sábado, 17 de junio de 2023

 Una tabarra incesante

Para qué vale una campaña electoral

¿Para que el ciudadano tenga la oportunidad de saber qué proponen los candidatos y los Partidos que les apoyan? ¿Para que, en consecuencia, el voto de cada uno esté soportado por la libre decisión del votante ante opciones bien diferenciadas?

En absoluto. Eso es lo que dicen todos los interesados (deberíamos sospechar de tanta unanimidad) pero mienten. La verdad es bastante más prosaica: sólo se trata de dar con la tecla que lleve ríos de votos a su alberca, la mayor cantidad posible. El resto no cuenta.

Por consiguiente, si hay que mentir, se miente; si hay que prometer, se promete; si hay que olvidar, se olvida; si hay que disfrazarse, se disfraza uno. No faltaría más. Vale todo, o casi todo: acusar al adversario de lo que tú haces a diario, tergiversar realidades cuyo conocimiento pueda perjudicar tus expectativas, ocultar tus verdaderas intenciones tras frases rotundas aunque estén vacías de contenido. Lo primero es asegurar a tus votantes históricos, es decir, que no cambien de bando; luego intentar arrebatarle al contrario cuantos más partidarios, mejor. 

El problema, como se ve, es que si todos buscan lo mismo, acabas siendo víctima de la paradoja que Don Francisco de Quevedo enunciaba en su "Rol de cornudos": a base de intentar meterse en la cama de la mujer del vecino, todos acaban sufriendo lo que más temen: ser cornudos (la cita no es literal).

Parece un panorama desolador, pero es lo que hay. No es de ahora, como casi todo lo que tiene que ver con la política. Cosas parecidas pasaban ya en Atenas en el siglo de Pericles. Luego, la campaña termina, se abren las urnas y la misma noche electoral, donde dije digo, digo Diego, porque… Elijan la justificación que más les guste: seguro que coinciden con lo que dijo algún vocero.  

Veamos algunos ejemplos.


El debate sobre el debate

Pedro Sánchez propone seis debates electorales, seis, cara a cara con Feijóo. Borja Sémper, el brillante hombre orquesta rescatado por Feijóo para el PP, contesta que eso es una excentricidad.

A partir de ahí, todos los días presentadores y tertulianos repiten argumentos a favor o en contra de cada una de las dos posiciones. Se tira de hemeroteca para demostrar que cuando le convino, Pedro Sánchez remoloneaba los debates, o que Feijóo incurre en contradicciones flagrantes. 

Perogrulladas. Ya se sabe que los debates los pide quien va peor en las encuestas y trata de evitarlos el que cree que no los necesita. Cualquiera de los dos puede estar equivocándose, pero eso nunca se sabrá. 

Hay, no obstante, dos elementos indiscutibles:

  • El ciudadano tiene derecho a saber qué piensan hacer los candidatos que están pidiéndole su voto (que dicen que van a hacer, que no tiene por qué ser lo mismo que lo que terminen haciendo una vez que alcancen el Poder).
  • Si hablamos de un derecho del ciudadano, buena parte de las idas y venidas de estos días se evitarían regulando ese derecho, es decir, estableciendo por Ley el desarrollo  de los debates electorales: cuántos, entre quiénes, cuándo, cómo. Ni siquiera hace falta inventar: hay otros países que ya lo han hecho. En nuestro caso es una evidencia que no habría tiempo para aplicarlo antes del 23 de julio.


Los lemas electorales

Frases fáciles de recordar, media docena de palabras, como mucho, que vayan directas no a la razón sino al sentimiento. Unas veces se acierta y el lema recolecta votos, otras se falla porque no se entiende o se interpreta al revés. Hay ocasiones en las que pueden servir para lo que se crearon, aunque consistan en incongruencias.

Por ejemplo "Voy a derogar el sanchismo". Seamos algo rigurosos:

  • "Derogar". Según la RAE, en su única acepción, es dejar sin efecto una norma vigente. ¿El sanchismo es una norma? No. No importa qué recopilación de textos legales consulten, no hay norma alguna, de la Constitución a las Órdenes Ministeriales, pasando por la baraúnda de disposiciones emanadas de las CC.AA., que sea "El sanchismo". Primer problema, por tanto: técnicamente el sanchismo es inderogable.
  • "Sanchismo". ¿Qué es eso? Decir que habría que preguntárselo a Feijóo sería salirse por la tangente. A riesgo de equivocarme, puedo suponer que se refiere a una forma concreta e identificable de hacer política. ¿Puede derogarse, es decir dejar sin efecto, una forma de hacer política? Yo lo pensaría antes de contestar no vaya a ser que alguien pueda demostrar que, en el fondo, el modo de hacer política, en cuanto a pactos, en cuanto a prometer una cosa y hacer otra distinta, acabe siendo el denominador común de la práctica totalidad de los miembros de la clase política. Incluso, puestos a imaginar ¿No cabría la posibilidad de que hubiera sanchismo sin Sánchez? ¿O no sigue habiendo franquismo sin Franco?
  • ¿Equiparamos "sanchismo" con Leyes aprobadas durante su mandato? Podría funcionar, porque las Leyes sí pueden derogarse, pero o detalla a cuáles se refiere o puede acabar derogando Leyes que su Partido apoyó, como la modificación a la llamada Ley del sólo sí es sí. 
  • Última advertencia: cuando uno deroga una Ley, por ejemplo la que establece el incremento anual de las pensiones según el IPC, o lo hace a través de una cláusula derogatoria en la norma que sustituye a la anterior, o tendría que declarar expresamente vigente normas que ya desaparecieron. Imaginen la segunda: los jubilados hemos tenido este año un incremento cercano al 10 % en nuestra pensión ¿Tendríamos que reintegrar a las arcas de la Seguridad Social el 9’75 % del incremento, que es la diferencia entre la norma "sanchista" y la "rajoyista"? 

Rasgadas de vestiduras

Como era de esperar, el calendario político derivado de la convocatoria de elecciones generales está solapando los conciliábulos para lograr la gobernabilidad de Ayuntamientos y Comunidades con las actividades frenéticas de la precampaña de las estatales.

Tiempo propicio a las desmesuras, con especial incidencia en los pactos que van fraguándose para gestionar unos y otras. Máximas cotas alcanzan los comentarios de la izquierda cuando el PP pacta con Vox, herejía democrática, o cuando el PSOE lo hace con  la izquierda radical, delito de lesa ptria. Me pregunto a qué viene tanto escándalo.

  • ¿De dónde vino Vox? O, dicho de otra manera ¿A quién votaban los que ahora lo hacen por Vox cuando este Partido no existía? ¿Quizás al PP, y antes a AP? ¿Qué había antes de que Unidas Podemos se consolidara como fuerza hegemónica a la izquierda del socialismo? ¿Alguien pretende prohibir lo que no le gusta? ¿Por qué es asumible unirme con quien tengo a mi flanco y es un escándalo que lo haga mi oponente?
  • Si damos por hecho que todos los Partidos que compiten en las elecciones están amparados por la Constitución y que su peso especifico se corresponde con el número de ciudadanos que les han votado; si admitimos que mi voto vale igual, pero no más que el de mi vecino que eligió la opción opuesta a la mía ¿Por qué vemos natural que se agrupen mis amigos y me escandaliza que lo hagan quienes no lo son?
  • Por descontado, no hay en nuestra legislación posibilidad alguna de exigirle responsabilidades al político que se hartó de decir en campaña que jamás pactaría con  Vox o con UP, y que incumple la promesa al día siguiente del recuento de votos. Téngalo muy presente antes de soltar su voto: cuando lo hace a favor del Partido A, en realidad le está dando un cheque en blanco para que se junte con quien tenga a su lado; el Partido B, por ejemplo, que tan mal le cae. Y lo hará si lo necesita para llegar a La Moncloa, haya dicho lo que haya dicho la víspera.

No quisiera que nadie pensara que estoy apuntando en una dirección concreta. No en este caso. Al contrario: lo que estoy tratando de decir es que es aplicable el dicho de que en todas partes cuecen habas. Y seguirán cociéndose el 24 de julio.


Un ejemplo sublime de filosofía política (¿O será surrealismo carpetobetónico?)

PP y Vox han suscrito un documento programático subsecuente con su pacto de gobierno en la Comunidad Valenciana. 50 medidas en las que he visto reflejadas, como no podía ser de otra manera, las ideas de ambos firmantes: "violencia intrafamiliar", reducciones fiscales, rechazo a lo que la izquierda entiende por memoria histórica, ninguna referencia al cambio climático, etc., etc. Nada que no fuera previsible.

He leído alguna crítica, no condena, procedente de la calle Génova. Supongo que, por el contrario, a más de un dirigente de Vox le parecerá que los suyos se han quedado cortos. Lo habitual, en suma, cuando hay que gobernar con otro.

Algunos medios de comunicación de los que suelen considerarse fiables han publicado, además, lo que la coalición ha dado a conocer, también por escrito, como resumen del programa, concretado en cinco puntos. Asombroso. Advierto que no lo he tomado de la Webb de ninguno de los dos Partidos, así es que me excuso desde ahora por mis comentarios, si el referente no fuera auténtico.

El texto en cuestión, consta, como digo de cinco puntos nada más. Vean:

1- Libertad para que todos podamos elegir. 

2- Desarrollo económico, para reducir gasto innecesario e impulsar la economía. 

3- Sanidad y servicios sociales, para reforzar la sanidad pública y los servicios sociales. 

4- Señas de identidad, para defender y recuperar nuestras señas de identidad. 

5- Apoyo a las familias, para fomentar la natalidad, seguridad y promoción de las familias.  

Permítanme algunos comentarios sobre este documento digno de cualquiera de los grandes pensadores de la civilización occidental. Un prodigio de síntesis capaz de ocupar un lugar de honor en el mismo anaquel que diera cobijo a "La República" de Platón o "El espíritu de las Leyes" de Montesquieu, pasando por el "De legibus" de Marco Tulio Cicerón y "El Príncipe" de Maquiavelo:

  • "Libertad para que todos podamos elegir". Muy oportuna, imprescindible más bien, la precisión, no fuera a ser que alguien pensara que estaban refiriéndose a un modelo de libertad que no sirviera para elegir, o que sólo pudiera ser disfrutada por uno de cada cuatro ciudadanos. 
  • "Desarrollo económico para reducir gasto innecesario e impulsar la economía". Me pregunto quién habrá sido el genio clarividente que redactó este punto. Verá usted, mi anónimo escribidor, la finalidad del desarrollo no es reducir el gasto superfluo, sino más bien al revés: si usted logra reducir el gasto dispondrá de más recursos para lograr el desarrollo económico, que por cierto, es lo mismo que impulsar la economía. 
  • "Sanidad y Servicios Sociales, para reforzar la sanidad pública y los servicios sociales". Sin comentarios (o casi). Dos de la vela y de la vela dos. Tautológico enunciado que sorprende encontrar en un acuerdo entre dos Partidos tan proclives a lo privado frente a lo público, pero, en fin, eso es lo que dicen que dice el documento. Algún trasgo travieso extrae de mis recuerdos aquella otra frase antológica, "Un plato es un plato, y un vaso es un vaso" que dejó a la oposición sin habla.
  • "Señas de identidad, para defender y recuperar nuestras señas de identidad". Eso es, que como dice el pueblo soberano lo que abunda no daña. ¿Alguna idea sobre cuáles son nuestras señas de identidad? Por el momento, que se sepa no hay anexos que lo expliquen. Yo tengo mi versión, que no hace sino insistir en lo esencial: las señas de identidad son aquellas que nos hacen ser lo que somos. ¿Que no todos somos iguales? ¡Pues vaya!
  • "Apoyo a las familias, para fomentar la natalidad, seguridad y promoción de las familias". Un poco menos perogrullesco que los apartados anteriores (enuncia algo parecido a un escueto guión) pero deja todo sin concretar. Por ejemplo, ¿qué se propone para fomentar la natalidad, pagar a tanto por nene o prohibir la píldora del día de después? ¿Tiene algo que ver la seguridad de las familias con la violencia intrafamiliar, ahora que está claro que lo del machismo es un infundio de la izquierda progre? ¿Cómo va a promocionar la familia, con premios de natalidad a la antigua usanza, con puntos adicionales en los concursos de méritos para ascender, o con descuentos de fin de semana en los restaurantes?

En resumen: PP sabe lo que quiere Vox y Vox conoce de memoria lo que busca PP ¿Quién necesita papeles, la prensa? Pues toma papel. 


Nada más por hoy, y lo siento, porque me he dejado en el tintero dos materiales sobre los que quizás escriba en otro momento: la muerte de Berlusconi y los tropiezos judiciales de Donald Trump. Dos personajes con más de un punto en común.

sábado, 10 de junio de 2023

 Estrellas y estrellados

Réquiem por el Centro moribundo

En las democracias occidentales suele considerarse un axioma que el control del centro  es la escalera que conduce al Poder. Sin embargo, el centro político español carga a su espalda la paradójica maldición de que acaba siendo el oscuro objeto del deseo de unos y otros de manera que el Partido que lo encarna termina siendo triturado una y otra vez por la derecha y por la izquierda. 

Es la consecuencia de que los grandes ambicionan la ocupación de ese espacio como premisa para poder gobernar.

Al mismo tiempo, los Partidos que flanquean ese espacio enmascaran su verdadera fisonomía  disfrazándose de centristas, así que el conservador dominante se hará llamar "Centro Derecha", y su antagonista progresista, tratará de ser visto como "Centro de Izquierda".

Le teoría política dice que en toda democracia consolidada, es positivo contar con una formación moderada, refugio de intelectuales tolerantes, atractiva para la pequeña burguesía, para profesionales independientes, para gentes interesadas por la política pero alejadas de las ideologías excluyentes; un partido interclasista, apoyado en algún medio de comunicación solvente y alejado del sensacionalismo. Estas formaciones no suelen alcanzar la Presidencia del Gobierno pero sí puede decidir quién ocupará el sillón más buscado.

El papel esencial de este partido es actuar como amortiguador de la tensión que genera la confrontación directa de conservadores y progresistas, de tal suerte que ambos sepan que, llegado el caso su acceso al Poder pasa por recibir el apoyo del centro, que, por definición puede ser capaz de hacerlo con uno o con otro: todo depende de cuál de los dos sea capaz de incluir en su programa de Gobierno más o menos puntos del catecismo centrista.

En consecuencia, la mera existencia de ese Centro consolidado obliga a la derecha y a la izquierda a moderar sus propuestas.

Por desgracia, en España, desde los años 30, por referirnos sólo a épocas cercanas, cada vez que este Centro ha existido ha acabado pulverizado por las formaciones que lo flanquean

  • Azaña terminó en la irrelevancia frente a la batalla entre CEDA y a la conjunción social comunista. Al final de la lucha encarnizada entre ambos nos esperaba una guerra civil de la que a veces parece que aún no nos hemos recuperado del todo.
  • Suárez acabó siendo víctima de las prisas del Partido Socialista y del apetito del Partido Popular refundado sobre las ruinas de Alianza Popular, con la intestimable colaboración de los prófugos internos, muchos de los cuales les debían a Suárez ser quienes eran.
  • Intentos como el CSD, la UPyD el ensayo del centro liberal, no importa la valía de gentes como Miquel Roca, Caamuñas, Merigó, Garrigues Walker, Eduardo Punset, y tantos otros, acabaron siendo un lejano recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue.

Hubo un momento en el que parecía que Ciudadanos escaparía a esa maldición. Es verdad que el Partido nació con ciertas carencias doctrinales que hubo que ir rellenando con más frases que fundamentos: presentarse en público como garante de la lucha contra la corrupción y defensor de la unidad de España como conceptos diferenciales era olvidar que la honradez es requisito previo común (no importa cuántos lo olviden) y que la unidad territorial del Estado es bandera compartida por la inmensa mayoría de las formaciones, entre otros detalles porque esa unidad es piedra angular de la Constitución.

Pese a todo, pese a su programa económico tan alejado del centro, pese a su indefinición en bastantes otros campos, pareció consolidarse. Más entre desencantados de la derecha y de la izquierda que por obra y gracia del aporte de liberales convencidos, una especie que no abunda demasiado entre nosotros.

Ciudadanos empezó a morir cuando su éxito, primer Partido en Cataluña, tercer Partido  nacional a muy poca distancia del Partido Popular, despertó la ambición de su líder por llegar más allá. 

Varios errores monumentales, no hacer nada en Cataluña después de que Inés Arrimadas ganara las elecciones catalanas, o tratar de desbancar al PP para convertirse en líder no del centro sino de toda la derecha, mandaron a Rivera a su casa. 

Peor aún fue ser infiel al credo centrista y alinearse inequívocamente con la derecha.  No jugó la baza de apoyar al PSOE cuando pudo hacerlo y eso acabó trayendo como consecuencia la más nefasta algarabía de pactos entre socialistas y lo peor de cada casa para hacer buena la mayoría insuficiente del PSOE. Simultáneamente, el PP cayó en la cuenta de que los votos de Rivera, dado su cambio de estrategia, estaban disponibles: el objetivo dejó de ser conseguir su apoyo y pasó a ser absorberlo.

Albert Rivera confundió Poder con Gobierno; fue incapaz de advertir que hay más "Poder" en decidir quién gobernará España que en alojarse en La Moncloa.

No obstante, seguimos necesitando, quizás más que nunca, contar en este país tan propenso al cainismo con una fuerza capaz de castigar al extremismo, sea del signo que sea. Es posible que falten años para que acabemos dándonos cuenta de que no es lo mismo perder las elecciones porque el centro se ha aliado con la otra gran opción, que porque tu antagonista te ha machacado a conciencia.

La existencia de ese centro, hoy perdido, es garantía de que tú mismo tenderás a moderarte siquiera sea para poder contar, llegado el caso, con el apoyo de quien puede elegirte como socio dominante o inclinarse por tu antagonista, y que la decisión depende en buena medida, no sólo de los votos obtenidos sino de tu propia prudencia.

Otra vez será. Hoy, ahora, estamos lejos de ese remanso de paz. Andamos en otras: los conservadores tratan de quitar protagonismo a lo que hay a su diestra y los progresistas intentan ser hegemónicos respecto quienes tiene a su flanco izquierdo. Unos y otros quieren conseguirlo huyendo del centro. Peor para todos, peor para España. En cada cambio de ciclo, perderemos el tiempo deshaciendo lo que encontremos hecho porque es la manera de que se nos identifique como verdadera derecha o verdadera izquierda.


Historia de una caída anunciada

Nueve años. Ésa es la edad de Podemos. Fue el fruto de circunstancial una ola general de descontento. Vino al mundo como una consecuencia más de los efectos que la crisis financiera el 2009 tuvo sobre amplísimas capas de la sociedad española.

Un grupo de profesores universitarios, activistas sociales y tertulianos aglutinaron a su alrededor la más variopinta caterva de indignados que quepa imaginar. Pasado el tiempo, cuando fueron capaces de individualizar su indignación, unos acabaron votando a la derecha de la derecha, otros se quedaron en casa, algunos volvieron a su lugar de origen y bastantes siguieron a Podemos. 

La suma heterogénea de esos descontentos, el hábil manejo de las nuevas técnicas de comunicación social, la puesta en circulación de un lenguaje nuevo y la momentánea debilidad de las formaciones clásicas dieron alas al movimiento que, nacido como alternativa a la partitocracia, acabó siendo otro Partido más. No, no un Partido más, sino la caricatura de lo que decía odiar.

Podemos fue pasando de la fase del de la etapa del descontento como cemento aglutinador al personalismo lindante con el culto a la personalidad, las purgas internas, las deserciones, el germen de la desunión, en definitiva. Tanto que tuvo que añadir a su nombre el adjetivo "Unidas". Todo un síntoma.

El Partido nacido en los arrabales del movimiento antisistema, el que quería acabar con "la casta", creció deprisa, aglutinó docenas de movimientos similares, consiguió la incorporación de lo que un día fue nada menos que el Partido Comunista de España, coqueteó con el secesionismo, apadrinó la celebración de cuantos referéndums de independencia pudieran pedirse, convirtió en bandera la defensa del feminismo, de la diversidad, de la transición ecológica, del animalismo y llegó, como sabemos al Gobierno. En parte por la irresponsabilidad de los que negaron a Sánchez el pan y la sal, pero llegaron. Y ahí , precisamente ahí, empezó su declive.

Por el camino fue dejando los cadáveres políticos de la mayor parte del equipo fundador; repasen las fotos de Visa Alegre I. Cuando arreció el temporal, su mismo creador hizo como se alejaba, cuando en realidad seguía trasteando en su juguete con el mando a distancia, parapetado detrás de un micrófono y una cámara de televisión. Lo cierto es que nunca fue capaz de superar el hecho de que no es lo mismo juntar a tu alrededor a los descontentos que ponerlos a trabajar en un solo proyecto, porque las causas de la indignación eran dispares, contradictorias en muchos casos: había descontentos por lo que se hacía de más y por lo que no se hacía, y Pablo Iglesias quiso que marcharan todos al paso de su música. 

La debacle no ha sido, por el momento, del calibre de lo ocurrido a Ciudadanos, pero está al borde del despeñadero. Unidas Podemos no está en la UVI, pero acaban de darle cama en la UCI: los resultados de la última confrontación electoral son evidentes. Su irrelevancia aumenta cada día que pasa, cada oportunidad que pierde de distinguir entre la esencial y lo accesorio. Las epígonas de Iglesias ni están dando la talla ni son capaces de alzar el punto de mira y apuntar al horizonte: todo se les va en insultar a los que tiene más cerca. Quizás porque su soberbia se lo impide, acaso porque su vista no da para más.

No es que hayan caído en la herejía del fraccionalismo, es que a la izquierda del PSOE jamás hubo ni el menor amago de unidad. El odio al próximo es más fuerte que la aversión al contrincante. Siempre ha sido así: es peor el hereje que el infiel, y en esos matices, el español es un maestro.

Inexplicablemente, el dúo "Montelarra", la pareja de ministras más impopulares de la historia, no parecen capaces de entender algo elemental: lo malo no es que las odien los votantes de Vox; lo verdaderamente nocivo para la izquierda es que son las menos apreciadas por quienes tendrían que ser sus votantes naturales; estos, puede ser que no voten a Núñez Feijóo, pero si se quedan en casa restarán votos al bloque progresista. ¡Y Belarra y Montero, y Montero y Belarra, erre que erre, dando la murga con un relato que ya era viejo cuando se les ocurrió! 

Así es que así estamos ahora: en seis semanas votamos. La campaña se presenta desapacible, porque así lo hemos querido todos. 

  • La derecha, al menos sólo plantea una alternativa, PP o Vox, alternativa en la que cada día que pasa es más difícil encontrar las diferencias. No importa demasiado: al final el bloque encontrará la forma de trabajar juntos.
  • La izquierda, a la greña, perdida en los matices, enfrentada a muerte por personalismos suicidas, tendrá muy difícil ser el bloque compacto que saque al votante de su casa. Como suele decirse hay quien está dispuesto a quedarse ciego con tal de que el otro se quede tuerto.

A última hora, un panorama no tan incierto

Virtualmente enterrado Ciudadanos, y con las fuerzas a la izquierda del PSOE a la greña ¿qué cabe esperar el día 23?

  • Las encuestas, tomadas una a una, no aciertan jamás. Consideradas en su conjunto, señalan el horizonte con bastante nitidez: sube el PP y baja el PSOE; Vox aguanta y UP se desmorona. Nadie tendrá mayoría absoluta. El peso específico de cada uno de los bloques está muy parejo. Será determinante quiénes vayan los terceros.
  • Anoche a las 12 se cerró el plazo para inscribir coaliciones. Pocas horas antes supimos que Yolanda Díaz había logrado reunir bajo "Sumar" a las formaciones que están a la izquierda del PSOE. Las listas únicas no son garantía de éxito, pero sí condición imprescindible. 
  • Irene Montero se queda fuera.  Es la cara visible de algunos de los errores de más grueso calibre, imputables al Gobierno de coalición. Yolanda Díaz suelta lastre y su todavía colega del Consejo de Ministros, Ione Belarra, acepta lo inevitable: su más próxima compañera de Unidas Podemos, es rechazada por las demás formaciones.

Una última y manida reflexión: la alternancia es uno de los dogmas de la democracia: veámosla como lo que es, ganen o pierdan los que se llevaron tu voto.




sábado, 3 de junio de 2023

La campaña interminable

Hace una semana hubo elecciones ¿recuerdan?

Apenas 24 horas. En tan breve plazo, los resultados de las elecciones dejaron de ser noticia de primera plana y cedieron el espacio a la convocatoria anticipada de las generales.

No obstante, cada cosa a su tiempo: el 28 pasado votamos y nosotros, los electores, dimos el triunfo a unos y dejamos a otros en la cuneta. Pura simetría democrática.

El Partido Popular fue el rotundo ganador en ambos comicios. No importa cómo midamos el triunfo, si en votos totales o en Ayuntamientos conquistados y Comunidades controladas, el color del mapa cambió a favor del azul del PP. Ganó también Vox aunque no tanto, y en el territorio vasco, por poco que me agrade reconocerlo, también Bildu, que adelantó al Partido Nacionalista Vasco.

Los demás perdieron. Las elecciones fueron el acta de defunción de Ciudadanos, Partido fallecido hace ya tiempo y ahora sólo pendiente de fijar la fecha para decidir qué hacer con el cadáver. Perdió el Partido Socialista, se mire como se mire, y perdió bastante más lo que hay a su izquierda. El dúo Montelarra, con la inestimable ayuda de algunas comparsas y las insólitas declaraciones de quien fue su creador, el profesor Iglesias, piden cama en la UVI. 

Los errores se pagan; tanto que pueden llegar a hacer olvidar los aciertos. La memoria del pueblo soberano no suele coincidir ni con la de sus gobernantes ni con la de sus opositores. Recuerdan lo que les molestó y a veces, eso basta para tapar los aciertos que olvidaron. Así es, así ha sido siempre, y así seguirá ocurriendo, y al que no le guste que deje la política y se dedique a otra cosa.


Las municipales las carga el diablo

Tiren de memoria: el 14 de abril de 1931, el resultado de las elecciones municipales fue el detonante del cambio de régimen. Alfonso XIII huyó despavorido y dio paso a la II República.

Esta vez ha sido menos dramático. Sólo ha cambiado el color dominante en el mapa de reparto del poder. Cede la izquierda y avanza la derecha. Puro y simple ejercicio democrático de alternancia. Prueba de normalidad, así debería ser percibido por ganadores y perdedores. No me refiero sólo a los nuevos alcaldes y presidentes de comunidades y a quienes aspiraban a serlo, sino a todos nosotros, los votantes que lo hemos hecho posible. No lo olviden: su voto pesa lo mismo cuando su destinatario gana que cuando pierde.


En campaña de nuevo

Sin tiempo para especular sobre cómo se resolverá la gobernabilidad de los territorios en los que nadie ha logrado mayorías absolutas, cuando deberíamos estar atentos a cómo se afrontan los crucigramas pendientes en alcaldías o presidencias, qué clase de acuerdos pueden fraguarse para rematar lo que empezó la noche del 28, el Presidente del Gobierno, apenas quince horas después de cerrarse las urnas, hace pública su decisión de disolver las Cortes y convocar elecciones generales a celebrar el 23 de julio. 

Voces más o menos oficiales dicen que fue una decisión de Sánchez tomada durante la madrugada del 29 de mayo. Es posible, ni ustedes ni yo estábamos allí. Mi impresión personal es que no importa en qué minuto exacto diera el último paso, el análisis de qué habría que hacer dependiendo de los resultados electorales debió de estar hecho bastante antes y en él tuvo que participar alguien más. Lo contrario sería una prueba de inmadurez. No creo en ese automatismo temperamental que parece desprenderse de una decisión impulsiva tomada en la negra noche electoral en la que nada salió bien para el PSOE. 

Lo que no ofrece duda alguna es que se ha conseguido el primero de los efectos de la convocatoria, pasar cuanto antes la página de los resultados y volver a influir en el futuro inmediato, es decir, recuperar el protagonismo, guste o disguste a quien lo examine: la noticia ya no es qué Alcalde viene o qué Presidente se va, sino quién ganará las elecciones generales.


En la mente de Pedro Sánchez

Apenas terminado el recuento de votos que le llevó finalmente a la Moncloa, Sánchez tuvo que escuchar a García Egea pidiendo su dimisión. Desde entonces, PP y Vox y a veces Ciudadanos, una y otra vez pidieron la convocatoria de elecciones generales. Siempre con el mismo argumento: a los peticionarios les constaba que "la mayoría social", ésa cuya única voz válida es la que sale de las urnas, estaba harta del Gobierno de coalición.

Esta reiterada demanda facilita la explicación de la decisión de Sánchez, aunque sea la que menos haya pesado en su ánimo: las urnas del 28 de mayo certifican que son mayoría los que apoyan a los Partidos que, hoy por hoy, son la oposición; demos, pues, la voz a la ciudadanía y que los españoles nos digan a quién prefieren. 

Como era de esperar, por aquello de que el adversario nunca tiene razón, Alberto Núñez Feijóo ya se ha quejado de que no se le haya hecho caso antes y de las fechas de la convocatoria. ¿Las quería antes o después?

Pero hay mucho más. La decisión puede y debe ser examinada desde otros ángulos. Por ejemplo:

  • Solapamiento de calendarios políticos. Los ganadores de las elecciones no lo han sido con la misma contundencia en todas partes. Hay muchos Ayuntamientos y Comunidades Autónomas en los que no ha habido mayorías absolutas. El gobierno de estos Ayuntamientos y sobre todo de algunas Comunidades, va a exigir pactos entre PP y Vox. ¿Cómo y cuándo van a materializarse? ¿Durante la campaña de las  generales? Si es así ¿les conviene al PP y a Vox presentarse cogidos de la mano ante los futuros votantes? ¿Cómo diferenciarse una semana después? Hay estatutos Autonómicos que podrían permitir aplazar la decisión de pactar o no y de cómo hacerlo hasta más allá del 23 de julio. Pero, incluso en este caso ¿qué hacer en el entretanto, disputarse el voto estatal con uñas y dientes o dejarse ver como socios inminentes? ¿Qué efecto puede tener en el votante una u otra alternativa? En todos estos casos, los afectados, PP y Vox, tendrán que tomar decisiones que no habrían sido tan apremiantes de haberse mantenido el calendario normal. Sánchez les ha creado un problema.
  • Reducción de engorros. Se acabaron las incómodas sesiones de control parlamentario; ya no habrá que oír más críticas, más insultos; adiós a las peticiones de adelantos electorales; si acaso habrá que escuchar comentarios sobre la desvergüenza del Presidente que convoca comicios en fechas que a la oposición no acaban de venirle del todo bien. Cosas que pasan: desde la bancada de enfrente, todas las decisiones que tome el Gobierno, éste o el que le suceda, o son erróneas o son nefastas.
  • Manos libres en la relación con sus molestos socios ("molestas" en su monótona terminología), quiero decir socias de Gobierno: el dúo Montelarra y sus palmeras saben que ha empezado un tiempo nuevo y que el Presidente podría en cualquier momento mandarlas a su casa porque tan Gobierno en funciones sería el actual como otro en el que ellas no estuvieran. Tengo verdadera curiosidad por ver qué hará el Presidente. Si decide cesarlas, que no esperen mis lágrimas.
  • Recuperar la iniciativa. Pedro Sánchez, que empezó bien y terminó mal la campaña electoral, habría podido estar contra las cuerdas: semana a semana tenía ante sí el rosario de tomas de posesión, de celebraciones, de noticias positivas para PP/Vox y negativas para él. El adelanto electoral trastoca el calendario: ahora lo importante es saber quién gobernará España los próximos cuatro años. En resumen: menos sinsabores y alguna que otra posibilidad de volver a ganar, por lejana que sea. La convocatoria  adelantada es un órdago y los órdagos se ganan o se pierden, y eso sólo se sabe cuando se levantan las cartas, es decir, cuando termina el recuento de los votos.
  • La decisión tomada el 29 de mayo es de carácter estratégico: se trata de volver a ganar o de perder lo menos posibles. La tortura que le esperaba a Sánchez con la oposición cercándole a diario y las socias de su Gobierno protestando por lo poco que arriesga o por lo mucho que las incomoda, insultándolo a las mismas puertas del Consejo de Ministros, se antojaba insufrible. Esperar era, pues, la peor opción.

Cuestiones a tener en cuenta 

Las elecciones van a celebrarse veintitrés días después de que España acceda a la presidencia semestral de la Unión Europea. No es lo que a Sánchez, que tan bien se mueve en el escenario comunitario, más le hubiera gustado. Si, como avanzan las encuestas, perdiera las elecciones, tendría que ceder su puesto, presumiblemente, a Núñez Feijóo. Inevitable aunque no tan dramático: ambos, Sánchez y Feijóo tendrían que solapar el traspaso de poderes en ambos planos; es decir, tendrían que trabajar juntos ellos o sus equipos. No veo en qué podría perjudicar esa colaboración a los españoles.

  • La premura del calendario obliga a las formaciones a la izquierda del Partido Socialista (me resisto a perderme en la sopa de siglas) a conseguir unirse o a suicidarse en pandilla. Así que menos hablar de unidad y pónganse a trabajar, si quieren salir guapas en la foto del 23 de julio. Hasta el más profesor de todos los profesores, don Pablo Iglesias, ha insistido sobre el particular y recomienda, ¡qué cosas hay que oír!, humildad a sus chicas. Él que hace bien poco ponía a Yolanda Díaz de chupa de dómine y le auguraba la catástrofe si no rendía pleitesía a Unidas Podemos. Ahora, abiertas las urnas, las cosas ya no están tan claras.
  • 23 de julio: segunda quincena del segundo mes más vacacional del año. ¿Playa o voto? Incomodidad para muchos, necesidad absoluta de que el voto por correo no sea fuente de polémica, conjeturas sobre a quién perjudica más votar en vacaciones. ¡Pamplinas! Seamos adultos. Se ha votado, se vota y se votará en cualquier época del año y hacerlo es cumplir con la primera de las obligaciones del ciudadano que tiene la fortuna de vivir en una sociedad regida por los principios de la democracia representativa. Y no perdamos el tiempo en atribuir resultados que aún no se han dado a la distinta influencia del factor vacaciones en los electorados de los contendientes.

Una se va y otra vuelve

Para que nada falte en esta semana repleta de acontecimientos, hemos asistido a la despedida de una política y al retorno de otra.

  • Inés Arrimadas deja la política. Otro día retomaré el asunto. Hoy permítanme que le desee lo mejor que la vida pueda concederle ahora que elige dejarnos. Fue la pagana de decisiones erróneas que otros tomaron por ella. Lo siento por ella. Merecía mejor suerte.
  • Macarena Olona, por el contrario, vuelve. No era, o no quería ser, flor de un día. Cuando menos, ella está convencida de que su tiempo apenas ha comenzado. Me sorprende oírla decir sin pestañear que coincide con Podemos en reclamar referéndum sobre Monarquía o República. Espero que "Caminando Juntos", su nuevo Partido tenga algo más que ofrecer. El tiempo nos lo dirá.

En resumen

  • Estamos donde estamos, en precampaña permanente a la espera de unas elecciones que, ojalá me equivoque, van a venir precedidas de una campaña más bronca, más agresiva, más polarizada que nunca. Peor para todos.
  • ¿Por qué no empezamos por asumir que la alternancia es uno de los pilares básicos de la democracia? Digo esto referido por igual al resultado de los comicios del 28 de mayo y a lo que pueda ocurrir el 23 de julio. Ganan unos, enhorabuena, y pierden otros, qué le vamos a hacer. Y que sea por muchos años ¿O ya nos hemos olvidado de cuando no teníamos la posibilidad de elegir?
  • Cuando al término de un almuerzo, delante de unas cervezas, o en charla de amigos salgan a relucir cuestiones políticas, recuerden todos que la izquierda y la derecha vienen de la noche de los tiempos y seguirán existiendo contra viento y marea. Si la mitad de España piensa una cosa y la otra mitad otra diferente ¿Por qué hay que satanizar al otro? ¿No sería mejor dar por supuesto que el que ve el país con otros ojos también está convencido de que su creencia es la mejor vía para acabar con problemas que todos, ellos y nosotros, sabemos que existen?

Dejo para otra ocasión examinar más a fondo varios fenómenos ocurridos el 28 de mayo: 

  • La distinta suerte que corrieron dos formaciones independentistas, ambas dentro de lo que se ha venido llamando "la mayoría de la investidura". El ascenso de Bildu a costa del PNV y la pérdida de influencia de ERC a favor de los seguidores de El Gran Fugado.
  • La penosa noche triste de Ciudadanos y la sorprendente (o no tanto) debacle de las epígonas de don Pablo Iglesias.

Tiempo tendremos porque, de momento, no barrunto nuevas sorpresas sanchistas, aunque nunca se sabe cuando hablamos de un prestidigitador con probada capacidad de resistencia.