La caza del Octubre Rojo
Pura casualidad
Los lectores asiduos saben que mi post suele llegar el viernes por la noche o la mañana del sábado y que acostumbra versar sobre el hecho más relevante de la semana. Ha habido excepciones, pero son eso, excepciones.
Esta semana, sin embargo, escribí el lunes sobre los resultados de las elecciones andaluzas para no correr el riesgo de que a lo largo de la semana algún suceso relevante me obligara a olvidarme de Andalucía o a dejar pasar por alto la última noticia.
Así fue y puedo asegurar, con el nivel de contundencia que me sea requerido, que ninguna sospecha había en mi mente de que, un día después, el martes, se haría público el auto judicial por el que se abre investigación judicial sobre el ex Presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
No, definitivamente, no estoy en la selecta y desconocida lista de los que parecen disfrutar del extraño don de la adivinación, con o sin bola de cristal.
José Luis Rodríguez Zapatero
He dicho, incluso lo he escrito en al menos una ocasión, que valoro con nota bastante alta el papel de Zapatero como Presidente de Gobierno. Ni pido adhesiones ni veo razón alguna por la que tuviera que cambiar ahora de opinión.
Y no, no se trata sólo, aunque también, de la tan traída y llevada "presunción de inocencia", ya volveré sobre este punto, sino porque, como acabo de decir, me refería a su mandato presidencial, no a lo que haya podido ocurrir después.
La llegada de Zapatero a La Moncloa fue un caso palmario de cómo puede llegarse al poder, por un error de cálculo del contrario; de D. José María Aznar en concreto, Presidente saliente que por propia decisión no se presentaba a la reelección. Recuerden: la práctica totalidad de los encuestas otorgaban al PP una cómoda mayoría, pero no la absoluta. Ocurren los atentados terroristas del 11-M y tratando de conseguir los votos que faltaban, J. M. Aznar difundió por todas partes, incluidas las Embajadas de España, el bulo de que el autor de la masacre había sido ETA. El conocimiento de la verdad y la reacción popular, llevó en volandas a la Moncloa a José Luis Rodríguez Zapatero y mandó a M. Rajoy a su casa. En según que círculos, esa victoria no se le ha perdonado nunca.
No voy a enumerar los hitos importantes de sus dos mandatos; creo que son de sobra conocidos por amigos y enemigos. Repito que a mí me gustaron, lo que, desde luego, no obliga a nadie a compartir mi opinión.
Sí querría, en cambio, poner de manifiesto que, a diferencia de Felipe González, cuya inquina contra el actual Presidente del Gobierno y Secretario General de su Partido es manifiesta, Zapatero ha seguido la senda contraria, ha sido siempre uno de sus más firmes apoyos, desde negociar por cuenta de Pedro Sánchez asuntos delicados dentro y fuera de España, hasta ayudar en cuantas campañas electorales se le ha requerido. Ha hecho, pues, méritos suficientes como para que ahora sean legión los que batan palmas. ¿Puede ello terminar salpicando al Gobierno? Sí o no, dependiendo de lo que luego comentaré.
Martes 19 de mayo
Desde bastante pronto corrió la noticia: la Audiencia Nacional, el juez José Luis Calama en concreto, imputaba a Zapatero en un auto de 88 folios, cuyo contenido, según la inmensa mayoría de los que lo han leído, es serio, contundente, demoledor y bien construido.
No lo dudo. Digo esto porque no lo he leído, aunque sí he escuchado variedad de opiniones al respecto. No obstante, como en ocasiones parecidas, sobrevuela la opinión, no muy explícita (aunque de todo hay) pero sí bastante generalizada, de que Zapatero "ha hecho" y "ha cometido" esto y lo otro. Pocos reparan en que el auto, en sí mismo, no es más que el comienzo de un procedimiento penal del que me gustaría poner de manifiesto algún detalle que, oyendo según qué comentarios, parece olvidarse.
- En nuestro ordenamiento jurídico, como en cualquier país democrático, la carga de la prueba corresponde al actor, que en este caso es el Ministerio Fiscal y las acusaciones particulares. Es decir, son ellos los que tienen que demostrar ante el juez que Zapatero es culpable de los delitos que se le imputan, no al revés; no es el acusado el que tiene que demostrar su inocencia. Cuestión distinta es su natural derecho a la defensa.
- Hasta dictada la sentencia, por lo tanto, el imputado es inocente, algo que para una nutrida tropilla de caras conocidas de la clase política, tal parece que es una broma de mal gusto.
No obstante el caso no se presenta favorable para el ex Presidente. Basta comprobar la cautela con que se están pronunciando las voces del Partido Socialista, o, incluso, las reticencias de algunos de los socios habituales del Gobierno para darse cuenta de que "la cosa pinta mal" para el investigado, y, si se me permite, para la continuidad del Gobierno: nunca hasta ahora, Pedro Sánchez ha estado tan cerca del precipicio.
La Historia y el Derecho Penal
Ambas disciplinas juegan con el material humano como materia prima. De una u otra manera historiadores y penalistas valoran comportamientos personales. No obstante, sus herramientas de medición son diferentes. Para el historiador, un ser humano con incidencia en la Historia es juzgado por el saldo de su vida: César, Fernando VII, Nelson Mandela, son valorados por el resultado global de su trayectoria y, por muchos detalles que nos suministren sus biógrafos, al final la Historia los define con una o dos frases. O sea, para entendernos, una vida entera puesta al servicio de la libertad de un pueblo, la de Gandhi por ejemplo, no suele verse empañada por detalles que desentonen del juicio global, como lo sería en este caso, de ser cierta, su desmedida afición senil por las jovencitas. La contraria es igualmente cierta: la opinión sobre Hitler no cambia porque amara a los perros.
El Derecho Penal, por el contrario, se centra en actuaciones concretas y absuelve o condena según las circunstancias reales de lo que puede imputarse al justiciado. Una vida entera, o buena parte de una vida, consagrada a objetivos encomiables, no es, no puede ser considerada como eximente ni como atenuante de un hecho delictivo. Así que, por ejemplo, "Reconciliación" me parece un ejercicio superfluo de tratar de hacerse perdonar lo que su autor hizo mal, en aras de otras meritorias actuaciones a favor de sus conciudadanos.
Por si sirve de consuelo a quien le haga falta, resumo estos dos párrafos, un tanto pretenciosos, con una sola frase: se puede acabar en la cárcel por chorizo y pasar a la Historia como un buen gobernante.
Dos cuestiones, para terminar
- ¿Por qué hemos tenido la sensación de que la imputación de Zapatero no ha sido una sorpresa para todos? Y si eso es así, si hasta nos ha parecido que hasta ha habido quien se ha regodeado anunciándolo con dos semanas de antelación, si ha habido fuga de información ¿A quién le corresponde investigarla?
- ¿Hará caer al Gobierno este asunto? Yo no apostaría un solo euro, ni a favor ni en contra. Algunos de los socios han especulado con las consecuencias de que en un futuro próximo se demostrara que ciertas actuaciones de Zapatero habrían sido imposibles sin la colaboración del Gobierno. Anasagasti, el otrora portavoz parlamentario del PNV, ha ido más allá: cree que ha llegado el momento de apoyar una moción de censura. Ya se sabe: sólo hay premio para el primero que da el paso.
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