viernes, 17 de abril de 2026

¿El Huevo o la gallina?


Hace una eternidad

Corría el otoño de 1966, yo era un profesional al servicio del Estado que desempeñaba su primer destino, asombrado de cuanto veía a mi alrededor. Llegaba de la austeridad salmantina a la luz, el agua, el mar, las flores por todas partes: llegaba a Málaga que, por entonces empezaba a conocerse como "La Costa del Sol", uno de los puntos del litoral español donde empezaba a florecer la industria turística.

Recuerdo que una de las curiosidades que entonces llamaban la atención al malagueño era el prodigioso invento que funcionaba en los servicios del "Hotel Don Pepe", inaugurado un par de años antes en Marbella. Tanto dio que hablar que se hasta se organizaban viajes entre amigos para verificar que lo escuchado no era un bulo. Y allá fui yo con otros dos amigos ¡A comprobar si era cierto, y lo era, que los grifos del "Don Pepe" funcionaban sin llaves. Bastaba acercar las manos y el agua fluía sin interrupción, hasta que las retirabas! 

(- Creo que funcionan por célula eléctrica.

-¿Y eso qué es?

-¿Y yo qué sé? Un invento alemán, o americano)

La Marbella del final de los 60, era una ciudad amable, distinguida, a la que se llegaba por un carreterita de doble dirección, con un solo carril por cada sentido, carriles que se quedaban sin arcén cuando cruzaba un puentecillo, y había un montón. Contaba con algunos restauantes de renombre, "La Fonda", "Santiago", alguna sala de fiestas que los más entendidos empezaban a llamar discotecas y recibía un pequeño pero selecto contingente de visitantes, a medio camino entre el viajero, una especie en franca regresión, el veraneante y el turista. ¿Cuántos, entre todos? No creo que sobrepasaran los cuarenta o cincuenta mil al año. Más o menos como el número de habitantes censados, entre los que los extranjeros eran una exigua minoría.


Marbella, hoy

Desparecidos los profetas del desarrollo de Marbella los Hohenlohe, las Gunilla von Bismark, los De Mora y Aragón, los Jeques árabes, perdido en el recuerdo el inefable Jesús Gil y Gil, apagados los ecos de la "Operación Malaya" que sentó la mano a los epígonos de Gil por sus desmanes ¿Qué nos encontramos ahora en Marbella?

160.000 habitantes censados y casi otros tantos residentes estables. Han desaparecido los viajeros ¿quién puede tener interés en "viajar" a un lugar donde, a lo largo del último año han llegado un millón, cifra redonda, de turistas.?

Sé que los medios oficiales marbellíes blasonan de la calidad de sus visitantes. Discrepo profundamente. Dese hace unos años, el glamour del turista marbellí es cada día menor. Y la calidad de la oferta que reciben va en paralelo

Lógico, si se tienen en cuenta los números que se manejan en el turismo español y en el mundial. Si España se acerca a los cien millones de turistas al año ¿Dónde y cómo creen ustedes que puede seleccionarse esa cifra de visitantes para que todos resulten cultos, elegantes, refinados? ¿Los hay, acaso, en el mundo, o es demasiado pedir?


Algunos detalles:

  • Hasta hace unos años, el único restaurante en el Paseo Marítimo, digno de tal nombre y de tal emplazamiento, era "Santiago": amplio, buen servicio, buen producto, fabulosa bodega, y, como se deduce de lo dicho, magnífico emplazamiento. El local cerró por jubilación del dueño (bien ganada, por cierto). Tras algún intento de reapertura, hoy, por fin, una parte de lo que era el viejo "Santiago" da cabida a una de las dos grandes franquicias mundiales de hamburgesas. 
  • Paralelamente, el Paseo Marítimo apesta a los humos de los chiringuitos de la playa, soporta un pavimento en condiciones penosas, y tanto restaurantes como tiendas son establecimientos de tres al cuarto.
  • Poco más de cien metros adelante de lo que fue "Santiago", en los bajos remodelados de uno de los más conocidos edificios de esa zona del Paseo, se han instalado, un bazar chino gigantesco, un gimnasio que huele a sudorina y otra hamburgesería, hermana (o rival) de la anterior, esta vez por cuenta de la otra gran marca mundial del sector.
  • Durante años, más de medio siglo, en el extremo occidental del Paseo del Mar, en plena Ricardo Soriano, la arteria principal de Marbella, estaba la "Cafetería Marbella", un lugar con buen café, buena bollería y un espacio propicio para dejar pasar el tiempo ante una merienda clásica. El local es una concesión municipal. La actual Corporación, cuando el anterior ocupante tiró la toalla, se lo ha adjudicado ¡A otra hamburguesería más! (en este caso "Five Guys", la tercera en discordia).
  • Hablen con los que conocen la evolución de Marbella y pregúntenles si es cierto o no que, lenta pero constantemente, decrece el número de establecimientos donde se disfruta de una buena cocina malagueña, no sólo frituras, sino platos como una buen gazpachuelo, una sopa Viña AB, mientras aumenta la lista de restaurantes italianos y, en menor medida, japoneses.

Vuelta al principio

  • ¿Por qué son así las cosas?¿Por qué la totalidad de los accesos al Paseo Marítimo, están llenas de señales de tráfico bien visibles que prohiben la circulación de bicicletas y patinetes, y, si embargo, unas y otros circulan alegremente a todas horas? ¿Se tratará, ésa es mi opinión, de hacerle saber al turista que ha llegado al paraíso donde las reglas no están escritas para él? ¿Temen los munícipes y sus agentes molestar al turista y que cambie de destino el próximo verano?
  • ¿Por qué se tolera la venta ambulante, los manteros para entendernos, en pleno paseo ante los ridículos comportamientos de la Guardia Municipal que hace como que vigila  y persigue la práctica, pero no evita la presencia de la colección enorme de vendedores? ¿Por qué en Marbella se da este fenómeno y en Estepona se ha erradicado? ¿Es casualidad o connivencia?
  • ¿Creen los responsables municipales que con esa actitudes de desidia ante infracciones flagrantes atraen a un turismo de calidad o están favoreciendo el tránsito hacia un modelo de turismo tipo Magaluf? 
  • El gran comercio está desapareciendo del casco urbano y se ha refugiado en un enorme Centro Comercial en las afueras ¿Tendrá algo que ver con la insuficiencia manifiesta de plazas de estacionamiento? 
  • Por tanto: ¿El descendente nivel de los visitantes se debe a que los que han dejado Marbella por otros destinos añoran el paraíso perdido o es que la marcha de aquél tipo de veraneante hace imposible mantener las señas de identidad de una ciudad que se fue para no volver?

Las grandes cifras

Es una realidad, que terminado el primer cuarto del siglo XXI, el turismo de masas, o más exactamente, el gigantesco negocio del turismo de masas, se ha consolidado como un fenómeno mundial.

El placer de viajar, de hacer el camino, de disfrutar de lo desconocido, de valorar las diferentes maneras de solventar los mismos problemas, de comparar culturas, se ha sustituido por la frivolidad de hacer ver en las redes sociales dónde has estado y con quién. Las pavorosas imágenes de las filas de "escaladores" subiendo y bajando del Everest, son la prueba terrible de lo que estoy diciendo. 

Y ahora, algunas cifras referidas al año que ha terminado:

  • En 2025, España ha vuelto a batir su récord de visitantes: 96,8 millones de turistas extranjeros que han dejado 134.712 millones de euros. Nos acercamos a una cifra de visitantes que acabará doblando a la de los habitantes de España
  • No somos los únicos: Para el mismo 2025, las mareantes cifras mundiales hablan de 1.500 millones de turistas, moviéndose de un lado para otro, los japoneses vienen a Sevilla, y los españoles vamos a Kioto. Entre unos y otros, han gastado entre 1’7 y dos billones de dólares, a razón de entre 1.100 y 1.300 dólares por viaje.

En resumen:

  • Demasiado dinero, demasiados intereses como para que la alcaldesa de Marbella pierda el tiempo en florituras. Si el visitante no busca lo que nos hace diferentes, sino hacerse un selfi en una terraza mientras devora una hamburguesa o una pizza, démosle lo que quiere y no perdamos el sueño: a  ver si el año pasado vienen más.
  • Hay otros problemas, pero de eso ya he hablado alguna vez. De la fragilidad del turismo, de su dependencia de fenómenos que no controlamos, aunque a veces nos favorezca, como la guerra en destinos turísticos rivales, de los riesgos de hacer depender nuestra economía, en tan excesivo grado, de un sector tan poco fiable. Lo sabemos pero ¿estamos haciendo algo al respecto?
  • Para terminar con un dato positivo: parece que, por el momento, el miniclima de Marbella sigue siendo una realidad. Sufre los efectos del cambio climático, como es de suponer, pero sigue siendo más benigno en invierno y en verano que el que reina sólo unos cuantos kilómetros más allá.
P.D.
¿O será, nada más, que he envejecido?


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