viernes, 22 de febrero de 2019

Las cosas por su nombre. Podemos (II)

Democracia económica.

Así titula Podemos el primer capítulo del programa electoral para las Elecciones Generales de 2016. Capítulo esencial en cualquier programa de gobierno, no importa cuál sea el color del Partido que lo formule.

No quiero caer en el maximalismo marxista de reducir el devenir histórico de la Humanidad y de cualquiera de sus pueblos a la Economía, sus instrumentos, el modo de producción de bienes y servicios, las relaciones entre los elementos de la producción, etc. etc. Sin embargo, hay dos cosas de las que no me cabe la menor duda: la importancia de los planteamientos económicos en cualquier tiempo y lugar, y la virtualidad de su formulación a la hora de clasificar un movimiento político dentro del abanico de posibilidades en un momento dado.

Es, pues, importante conocer qué proponía Podemos hace poco más de dos años a sus electores para determinar qué es la formación que estamos examinando y cómo se ubica en el escenario político español.

He aquí algunas de sus propuestas; las que a mi juicio mejor nos permiten calibrar al Partido nacido en Vista Alegre hace ahora algo menos de un lustro.

Plan Nacional de Transición Energética.

Me pregunto si la terminología de Podemos ha podido influir en el nombre de uno de los departamentos Ministeriales del efímero Gobierno Sánchez, vista la evidente influencia que en la llegada del todavía Presidente a La Moncloa tuvieron los votos y los acuerdos del PSOE con la formación morada. No importa demasiado, desde luego. Más calado tiene el que este apartado ocupe los primeros lugares del documento e incluya, entre otras, medidas tan significativas como éstas:

- Durante 20 años (¡20 años, nada menos!) se propone dedicar el equivalente a un punto y medio del PIB, vía inversión pública y privada a este propósito. Se supone que la aplicación de este Plan Nacional habría de crear 300.000 empleos al año, desde el primer año. 
   
Una de dos, o Podemos aspira a mantenerse en el poder, por sí o por delegación durante toda una generación (nadie lo ha logrado todavía en España desde que murió el General Franco) o debería saber que sólo a través de un amplísimo pacto de Estado puede garantizarse algo parecido. Nada se dice al respecto y pocas me parecen a mí las posibilidades de lograrlo con Podemos como eje central del acuerdo.

Por otra parte, de cumplirse las previsiones de empleo, en muy poco tiempo no es que hubiéramos acabado con el paro endémico, sino que necesitaríamos incorporar una creciente riada de trabajadores foráneos. Suena raro, pero así es como lo explica el Plan.

- Plan de Ahorro Energético, centrado en la rehabilitación de una discreta cifra de 200.000 viviendas al año (¿?) para conseguir convertirlas en hogares eficientes desde el punto de vista energético.
- Podemos apuesta por las energías renovables y habla de “democratizar el proceso de producción” de la energía a través de la propiedad de las industrias productoras que deberían estar en manos de Municipios, Pymes y consumidores. De cómo se llegaría a ese final a partir del momento actual, nada se nos dice. 

Tal como yo lo veo, una cosa es elegir la opción de las energías renovables frente al consumo de combustibles fósiles, encomiable, y más aún en un país como el nuestro, dependiente hasta ahora del suministro externo para conseguir energía, y otra bien distinta imaginar que la titularidad de estas nuevas formas de producción, por muy democrática que a Podemos le suene, pueda descansar en Municipios, pequeñas empresas y asociaciones de consumidores.

En definitiva, me suena a proclama electoral, que sonará muy bien en un mitin, pero que, hasta donde se me alcanza, me parece irrealizable, al menos si pretende dársele un carácter de solución global.

- En línea con la última propuesta, la medida 10 propone la recuperación de la titularidad pública de las centrales hidroeléctricas. Tengo la seguridad de que una operación como la que propone Podemos tendría serios problemas de encaje en la Unión Europea, pero, como veremos, no parece que este descuadre, sea algo que preocupe en exceso a los Profesores de la cúpula de Podemos.
- De hecho, en la medida nº 12, propone Podemos elaborar toda una propuesta alternativa a la actual estrategia energética europea. Tal vez piense incorporar la fórmula a la nueva estrategia. 

Fondos de Inversión Soberanos.
  • Es lo que propone la medida 23: “Pondremos en marcha fondos de inversión soberanos de carácter público, al igual que están haciendo algunos países europeos, como estrategia para evitar el riesgo de desnacionalización o desmembración de empresas estratégicas y también para impedir que los fondos buitre tomen el control de compañías decisivas para el tejido productivo”.
  • Algunas precisiones:
   > Salvo error por mi parte, sólo Noruega (precisamente Noruega, rica en excedentes petrolíferos) cuenta con un Fondo Soberano de carácter público. 
   > Los ejemplos que el mundo ofrece de fondos de estas características, nos llevan a países como Arabia Saudita, Dubai, China, Venezuela, Emiratos, todos ellos con excedentes financieros procedentes, en casi todos los casos -China es una excepción y Venezuela dudo de que siga en el grupo- de la explotación de recursos naturales de los que España carece. ¿Cómo piensa Podemos nutrir ese Fondo y conseguir que sea un sujeto activo en la economía no ya mundial, sino, siquiera, europea?
   > Todas las fuentes consultadas citan como una de las características negativas más relevantes de esos Fondos Soberanos, su opacidad, su difícil control por cualquiera de las instancias concernidas: desde el FMI a los ciudadanos y sus representantes del país de que se trate. Es obvio que un Fondo de estas características dotaría de un margen de maniobra enorme a quien lo controlara. Ni quiero, ni debo, aunque pueda, sacar conclusiones que sólo serían juicios de intenciones. 
  
Lo cierto es que después de su puesta de largo, esta parte del Programa ha caído en el olvido. Por cierto: el único excedente económico-financiero español digno de tal nombre aunque de una modestísima dimensión, imposible de comparar con el menor de los Fondos Soberanos que se mueven en el mundo, fue el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, la Hucha de las Pensiones de la que yo queda ni la memoria.

Política fiscal.

Hay una serie de medidas que tendrían fácil acomodo en cualquier formación política de centro, centro izquierda o izquierda e, incluso, en algunos casos de cualquier derecha moderna. Medidas que ya están aplicándose en muchos de los países de la Unión Europea desde hace años y, por así decirlo, no están ya en el debate político, sino que son valores asumidos.

  • El Plan Integral de Lucha contra el Fraude Fiscal (punto 44) es algo por lo que clamamos desde hace años millones de ciudadanos sabedores de que de su buen resultado podría depender el margen de actuación de los Poderes Públicos a la hora de proveer de bienes y servicios a los contribuyentes, o servir para reducir la presión fiscal.
  • Ampliar el plazo de prescripción de los delitos y obligaciones fiscales en general (punto 45), sea a los 10 años que Podemos propone, o a cualquiera que sea superior al actual, no sé qué efecto real tendría sobre la recaudación, pero sería percibida como una medida de rearme moral frente a la impunidad de los defraudadores.

Otras propuestas, todas en la misma dirección, son bastante más discutibles. La reforma del IRPF de la que habla el punto 46, penaliza y depaupera a la clase media, y la recuperación de los impuestos de sucesiones, patrimonio y donaciones, (P. 47) mete en el mismo saco a la alta burguesía y, de nuevo, a las clases medias.

La creación de un llamado “Impuesto de Solidaridad” a las entidades financieras privadas, (P. 52) además de parecerme una notable muestra de humor negro (no conozco ni un sólo caso de solidaridad en el que no se cuente con la colaboración entusiasta del que paga), se concibe como una medida transitoria, por los cuatro años de una primera legislatura y dice tener como finalidad compensar las ayudas públicas recibidas (y no devueltas, supongo)

Con todas estas medidas y las que ahora comentaré, esperaba Podemos incrementar la recaudación fiscal entre treinta y cuarenta mil millones de euros al año. Cifra conveniente, de imposible verificación, pero imprescindible para afrontar los costes de medidas que veremos en capítulos siguientes.

Endeudamiento público y privado.

Los mentores de Podemos deben de sospechar que bajo las alfombras de la deuda pública se esconden quién sabe cuántas toneladas de inmundicia, así que propone una auditoria de la deuda en Sede Parlamentaria (P.61) y su posterior  reestructuración. 

Reestructuración de deuda hipotecaria que el punto 63 extiende a las familias y en la que junto a la encomiable rehabilitación de la dación en pago se diseña un sistema de una más que dudosa legalidad que podría abrir la puerta a un aluvión de impagos no siempre explicables. Entroniza la inseguridad jurídica en el mundo hipotecario lo que, a la larga, estrangularía la figura en la que ha venido asentándose, por ejemplo, la adquisición de la vivienda o la financiación de pequeñas y medianas empresas.

Tal parece que para Podemos, en todos, todos los casos, quien concede una hipoteca es un salteador de caminos y quien la pide no tiene por qué asumir que las deudas hay que pagarlas.  

Entra además el programa en una serie de propuestas algunas de las cuáles exceden de la capacidad no ya de su Partido sino de cualquier Gobierno, mientras que otras, al margen del juicio que a cada cual le merezcan, son, como mínimo, discutibles.

  • Según el Punto 56, pretende Podemos exigir la supresión del secreto bancario en paraísos fiscales. Verdes las han segado, pienso, y no por lo descabellado o injusto de la idea, todo lo contrario, sino porque no se me alcanza qué fuerza podría llegar a tener el Partido aún en el supuesto de haber recibido el voto abrumador de la inmensa mayoría de los españoles para convencer de tal cosa a las Islas Vírgenes, la más cercana Andorra, la civilizada y un tanto altanera Suiza, la muy demócrata Luxembrugo o demás cómplices planetarios de la desfachatez universal. O sea: carnaza electoral disfrazada de aparentes sanas intenciones.
  • Algún mayor recorrido podría llegar a tener lo que propone en el punto 57 sobre la creación de una agencia europea de carácter público de calificación de riesgos, que nos independizara de la caprichosa tiranía de las Agencias “usanas”. Es posible que encontrara más apoyos en el Parlamento y en el Gobierno europeo, pero, en todo caso, va para largo, si es que algún día esa agencia llega a ver la luz.
  • Como dice el pueblo (“La Gente” en terminología podemita) “vuelta la burra al trigo”. La medida 58 habla de volver a levantar una banca pública potente. Que los Tratados de la Unión Europea que obligan a España objeten esta figura, no parece enervar a los Profesores (“Para lo que va a durar Europa…” es posible que piensen). Y, para redondear la idea, propone el punto 59, convertir las viviendas en manos de la Sareb en un gigantesco parque público de viviendas de alquiler social. Más de lo mismo. Puedo imaginar a más de un eventual votante de Podemos ilusionado con lo felices que serían él y su familia en alguna de las viviendas que acabaron en manos del llamado Banco Malo.
Valoración crítica

Aunque muchas de las medidas propuestas son proclamas populistas que marginan y sacrifican fiscalmente a la clase media a partir de unos baremos de "riqueza" sorprendentes, éste es, no obstante, el capítulo en el que podrían producirse espacios de encuentro con otras formaciones más o menos afines

Revertir los recortes en sanidad, educación, y otras políticas sociales, reconocer la dación en pago, incrementar el salario mínimo o reconsiderar en todo o en parte los términos de las reformas laborales serían terrenos negociables.

Otras medidas como la creación de una banca pública, rentas básicas, auditoría ciudadana de la deuda publica, volver al texto antiguo del Art. 135 de la Constitución, parecen pensadas más como manifiesto electoral que como programa de gobierno. Algunas de ellas chocan frontalmente con los Tratados de la Unión Europea.

Por último, al hilo de esta última frase, es evidente que Podemos sabe muy bien que buena parte de su programa es impracticable dentro de la Unión Europea. El caso griego, sufriendo ahora los mayores recortes de su Historia cuando gobiernan quienes llegaron al Poder asegurando que todo iba a cambiar, lo conocen lo suficiente como para saber que esto es así.

¿Es Podemos Comunismo en el sentido marxista leninista o, alternativamente, trotstkista del término?

En mi opinión, populismo de izquierdas y comunismo, en el sentido citado, no son expresiones equivalentes.

Hay una barrera nítida que diferencia ambos campos: la admisión o el rechazo de la propiedad privada de los medios de producción. Tanto, que hasta cabe especular con si regímenes como el actual de la República Popular China no habrían abandonado el marxismo ortodoxo instalándose en un capitalismo de Estado, gobernado por un Partido único, totalitario y excluyente, que intenta, en el terreno de la teoría compaginar las tesis marxistas en cuanto a la acción política, con el abandono del dogma central del comunismo, ya sea en su versión “comunismo en un solo país”, como en el del internacionalismo proletario de raíz trotstkista.

En los ejemplos reales que cabe examinar (Unión Soviética, cualquiera de sus satélites, Cuba, Corea del Norte, Albania, etc.) la inmensa mayoría de las propuestas examinadas pierden su sentido porque en aquellos regímenes, sencillamente, no se admitía la propiedad privada. Hagan el esfuerzo de imaginar cómo podrían haber aplicado Fidel Castro, o Breznev la revolucionaria propuesta de “reestructurar la deuda hipotecaria familiar”, en un sistema en el que se negaba la posible propiedad del domicilio y en el que, por tanto, no existía la figura de la hipoteca. 

Cuestión distinta, si seguimos tratando de ubicar a Podemos, sería el juicio que nos merecen algunas de las manifestaciones del más parlanchín de los Profesores del Partido morado a propósito de cuestiones tales como la libertad de prensa o la independencia judicial. Ya llegará el momento de hablar de ellos.

Dado el talante académico de la cúpula de Podemos, me parece oportuno citar algunas opiniones de autoridades universitarias. No tienen más valor que lo que pensemos, ustedes, amigos lectores, o yo, pero ahí las dejo:

  • Antonio Elorza, Catedrático de Ciencias Políticas de la Complutense opina que Podemos da prioridad a necesidades bien reales (desahucios, pensiones, corrupción), pero prescindiendo de una estimación de sus costes, lo que le lleva al populismo.
  • José Ramón Montero, también Catedrático de Ciencia Política de la Autónoma de Madrid, cree que «combinan en mayores o menores dosis recetas extraordinariamente simplificadas de neopopulismo, antieuropeísmo, antipartidismo y antisistema, así como un izquierdismo maximalista aplicado sin muchos matices a todas las causas, todos los líderes, todos los países».
  • Santiago Míguez, Juan Rubio-Ramírez, José I.Conde Ruiz y Mauricio Rojas, docentes de varias Universidades, mencionan como componentes populistas del Partido el fuerte liderazgo con rasgos mesiánicos y contrario al establishment, y un programa atractivo para «la gran masa de descontentos», que de ejecutarse podría comportar más inconvenientes que beneficios.


El resumen del resumen es que, en este importante capítulo, Podemos se inscribe en el grupo de Partidos populistas de izquierdas, más dados a la propaganda que al rigor, sin que, por el momento, a falta de examinar otros campos, quepa calificarlo de marxista-leninista, ni estalinista, ni mucho menos de trotstkista. 

lunes, 18 de febrero de 2019

Y todo este ruido antes de empezar la campaña electoral.


¡Cálmense todos, por Dios! 

Ha sido anunciarse las elecciones y se ha destapado la caja de los truenos. No pasa una mañana, una tarde sin tener que oír las barbaridades que los unos y los otros nos regalan. 

Mienten, prometen paraísos imposibles, soliviantan, buscan la yugular del contrario que ha pasado a ser “El enemigo”, sin que por un momento nadie llegue a pensar que “El otro” es, nada más, alguien que enjuicia los problemas de España y sus soluciones de manera diferente a la suya. Alguien que tiene derecho a pensar como piensa.

Releo el texto que añado a continuación y, aunque yo sea el autor, me permito recordar lo que escribí hace cuatro años. 

Habla de la Transición, pero eso no es lo importante. Habla de un tiempo en el que la mayoría de los españoles pusimos a España por delante de todo lo demás. ¡Y lo hicimos todos!

Ahora, aún es tiempo, es el momento de pensar antes de hablar y de hablar antes de actuar. Nos va el futuro en ello. El futuro, el nuestro, el de todos, no el de tal o cual dirigente. No digo líder, porque, por desgracia, no hay ninguno. Sólo aspirantes a energúmenos.


Martes, 9 de diciembre de 2014

¿Hubo alguna vez una Transición en España?

Disparan desde todas partes.

  De un tiempo a esta parte hay una campaña en marcha para desacreditar la Transición, ese laborioso y extraordinario proceso que llevó a España desde la Dictadura a la democracia.

  Disparan desde la derecha, desde las trincheras de la nostalgia tardo franquista, reescribiendo la Historia y tratando de demostrar que el período que va desde la voladura de Carrero al 24 F, no fue sino una sucesión de descalabros, violencias, fracasos, chapuzas e incongruencias que han llevado a España al borde del abismo. Late bajo estas soflamas un deseo apenas enmascarado de encontrar a otro Caudillo salvador que devuelva a España al orden y la sumisión.

   Y ahora nos salen voceros de una sedicente izquierda de nuevo cuño que pretenden no se sabe muy bien si cerrar con siete llaves el proceso iniciado hace cuarenta años, o volver al punto en el que todo empezó, para hacer las cosas de otra manera. No hay propuestas concretas en esta trinchera, que por el momento vale más para pregonar los errores que para proponer las soluciones.

¿Alguien recuerda el punto de partida?

   La transición empezó cuando ETA mató al Almirante Carrero. En aquellos tiempos, la disidencia estaba incluida en el Código Penal, así que no es de recibo que algunos tertulianos vengan diciendo desde la caverna ultra de ciertas cadenas de TV que padecemos ahora la dictadura de tal o cual Partido. Juegan con las palabras, sabiendo muy bien qué es una dictadura y lo lejos que ahora estamos de semejante maldición.

   No había libertad de prensa, ni de manifestación, ni de asociación. Los Partidos, los Sindicatos, las Asociaciones Patronales estaban prohibidas, la huelga era delito, y la crítica política también. Salvo para alabar al Régimen, si se hablaba de política, se bajaba la voz, no sin antes mirar a ambos lados.

    ETA y Grapo mataban con siniestra regularidad, como si se tratara de provocar la vuelta a los peores tiempos de la Dictadura (que, dicho sea de paso, no eran los que estamos comentando, sino que habían quedado atrás hacía años)

  Había "ruido de sables" en los Cuarteles porque el Ejército aún seguía pensando que estaba por encima del poder civil, y porque había órganos de expresión (¿recuerdan "El Alcázar"?) que entre el halago y el estímulo, pedían cada día la intervención de las Fuerzas Armadas para terminar con cualquier intento de cambio.

¿Reforma o ruptura?

  Ése era el dilema. Buscábamos la democracia, llegar a un punto en el que fuéramos uno más de los países que admirábamos. Queríamos entrar en Europa y hacerlo en pie de igualdad. Queríamos devolverle la soberanía al pueblo, elegir a nuestros gobernantes, hacer y decir cuanto nos gustara, respetar al disidente, soldar de una vez por todas las dos Españas.

  Pero no sabíamos cómo hacerlo, porque nunca lo habíamos hecho. Éramos muchos, pero dispersos e inexpertos. La prensa reaccionaria se burlaba a diario de lo que llamaba "sopa de siglas". Poco a poco, dos pasos adelante y uno atrás, fuimos encontrando el camino.

  Así que unos clamaban por la ruptura: había que terminar abruptamente con cuanto sonara a franquismo, a dictadura, a cualquiera de las manifestaciones que pudieran sonar a herencia del pasado. Había que terminar con todo, Monarquía incluida, porque era una criatura franquista, y empezar de cero. Era imprescindible ajustar cuentas, exigir responsabilidades y apretar las clavijas a quienes nos habían mantenido bajo sus botas durante cuarenta años.

  Otros, que acabamos siendo mayoría, queríamos hacer las cosas de otra manera. Pensábamos, para empezar, que la ruptura era sencillamente imposible. Tal vez deseable pero imposible. Así que pensamos que había que transitar por caminos menos violentos, contar con todos, incluso con los defensores del antiguo régimen, y construir lo que fuéramos capaces de levantar, a base de diálogo, concesiones mutuas, búsqueda de los puntos comunes, práctica del consenso, del entendimiento, de la concordia.

   Y así, entre sobresaltos, vacilaciones, voluntarismo, errores y aciertos, fuimos entrando, entre todos, en el futuro.

  Cosas que hoy parecen imposibles, como que los dos grandes Partidos se pongan de acuerdo en lo esencial, eran normales en aquellos tiempos. Los tardo franquistas de AP y los temidos demonios del PCE, novatos como UCD, viejas siglas como el PSOE o más modernas como el PSP, nacionalistas vueltos del exilio, supervivientes de "El Contubernio de Múnich", y personalidades de prestigio, compartían el mismo punto de partida: primero España, después mi Partido y, por último, yo. Al revés del tiempo que vivimos. ¿Siguen vigentes?

Consensuamos lo esencial.

La Constitución, desde luego.

-  Ni mucho menos perfecta, que la habíamos hecho deprisa, contentando a tirios y a troyanos, desconociendo cuáles serían los efectos a largo plazo, pero cuyo texto, hoy tal vez viejo y achacoso, ha durado el más largo lapso de tiempo que recuerda nuestra Historia.

- Su texto no sólo fue aprobado por la abrumadora mayoría de quienes estaban pasando de súbditos a ciudadanos, sino que ha sido el sustrato sobre el que se ha asentado el más prolongado período de paz y progreso desde que se tiene noticia de quiénes somos.

- Nunca pensamos que fuera a ser eterna. De hecho, dejamos escrito cómo podría ser modificada cuando llegara el momento, así es que, si el momento es éste, pongamos manos a la obra, pero ¿hace falta vituperar lo hecho hasta ahora para cambiar lo que sea preciso?

Y también el modo de salir de la crisis económica de la que ahora nadie se acuerda.

   Con una tasa de inflación por encima del 26 %, unas estructuras económicas antediluvianas, un desempleo galopante y una organización social inoperante, todos los Partidos del arco parlamentario fuimos convocados por el Gobierno (UCD, recuerden), para intentar salir del hoyo.

  Acudieron los Partidos y se sumaron los Sindicatos mayoritarios y las Organizaciones Patronales.

  No era fácil, pero se consiguió. Las reglas eran sencillas pero difíciles: las propuestas se adoptarían por consenso -por consenso, no por mayoría y menos por adhesión a las ideas gubernamentales- y los logros se explicarían a la ciudadanía, con la aportación de todos los firmantes. Estaban prohibidas las descalificaciones entre quienes firmaran. ¿Recuerdan que los acuerdos se consiguieron y se respetaron?

   No hace tanto tiempo, 37 años nada más, así es que yo creo que podríamos volver a hacerlo.

En resumen:

- Está en nuestra mano cambiar lo que sea preciso de nuestra Constitución, para afrontar el Siglo en el que estamos.
- Que nadie se atribuya el monopolio de la verdad porque estará engañado, estará engañando, o ambas cosas.
- Para cambiar lo que sea necesario, no es preciso denigrar lo que otros hicieron con mayores dosis de generosidad y grandeza de miras  que las que hoy vemos, miremos donde miremos.
   


jueves, 14 de febrero de 2019

Las cosas por su nombre. Podemos (I)

El nacimiento de Podemos

En plena crisis, con el país convulsionado por sus efectos y por la forma de darle solución que había emprendido el Gobierno del PP, nace Podemos.

Manifestaciones más o menos espontáneas reunían con inusitada frecuencia cientos, miles en ocasiones de “indignados” en espacios públicos significativos; gentes de diferentes orígenes que estaban en profundo desacuerdo con el reparto de costes de las soluciones al cataclismo que había desencadenado lo más granado de las élites financieras de ambos lados del Atlántico.

En un momento dado, un pequeño grupo de activistas, algunos Profesores y un par de docenas de personas que ya venían significándose por sus posicionamientos contra lo establecido, se dotaron de algún documento fundacional y de un primer atisbo de organización provisional a la espera de ver cómo evolucionaban los acontecimientos.

En el nacimiento de Podemos era más importante contra qué se estaba que cómo había que resolver los problemas pendientes. 

Enero de 2014. Una treintena de firmantes dan a luz el manifiesto Mover ficha: convertir la indignación en cambio político. Profesores, escritores, sindicalistas de organizaciones marginales, algún líder de la izquierda anticapitalista, hablan de socializar la riqueza de la nación, de educación y sanidad públicas, de vivienda, de revisar la regulación del mercado hipotecario, de abandonar la OTAN, de cambiar la legislación sobre extranjería y, no se olvide porque está en el origen, de reconocer “el derecho a decidir” de los catalanes.

Un mes después Podemos se registra como Partido Político para concurrir a las elecciones europeas. Los fundadores son Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa y Luis Alegre. En octubre de ese mismo año, en Vista Alegre (“Vista Alegre I”) el primero se alza con el santo y la peana y se convierte en Secretario General, aunque no estuviera entre los firmantes  del manifiesto inicial.

En la base de Podemos, ya dije, está el descontento y la indignación, elementos negativos de reacción frente a las políticas concretas del Gobierno de Mariano Rajoy. Cuando alguna vez, desde las filas del PSOE se acusa al PP de haber sido el ginecólogo que ayudó a nacer la nueva formación, se enuncia una media verdad: se confunde origen e intención. No creo que en la mente de Rajoy estuviera dar a luz a Podemos para hundir al PSOE, aunque su modo de hacer política fuera la placenta en la que se incubó el nuevo Partido.

A partir de ahí, las fechas están todas tan próximas que no vale la pena reseñarlas, se diseña y ejecuta una estrategia de alianzas y colaboraciones con movimientos afines a los que se denomina “confluencias”: en Cataluña En Comú Podem con Ada Colau, en Galicia En Marea, en Valencia Compromís, y más tarde la alianza global con la agonizante Izquierda Unida de la mano del titubeante Alberto Garzón, configuran un conglomerado que hay quien ve como el máximo riesgo para la democracia española, mientras otros lo saludan como un nuevo movimiento de izquierda capaz de recuperar pasados esplendores.

Y también desde el primer momento, dimisiones más o menos forzadas por desacuerdos con la línea oficial, es decir, con Pablo Iglesias y sus fieles, y destituciones por pérdida de la confianza han sido una constante en el nuevo Partido. Tiempo habrá de comentar la divergencia, la lucha por el poder entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón que se remonta a la primavera de 2015 y está por ver cómo terminará. Mientras tanto, Monedero, Bescansa y Errejón son sólo la parte más conocida de la consabida máxima de que la Revolución devora a sus hijos.

Para concluir este primer recuento de fechas, en febrero de 2017, en “Vista Alegre II”, todo el poder acaba en manos de Pablo Iglesias, que, de paso, afianza como número dos de la organización a su compañera sentimental. Un hecho que no acaba de ser bien asumido por una parte de la militancia y de miembros relevantes del Partido.

Características significativas del proceso
  • Rápido crecimiento numérico del Partido. La izquierda del PSOE, gentes venidas de movimientos que hasta ese momento eran marginales, como la izquierda anticapitalista y otros que, por el momento, confunden enemigo común con objetivos comunes, lo hacen crecer como la espuma.
  • Tacticismo oportunista. Oyendo a Pablo Iglesias, cuya presencia en medios de comunicación afines ha sido constante, muchos empiezan a dudar si Podemos es la versión pos moderna de la socialdemocracia, o la vuelta a las esencias marxista-leninistas. Todo depende del momento, el lugar y el público ante el que el Profesor se exprese.
  • Cambios frecuentes de rumbo. Juran que el enemigo es la derecha, pero como la llegada al poder pasa por lograr primero la hegemonía en la izquierda, no hay día en el que el PSOE no se lleve algún coscorrón de quienes se atribuyen la prerrogativa de repartir credenciales de progresía y democracia. No puede olvidarse el momento en el que Podemos tuvo en su mano darle el Gobierno de la nación al PSOE y no lo hizo.
  • Gérmenes evidentes de escisionismos que desangran la nueva formación casi desde su nacimiento. (El último episodio de la curiosa maniobra de Errejón que funda un Partido nuevo, se postula como candidato en la circunscripción autonómica de Madrid y sigue afirmando su pertenencia a Podemos, no es más que eso: el último capítulo de una sangría constante)   

Señas de identidad: nuevas formas.
  • El lenguaje sufre cambios clamorosos. Se trata de “empoderar” a quien corresponda, mujeres, pensionistas, desahuciados, personas, en suma “en riesgo de exclusión social”, porque que hay “dar visibilidad” -en vez de hacer visibles- a quienes lo necesiten; hay que acometer políticas “inclusivas”, porque eso es lo que quiere “La gente” -que es lo que durante un par de siglos se ha llamado “el pueblo soberano”-; lo que ocurre es que primero “La Casta”, o sea, tooodos los demás políticos excepto ellos, y luego “La Trama”, tenebrosa conjura en la que están toooodos los poderes que Podemos no controla, hacen lo imposible por impedirles llegar a la meta. Ocurrencias como la invención del despropósito “Portavoza” son jaleados como hallazgos lingüísticos, epígonos de la “Miembra” de la que hablaba la inefable Bibiana Aído. Así que en medio de tantas propuestas para asegurar el respeto a “la diversidad”, se trata de contar con todos y todas, compañeros y compañeras, Ministros y Ministras, Juezas, Presidentas y demás insufribles perversiones de la lengua que antes conocíamos y que ahora nos confunde.
  • Las formas se subvierten. Vestir con un mínimo de respeto a la institución a la que se pertenece es ya un símbolo de asunción de políticas retrógradas. Da lo mismo que se trate de amamantar al recién nacido en el Hemiciclo, de convocar una rueda de prensa sentado en el suelo de un pasillo del Congreso, o de besar en la boca a otro parlamentario afín saliendo del escaño a tal fin. No hay el menor reparo en convertir el juramento de aceptación de la Constitución en un micro mítin, porque, en todos los casos, de lo que se trata no es tanto de marcar la diferencia, sino de escandalizar al oponente y, antes que nada, de asegurarse la publicidad gratuita del hecho. ¿Erosiona eso las instituciones? No importa. ¿Cómo va a importar si no hay el menor empacho en abandonar el escaño para sumarse a una concentración callejera que trata de deslegitimar el mismo Parlamento que se aspira a controlar?
  • Dominio de la puesta en escena. Episodios como la presentación del cupo de futuros Ministros de Podemos en un Gobierno que ellos impidieron que se formara, son representativos de lo que digo. Hay quien creyó que aquello fue un error manifiesto. Yo lo veo al revés: dejó fuera de foco al PSOE que era de lo que se trataba. Los medios afines lo aplaudieron y los contrarios ya se daba por supuesto que, hiciera una cosa o su contraria, iban a descalificar al Partido.
  • Manejo eficiente de las redes sociales. Los demás Partidos han tardado algún tiempo en reaccionar. Ahora, cinco años después, hay grupos especializados que en todas las formaciones cuidan su presencia en las redes sociales, pero durante los primeros tiempos de la irrupción de Podemos en escena, fueron los únicos que vieron el enorme potencial de las redes sociales como vehículo de transmisión de ideas (¿?), mensajes, bulos, noticias unas ciertas y otras no. Su papel en los resultados de las primeras citas electorales, Europeas, Municipales, Autonómicas, fue determinante.  

Hasta dónde ha llegado Podemos

Bastante lejos en cinco años:
  • En cuanto a Las Cortes Generales, 67 Diputados, si sumamos los propios y los de las llamadas “confluencias” y 12 Senadores electos o designados.
  • En los Parlamentos autonómicos, preside los de Aragón, Baleares y Navarra y cuenta con 172 Diputados autonómicos.
  • Gobierna la Comunidad Valenciana en coalición.
  • Domina las alcaldías más importantes de España: Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Cádiz y La Coruña.
Es cierto que lo que acabo de escribir sólo es una foto fija reflejo de un tiempo que quizás haya pasado. ¡Se mueve tan rápido todo en los tiempos que corren! Es cierto también, que estos resultados esconden fallas geológicas en el subsuelo de Podemos. No sé hasta qué punto es fiable Ada Colau, nadie sabe si Compromís es un socio seguro, y es evidente que Carmena-Errejón son en este momento uno de los quebraderos de cabeza más lacerantes que pueden perturbar el sueño del Profesor mientras termina de disfrutar su permiso de paternidad a tiempo parcial.

Algunas de las contradicciones de Podemos
  • Nace como movimiento con vocación asamblearia, y termina en una organización en la que la disidencia, entendiendo por tal la falta de sintonía con Pablo Iglesias, se penaliza en el acto.
  • Las “Confluencias” aparentemente suman, pero ¿están bajo control?
  • No hay nada más contradictorio que querer hacerse pasar por profeta de la democracia directa y terminar cayendo en el nepotismo bananero. 

Todo esto, y la curiosa paradoja de la actitud del PSOE frente a la tendencia a la baja de las expectativas de Podemos -descartado el riesgo del sorpasso nada le vendría peor ahora al PSOE que un hundimiento catastrófico de los Profesores, porque se quedaría sin socio posible que pudiera apuntalar una eventual victoria insuficiente en las próximas Elecciones Generales- son sólo detalles que no conviene olvidar, pero que no nos dicen dónde colocar exactamente a Podemos en el universo político.

Qué trato de averiguar

Algo parecido a lo que he querido hacer examinando Vox a lo largo de cinco post: saber o demostrar qué es Podemos ¿Una organización ultra izquierdista con vocación revolucionaria marxista leninista o basta calificarla como movimiento populista de izquierdas? ¿Hasta dónde llega sus autoritarismo? ¿Su programa es revolucionario, reformista o utópico? ¿Está dentro o fuera de la Constitución? ¿Cómo encaja en la Unión Europea?

Habrá, por tanto, que establecer los límites entre unas y otras posiciones, como hice con Vox, utilizando un método más o menos igual al empleado con el Partido de la derecha: examinar los documentos producidos por Podemos y, en ocasione verificar qué ha hecho o dicho en casos puntuales.

Tengo a mi disposición material más que suficiente: el programa electoral para 2016 y las promesas para las pasadas elecciones autonómicas. Para facilitar la lectura, repetiré los apartados que utilicé con Vox.

Hasta pronto.