Trenes y trenes
Un cuento de mediados los 60
Creo que fue en el otoño del 64. Yo tenía necesidad de desplazarme desde Ciudad Rodrigo hasta Madrid. Buscaba la manera más barata de viajar y elegí el ferrocarril. En aquellos años se hablaba de "Expreso" cuando el tren era más o menos rápido y con escasas paradas, "Rápido" cuando, pese al nombre, era lento y "Tren correo", cuando, además de atender al transporte de cartas y paquetería, su lentitud era exasperante.
No recuerdo por qué circunstancias, tuve que viajar por la tarde. Esa elección me llevó a disfrutar de un viaje interminable en el que fui de Ciudad Rodrigo a Medina del Campo, 156 Km, allí tuve que hacer transbordo, y me embarqué, al cabo, en un segundo tren que me depositó en Madrid, 142 km después. (Es curioso pero hoy no es posible hacer en tren el trayecto Medina/Ciudad Rodrigo).
Lo asombroso, visto con la óptica del año en que vivimos, es que tardé la friolera de 12 horas en devorar los poco menos de 300 Km que separan Madrid de Ciudad Rodrigo.
Así fue, salí un atardecer a las 8 de la tarde y llegué a Medina cuatro horas después. La espera del tren que debía llevarme a Madrid consumió algo más de otras cuatro horas, hasta que, por fin, a las 8 de la mañana siguiente me apeaba en Madrid.
Aquellos trenes eran entrañables: eran arrastrados por locomotoras de vapor y los coches de tercera eran corridos, con asientos de listones de madera que llegaban sólo a mitad de la altura del vagón; los viajeros se presentaban en cuanto entraban y poco después tiraban de fiambrera o de servilleta de cuadros anudada y cenaban o merendaban o almorzaban, ayudados de algún trago que otro a la bota o la botella, no sin antes haber dicho el consabido "¿gustan, ustedes?", que a coro se contestaba con un "que aproveche".
Uno podría pensar que en aquellos tiempos, teniendo en cuenta las velocidades alcanzadas, al menos no habría riesgo alguno de accidentes. Ya lo veremos.
Casi tres décadas más tarde
El 21 de abril de 1992 se inauguró la línea de alta velocidad entre Madrid y Sevilla. Fue el año mágico en que Sevilla inauguraba además la Expo 92, Barcelona era la sede de las primeras Olimpiadas que se celebraban en España… y el resto de los españoles, sin alta velocidad, Exposición Universal ni Olimpiada, celebrábamos el quinto centenario del descubrimiento de América.
Supongo que en más de una ocasión, yo, que por entonces trabajaba en la empresa que había fabricado el AVE, aburriría a mis oyentes comentándoles que el viaje que había hecho en 12 horas años antes, un hipotético AVE Madrid/Ciudad Rodrigo, podría haberlo recorrido en una.
Recuerdo haber oído a los ingenieros de Alstom ufanarse de que la disposición de los bogies que montaban tanto nuestro Ave como el TGV francés, su hermano mayor, hacían prácticamente imposible el descarrilamiento porque van dispuestos no bajo cada uno de los coches sino entre cada dos de ellos.
Y ahora… en 2026
Un tren de velocidad alta, un Alvia, y otro de alta velocidad, un Iryo se han visto involucrados en un accidente que ha dejado, hasta el momento, cuarenta y cinco víctimas mortales. Vayan por delante mis mejores sentimientos para las víctimas y sus familias
A partir de aquí empieza el consabido coro de lamentaciones, suposiciones, acusaciones, exigencias y búsqueda de responsabilidades. Y preguntas, muchas preguntas.
¿Es prudente circular por las vías a velocidades que, en el momento del cruce con otro tren, pueden llegar a sobrepasar los 500 Km por hora? dicho de otra manera ¿hasta qué punto es responsable la velocidad de accidentes que, de ser cierto, cada vez serán más mortíferos?
Depende, me parece, de bastantes más factores, como el trazado de las vías, el diseño del material rodante y, muy especialmente, del grado de mantenimiento de unos y otros.
En todo caso, si miramos al pasado, resulta que, por el momento, el desafortunado récord "oficial" de muertos en accidente ferroviario, lo ostenta el ocurrido en julio del 72 cuando en la línea Cádiz / Sevilla, entre El Cuervo y Lebrija, colisionaron de frente dos trenes. El resultado fueron 86 muertos y alrededor de 150 heridos.
He entrecomillado la palabra "oficial", porque el récord auténtico podría haberle correspondido a otro accidente ocurrido algunos años antes: el de Torre del Bierzo en 1944, podría haber causado una cifra significativamente superior de vívtimas, pero en aquellos años el control sobre la prensa limitaba la publicación de noticias catastróficas para no angustiar al personal, todavía muy cerca de los horrores de la guerra civil.
En todo caso, y aunque los dos accidentes de los que acabo de hablar se produjeran en trayectos de vía única y el de Córdoba haya ocurrido en tramo de doble vía es indudable que la suma de las velocidades de los años 44 y 72, no llegaría los 150 km/h, mientras que en el Córdoba, se habría superado los 400.
La hora de los Partidos Políticos
No importa que conocer sin margen para el error la causas de un accidente ferroviario como el de Ademuz, exija el examen minucioso de un cúmulo de variables, que hace imposible extraer conclusiones definitivas en una semana.
Iba a decir que estamos en período preelectoral; error: siempre estamos en período preelectoral. No obstante, me alegro, es un decir, de que en esta ocasión, casi todos los Partidos se hayan centrado en el dolor de los afectados y estén guardando un compás de espera para desenfundar las armas, que lo harán. Hasta el líder de la oposición ha guardado silencio durante el luto oficial; sólo eso, pero menos es nada. Hoy… Bueno, lo habitual: nada nuevo que merezca destacarse. Munición electoral, qué le vamos a hacer.
Ha habido excepciones, cómo no: el Sr. Abascal, ya sabe y por eso lo dice, que la corrupción del Gobierno es la causa de la catástrofe. También era de esperar.
Sin embargo, aún me llama más la atención la ocurrencia de la srª Díaz Ayuso. Como se sabe, el Presidente del Gobierno y el de la Comunidad Andaluza han acordado un homenaje a las víctimas en Huelva. Bien, pues según el diario ABC de ayer, jueves, la Presidenta de la CC.AA. de Madrid pide por carta al arzobispo de Madrid un funeral en La Almudena en nombre de todos los españoles. ¿En nombre de todos los españoles, incluyendo gallegos, riojanos y ceutíes, la Presidenta de una Comunidad, aunque sea la de Madrid? Incluso alguien podría preguntarse si en la misa estarán también representados los españoles budistas, musulmanes, adventistas del sépitimo día y agnósticos. Yo le recomendaría a la doña un poco de paciencia; de momento no es Presidenta de Gobierno, ni siquiera de su Partido (creo).
Me pregunto, a todo esto, qué estará pensando el Sr. Feijoo. Tal vez se haya acordado de pronto de Pablo Casado y haya decidido centrarse en la poesía de Rosalía de Castro. En fin, allá ellos.
Mi reflexión
Como es de suponer, va por otros caminos. Como es lógico, desconozco las causas del accidente, pero me permito, sin embargo, poner de manifiesto algunas circunstancias:
- El crecimiento del transporte ferroviario de personas que se ha producido en España desde el 92 hasta hoy ha sido descomunal, tanto en material ferroviario como en nuevos trazados. No es ninguna baladronada decir que, en ese punto, transporte de personas, somos una verdadera potencia mundial. (No puede decirse lo mismo del transporte de mercancías, y es una lástima).
- No obstante, tengo serias dudas de si el crecimiento del que hablo ha sido acompañado de un incremento paralelo en las partidas presupuestarias correspondientes al mantenimiento de las infraestructuras y al de material rodante. Y, en su caso, si las partidas se han ejecutado.
- Mis recuerdos de cuando yo trabajaba en el sector ferroviario (aunque no tocara ninguno de los aspectos técnicos del mundo del ferrocarril) me traen el recuerdo de cosas que se daban por ciertas: el mantenimiento correspondientes al período de vida útil de los trenes, supone un coste que excede con creces al de fabricación y adquisición del material rodante.
- Por otra parte, y aunque no es más que una impresión personal, me parece que el aumento vertiginoso del número de trenes en circulación podría no haber sido paralelo al equivalente incremento en el mantenimiento de las infraestructuras. Algo muy costoso y que no es tan susceptible de reconocimiento público. Dicho de otra manera: da más votos inaugurar una nueva línea de alta velocidad, que mantenerla como es debido.
Así las cosas, y dando por hecho que en este caso, parece descartarse el error humano, una de dos: o fallaron los trenes o fallaron las vías. Y, en ambos casos hay altas probabilidades de que, cualquiera que sea el veredicto final, estemos ante un déficit de mantenimiento.
Es obvio, sin embargo, que los responsables del mantenimiento del material rodante y los que deben ocuparse del buen estado de las infraestructuras, son distintos , lo que traerá consecuencias negativas para unos o para otros.
Finalmente, si yo estuviera en el lugar de quienes están directamente afectados, no caería en las tentaciones de cerrar el caso con una "faena de aliño", como diría un taurino, ni escamotearía a la ciudadanía la información precisa para que comprendiera sin margen para la duda, qué ha pasado, por qué ha pasado, quiénes han sido los responsables, y qué se va a hacer de ellos.