La muerte entra en campaña
Segunda catástrofe en nueve meses
El miércoles, a primera hora de la mañana, España se desperezó, atónita, con el atroz relato del segundo, y aún más grave, accidente ferroviario del año. En las inmediaciones de Urda, Toledo, acababa de establecerse un siniestro récord mundial en la no muy larga historia de la Alta Velocidad: en sólo nueve meses se habían producido dos accidentes. Ambos implicaron a dos trenes cada uno y habían causado un total de 115 víctimas mortales; 46 en el primero y 69, hasta el momento, el segundo.
Vaya desde este blog un abrazo solidario a los familiares de los fallecidos y mi deseo de recuperación a los heridos que han estado a punto de perder la vida.
Y mis lectores me perdonarán si, a partir de este momento, dejo a los medios de comunicación la tarea de informarles de los detalles del horror vivido el miércoles en el pueblo toledano. Espero que no me tachen de inhumano si dedico lo que resta del blog a los comentarios de índole política que me ha suscitado el acontecimiento.
El ascua y la sardina
Con las elecciones generales a menos de un mes, era de suponer que los contendientes que aspiran a encabezar o a influir en el futuro Gobierno, fueran incapaces de desaprovechar la ocasión, así que trataron de obtener el mayor rédito político de lo ocurrido.
- Sería poco más de las 9 de la mañana cuando "Espejo Público", el programa matinal de Antena 3 que presenta Susana Griso, puso un micrófono al alcance de Santiago Abascal: "Esto es lo que ocurre cuando el dinero destinado al mantenimiento de los ferrocarriles, se dedica a pagar los servicios de señoritas de compañía" (cita no literal). Dijo y continuó el resto del día con las actividades previstas para esa jornada. Ayer jueves, por la tarde, su Partido, ha interpuesto un querella contra Óscar Puente, por homicidio imprudente.
- Volviendo al miércoles por la mañana, el Ministro de transportes ("el ferrocarril español vive el mejor momento de su historia") tenía que enfrentarse a la prensa y protagonizar la correspondiente rueda de prensa. Sin descartar ninguna hipótesis, sin afirmar expresamente la responsabilidad de nadie, filtrando parte de las grabaciones entre controladores y maquinistas, se expresó de tal manera que la inmensa mayoría de los que le vimos y oímos podrían haber llegado a la conclusión de que, pendiente de la correspondiente verificación, el accidente se había debido a un fallo humano. En la tarde de ayer se ha hecho público el anuncio de que el próximo martes por la tarde, a petición propia, Óscar Puente comparecerá ante la Diputación Permanente del Congreso, con un único punto en el orden del día: el desastre de Urda. Veremos y oiremos.
- El Presidente del Gobierno, en sus primeras declaraciones, vino a decir que dos accidentes en la Alta Velocidad y con ese número de víctimas, eran "inasumibles". No aclaró el significado de su críptica expresión ¿Inasumibles? ¿Quería decir que no asumía, sin más, lo ocurrido, que cesaba al Ministro del ramo, que dimitía él mismo, o que, en cuanto tuviera un momento de respiro ingresaba en la Orden del Císter? El tiempo lo dirá o el votante lo olvidará, quién sabe, pero, en todo caso, de haber sido otro el comportamiento de Pedro Sánchez, no se habría encontrado en su actual encrucijada. Quiero decir que, si, para variar, hubiera obedecido el mandato constitucional de renovar los Presupuestos Generales cada año y se hubiera sometido al uso universal en los países democráticos de dimitir cuando el Parlamento rechaza su propuesto, ahora, o habría dispuesto de más medios u otro ocuparía su puesto. De manera que rasgarse ahora las vestiduras suena a impostura. Y aún hay más: ¿Por qué habiendo recibido España 165.000 millones de € para mejora de infraestructuras, las ferroviarias entre ellas, la línea Madrid / Sevilla, la más antigua, no había recibido ya el sistema de seguridad que montan ya el resto de las unidades que circulan por los demás trayectos?
- Alberto Núñez Feijoo, por su parte, acaso pensando en el viejo dicho taurino de que "hasta el rabo todo es toro"o en aquello de que las urnas las carga el diablo y que hasta que termina el recuento es un tanto prematuro dar la faena por concluida, reclamaba asunción inmediata de responsabilidades. Sin hallar todavía las cajas negras de ambos trenes, sin ninguna posibilidad de establecer las causas reales del accidente, asunción de responsabilidades ya. Que conste que lo entiendo ¡Qué respiro si Sánchez hubiera dimitido ayer! ¿verdad? Y, sin embargo, qué quieren que es diga, yo, en su lugar habría dicho lo mismo.
- Los socios, los habituales compañeros de viaje del PSOE, cada palo que aguante su vela, tomaron todos distancia, marcaron su propia personalidad y criticaron al Gobierno con una energía digna de mejor causa: las elecciones están, ya digo, a menos de un mes. En definitiva, lanzada a moro muerto. O como diría quien yo me sé "Chao, pescao"
En cualquier caso, convendrán conmigo que el tremendo suceso del miércoles tendrá un notorio impacto en los resultados del 29 de noviembre. Demasiado traumático y demasiado cercano a la cita electoral. Al PSOE le llega este cataclismo en el peor momento; ahora que estaba, dicen, remontando sus posiciones gracias a una campaña alejada del tremendismo que tenía enfrente, se enfrenta con un suceso del que es mpsoible desentenderse. Su tiempo de reacción es mínimo, el ejercicio de control de daños, urgente. ¿Seguirá Puente en Transportes? y si ha de marcharse, por dimisión o por cese ¿Cuándo acontecerá?
¿Quién mató al Comendador?
Tengo la impresión de que en esta ocasión no podrá acudirse al viejo "todos a una". Y me temo, por otra parte, que tardaremos meses o acaso años en saberlo. Recuerden, nada más, que seguimos sin conocer los entresijos del accidente de Adamuz, y, aunque en esta ocasión, las apariencias parezcan simplificar las causas, será imprescindible analizar al detalle qué pasó en Urda la mañana del miércoles.
Creo que es bastante obvio que, sin entrar a valorar los diálogos entre el centro de control de Atocha y los maquinistas de los trenes siniestrados (tan diligente y cuestionablemente difundidos por quien tenía interés en hacerlo), ha habido, además y antes, fallos técnicos: el automatismo que no funcionó fue excelente… en 1992, cuando se instaló en el primer AVE que hizo el recorrido Madrid / Sevilla. De eso hace ahora treinta y cuatro años; en términos tecnológicos, una eternidad. Hay otros sistemas más modernos y mejores. De hecho, fuentes autorizadas han reconocido el jueves que uno de estos sistemas estaba "a punto" de instalarse en todos nuestros trenes. No estaba aún siquiera a prueba, pero estaba previsto. O sea, que el que llevaba el tren de Renfe y no sé si también el de Iryo, eran sendas antiguallas.
Se investigará el accidente, los agentes concernidos acabarán, con toda probabilidad, ante los tribunales y algún día más o menos lejano sabremos cuáles fueron las causas y quiénes los responsables de la muerte de, por el momento, sesenta y nueve muertes.
España entera está mal mantenida
Nuestros trenes, otrora joyas efímeras de nuestra corona, se averían con excesiva frecuencia y, lo que es peor, se accidentan con secuelas trágicas. Nuestras carreteras, autovías y autopistas, están en un deplorable estado de conservación y eso es una de las principales causas de buena parte de los accidentes que cuestan, en su conjunto, más de mil vidas al año. Arden nuestros montes cada verano, destruyendo hábitats que tardarán décadas en recuperarse, llevándose por delante vidas y haciendas. Y los cauces de los ríos, arroyos y cárcavas siguen siendo el asentamiento de todo género de desperdicios, desde esqueletos de bicicletas a frigoríficos desvencijados, y los embalses no se drenan cuando las prolongadas y frecuentes sequías lo habrían puesto tan fácil, etc. etc. etc. Todo esto es así desde hace demasiado tiempo.
¿Qué nos pasa? ¿Por qué damos lugar a que la desidia se instale a partir del día siguiente a la inauguración de una autovía, de una nueva línea de alta velocidad? Sabemos que el mantenimiento, todo mantenimiento, consume cuantiosos recursos, pero, en mi opinión, las causas son otras.
- Por una parte, las tareas de mantenimiento no cotizan entre los activos electorales. No hay manera de inaugurar la limpieza del suelo de nuestros bosques, ni la reposición de los sistemas de navegación de la alta velocidad, por ejemplo. La rentabilidad en votos del mantenimiento, tiende a 0. Me temo que nadie, ningún Partido se libra de este defecto, que viene de antiguo. El ámbito autonómico y el municipal, discurren a la par que el estatal.
- Por otra, el mantenimiento, pensemos en el del ferrocarril, o en el de la limpieza de los bosques, es una tarea que trasciende en el tiempo a los ciclos electorales. Mantener el mantenimiento, valga la reiteración, exige continuar la tarea que otro comenzó, así que tiene que darse un cierto nivel de consenso previo entre Partidos, o entre bloques, qué más da, que dé por supuesto que hay cosas que deben pervivir, una red viaria segura, sólida y eficiente, sea quien sea el inquilino de La Moncloa. Dada la polarización actual, oyendo a los candidatos, no los de ahora sino los de los últimos veinte o treinta años pasados, prometer derogar esto, aquello y lo de más allá en cuanto reúnan a su primer Consejo de Ministros, también desconfío de que ese segundo origen del escaso afán por conservar lo que tenemos se ponga en práctica tan pronto como quisiéramos.
La gente, sin embargo, es maravillosa
Lo es, aunque a veces tengamos que esperar a que ocurra lo peor para ser conscientes de ello.
- Los primeros en llegar hasta el lugar de la catástrofe, antes que los sanitarios, antes que las fuerzas del orden, antes que los técnicos del ferrocarril, antes que la UME, fueron vecinos de Urda que ayudaron con sus manos a sacar de los coches siniestrados a los viajeros, que colaboraron, más tarde, en movilizar ambulancias y en llevar a cabo cuantas tareas se les fueron pidiendo.
- Muy pocas horas después de la petición pública de donaciones de sangre para atender a la angustiosa emergencia, hubo que desconvocar al río de donantes que acudieron al momento para solventar la carencia. Sólo en Madrid se contabilizaron más de seis mil donantes el mismo miércoles
Son sólo dos ejemplos de solidaridad colectiva, pero hay cien historias individuales de entrega al necesitado de ayuda. ¡Qué buenos vasallos… si hubiera buenos señores!
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