viernes, 1 de mayo de 2026

 De atentados fallidos y Honorables exonerados

I.- A la tercera no fue la vencida


Condena

Antes de entrar en materia, quiero dejar claro que, pese a lo que pueda desprenderse de mis anteriores escritos a propósito del personaje, rechazo frontalmente la mera idea de que eliminarlo físicamente sea una forma asumible de terminar con su mandato. En otras palabras: no es licito matar a un ser humano, ni siquiera aunque se trate de Donald Trump.


¿Será posible?

Ni al guionista más cerril, que además estuviera bajo los efectos del tequila, se le hubiera ocurrido un argumento tan estúpido a la hora de pergeñar un atentado contra "el hombre más poderoso de la tierra".

Veamos: un profesor californiano, con fama de hombre afable, frecuente usuario de las redes sociales en las que suele despacharse a su gusto cuando habla del actual Presidente USA, se entera (no sé si por la prensa, la radio o la TV) de que este año, cosa rara, su nada querido Presidente sí va acudir a la cena con los corresponsales de prensa acreditados ante la Casa Blanca; sabe, además, dónde y a qué hora se celebrará el evento.

Ni corto ni perezoso, se arma hasta los dientes (es un decir): recaba escopeta, pistola y varios cuchillos y emprende el viaje de California a Washington. Durante su periplo, nadie le llama la atención sobre el contenido del equipaje y cuando llega al hotel donde ha reservado habitación, el mismo donde ha de celebrarse la cena, tampoco se le pone objeción para instalarse en su habitación con todas sus armas.

Llegado el día y la hora, el profesor desciende desde su planta hasta el sótano donde se reúnen Presidente y periodistas (y bastantes más personas, claro) llevando toda su artillería encima y, a falta de un plan más sofisticado al modo "Misión imposible", pretende saltarse el control, sencillamente entrando a la carrera, camino del salón de la cena… hasta que, como era de esperar, le detienen. 

Ni siquiera lo abaten a balazos, aunque, eso sí, lo desnudan y lo obligan a echarse boca abajo en el suelo.

Luego, el caos: se han oído disparos, y aunque sean fuera del macro salón de la cena, equipos de agentes del Servicio Secreto ponen a buen recaudo a sus protegidos, por el orden que el azar determina; los periodistas, unos se esconden bajo las mesas y otros aprovechan la ocasión para alzarse con un par de botellas, que de todo hubo. Poco tiempo más tarde el Presidente convoca una rueda de prensa en la que… pero esa parte de la historia ya es normal.


Algunas preguntas

  • ¿De verdad puede uno alojarse en los EE.UU. en el mismo hotel donde se espera la presencia del Presidente armado con una escopeta, una pistola y varios cuchillos?
  • Sonaron varios disparos; unos hablan de tres, otros de cuatro, y los más, como digo, de varios ¿Quién fue el autor o autores de los disparos? ¿El atacante? Pues no se ha oído hablar de heridos, así es que no parece que fuera el Guillermo Tell del siglo XXI ¿La Policía? Pues no fueron capaces de abatir al intruso, ni le ocasionarle ni un rasguño, si es que lo intentaron. Raro ¿no?


En fin, espero que cuando el Sr. Presidente cuente con su faraónico salón de baile se establezcan algunas medidas de seguridad que hagan inviables sucesos como el que momento.


Peor fue cuando le dieron un tiro en la oreja

Aunque también fue curioso: en un meeting electoral, un francotirador, tumbado en el tejado de un almacén a ciento cincuenta metros del orador, según cuentan las crónicas, disparó e hirió a D. Trump en la oreja. Hasta ese momento, ninguna de las múltiples Agencias que se ocupan de la seguridad había reparado en el tirador. Repito: tumbado en un tejado a ciento cincuenta metros del objetivo, que no era otro, dicen, que el candidato a Presidente de los EE.UU.

Asombroso que nadie lo hubiera visto hasta ese momento, pero más asombrosa, inexplicable y misteriosa me parece a mí la trayectoria del proyectil: el tirador estaba, más o menos a la misma altura que Trump, que tenía detrás de él una masa de seguidores acomodados en un graderío, con lo que había seguidores a más altura que él, a la misma, y a menos.

Dado que Donald Trump conserva su oreja ¿Dónde fue la bala después de impactar en el pabellón auditivo? Nadie ha hablado nunca de "daños colaterales", o sea de asistente o asistentes heridos por el proyectil destinado al candidato. Si le dio en la oreja, lo esperable es que la bala siguiera su trayectoria y acabara impactando en algún asistente ¿Tendrá el Mr Trump unas orejas de acero al tungsteno capaces de frenar la trayectoria del proyectil y conseguir su mansa caída al suelo? 


II.- Paz para el nonagenario


La plácida vejez de don Jordi

Veo en TV la tambaleante figura de Jordi Pujol, Presidente que fue de la Generalitat de Cataluña durante 23 años, a más de esposo de dª Marta Ferrusola y padres ambos de una numerosa prole.


Mientras le veo desaparecer, vacilante, con la mirada perdida, oigo una voz en off que informa al televidente de que el susodicho ha sido exonerado por el Tribunal que le juzga, en atención no sólo a sus años, 95, sino a su deficiente estado de salud. Parece ser que padece un trastorno cognitivo que la habría impedido declarar en el juicio que se le sigue y no ya contestar, sino incluso comprender las preguntas que se le hubieran podido hacer.


Lo entiendo y me parece razonable. 95 años y la cabeza perdida: ni puede contestar, ni acaso sobreviviría a la condena que quizás acabara recayendo sobre él. Comparto la decisión del juez.


Lo que ya no entiendo tanto es por qué se ha tardado doce años en instruir el proceso que se había iniciado contra él, dª Marta Ferrusola, su difunta esposa, y los hijos de ambos, una simpática familia pese a que judicialmente fueran considerados organización mafiosa.


Simpática, sí ¿quién no recuerda el sentido del humor del que hizo gala en el Parlament don Jordi, cuando se sintió aludido por el espinoso asunto del "3 %"? Y, en cuanto a la madre, madre biológica y "Madre Superiora" cuando la familia se metía en faena, ella, tan aficionada a la pintura, ella, cuyos óleos adornaban salas de juntas y despachos de Consejeros Delegados de las más conocidas empresas radicadas allende el Ebro, ella, que decía "misales" cuando quería decir millones, pasó a mejor vida y se ahorró más de un sofoco. No hizo falta exonerarla.


¿Quién controla el acelerador y el freno?


En fin, que fallecida ella y exonerado él, sólo queda la prole para hacer frente a la justicia ¿Cuándo? Quién puede saberlo. Pero, ya que hablamos del asunto, me gustaría saber quién controla el acelerador y los frenos de la justicia. 

  • Hoy estamos viendo, simultáneamente, el juicio del caso KItchen, tiempos de M. Rajoy y el caso mascarillas también llamado "caso Koldo", o sea en plena pandemia. Dos velocidades. 
  • ¿Se han fijado ustedes? El novio de dª Isabel defrauda a Hacienda (su abogado lo firma), el Fiscal General del Estado desmiente un bulo referido a este asunto y ya está juzgado, condenado y expulsado de su cargo. ¿Y el novio de la doña? Ni está ni se le espera, como dijo alguien a propósito de cierto General.