viernes, 29 de mayo de 2026

 Quousque tandem…

¿Es la gota que colma el vaso?

Ver en directo a los agentes de la UCO entrando en la sede del PSOE, saber que están allí para dar cumplimiento a un auto del Juez Santiago Pedraz, un profesional sin tacha, al que avala una larga, larga carrera que lo hace inmune a cualquier intento de cuestionar su decisión, verlos salir más de doce horas después con abundante material, me ha dejado atónito.

Un ladrillo más en el muro de nuestras lamentaciones… ¿Es la gota que colma el vaso? Depende de para quién.

  • Para el Presidente del Gobierno, desde luego, no: sin inmutarse, ha dicho en rueda de prensa, en Roma, que no está dispuesto a adelantar las elecciones por el mero interés de su Partido, que lo hará cuando mejor cuadre al interés de los españoles. Me temo que es justo al contrario: no va a convocar hoy, cuando la derrota del PSOE es algo indudable -cosa que se entiende- sino en el mejor momento que pueda elegir, dentro del margen que le otorga la Constitución. Salvo el Sr. Calvo Sotelo, nadie convoca al pueblo a sabiendas de que va a darle la espalda.
  • Para el común de los ciudadanos, para mí, por ejemplo, tanto ajetreo, tanta policía, tanto juez, han agotada mi capacidad de sorpresa. Miro a un lado: Ministros encarcelados, esperando sentencia. Miro al otro: la cúpula  de Interior, con el titular a la cabeza, sentados en el banquillo. ¿Cuál de los dos casos es más grave? ¡El de ellos! claman ambos ¿Qué más da? 
  • Como español atento a lo que pasa, sin ningún carné de nadie que pueda condicionarme, me declaro hastiado, indignado, a veces iracundo, otras desesperanzado. Viví la Transición en primera persona, asumí, entonces, mi cuota personal de riesgo (tampoco tan grande como para presumir), me angustié el 23-F, y cuando la astracanada llegó a su término, respiré convencido de que España, mi país, había llegado a la meta. ¡Qué error, qué inmenso error! como dijera Ricardo de la Cierva, aunque para error el suyo.

¿Qué nos espera?

  • ¿Los epígonos del mundo cutre de Ávalos, Cerdán y Koldo, el surrealista grupo comandado por la tal Leire? ("El Comando Garrapata", lo llama Pablo Iglesias).
  • ¿O debemos cifrar nuestra esperanza en que las urnas hagan justicia, manden a lo que un día fue el Partido faro de la izquierda al basurero de la Historia, con Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez a la cabeza?
  • ¿Para que los suceda quién, el Feijoo que aseguraba hace nada "nunca pactaré con Vox", y lleva ya tres gobiernos autonómicos cediendo a las exigencias de Abascal, y un cuarto haciendo cola?
  • ¿Y qué garantías de pulcritud puede ofrecer el único Partido, hasta ahora, condenado explícitamente por haberse lucrado de la corrupción. Un Partido en el que M. Rajoy o Mª Dolores de Cospedal siguen en su seno tan ufanos?
  • Qué le voy a hacer: ni la inconsistencia de Feijoo, ni el lenguaje de Tellado, ni la ramplonería chulapa de Dª Isabel ni, mucho menos, la ineludible alianza con Vox, cuyas líneas programáticas conozco, sirven para alegrarme las perspectivas de futuro.
  • Porque no le demos más vueltas: o el PSOE, versión Pedro Sánchez, apoyado en los escaños de quienes ya conocemos, o el PP más Vox (o , en la práctica, Vox más PP) es lo que nos espera.


¿La alternativa?

Permítanme citar a Antonio Gramsci: "Lo nuevo aún no ha nacido y lo viejo se resiste a morir" (cita no literal).

El bipartidismo ha muerto, lo mataron la corrupción y la soberbia de socialistas y conservadores, PSOE y PP, los dos grandes de nuestra política contemporánea ¿Qué nos queda? No lo sabemos, nadie lo sabe. ¿Podrían entenderse otro PP con otro PSOE? En Europa es una solución clásica; en España está inédita.

¿Un Partido de Centro? Pese a que socialistas y conservadores se autodenominen, a veces, centro izquierda y centro derecha, lo cierto es que, desde que recuperamos la democracia, sólo ha habido dos Partidos centristas con influencia real en nuestra política. El primero, UCD, acabaron con él las ambiciones de algunos de sus prohombres y la impaciencia del Partido Socialista. El otro, Ciudadanos, murió cuando fue evidente que sus dirigentes no estaban a la altura de los ciudadanos que les votaron.

Y mientras todo esto pasa, la radicalización de las posiciones, el encastillamiento de cada formación, la imposibilidad de compartir cualquier idea que no salga de tu propio Sanedrín, va acercándonos, día a día al punto de no retorno.


Conciencia perpleja

No trato de definirla, para eso está la RAE, pero para los moralistas la conciencia perpleja es aquel estadio en el que llegas a pensar que hacer una cosa o su contraria, te conduce, irremediablemente, al pecado.

Cuando alguien, allá por mi adolescencia, me lo explicó, ponía como ejemplo el animo irresoluto, desinformado y perplejo de algunas novicias.

No creo, ni quiero pensar que mi cerebro, por mor de Leires, Koldos, Rajoys o Villarejos, está a la dubitativa altura de Sor Virginia de las Catorce Llagas cuando era novicia, pero lo cierto es que, cuando pienso en las próximas elecciones, sean dentro de un mes o de un año y un mes, se me plantea un dilema : ¿Votar a Sánchez, con su conocido mariachi como acompañamiento? ¿Regalar mi voto a don Alberto, algo duro de tragar en sí mismo y más sabiendo que estoy poniéndole alfombra roja al Sr. Abascal?

Estoy oyendo al listo de costumbre que sugiere votar en blanco o quedarme en casa. Ya, pero no es mi estilo: tal vez por lo del hambre atrasada, desde que pude votar, lo hago hasta en las juntas de vecinos, creo que abstenerse es, en cierto modo, perder el derecho íntimo a poder criticar lo que pase a partir del recuento de votos.

En fin, no quiero amargarles el fin de semana, ya me las arreglaré,

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