miércoles, 27 de agosto de 2014

Una civilización agonizante (3) ¿Nos sucederá el Islam?
 
Algunas informaciones útiles para centrar la cuestión.
 
- El Islam es la segunda religión en número de fieles, 1.200 millones, musulmán más, musulmán menos, siempre que consideremos el cristianismo como una sola religión que englobe a católicos y a todas las restantes variantes del cristianismo.
 
-  Está extendida por los cinco continentes, siendo más de una veintena los países en los que los fieles musulmanes son mayoría.
 
-  De la misma manera que el término "Cristianismo" engloba creencias y obediencias dispares (católicos, protestantes, cismáticos), el término "Islam" incluye versiones diferentes del mismo credo básico: Chiitas y suníes, principalmente, y otras variantes en recesión como el sufismo o el jariyismo.
 
- Una de las características de la religión musulmana es que no cuenta con una "Iglesia", en el sentido organizativo del término, lo que da pie para la existencia de múltiples interpretaciones del Corán y de las tradiciones islámicas.
 
- El 622 d.C., es la fecha que suele considerarse la de la fundación del Islam. Es, pues, la más reciente de las religiones monoteístas del Mediterráneo, con las que comparte origen, textos sagrados y profetas. Es como si vivieran, en cuanto a desarrollo doctrinal, en el año 1392 de la Era Cristiana.
 
O sea, en Plena Guerra de los Cien Años, mientras la Cristiandad padecía el Cisma de Avignon, a sólo 10 años de que Juan Hus empezara sus prédicas heréticas, a 39 de que Juana de Arco fuera quemada en Ruan por bruja, casi 40 años antes de que Inglaterra se separara de Roma, más de medio Siglo antes de que el Concilio de Trento intentara frenar el auge de la Reforma y a 60 años de que Francia se enfangara durante un cuarto de Siglo en las Guerras de Religión, todos contra todos, entre distintas versiones del mismo credo. Entonces, como hoy, los herejes siempre son los otros.
 
Las razones para la alarma.
 
De un tiempo a esta parte, crece la alarma en Europa ante el auge del Islam. Voces agoreras, vaticinan la invasión de nuestro paraíso por huestes famélicas y fanáticas de musulmanes despiadados, que terminarán con nuestro modo de vida, encerrarán de nuevo a nuestras mujeres entre los muros de nuestras casas y harán de nosotros, mártires o conversos.
 
Todo esto pasará dentro de muy poco tiempo, por la tolerancia imperdonable de nuestra abúlica clase política, que terminará por caer degollada en una orgía de sangre a la llegada de las hordas del Profeta que arrasarán Europa a sangre y fuego, cuando ya nada tenga remedio.
 
Éste es el mensaje que, con infinitas variantes, circula por las redes sociales. Doy por sentado que la mayoría de las veces, multiplicado por gentes que han llegado a atemorizarse de verdad y que creen a pies juntillas cualquier cosa que llegue por Internet, como ayer creían artículo de fe cualquier cosa que publicara la Prensa.
 
Pero, además de xenófobos, racistas y católicos fundamentalistas ¿no es cierto que los defensores a ultranza, por ejemplo, de las políticas sionistas de Israel (a no confundir con el Pueblo Judío) alimentan este odio al Islam y exageran sus capacidades destructivas?
 
La inmigración descontrolada y las altísimas tasas de fertilidad de las comunidades islámicas en Europa, nos llevan a un Continente dominado a corto plazo por los musulmanes. Podría tener alguna base, pero convertir en controlado lo descontrolado está en nuestras manos, sin tener que aplicar políticas hitlerianas. Más inteligente sería preguntarse el por qué de la inmigración, hambre, subdesarrollo, carencia de oportunidades, y resolverlo con inversiones en el origen del problema. Pero eso, me temo, no va a ocurrir, al menos por ahora.
 
Es cierto, por otra parte, que bastantes grupos fanatizados de musulmanes, desde Boko Haram, a los Talibán, y desde Al Qaeda al Estado Islámico, están en condiciones de causar mucho dolor y provocar serios problemas en nuestras muy vulnerables sociedades desarrolladas. La sofisticación de nuestro bienestar, precisamente, es lo que nos hace tan vulnerables, y eso lo sabe cualquier grupo terrorista, sea cual sea su ideología.
 
Algunos de estos grupos -todos, tal vez, pero unos más que otros- Boko Haram, Estado Islámico, se están caracterizando por el ejercicio de prácticas brutales que creíamos perdidas en el tiempo, y que, por otra parte, son utilizadas conscientemente, para provocar la parálisis por el terror, entre las poblaciones atacadas. La táctica tiene algunos miles de años de antigüedad. Quizás fuera Asiria la primera en utilizarla sistemáticamente (en Mesopotamia, es curioso) Pero no es lo mismo capacidad para hacer daño que para terminar con la Civilización Cristiana Occidental.
 
Esto, a mi juicio, es imposible, por, al menos las siguientes razones:
 
Composición heterogénea de lo que entendemos por Mundo Islámico.
 
Esos 1.200 millones de creyentes de que hablaba al principio, desperdigados por todo el Planeta, tienen en común poco más que el mismo credo, a reserva de lo que diré en el punto siguiente, y la vaga sensación de que las Potencias Occidentales (Cristianas, por cierto) son las causantes de sus desgracias.
 
Fuera de ello, las coincidencias entre un indonesio y un uigur, entre un Qatarí del clan dominante o un Pastún afgano, son las mismas que las que puede haber entre un cretense y un australiano, un almeriense y un islandés, por muy cristianos que se sientan todos. No hay, en mi opinión, ninguna posibilidad de generar entre ellos un movimiento coordinado de solidaridad panmusulmán. De hecho, los modestos intentos habidos  hasta ahora, se han saldado con fracasos absolutos. 
 
Versiones enfrentadas del mensaje del Profeta y carencia de aparato eclesial.
 
El mundo islámico está acercándose a toda prisa al escenario caótico de guerras intestinas entre las distintas sub confesiones que siguen El Corán. Caídas casi en el olvido las desviaciones doctrinales sufitas y jariyíes, asistimos hoy al enfrentamiento fratricida entre suníes y chiitas, cada día más enconado, como si el primer y más grande enemigo de cada uno fuera el correligionario que milita en la facción contraria, herética por definición, y como tal, exterminable.
 
Bien pudiera ser que este movimiento suicida, retardatario de cualquier posibilidad de progreso, no hubiera hecho más que empezar. Es cierto que en el pasado, ya hubo fenómenos de este tipo (recordemos las sucesivas invasiones de almorávides y almohades, fundamentalistas africanos ambos, que vinieron a perturbar el desarrollo cultural de Al Andalus), pero me da la impresión que la saña con la que yihadistas, turbas del Estado Islámico, talibán o seguidores de Bin Laden persiguen a los creyentes que militan en la facción disidente, es más virulenta que nunca.
 
Se dan todos los indicios para suponer que estamos en los prolegómenos de la versión islámica de las Guerras de Religión francesas de la segunda mitad del S. XVI
 
Por otra parte el raro fenómeno de la ausencia de aparato eclesial en la religión islámica, acarrea dos consecuencias: por una parte permite la proliferación de interpretaciones divergentes del mismo mensaje; por otra, la ausencia de una autoridad única e indiscutida dificulta, sino impide, la acción común, sea religiosa o política.
 
Esto explica, por ejemplo, por qué la última y más violenta manifestación del integrismo coránico, el Estado Islámico, esté intentando, antes que nada, antes, por lo tanto, de terminar con los infieles (o sea, nosotros) unificar su mundo bajo un mismo califato. Es decir, que tendrán que empezar por terminar con regímenes que ya son teocráticos hoy, Marruecos, Jordania, Arabia Saudita, algunos de los Emiratos del Golfo, por ejemplo. Ninguno de ellos me parecen dispuestos a dejarse engullir y desaparecer alegremente.
 
Carencia de recursos económicos, tanto industriales como financieros, para entrar en una hipotética III Guerra Mundial.
 
Una cosa es la capacidad para financiar a las huestes del Estado Islámico, poco más que unos Señores de la Guerra, o respaldar una acción terrorista puntual, y otra muy distinta estar en condiciones de soportar el cose económico de la dominación del Planeta.
 
Hemos leído que Qatar podría estar financiando a este último grupo citado. Puede que sí o puede que no. Puede que si lo está haciendo no sea sino el pago de la cuota de protección equivalente a la que se paga a un grupo mafioso para que te deje trabajar (y ganar dinero) en paz. Ojalá no haya modo de comprobarlo, pero ¿Qué haría el Emir de Qatar si continuar las ayudas trajera aparejada la desaparición de su Emirato? 
 
El petróleo árabe es la sangre que alimenta las economías de buena parte de los países musulmanes, incluida Indonesia. ¿Es ese recurso suficiente para la dominación mundial? En absoluto. Buena parte de ese petróleo está controlado bien por Occidente, bien por regímenes que verían el Califato Mundial como su propia desaparición. Habrá, además, otras zonas de aprovisionamiento de combustibles fósiles, y, antes o después, habrá fuentes de energía alternativas. No es una ilusión, es una certeza, aunque no tenga fecha. Ese día la capacidad de presión del mundo árabe habrá pasado a la Historia.
 
¿Entonces?
 
 - Durante mucho tiempo seguiremos soportando los riesgos y las consecuencias del terrorismo islámico dentro nuestras fronteras.
 
 -  El Islam seguirá desunido, incapaz de coordinar acciones globales y desangrándose en luchas intestinas.
 
 -  El mundo occidental está obligado a colaborar en la búsqueda de soluciones para los problemas más urgentes de las zonas más desfavorecidas del universo musulmán.
 
 -  No será el Islam quien acabe con la civilización de los infieles, o sea, nosotros. 
 

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