sábado, 10 de febrero de 2024

 La beligerancia de los tractores


A Dª Ségolène no le gustan nuestros tomates

Mme Sègoléne Royal es un mujer curtida en cien combates. Pero no le gustan nuestros tomates. Mme Royal doctora en Ciencias Políticas y Económicas por la universidad de Nancy, egresada, ahí es nada, por la ENA (como quien en nuestra patria pudiera presumir de ser Ingeniero Aeroespacial y Letrado del Consejo de Estado) abomina de nuestras tomateras. Cosas que pasan.

Mme Ségolène Royal, afiliada activa del Partido Socialista Francés, cuenta en su haber con múltiples entradas. No es la más eximia su condición de ex pareja de M. François Hollande, pero puede presumir, en cambio, de haber fungido como Ministra de Ecología y de Desarrollo Sostenible y Energía. Su carrera tocó techo cuando su candidatura a la República fue derrotada por el candidato M. Nicolas Sarkozy (cuya opinión sobre la calidad de nuestros tomates, lo siento, no nos consta).

He intentado descubrir por qué una señora francesa cuya relación con España y sus tomates es desconocida para mí, se arranca un día por alegrías y ante público, micrófonos y cámaras de TV, con un manoseado tomate en su mano y un gesto, un tanto cómico, a medio camino entre asco, horror y complicidad buscada con la audiencia, la oí decir.·¿Habéis probado alguna vez los tomates bio españoles? Son incomibles... Son 'falsos bio' que no respetan las normas fijadas por Francia". (Advierto que, como es  natural, se expresó en francés. El texto en negrita corresponde a la traducción de nuestra prensa española. Cosa distinta es preguntarse si sólo es bio lo que decide París).

Explicar las claves del exabrupto, podría dar materia para un ensayo a medio camino entre la Ciencia Política, la Sociología o la supervivencia en Francia, bien entrado el S. XXI, de vicios nacionales, ciertos o supuestos como el chauvinismo.


Aunque, a lo peor todo es más sencillo. Por si alguien se anima y retoma la historia, he aquí algunas posibles líneas de investigación.

  1. La doña sufría un momentáneo ataque de hipogeusia y, cuando probó el tomate no habría podido distinguirlo de un canapé de bacalao ahumado, o de las deyecciones del perrito de cualquiera de sus amigas.
  2. Era la primera vez que degustaba un fruto español, le supo diferente a su habitual suministro y, suponiendo que el otro era de cualquier rincón de Francia, dio por supuesto que si había diferencia, el bueno era, por necesidad, el francés.
  3. Difícil pero posible: entre ministras francesas circula un virus antiespañol de origen, vías de transmisión y métodos curativos, desconocidos: la exministra de deportes galos, Mme Bachelot, dijo hace más de siete años que Rafael Nadal lo ganaba todo porque se drogaba. La cosa terminó en tribunales y la mismísima justicia gala ha condenada a la lenguaraz exministra.
  4. ¿Una muestra más de chauvinismo? Posible desde luego, aunque se compadezca mal con le evidencia de que entre los cerca de veinte millones de compatriotas de Mme Royal que hayan visitado España en el 2023 muy muy pocos habrán sido los que hayan venido a vernos provistos de sus propios tomates nacionales.
  5. En realidad, yo barrunto que la salida de tono de la ex compañera del M Hollande, ha sido un ejemplo del más ramplón y provinciano de los oportunismos políticos de los que he tenido noticia en los últimos tiempos: utilizar el contenido del dicho de "arrimar el ascua a su sardina", justamente cuando el mar revuelto asegura la ganancia del pescador.


Los errores de la Unión Europea

Que, no nos engañemos, es donde yo trataba de llegar, porque espero que entiendan que seguir hablando de la patochada de la ex ministra francesa es darle demasiada importancia. Otra cosa es aprovecharla como prologuillo del tumultuoso, en parte justificable y en todo caso plurinacional y hasta de confusa o inedintificable ideología política que se esconde tras la ruidosa movilización de lo agricultores europeos y sus coloridos tractores.

  • Fundamentalismo ecologista. Lo hay, nos guste o no. Una cosa es asumir la imperiosa necesidad de tomar cuanto antes medidas, a veces duras, otras impopulares, que pretender imponérselas a los tuyos sin haberte asegurado antes de que si no todos, al menos los responsables de más de las tres cuartas parte del problema, estaban dispuestos a seguir el mismo camino.
  • Contradictoria tolerancia liberal de la admisión de productos extracomunitarios no sometidos, a las mismas exigencias que se trataba de aplicar a la producción propia, lo que ha venido a derivar en una especia de dumping ecológico: la producción que haya de obtenerse según lo parámetros comunitarios normalmente será más costosa que la que no está trabada por nuestras exigencias.
  • Legislación ingenua. Es preciso definir con extraordinaria precisión los mecanismos que pretenden intervenir en el acortamiento y racionalización de la cadena alimentaria sin caer en manipulaciones del mercado que nos llevaran a dictar leyes de imposible cumplimiento.
  • Confusión entre unidad y uniformidad. Es posible que las condiciones de producción agrícola y ganadera, tan distintas en Países Bajos o en la dehesa extremeña, en el norte de Alemania o en centro de Sicilia, deban reflejarse en normas reguladoras diferentes. Como también parece lógico actuar desde la UE en función del carácter de un zona húmeda como Patrimonio de la Humanidad a la hora de resolver el coste de los conflictos intereses entre los regantes regantes y los defensores de la diversidad.
  • Control de la burocracia comunitaria. Está fuera de duda que desde hace tiempo la burocracia de la Unión está cumpliendo a rajatabla el principio de que antes o después la burocracia se retroalimenta y se convierte en un poder en sí mismo con sus propias leyes. Ayer oía a cierto dirigente de una asociación agraria española ironizando sobre lo difícil que le resulta cumplimentar los cuestionarios on line comunitarios desde sus terrenos a los que no llega la wifi. (A no echar en saco roto la irritación que produce llegar a conocer las condiciones de vida y empleo de estos funcionarios comunitarios).
  • Insuficiente atención a la evolución de precios y costes a lo largo del recorrido del producto desde la granja a la mesa. La impresión general, la convicción entre los agricultores europeos, es que ellos son los menos capaces de influir sobre quienes tienen la capacidad de cambiar el estado actual de las cosas y que, precisamente por eso, son los menos tenidos en cuenta.


El atípico caso español

Unos días después de que Francia estallara (contra nuestros camiones, como si para nuestros vecinos fuéramos extracomunitarios, como si por Marsella no llegaran frutas y verduras norteafricanas), sus colegas españoles se han ido sumando a las protestas. primero más o menos espontáneamente, después con la presencia de la asociaciones mayoritarias.

Me están llamando la atención algunos detalles

  • Las peticiones de nuestros agricultores son, básicamente, las mismas que las de belgas, italianos, franceses o portugueses, pero los destinatarios inmediatos de sus reclamaciones y de sus iras, son distintos: nosotros gritamos a alcaldes, consejeros autonómicos y, claro, al Gobierno. A Bruselas también, pero menos.
  • Hay un punto de razón: ni este Gobierno, ni los anteriores han estado capacitados para que lograr que lloviera más durante sus mandatos, pero sí para conseguir que el agua que cayó hubiera durado más: todos pudieron presupuestar y ejecutar obras para mejorar canales de distribución y evitar pérdidas por averías; y todos pudieron dragar embalses, aprovechando las sequías anteriores para aumentar su capacidad. No lo hicieron porque electoralmente no era atractivo. 
  • Todos han hablado de la necesidad de un Plan Hidrológico Nacional. Siempre que ha habido períodos de sequía ¿Alguno ha dado un paso para plantearlo? No, y no lo duden: volverán a olvidarse de él a la tercera borrasca.
  • En la actual coyuntura, nuestros políticos están ocupándose más de desgastarse mutuamene que de atender los problemas del agricultor (de cuya parte dicen estar todos) empezando por tratar de encontrar soluciones de validez general.


Algunas evidencias

Si limpiamos de retórica y oportunismo a algunas de las cosas que oímos a ciertos espontáneos que nos cuentan sus cuitas, resumiendo el resumen, llegamos a tres, cuatro, conclusiones inapelables:

  • No se puede trabajar a pérdidas.
  • Las Leyes inaplicables son contraproducentes (el mercado es implacable).
  • Ser menos tolerante con el vecino que con los tuyos nos lleva a preguntar a quién beneficia el doble rasero y por qué se tolera.
  • Oí decir a un indignado tractorista que por edad hablaba de oídas que "esto no pasaba en tiempos de Franco". Tiene razón: entonces había pocos tractores…



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