creado el descontento popular creciente, el caldo de cultivo ideal como para que en cualquier momento saltara la chispa que provocara el incendio.

Había habido un aviso en diciembre: el transporte amenazó con paralizar su actividad. No llegó a mayores porque las instancias oficiales, Ministerio de Transporte y Consejo Nacional del Transporte alcanzaron un acuerdo. Nadie supo ver los agujeros de la manta que cubría el problema: habían quedado fuera, huérfanos de representación, decenas de miles de transportistas autónomos.

Salido de quién sabe dónde, no seré yo quien vea conspiraciones sin verificar las pruebas, un ex camionero alzó la voz y tras él se agruparon transportistas autónomos suficientes para bloquear carreteras, sellar accesos a puertos y mercados, y congestionar vías y calles.

Algún atisbo de histeria timorata, común en estos casos, agravó las tensiones y, en momentos puntuales, llegó a palparse desabastecimiento de productos como leche, legumbres, arroz, aceite de girasol o pescados de según qué orígenes. 

Superado el mal trago, déjenme que comente algunas de mis impresiones


Cuando la ciudadanía salta sobre las instituciones

Ocurre de tanto en tanto. Los clásicos de la izquierda hablan del protagonismo de las masas en momentos pre revolucionarios. No es el caso, como no lo fue el mayo francés, o, entre nosotros, el 15 M o, más tarde, el movimiento de "los chalecos amarillos" que tanto incordió a Macron. 

Simplemente, en ocasiones, el corsé institucional se muestra insuficiente para dar cauce y solución a un problema complejo no previsto en los fines fundacionales de la institución desbordada.

En nuestro caso, los camioneros autónomos y las grandes patronales el sector no comparten intereses ni problemas. Los primeros no se sienten representados por el Consejo Nacional del Transporte, ni, por tanto, vinculados por sus acuerdos.

Tampoco tenían mucho que decir en este asunto los Sindicatos. No ha habido huelga sino paro de empresarios autónomos, que nada tienen que ver con el concepto de trabajador por cuenta ajena. Quejarse de inoperancia sindical en este caso es tan razonable como culpar de abulia a la Real Academia de la Lengua.

El Ministerio competente no supo diagnosticar el problema, erró cuando acusó de mala manera a los que se habían revuelto contra los acuerdos, y negoció no con quienes estaban en pie de guerra sino con los que consideraba únicos representantes de la totalidad del sector. Confundió legalidad con representatividad; el Consejo es un órgano legal y democráticamente elegido pero ¿qué tiene eso que ver con tratar de identificar quiénes se estaban manifestando, por qué lo hacían, qué pedían y con quién había que hablar?

Pasaba el tiempo, la situación se deterioraba, el cabecilla de la revuelta se veía cada día más envalentonado y empezaba a soñar con que podría salirse con la suya. Finalmente fue recibido por la Ministra. Salió convencido de que había ganado, pero en realidad había perdido. Él creía que el futuro era suyo: el paro seguiría creciendo, otros sectores se sumarían a su movimiento, y eso sería el principio del fin para el Gobierno. Demasiado arroz para tan poco pollo.


Los errores de un novato

No sé si fueron ocurrencias suyas o de asesores interesados en que el paro de transportistas no fuera sino la mina bajo la alfombra de Pedro Sánchez, pero la verdad es que las peticiones del camionero sin camión fueron una tontería y un imposible.

Exigir que la Ministra le pidiera perdón suena a música conocida; es una exigencia altanera de quien cree que ya ha ganado. El problema es que ni abarata costes, ni, al final, le importa a nadie salvo al ego crecido del que lo pide. Una tontería, ya digo.

Imaginar que el Gobierno de un país cuya Constitución entroniza la economía de mercado pueda garantizar por Ley que las empresas de todo un sector no pierdan dinero es una blasfemia política. Ni se puede hacer, ni se puede intentar. Otra cosa es que a quien ya ha perdido su empresa una vez, caso del líder de "La Plataforma", le parezca una ingeniosa manera de volver a intentarlo. Pero ¿por qué habría que garantizárselo a los camioneros y no a los hojalateros? ¿Y cómo tratar por igual al emprendedor diligente y al que lleva su negocio de cualquier manera? 

Tomemos nota, no obstante

Por esos errores, más el cansancio, más los efectos del paro sobre las economías de los que siguieron las consignas del convocante, el movimiento se desinfló.

Cierto, pero tal vez sea el momento de poner de manifiesto algunas evidencias 

  • Es difícil que esto hubiera pasado si las medidas de contención de precios de la energía y los combustibles se hubieran tomado antes.
  • Nuestra clase política debería hacerse a la idea de cada día va a tener que enfrentarse a situaciones más complejas en las que podría resultarle complicado encontrar la salida buscándola en los manuales de hace medio siglo. Ese tiempo se ha ido para siempre.
  • Acaso ahora sea buen momento para meditar cuáles de nuestras novísimas convicciones globalizadoras deban ser revisadas, no sea que otra epidemia, otro buque atravesado en cualquier punto estratégico, una barrera de seiscientos tractores, o un paro de los fabricantes de lapiceros, vuelva a poner la economía del país o la de todo Occidente en estado de coma.

¿Es que no hay un modelo de transporte alternativo?

Desde luego que lo hay: el semi olvidado transporte ferroviario; el tradicional y el de última generación. Más barato, más eficiente, menos contaminante, menos letal en términos de accidentes. 

En ocasiones, incluso más rápido: imaginen un Ave nocturno en unidades frigoríficas Almería/ Hamburgo. Los tomates que emprendieran el viaje a las 10 de la noche estarían en su lugar de destino en 12 horas. Fresas de Huelva, vía Madrid, Hendaya, París, llegarían quizás antes aún al mismo destino. 

Sí, ya sé: el AVE no llega a Almería ni a Huelva, y esa solución crearía problemas en el colectivo actual de transportistas por carretera. No demasiados si creemos las cifras que hemos escuchado sobre la necesidad de no recuerdo cuántos miles de nuevos conductores, pero sí, habría que afrontar ese riesgo. Como se hizo con tantos otros sectores, desde la minería del carbón a la siderurgia. ¿Qué debe primar, el bien común o el particular, perdón, el sectorial?  

¿Sería necesaria la reconversión del sector del transporte por carretera? Desde luego, aunque podría renacer como gestor del nuevo modelo. Por otra parte ¿Algún conductor de autobús ha llorado por la desaparición de las diligencias?