sábado, 21 de noviembre de 2020

 Mucho más que las cuentas del Estado


A veces no caben las medias tintas


En ocasiones conviene dejarle claro al lector cuáles son tus preferencias y tus aversiones. Convicciones o manías tan dignas de respeto o de extrañeza como cualquiera de las de cada uno de mis lectores.


Así es que para que nadie se llame a engaño: no me gusta este Gobierno. 


No me gusta por su origen porque el actual Presidente se desdijo de lo que fue una promesa electoral; no me gusta por su desarrollo diario porque evidencia la creciente influencia del grupo minoritario sobre el mayoritario; no me gusta porque el Presidente no cae en la cuenta de que es quien tiene la sartén por el mango cuando su socio le pone una y otra vez entre la espada y la pared. ¿O cree Pedro Sánchez que el profesor Iglesias aceptaría el órdago de ir a elecciones anticipadas?


En resumen: lo que en su día amenazaba el sueño del candidato Sánchez se ha convertido en la pesadilla de muchos ciudadanos, entre los que me encuentro.


No, no he ido a la sede de ningún Partido a solicitar mi carné. Sigo muy a gusto huérfano de tal certificado de adhesión y, además, tampoco me gusta la oposición, ni poco, ni mucho, ni nada. Si por oposición entendemos, para que las cosas sigan estando claras, el dueto Partido Popular y Vox.


Dicho lo cual, vamos con lo que quería que fuera el meollo del post de hoy.


La batalla de los Presupuestos


La preparación, propuesta, discusión y aprobación o rechazo de los Presupuestos Generales del Estado, son el momento político anual más importante desde hace siglos, aquí y en cualquier país democrático.


Mucho más decisivo que el vistoso, mediático y tumultuoso "Debate del Estado de la Nación" que siempre me ha parecido la versión parlamentaria de unos Juegos Florales en los que en vez de la Flor Natural, se entrega al ganador, el Cactus de Oro. Sólo se trata de un torneo de oratoria: no recuerdo ni un solo caso en que el citado Debate haya hecho caer a un Gobierno.


Volviendo a los Presupuestos, sobran los ejemplos des trascendencia sin salir de nuestras fronteras: la aprobación de subsidios solicitados por el Rey, ya fueran para hacer la guerra o para atender a sus necesidades diarias, estuvo en el nacimiento del parlamentarismo. Los viejos reinos de León, Aragón, Castilla vieron a sus Reyes acudir a sus Cortes Generales cada vez que necesitaban los fondos imprescindibles para seguir adelante. Conseguir lo que se buscaba costó a la Corona limitar sus prerrogativas.


Entonces y ahora, las Cortes Generales, los Parlamentos posteriores, el actual, han sido el escenario de encendidas polémicas, de agrios debates sobre los postulados teóricos de cada uno de los actores, el que pedía y los que tenían que conceder. Y con frecuencia, los acuerdos escondían cesiones mutuas; y siempre, siempre, tras los debates había ideas políticas que acababan reflejadas en cifras.


Así que cada vez que oigo que alguien se rasga las vestiduras porque lo que dijo éste o aquél orador estaba contaminado de ideología me pregunto si el autor del lamento es un ignorante o un farsante.


Todo debate presupuestario es un debate político. No puede ser de otra manera, porque se busca dinero, nuestro dinero, para aplicar un programa político, que está sustentado por una forma de ver el mundo, una ideología, en resumen, diferente a la que podría presentar quien está enfrente.


A veces dudo si las acusaciones de "politización" no esconderán la mala conciencia del acusador por dedicarse, también él, al ejercicio de tan criticada actividad. ¡Oh, bueno, no se alarmen, no hablo de nadie en concreto: lo de denunciar "sesgos ideológicos" lo hacen todos! Parece que ellos mismos, los profesionales de la cosa pública no tienen demasiada buena opinión de su oficio. Ellos sabrán por qué  


Los Presupuestos actuales y la extraña mayoría que los apoya 


Los últimos tiempos han visto el declive del bipartidismo, su momentánea sustitución por el multipartidismo y, tal como se percibe en los últimos meses, el progresivo asentamiento de dos bloques, izquierda y derecha, a los que, por el momento, les sobran algunas excrecencias cuya posible interpretación es que unos y otros están juntos "contra" algo, más que "a favor" de cualquier otra cosa.


Queda mucho trecho por recorrer antes de que los bloques fragüen. Hoy por hoy, hay demasiada desconfianza entre socios potenciales, Vox y PP, Sánchez e Iglesias, PNV y Bildu, Esquerra y JxCat, como para solidificar aleaciones duraderas. Incluso, lo admitan o no, las alianzas cambiantes no despiertan entusiasmos unánimes en las filas de cada una de las formaciones. 


El espectáculo ha comenzado


Y en estas inestables condiciones ha empezado el intento de conseguir unos Presupuestos que eviten otra prórroga de las cuentas que presentó Cristóbal Montoro en 2018.


Por si faltara algún elemento, el proyecto de Presupuesto corresponde al ejercicio que debe atacar la recuperación económica de un país zarandeado por las consecuencias de la pandemia, y debe hacerlo contando, se supone, con una vital inyección de fondos procedentes de la Unión Europea. Su cuantía, las condiciones para aceptarlos o no, y los criterios de su distribución territorial y finalista dan juego suficiente para enfrentar posiciones discrepantes.


El Partido Socialista, el más votado en los últimos comicios, no lo olvidemos, encabeza un Gobierno al que ha incorporado a un socio poco fiable. Poco más podía hacer si quería gobernar, salvo entregar sus votos a la oposición.


Lo que ocurre es que el socio elegido tiene sus propias y peregrinas ideas de qué debe hacerse con el país. Por ejemplo, aceptar y apoyar cuantos desafíos a la unidad de España se le ocurra a cualquier grupo periférico que acuda con sus votos a apuntalar su tambaleante mayoría relativa.


Hay, por otro lado, quienes se olvidan de que todos los Diputados que se sientan en el hemiciclo representan a Partidos votados por los españoles sin que pueda haber duda de su legitimidad hasta que un Tribunal diga lo contrario (como hizo en su día con Herri Batasuna, no por defender la independencia del País Vasco sino por sus probadas relaciones con un grupo terrorista, ETA, felizmente desaparecido hace algo más de nueve años). 


Hay quienes se resisten a admitir que el voto de Abascal y el de Iglesias valen lo mismo que el del representante de Teruel Existe, el de la CUP o el de Pablo Casado. También en este caso los olvidadizos pueden sentarse en cualquier ala del hemiciclo.


Así que ahora como en el Siglo XII, cuando los tuyos no son suficientes, no hay más remedio que hablar con quienes no piensan como tú para conseguir su apoyo. Y, qué cosas, resulta que quien tiene que ayudarte, viene con su lista de peticiones. Y si hay algo que debes tener claro antes de empezar a negociar es que no se trata de aceptar votos imprescindibles para seguir gobernando sino de qué estás dispuesto a ceder con tal de lograrlo. 


A veces da la impresión de que lo que se deja por el camino es algo que el donante estaba ya dispuesto a dar antes de que se lo pidieran. Y eso produce sospechas, desconciertos, irritación en el pueblo llano que no suele ser invitado a las conversaciones.


Calladito está más guapo


He oído a Rivera, don Albert Ribera, despotricar contra el viaje al centro emprendido por su sucesora al frente del maltrecho Partido que él dejó en la ruina. Está en su derecho, pero sería recomendable que antes de hablar se tomara un tiempo de reflexión. 


Es un lugar común achacar el varapalo electoral que llevó a Ciudadanos a ser poco más que un grupo testimonial al ansia de su líder por sobrepasar al PP. 


Tuvo en su mano cambiar el rumbo del Partido Socialista; pudo haberlo acercado al centro, arrinconar a Unidas Podemos y condicionar la ejecutoria del futuro Gobierno en el que él mismo podría haber elegido entre ocupar un puesto relevante o vigilar desde fuera el cumplimiento de un programa pactado.


No lo hizo, jugó otras cartas, se equivocó, perdió y dimitió. Es de agradecer. Lo que no tiene sentido es arremeter contra Inés Arrimadas por intentar ahora lo que él debió haber hecho cuando pudo. Como dijera W. Churchill "Quien no quiere cuando puede, cuando quiere no puede".


Cierto que, abandonada la política activa, de algo hay que vivir. Legítimo es dedicarse a la abogacía. Indiscutible su derecho a defender los intereses de este o de aquel cliente. Hasta los narcotraficantes y los violadores tienen derecho a ser defendidos, así que tiendo a pensar que los Partidos Políticos también.


Cuestión distinta es que me llame la atención el que Ribera dijera lo que dijo sobre la actual líder de Ciudadanos cuando estaba ya ocupándose de defender en Tribunales no recuerdo qué causa encomendada por el Partido Popular. Debe de ser pura coincidencia: también Ribera debería gozar de la presunción de inocencia. Quizás el peque de poco inocente sea yo.


Primera conclusión: cuánto me gustaría que el esfuerzo de Inés Arrimadas sirviera para algo. 


El papel de la oposición es oponerse


Nadie en su sano juicio debe esperar que cuando el Partido Popular está en la oposición se adhiera a la propuesta de Presupuestos del Gobierno. Nadie tiene por qué tomar en serio, por tanto, la descalificación del PresidenteSánchez  acusando de irresponsabilidad a Casado por oponerse al proyecto del Gobierno. 


Tal vez en situación de emergencia nacional, estado de guerra, catástrofe natural de magnitudes apocalípticas, riesgo de invasión alienígena, etc., etc. cabría pensar en unos Presupuestos aprobados por consenso. Ni es el caso, ni falta que nos hace.


No obstante, al PP deberían sobrarle argumentos para descalificar la propuesta en base a su contenido, a las consecuencias que de ella se derivarán para la economía española, a la falta de rigor, al desfase entre gastos en ingresos, o a cualquiera otra argumentación técnica, aunque esté sustentada, cómo no, en su ideología.


¿Para qué incendiar, pues, los ánimos de la ciudadanía con diatribas homéricas utilizando argumentos que pueden volverse en su contra? 


Votos admisibles o inadmisibles según de qué lado caigan


El PP votó en 2012 en contra de la propuesta de ilegalizar Bildu que presentó Rosa Díez. El Partido Popular, que gozaba entonces de mayoría absoluta, votó contra la ilegalización como el resto de la Cámara, por otra parte ¿Es Bildu más demoníaco ahora que entonces?


Por el contrario, en febrero de 2019, ERC y Bildu votaron con el PP contra el PSOE: tumbaron los presupuestos, Sánchez convocó elecciones y ahora estamos donde estamos. No recuerdo ningún reproche de nadie del PP a la ayuda recibida de los satánicos diputados vascos y catalanes.


Segunda conclusión: Todos los votos que apoyen mi postura son bienvenidos; si cambian de bando son intolerables, indignos y, desde luego, contrarios a los intereses de España.


Hay un grupo, Partido, movimiento o como quieran llamarlo que dice estar a la izquierda de la izquierda de la izquierda: es la CUP. Se definen como antisistema, son independentistas, anticapitalistas, republicanos y cuantas cosas más se les puedan ocurrir. Han votado a favor de las enmiendas a la totalidad. Lo mismo que PP y Vox. 


Los herederos de la muy conservadora Convergencia Democrática de Cataluña, hoy fiel intérprete de los caprichos del fugado Puigdemont, santo, seña e icono del independentismo irredento, también han votado a favor de las enmiendas a la totalidad. Lo mismo que Vox y PP.


¿Han oido ustedes alguna descalificación, algún síntoma de incomodidad por parte de Casado o de Abascal por viajar en semejante compañía? ¿No? Yo tampoco.


Tercera conclusión: quien vota conmigo cuenta con mi respeto; quien vota en contra, merece que se le niega el pan y la sal.


Un extraño camino que me recuerda los modos de hacer de  un tal D. Trump


Vox, después de defender y perder  su enmienda a la totalidad, ha dejado pasar la ocasión de presentar enmiendas parciales. Nada, ninguna, ni una sola. No podrá defender enmiendas que no ha presentado; no podrá intervenir en los debates; el Gobierno, supongo, lo agradecerá porque pretende una tramitación rápida.


Vox ha dicho que ni deja de horrorizarse por la que se avecina, ni piensa renunciar a la acción. Nada más ha decidido cambiar de herramienta: se acabaron, al menos por el momento, las soflamas en sede parlamentaria. Elige las redes sociales. Como Donald Trump, añado yo.


No soy quien para interpretar lo que otros no explican, o sea que no acabo de entender para qué se presenta uno a elecciones, para qué se muestra orgulloso, con razón, de los resultados, para qué toma posesión de sus escaños si en el momento crítico calla en el Parlamento y decide hablar en Twiter, en facebook y en donde más se les ocurra, pero, pese a todo, déjenme apuntar un par de comentarios:

  • Más de uno estará pensando que callar en el Parlamento y cambiarlo por las redes sociales es una falta de respeto a la democracia. ¿Para qué se vota a un parlamentario? ¿Para inundar la red de tuits? 
  • Si la elección de twitter como camino alternativo a la tribuna de oradores de la Carrera de San Jerónimo es influencia de D. Trump, tal vez convenga recordar que el papá de la criatura acaba de perder la reelección. No sé si es el mejor ejemplo. En todo caso, el votante decidirá cuando vuelva a preguntársele. 


Los pájaros contra las escopetas


Y, de fin de fiesta, el rizo del rizo, la contradicción flagrante, la enésima demostración de qué quiere decir en política eso de estar en misa y repicando, o de pretender estar al plato y a las tajadas: Unidas Podemos, parte integrante del Gobierno de la Nación presenta enmiendas contra su propio proyecto de Presupuestos Generales del Estado.


Lo hace al alimón con Bildu y ERC, lo que es cualquier cosa menos tranquilizador. Como para fiarse del socio: un día, Presidente y Vicepresidente ofician la ceremonia de la presentación en sociedad del proyecto de Presupuesto ante los medios. El acto me pareció un poco ridículo, pero allí estaban los dos, como hermanos siameses, unidos por el documento.


Una semana después, el Vicepresidente, reedita su actuación de abandonar su escaño para sumarse a quienes protestaban ante el Parlamento y ahora, de la mano de sus dos socios favoritos, independentistas vascos y catalanes, se enmienda a sí mismo ¿o no sabe que, al menos en teoría, los presupuestos que se defienden son tan suyos como del PSOE? ¿Olvida que los acuerdos del Gobierno son colegiados? O se está de acuerdo o se presenta la dimisión.


¿Podrá Unidas Podemos argumentar su enmienda contra Unidas Podemos o dejará que sean Rufián y Otegi los que hagan el trabajo? ¿Y quién hablará en nombre del Gobierno contra la enmienda presentada por el Vicepresidente del Gobierno, la Ministra de Hacienda o la de Igualdad? ¿Lo harán en el Parlamento, en la Moncloa, en la sede de UP o en el Corral de Comedias? ¿Alguien ha tenido noticia de un tan peculiar ejemplo de desdoblamiento de personalidad política aquí o en cualquier otro lugar del mundo?


Última conclusión: Dime con quién andas y te diré quién eres. Va por todos, que conste.


















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