viernes, 9 de enero de 2026

 La penúltima tropelía


Errores históricos

Una de las características de buena parte de los momentos históricos, es que los que los vivieron no fueron conscientes de lo que estaba pasando, fueron incapaces de valorar correctamente lo que tenían delante de sus ojos. Un buen ejemplo fue la publicación de Mein Kampf. Hitler no estaba escribiendo un ensayo político, ni se trataba del desahogo de un prisionero al que le sobra el tiempo: era un programa político, así que cuando pidió el voto a sus compatriotas, buena parte de ellos se lo dieron. El error de perspectiva costó sesenta millones de muertes.


Algo parecido nos está ocurriendo ahora con el modo de proceder de Donald Trump. Considerarlo un ególatra, un histrión, un vanidoso, un mentiroso, un maleducado, un patán o un pendenciero, puede que sea verdad pero esconde algo bastante más siniestro: está dispuesto a hacer lo que quiere, y, si alguien no se lo impide, lo hará. 


Y lo hará pronto, dentro del tiempo que le queda por delante: tres años (que yo recuerde, no ha dicho que quiere seguir siendo Presidente por los siglos de los siglos, lo que no debe interpretarse como que no lo desea, sino que no lo ha dicho).


Ocurre, no obstante que no siempre es sencillo interpretar correctamente lo que de verdad quiere Trump. 


Venezuela: apariencia y realidad

Trump llevó al Caribe, frente a Venezuela, una armada formidable y destruyó unas cuantas embarcaciones que, según él, transportaban droga camino de los Estados Unidos. 


Así que cuando en la madrugada del 3 de enero, la fuerza aérea norteamericana, bombardea instalaciones militares en Caracas y su periferia, y causa más de 80 muertes locales; cuando los comandos de las fuerzas especiales asaltan el Fuerte Tiuna, acaban con la guardia presidencial, secuestran a Nicolás Maduro y a su esposa y se los llevan, causando, entretanto una treintena de muertes más, esta vez cubanos de la guardia pretoriana de Maduro, el sentir general, es que Trump buscaba acabar con un régimen siniestro que amparaba el tráfico de drogas y de armas.


Las gentes bien pensantes de medio mundo, recordando las tropelías cometidas por el secuestrado, dieron por supuesto que el episodio se acababa en sí mismo, creyeron que empezaba una nueva época para Venezuela y dieron por supuesto que la recién galardonada con el Nobel de la Paz estaba a punto de conseguir lo que tanto ansiaba: el poder político que habían ganado ella y los suyos en las últimas elecciones generales.


Ha bastado menos de una semana para que Trump nos saque de nuestro error:

  • Por lo que se refiere a Venezuela, ni le importa la democracia, ni tenía un interés más que secundario en encarcelar a Maduro. Lo que él buscaba era hacerse con el control de las inmensas reservas petroleras venezolanas. O más exactamente, evitar que pudieran caer en manos de China. Para eso, necesitaba que desapareciera de escena el Presidente de la República. 
  • Una vez descabezado el régimen bolivariano, su interés por restaurar la democracia, cede ante la conveniencia de tener controlado al ejército y a las milicias armadas, lo que le lleva a poner en el lugar de Maduro, no a la mujer que le "robó" el Nobel, sino a la segunda en el mando de la República, Delcy Rodríguez, que parece cera blanda en sus manos.
  • Sus plazos para la vuelta a la normalidad democrática no sólo son difusos, sino que cada día parecen más lejanos, mientras que los planes para el saqueo de las riquezas venezolanas, se muestran mucho más precisos: hasta concretar que la parte que le corresponda a Venezuela de la venta de su propio petróleo, tendrá que dedicarse, necesariamente, a compras a realizar en los Estados Unidos.

Las nuevas formas

El Presidente Trump y lo más florido de su grupo de colaboradores más cercano, se están manifestando con un descaro, una desfachatez desconocida hasta ahora.


En cierto modo es de agradecer, porque, al menos, sabemos el terreno que pisamos:

  • Stephen Miller, una de las figuras ideológicas más influyentes dentro de la administración Trump, ha dicho, la cita no es literal, que las normas, los derechos, el respeto a la legalidad, son zarandajas; lo único que cuenta es la fuerza. Algunas de las intervenciones de Marco Rubio, siguen la misma tónica
  • El mismo Trump, alardea constantemente del poder de sus ejércitos y de su disposición a usarlos cuando lo crea conveniente. (Algo así como "lo único que no puede hacerse con las bayonetas es sentarse encima de ellas" que he oído atribuirle a Napoleón)


¿Quién es el siguiente?

  • La lista la ha dado el mismo Trump a conocer: sus dos vecinos, tanto Canadá, como, sobretodo, México, Cuba, Colombia, Groenlandia, Panamá y, genéricamente, el resto del continente americano.
  • En unos casos, Groenlandia por ejemplo, las declaraciones del lenguaraz Presidente dejan poco margen para la duda sobre las razones de sus deseos: la posición geoestratégica de la gigantesca isla y la riqueza del subsuelo groenlandés. Lo que está por ver es el modo que haya de utilizar para arrebatarle a un socio de la OTAN una parte, la mayor, de su territorio. Claro que preferiría comprarlo a invadirlo.; hasta es posible que le saliera más barato. La cuestión es que, según él, no renuncia al uso de la fuerza. 
  • En otros casos, México, no está tan claro: la amenaza explícita de entrar con sus tropas para acabar con los cárteles de la droga, podrían esconder otros objetivos. Espero, por el bien de los mexicanos que no lleguemos a saber qué pretende en realidad; no olvidemos que ya hubo otras invasiones gringas, una de las cuales que le costó a México la pérdida de 51 % de su territorio.


Las consecuencias

Si ser más fuerte que tu vecino es razón suficiente para abusar de él, si no ha de haber más freno para el abuso que el temor a salir malparado de la contienda ¿Qué futuro le espera al mundo?

  • Por lo que se refiere al Planeta, la configuración de nuevas zonas de influencia, con base en tres polos bastante identificables: USA, China y Rusia.
  • ¿Y Europa? No es ni volverá a ser en los próximos lustros ni sombra de la que fue. Demasiado cerca de Rusia, su peligro más real, tendrá que jugar a ganarse un difuso espacio que ni comprometa el poder de los grandes, ni sea tan indefensa que cualquiera de ellos pueda caer en la tentación de absorberla. Los erizos no suelen ser presa cómoda de digerir.
  • En cualquier caso, en la mejor de las hipótesis, Europa haría, haríamos, muy bien en no perder demasiado tiempo: dotarnos de una coraza suficiente como para atragantar el apetito de cualquiera, va a llevarnos años, esfuerzos y sacrificios. Por si fuera poco, los europeos admiradores de Trump o de Putin, auténticas quintas columnas, son una plaga difícil de tratar. Xi Yin Pin, de momento, no despierta tantas adhesiones.
  • Si hay algo fuera de toda duda es que el comportamiento de D. Trump estimula a quienes se sientan con fuerzas para emularlo. De hecho, salvo declaraciones más o menos contundentes, nadie ha hecho nada para revertir el expolio que sufre Venezuela. 
  • En resumen: Polonia o las Repúblicas Bálticas están hoy más expuestas al expansionismo ruso y Formosa corre más peligro de ser invadida por Xi Yin Pin que hace un año.

¿Y España?

  • Es Europa y no creo que se nos pase por la cabeza dejar de formar parte de le UE. No obstante ¿recordáis al MPAIAC? Aquel fantasmal movimiento independentista canario nacido con los estertores del franquismo y desaparecido cuando el nuevo régimen disipó las dudas de la Embajada Norteamericana.
  • Muy curioso: a raíz de La Revolución de Los Claveles, apareció en Portugal el Frente de Libertação dos Açores (FLA), también volatilizado en cuanto la democracia portuguesa dejó de ser percibida como un riesgo izquierdizante.
  • Pensemos por un momento qué podría ocurrirnos si la presencia de China en África fuera tal que D. Trump necesitara, o creyera conveniente, tener una buena base de operaciones frente a las costas occidentales africanas.

En resumen

¿Recuerdan aquel poema que empieza "Primero fueron por los judíos, pero no me preocupé porque yo no soy judío" y termina "Ahora vienen por mí, ahora ya es tarde"? Pues eso, que estamos en el primer verso.

  





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