El Rey desnudo
Tras los insultos llegaron los votos
En un pleno tan bronco, tan tabernario como cualquier otro, el afinado coro de insultadores llenó la cámara de improperios. Me parece una pérdida de tiempo, a más de una empresa complicada, llegar a establecer la clasificación de los aspirantes al disputado título de Insultador Mayor del Reino; ¡Hay tantos, tan sañudos y tan dedicados a su oficio…!
Día tras día, sea cual fuere el asunto a debate, se repite el espectáculo: uno tras otro, los oradores que toman la palabra, o se ufanan en encontrar motivos personales o familiares, no importa cuán alejados estén de la cosa pública, para desestabilizar al adversario, o se desgañitan tratando de demostrar que para malos, malísimos esos de ahí enfrente.
Todos los que se sientan en los escaños del Congreso o del Senado saben, o deberían saber, qué problemas les quitan el sueño a sus votantes. Siendo así, ¿por qué sesión tras sesión no hablan de por qué son incapaces de reducir el problema de la vivienda o de qué planes tienen al respecto para cuando ganen las elecciones?
Podríamos repasar la lista del resto de cuestiones que preocupan a los españoles, los problemas económicos, el paro, la inmigración (de éste al menos se sabe que gobierno y oposición mantienen posiciones irreconciliables a partir de la puesta en circulación por Abascal del concepto de "prioridad nacional") para llegar a la conclusión de que sus señorías tienen sus propios problemas y que son diferentes a los de la ciudadanía: para ser precisos, a saber, mantenerse en el poder cuanto más tiempo mejor, y acceder a él cuanto antes. ¿por qué medios? Por los disponibles.
¿Hasta cuándo tendremos que aguantar este insoportable ejercicio de dejación de responsabilidades?
¿Una derrota ética, o pedir peras al olmo?
Así que visto que el Presidente del Gobierno no está por la labor de dejar el campo libre a la oposición, pese a las reiteradas peticiones de dimisión o de convocatoria de elecciones, esta semana pasada, a propuesta del Partido Popular, se ha votado una moción que pedía al Presidente del Gobierno que dimita o que se someta a una Cuestión de Confianza. La suma de los votos del ponente, más los de Vox, más los de Junts, han sido suficientes para que la moción fuera aprobada.
Todos, los ganadores y los perdedores, sabían que, descartada la dimisión pura y dura, las fórmulas para hacer caer al Gobierno sólo son dos: moción de censura (método que el PP es renuente a plantear porque, hoy por hoy, le consta que le faltan votos para ganarla) o la moción de confianza cuyo único convocante habilitado para presentarla es el propio Presidente del Gobierno.
No obstante, pocas dudas caben de que el resultado de la votación de la que hablo es un fiel indicador de la pérdida de apoyo parlamentario al Gobierno. Desde un punto de vista ético habría cabido esperar algún efecto práctico sobre la actitud del Presidente. Cierto es que en otros tiempos o en otros países se presentan dimisiones por motivos mucho menos notorios, pero ¿alguien se ha extrañado de que quien lleva un trienio incumpliendo el mandato constitucional, claro e inequívoco, de presentar cada año las cuentas del reino, los Presupuestos Generales del Estado, se haya quedado tan tranquilo? Incluso se le vio reír, algo que, en mi opinión, es detestable, no ya en términos parlamentarios, sino simplemente, como ciudadano.
Siendo así las cosas ¿para qué repetir argumentos? La base argumental de la actitud presidencial para negarse a dimitir pese a los casos de corrupción que le rodean, fue la misma de siempre: "Y tú más".
La traca final
Como último evento de la semana, el sábado pasado se reunió el Comité Federal del PSOE, máximo órgano entre Congresos. Desconozco el número exacto de asistentes, como ignoro también el número de miembros del Comité, que estatutariamente no es fijo pero que ronda los trescientos.
Número más que suficiente como para aventurar la teoría de que con tales cifras, y hablando de una formación política, es imposible la unanimidad, salvo que admitamos la representatividad trucada.
El Secretario General del Partido, Pedro Sánchez, planteó la reunión, muy en su línea, sobre la necesidad de resistir a toda costa, dejar atrás los escándalos, tomar impulso y salir a ganar las próximas elecciones generales.
Veamos algunas perlas:
- “Vamos a limpiar lo que haya que limpiar y seguiremos gobernando”. ¿Se considera a sí mismo como terreno o material "limpiable" si llegara a ser procesado?
- “Vosotros sabéis lo que recortan el PP y Vox; esa es su propuesta para España. Aspiran a derogar todos los derechos, servicios públicos, y solo el PSOE puede frenarlos" De nuevo el viejo truco de amenazar con lo que hará o dejará de hacer el adversario. El espantapájaros ha funcionado en más de una ocasión. ¿Hasta cuándo? Todo depende, no de sus fieles del Comité Federal, sino de la masa anónima de votantes, sobre los que el control es mucho más problemático.
- "Abandonad toda esperanza" (1), dijo a quienes especulan con un posible adelanto electoral. Por lo que se sabe, en esa reunión, los esperanzados fueron sólo dos, Emiliano García Page y la alcaldesa de Palencia. Dos entre trescientos. ¿Demostración de su capacidad de convencimiento o muestra insólita de obediencia ciega? Me niego a usar ejemplos facilones de mayorías tan absolutas, pero añoro los tiempos en los que en el PSOE, frente a la solidez de la Dirección, que la tenía, había una corriente crítica, fuerte e influyente, como la hoy desaparecida "Izquierda Socialista" de Luis Gómez Llorente, Pablo Castellanos, Carlos López Riaño…
Dos críticos, sólo dos. Sánchez debería reflexionar sobre el abismo al que se enfrenta, rodeados de "fieles", incapaces de darse cuenta, y, por tanto de avisarle, de que está jugando el triste papel del "Rey desnudo". Tiene tantos leales que nadie se atreve a decirle la verdad. ¡Ay de él al día siguiente! Porque hay algo peor que perder unas elecciones: dejar a tu Partido incapacitado para volver a ostentar el poder durante una generación.
Sánchez está jugando con fuego: como decía, airea el fantasma de la ultraderecha (hay que reconocer que en esta artimaña tiene un aliado formidable en Feijoo cada día más entregado al abrazo del oso de su alianza con Vox) convencido de que le funcionará una y otra vez, pero no cuenta, o parece que no cuenta, con un enemigo invisible, pero real y temible: la ruptura de su suelo electoral, la abstención de cientos de miles de "votantes de toda la vida", que pueden hartarse de ir a votar con la nariz tapada.
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(1) "Abandonad toda esperanza". Debo confesar que me ha sorprendido la culta cita que comento, aunque tengo la duda de si además de su evidente oportunidad, ("Vosotros los que aquí entráis, abandonad toda esperanza", Canto tercero del Libro Infierno de la Divina Comedia de Dante) no cabe una interpretación freudiana ("no hay errores, sino actos fallidos") en la que el infierno se corresponde, precisamente, con el sistema sanchista de jefatura inmisericorde; porque me niego a admitir, como alternativa, que para el Secretario General del PSOE el infierno sean las urnas.
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