viernes, 5 de junio de 2026

 Don Alberto en su laberinto

¿Y si las premisas eran incorrectas?

Se da por sabido que la cúpula del Partido Popular, desarrollando una idea de su Presidente, habría elaborado una estrategia muy concreta y bastante segura para desalojar a Pedro Sánchez de la Moncloa, en beneficio de Don Alberto.

Se trataba de encadenar cuatro procesos autonómicos seguidos, cuatro triunfos incontestables de la derecha y, como efecto inexorable, como apoteosis final, derrumbamiento de la coalición gobernante y sus variopintos apoyos, que daría paso a unas elecciones anticipadas en las que, como corolario triunfal de la ola que empezó en la Comunidad de Extremadura, Don Alberto era llevado en volandas a la Moncloa. Como fábula, estaba muy bien.

No sé si valoró correctamente o no, algo que todas las encuestas daban por descontado: el efecto Vox, del que más adelante volveremos a hablar. Resultaba inevitable tener en cuenta que era más que probable que, en al menos tres de los cuatro casos citados, el PP tendría que asumir el pacto con Vox, ya fuera dándole entrada en los respectivos Gobiernos o, en su caso, como mero apoyo parlamentario. Al final, el acuerdo con los de Abascal afectó incluso al proceso electoral andaluz, único caso, por cierto, en el que aún no hay acuerdo.


¿Conocía Don Alberto "Manual de resistencia"?

En modo alguno estoy aconsejando la lectura del libro de P. Sánchez, sólo quiero poner de manifiesto que el rival a batir es suficientemente correoso com para no dejarse impresionar por los triunfos antes citados. No estoy en la mente del autor del Manual, pero no me resulta difícil imaginar que el Presidente del Gobierno no conozca las encuestas, desde las inefables de Tezanos a las que la propia Presidencia maneja; sabe, por lo tanto, que convocar ahora a los votantes es verse abandonando La Moncloa antes del final de su mandato. Así que, como era de esperar, siendo el Presidente del Gobierno el único que puede adelantar las elecciones, sólo le quedan a Don Alberto dos alternativas, esperar a que San Juan baje el dedo o acudir a la Moción de Censura.


…y cuando digo" todo", quiero decir "todo"

Oído al Sr. Feijoo. Bueno, todo, todo, lo que se dice todo, está por ver. ¿La Moción de Censura entra de ese "todo"? Podría entrar. Don Alberto, el Partido Popular, puede presentarla, sin duda, pero ¿Tiene garantizada la victoria? Hasta la semana pasada era evidente que no. Los votos sumados de PP, Vox, UPN y acaso Coalición Canaria, se quedaban cortos; por muy poco, pero no daban la mayoría. Podría don Alberto, pese a todo, repetir la jugada de la Moción que perdió Felipe González frente a Suárez que, sin embargo, le sirvió de plataforma, de preámbulo, de rampa lanzadora para el triunfo arrollador que cosechó en las siguientes elecciones generales.

Entiendo, sin embargo, que Don Alberto no quiera pasar por ese trance: puede que tema el escarnio, las hirientes ironías de Pedro Sánchez, a las que no sólo es incapaz de hacer oídos sordos, sino que cada día parece más sensible.


Haciendo amigos

Así que ¿por qué no pensar en tocar a ciertos aliados del Gobierno que están dejando de serlo, que incluso le reclaman día sí, día no el adelanto electoral? ¿Por qué no explorar el posible entendimiento con ¡qué horror! vascos y catalanes; más en concreto, con el PNV y Junts. Al fin y al cabo, antecedentes hay de alianzas con ambos: sin ir más lejos, hubo un tiempo en el que su Partido pasó del "Pujol, enano, habla castellano", a que el mismísimo Sr. Aznar confesara que hablaba catalán en la intimidad. Claro que luego, M. Rajoy les aplicó el Art. 155 de la Constitución y no parece que les entusiasmara. 

En fin, que como no se pescan truchas a bragas enjutas, y una vez descartada la opción vasca por la contundencia, un tanto desabrida, de la contestación del Lendakari Pradales, allá que se fue D. Alberto, a Barcelona, a buscarse la vida. 

La reunión con el empresariado fue un modelo de cómo no hacer las cosas: "no vengo a pedir favores, ni estoy dispuesto a concederlos" (palabra más o menos) ¿Entonces, de qué iba la reunión? Los empresarios salieron del salón como habían entrado. El conferenciante también.

Quedaba la última bala: Junts (alguien debió sacar a relucir que este Partido es, en cierto modo, el hereu de la extinta Convergencia, la que pactó con todo el que se le puso por delante, de Suárez a Don José María, pasando por Felipe González). La contestación era de esperar: "Si tienen algo que proponer, nos vemos en Waterloo". ¡Sólo faltaba eso: acudir sumiso a postrarse ante el gran fugado! En resumen, siguen sin salir las cuentas, así que, de momento, nada de nada.


Moción con estrambote

Se supone que hablando por su cuenta y riesgo, aunque hay cosas que a veces no son lo que parecen, una momia política (con perdón), Juan Manuel García-Margallo, Ministro de asuntos Exteriores en el Gobierno de M. Rajoy, propone una Moción de Censura "instrumental" a la que adorna con algunas perlas: su finalidad exclusiva sería la inmediata convocatoria de elecciones generales (luego ha añadido que tras el tiempo imprescindible para hacer una limpieza necesaria). Si el problema es el candidato, podría buscarse un candidato políticamente neutro (¿algo así, pregunto, como el surrealista experimento de presentar al cadáver de Tamames como candidato de la moción de Vox? ¡Qué pena: quién te ha visto y quién te ve!).

La iniciativa me plantea algunas dudas, más allá de que lo de "instrumental"  no sé hasta dónde casa el modelo constitucional de "Moción constructiva". Por ejemplo: ¿candidato políticamente neutro? ¿Dónde encontrarlo? ¿Existe ese ejemplar o estaba postulándose a sí mismo para la tarea? Y por último ¿De qué limpieza habla y qué tiempo es el "necesario" para llevarla a cabo? ¿Verdad que este afán de limpieza tiene un tufillo un tanto sospechoso, por no decir siniestro?

O sea que tampoco es la salida que vaya a aliviar las urgencias de Don Alberto.


El factor Vox

No hace falta escribir un tratado de ciencia política para demostrar que bajo la aparente contradicción de quienes reclaman al Presidente del Gobierno electoral pero se niegan a apoyar la moción de censura, late su incompatibilidad con Vox, socio necesario del PP, ya fuera formando parte del Gobierno o garantizando su apoyo en el Parlamento.

Tampoco hay que extrañarse demasiado: en el programa de Vox está tanto la voladura del Estado de las Autonomías, como la ilegalización de los Partidos independentistas. Está Vox en su derecho, aunque otra cosa sea verificar que, pese a ello, saque partido de los comicios autonómicos, y que entre a cogobernar instituciones que quiere eliminar. Pero de ahí a que Don Alberto consiga el apoyo de Partidos que podrían verse en serios problemas al día siguiente de constituirse el nuevo Gobierno, hay cierta distancia.

Bien: no pasa día sin que Abascal azuce a Feijoo para que cumpla con su deber de Partido mayoritario y presente de una vez la dichosa Moción de Censura ¿A qué viene esa insistencia?

Habría que preguntárselo a él, pero se me pasa por el magín que a lo mejor da por supuesto, no ya que la moción naufragaría, eso se da por descontado, sino que Feijoo podría quedar en mal lugar en el cara a cara con Sánchez. Si los dados rodaran así, ¿no podría resultar que el único ganador real fuera Abascal, que en las elecciones de verdad, las que convoque Sánchez, arramblaría con los votos de los desencantados del PP? 

No me hagan mucho caso: tal como yo lo veo, no estoy seguro de si habrá o no adelanto electoral, pero lo que sí descarto es una Moción de Censura, salvo que me equivoque, claro.


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