viernes, 2 de enero de 2026

 Feliz 2026


Pasado el ecuador convencional de las Fiestas Navideñas, inmersos ya en el nuevo año, creo que no es el mejor momento para analizar los dimes y diretes, las idas y venidas de nuestros representantes y sus respectivas formaciones políticas, sino de rendir tributo a la tradición y desearos a todos un feliz año 2026, es decir:


  • Un año en paz. O sea, paz: eso que según sus cuentas D. Trump ha logrado él solito no recuerdo si siete u ocho veces. Soy más modesto que él: me contentaría con que no empiece ninguna más, que se retire del Caribe, que no mande sus misiles ni sus bombas a Irán, que devuelva su flota a sus bases habituales, que no vuelva a usar su arsenal contra quien no le haya atacado. Y, si no es mucho pedir que no amenace con anexionar territorios de otros  países, por pequeños que sean comparados con el suyo.


  • Un año en el que gazatíes, israelíes, ucranianos y rusos se comporten como buenos vecinos y guarden, o, mejor, entierren sus armas tan hondo que no valga la pena recuperarlas.


  • Un año en el que por el bien de la Humanidad, los amos del planeta y sus secuaces, reconozcan  y se sometan a la jurisdicción de los Tribunales Internacionales y, por tanto, acaten sus veredictos y obren en consecuencia.


  • Un año en el que nosotros, los españoles, olvidemos nuestros rencores y consigamos ver a quien no piensa como nosotros, como lo que es: un españolito más que tiene una manera de interpretar nuestros problemas y la forma de resolverlos de forma diferente a la nuestra.


  • Un año en el que nuestros representantes, no importa cuál sea su filiación política, utilicen el Parlamento para lo que su mismo nombre indica y olviden el insulto como herramienta de trabajo, sustituido por la educación, el sentido del humor y la ironía.


  • Un año en el que los personajes públicos dejen de dar trabajo a los tribunales y en el que los jueces se comporten de manera que no den margen para que los ciudadanos tengan o crean tener razones para tomar partido sobre sus pronunciamientos.


  • Un año en el que si la naturaleza nos vuelve a jugar una mala pasada, nos apliquemos a resolver sus consecuencias, ocupándonos de las víctimas antes que de nuestro futuro político y, para variar, diciendo la verdad, toda la verdad y solo la verdad desde el primer momento.


  • Un año en el que veamos las varias citas electorales que vamos a vivir como otras tantas fiestas de la democracia, gane quien gane, alegrándonos si ganan los que hemos votado y tratando de averiguar qué hemos hecho mal si pierden los nuestros.


  • Un año en el que, además de seguir creciendo en las grandes magnitudes económicas, encontremos la manera de que los ciudadanos vean la luz al final de los varios túneles que tendrán que cruzar, por ejemplo, ir a la compra o buscar vivienda, sea para alquilar o para comprar.


  • Un año en el que las mujeres se sientan seguras en la calle y en sus casas y en el que el número de víctimas de la violencia machista sea el menor de la historia.


  • Un año en el que no se condene a pasar frío y hambre a quienes han llegado a nuestra tierra huyendo, precisamente de males parecidos.


  • Un año en el que volvamos a creer en las instituciones porque, conforme avancen los meses, no sintamos que todo tiembla y amenaza colapso a nuestros alrededor.


  • Un año, en definitiva, que  no se parezca en nada al que acaba de pasar.


Si todo esto llegara a pasar, si los ciudadanos y los pueblos del mundo sintieran que son meras partes de un todo, que hoy puede ser que ostenten poder y riqueza y voluntad de hacerse notar a costa de quienes tengan la desgracia de ser menos que ellos, pero que llegará el tiempo en que de ellos y su grandeza no quedará ni la memoria, porque la rueda del destino volverá a girar y los  devolverá al anonimato, el año 2026 sería recordado durante siglos. 


Y como todo esto es apenas el sueño, o el delirio de un anciano, temo no extrañarme ni perder la cabeza si, cuando el 2026 esté agonizando, vuelvo a verme escribiendo deseos más propios de un visionario, de un lunático que de alguien que está más o menos atento al acontecer de cada día.


Pese a todo, reitero la frase hecha que da nombre al post: FELIZ 2026


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