sábado, 22 de agosto de 2020

 La caída de Cayetana Álvarez de Toledo

Del infinito al cero

Permítanme el juego, acaso poco afortunado, de parafrasear el título de la vieja novela de Arthur Koestler. Tengo para mí que el personaje de la semana es, por derecho propio, la que hasta ahora era la portavoz del Partido Popular.


Llegó a nuestras pantallas, a las páginas de nuestros diarios, a las tribunas públicas hace no demasiado tiempo. El mismo, más o menos, que ha necesitado para acceder a la tercera de sus nacionalidades, la española, pese a haber nacido en Madrid hace 46 años.


En este lapso de tiempo, apenas trece años, Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, XIV marquesa de Casa Fuerte, se ha ganado un puesto en la galería de políticos españoles en activo. 


Esta semana ha dado, o han dado por ella, un paso más. Se ha eclipsado su estrella; y hablo de eclipse y no de apagón, porque barrunto que es un oscurecimiento pasajero, así que aconsejaría a los críticos oportunistas, antaño afines a sus tesis, no dedicarse al hispano entretenimiento de dar lanzada a moro muerto, por si acaso.


Solo el futuro sabrá qué será de ella. Por lo que a mí respecta, estoy tan convencido de que no ha desaparecido de nuestro teatrillo público como perplejo me encuentro sobre qué papel y en qué tragicomedia la volveremos a ver desarrollar sus dotes oratorias.


Quién es Cayetana


Cayetana Álvarez de Toledo de padre francés y madre argentina tiene nacionalidad francesa, argentina y española. Durante bastantes años su vida transcurrió entre Buenos Aires y el Reino Unido.


Estuvo casada con un empresario catalán y lejano primo suyo, del que tiene dos hijas y del que se divorció en 2018.


En el año 2000 ingresó en la nómina del diario "El Mundo". Fue también tertuliana en la cadena COPE en el programa "La Mañana", dirigido por Federico Jiménez Losantos


En 2006 fue nombrada jefa de gabinete del secretario general del Partido Popular Ángel Acebes


Dos años después, llegó al Congreso como Diputada por Madrid en la lista del PP, donde ejerció como portavoz adjunta del Grupo Parlamentario Popular. En 2011 renovó su escaño para la X legislatura.


El desacuerdo radical con la línea política de Mariano Rajoy la llevó  a  anunciar en octubre de 2015 que no se presentaría como candidata a diputada por el PP.


En 2019, con Rajoy fuera de juego, encabeza la lista del PP para el Congreso por Barcelona. Obtuvo el escaño a pesar de que el PP cosechó los peores resultados de la historia en la circunscripción, pasando de 4 a 1 diputados. En las elecciones de noviembre de ese mismo año, volvió a obtener el mismo escaño.


Hay quien dice que a sugerencia de José María Aznar, Pablo Casado la nombró Portavoz del Grupo Popular en el Congreso. Apenas un año después, el mismo Casado la ha cesado. Alguien debería recordarle aquello de "el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea su Santo Nombre". Parece que el mensaje de conformidad y moderación no le ha llegado a tiempo.


Momentos estelares


Cayetana ha sido y seguirá siendo una figura pública que levanta pasiones. Sus intervenciones, no importa en qué foro, no suelen pasar inadvertidas, aunque no recuerdo caso alguno que haya habido unanimidad de opiniones tras ninguno de sus llamativos rifirrafes. 


¿Recuerdan algunos de estos? 

  • En los debates del último proceso electoral, fue memorable su confrontación con Irene Montero sobre si se introducía o no en el Código Penal la exigencia del consentimiento explícito en las relaciones sexuales: "¿De verdad van diciendo ustedes "sí, sí, sí" hasta el final? Es un poco extraño, ¿no?".
  • Más revuelo interno revistió su acusación de "tibieza" aplicada a la posición de su Partido en el País Vasco frente al nacionalismo. Sus palabras escocieron a la dirección del PP liderado en ese momento por Alfonso Alonso. Borja Sémper, entonces portavoz conservador en Vitoria no se anduvo por las ramas: "Mientras algunas caminaban sobre mullidas moquetas, otros nos jugábamos la vida defendiendo la Constitución".
  • Dª Cayetana no acostumbra rectificar, así que poco después dijo en una entrevista a El Correo que el momento político actual era "más difícil que cuando ETA mataba". La presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo, Consuelo Ordóñez le respondió a través de Twitter: "¿Dónde estabas tú cuando ETA nos mataba?".
  • El 27 de mayo pasado, desde la tribuna del Congreso, llama "hijo de terrorista" al Vicepresidente Iglesias que llevaba un rato ironizando sobre sus orígenes aristocráticos. Fue una réplica brillante y contundente, pero estentórea y, sobre todo, inoportuna porque desvió la atención del  objetivo que ese día perseguía su Partido: poner contra las cuerdas al Ministro de Justicia, Grande Marlasca. Se equivocó de blanco y erró el tiro.
  • La última polémica llegó este mismo lunes, tras su destitución. Según ella misma declaró a las puertas del Congreso, su salida es "perjudicial para el PP y la causa que defendemos" al neutralizar "el pensamiento crítico"."Un partido político -dijo- no es ordeno y mando ni una secta donde todo el mundo es idéntico y piensa igual". Según Álvarez de Toledo, Casado considera que su concepción de la libertad "es incompatible con su autoridad".

¿Por qué se fue? 


Demasiadas influencias cruzadas, demasiados frentes abiertos. Los barones territoriales, Vox, Aznar,  Casado, García Egea. Demasiadas cuerdas para un violín

  • Feijóo, Fernández Mañueco, Moreno son puntales territoriales que emiten en distinta longitud de onda que la ex portavoz. Algunos, Moreno, por ejemplo, han logrado desalojar al socialismo del Poder en territorio andaluz por primera vez. Otros, Feijóo, han rechazado su colaboración y no la han necesitado para superar el techo histórico electoral. Desdeñar lo que no es Madrid es un error político de primer orden.
  • Defender la conveniencia de las mejores relaciones posibles con Vox, entraña un riesgo. Competir por el control absoluto de la derecha con quien está más allá de tu propia frontera diestra, puede desdibujarte y, además, deja demasiado espacio en el centro, sin que haya certeza alguna de que puedas ganar por la derecha lo que vas a perder por la izquierda. El anuncio de moción de censura de Vox, podrían haber aconsejado a Casado tomar distancia de la formación de Abascal, tratar de abortar el renacimiento de Ciudadanos, y abanderar él mismo cierto acercamiento al PSOE. 
  • Sin embargo, formas aparte, no sería justo descalificar a Cayetana Álvarez de Toledo por un supuesto extremismo ideológico, porque no hay tal. No es una cuestión de ideas sino de talante, de personalidad, de formas. Prueben a leer a la ex portavoz, sin ver su imagen agresiva, ni escuchar su hiriente verbo: no es extrema derecha, ni mucho menos.
  • El problema de Cayetana Álvarez de Toledo no es ideológico sino formal: no ha podido evitar que se la percibiera como una feroz enemiga de cualquier idea de progreso y, al mismo tiempo, ha sido incapaz de actuar como mujer de Partido. La libertad de criterio es algo hermoso, pero exige sus peajes.
  • Enfrentarse al aparato del Partido, de cualquier Partido, es un traspiés que raras veces se perdona. Cayetana parece convencida que su inteligencia y sus conocimientos bastaban para ignorar a gentes como García Egea. Error: el Secretario General puede estar más a la derecha que ella, pero no sólo no lo parece, sino, lo que es más importante, controla los resortes de la organización y ha sabido ver el momento de inclinar la voluntad de Casado a favor de sus tesis y no de la cada día más incómoda portavoz.

 

Tres eran tres los frentes abiertos y las discrepancias finales


La confrontación era inevitable.

  • Demasiados enemigos internos. Ha sido el chivo expiatorio en el altar del sacrificio donde se oficiaba la ceremonia del cambio de estrategia del PP. Era necesario rediseñar el futuro inmediato y ahí han aparecido los numerosos enemigos que Dª Cayetana se había ganado a pulso y de los que ya hemos hablado. Así que Cayetana, fuera, bienvenida Cuca Gamarra que ni es marquesa, ni tiene acento extranjero, ni apabulla al rival. 
  • Demasiado vulnerable el flanco que exponía al contrincante, aunque ella lo despreciara. La ex portavoz se veía jugando en otra liga que sus contrincantes parlamentarios.  Lo que percibían los órganos pensantes del Partido es que cada una de sus "magistrales" intervenciones abría tantas vías de agua, daba tantas oportunidades de crítica al contrincante, que sus logros se convertían en pequeños desastres cotidianos.
  • Demasiada soberbia. Dª Cayetana es inteligente, y habla bien, y es impermeable, y no es fácil sacarla de sus casillas, y es una enciclopedia andante, y tiene pedigree ¡y jamas ha hecho nada por hacérselo perdonar! ¿Alguien le ha dicho que la envidia es el vicio español por excelencia? Está convencida de que nadie puede hacerle sombra y ha terminado tundida a pedradas arrojadas por los suyos. No es la primera vez que ocurre por estos pagos.

En los últimos tiempos defendió tres buenas ideas que terminaron convertidas en tres graves errores


Primera: Propuso un Gobierno de Concentración Nacional entre socialistas y populares.

  • A no confundir con el esperpéntico Gobierno de Salvación Nacional defendido por Vox, aquel que, según Abascal, podría haber presidido Felipe González, o Aznar o Rosa Díez. 
  • La idea podría ser bienvenida, pero sólo viable si hubiera logrado convencer primero a Casado y a los órganos de dirección de su partido. Lo contrario es cavar la primera cuarta de terreno de su propia tumba. No debe hablarse de esas cosas hasta que hayas convencido a quien si las acepta, querrá presentarse luego como el padre de la criatura.

Segunda: Defendió que su Partido debería consensuar con el Gobierno los Presupuestos Generales y la composición de los órganos del Poder Judicial.

  • Más de lo mismo: ambas propuestas son más que positivas; son, habrían sido la garantía de estabilidad que los agentes económicos, Europa y el pueblo esperan como agua de mayo.
  • Sin embargo, hoy por hoy, la cúpula del PP puede admitir la pertinencia de desbloquear la renovación de las instituciones judiciales, pero pactar los Presupuestos, sigue siendo una propuesta herética. Casado busca el adelanto electoral, y eso es incompatible con un acuerdo presupuestario.

Tercera: Criticó la forma y manera en la que el Rey Emérito abandonó España.

  • ¿Verdad que hay bastante gente más a su derecha en su mismo Partido? Fuera del PP ¿Cuántos no piensan, no pensamos, que la salida de Juan Carlos I, no ha sido un ejemplo de nada?
  • No obstante, Dª Cayetana ha olvidado un pequeño detalle: su jefe, su Partido, están compitiendo con el PSOE a la hora de mantener una defensa cerrada no ya de la Monarquía sino de la trayectoria del Rey viejo y de cómo ha decidido elegir su destino. Y olvidar eso es imprudente.

Así que, resumiendo, su caída ha sido estrepitosa y demuestra quién es el personaje: una mujer incapaz de callar. 

  • Cayetana Álvarez de Toledo ha olvidado que dejó de ser una ciudadana "de a pie" hace tiempo. Su apuntado debate entre crítica y lealtad está desenfocado. Ella era la portavoz del Partido; la porta-voz, es decir la que llevaba la voz, no la suya, sino la del Partido. Dicho de otra manera. Cuando uno es portavoz de lo que sea, el Gobierno, el Partido o la Comunidad de Vecinos, carece de voz propia: por tu boquita sólo debe salir lo que ha decidido quien te ha nombrado.
  • En democracia, tan esencial es el fondo, como la forma, y, por otra parte, no siempre van por el mismo camino ideas y emociones. La mayoría de los votantes se dejan llevar más por las segundas que por las primeras, y es lo cierto que, pese a sus convicciones, las formas de la cesada inciden en las emociones primarias del ciudadano y contradicen los intereses que en este momento defiende o dice defender su Partido.
  • En puestos como el suyo, la soberbia y el exceso de brillantez, son un lastre. Hay que ser cauto y hacerse perdonar la superioridad de la que uno está tan convencido. Alguien puede decir que no hay por qué, que cada uno tiene derecho a ser como es. Cierto, siempre que no se extraña de que se la haga pagar el precio que "el público municipal y espeso" exige a quienes se empeñan en demostrar que son casi divinos. 


¿Ha habido daños?


Muy pocos o ninguno, creo yo. Estamos en verano; tenemos, por desgracia, problemas mucho mas graves y urgentes rondándonos y, al fin y al cabo, lo ocurrido no deja de ser una pelea interna en uno de los varios Partidos que se disputan el favor del televidente.

En opinión de Cristina Cifuentes, el cese de Álvarez de Toledo es "una noticia de lo más inoportuna" dado el momento en el que se produce, "en medio de una pandemia, una crisis económica, el Gobierno ausente porque están todos de vacaciones y Podemos abierto en canal con una crisis importante". Según ella el Partido Popular "debería estar en el control del Gobierno, no en remodelarse a sí mismo". (¿Solidaridad entre cesadas?).

Tampoco comparto el optimismo de Vox que se frota las manos contabilizando el aluvión de nuevos votantes que seguirán a Dª Cayetana hasta su caladero de pesca. Recuerden: estamos a mucha distancia de las próximas elecciones, siempre es dudosa la capacidad de seducción de una desertora (en el hipotético caso de que la cesada acabara recalando en Vox) y, por encima de todo: está por ver el recorrido que pueda tener el aparente cambio de estrategia que ha emprendido Pablo Casado. 














sábado, 15 de agosto de 2020

 Santiago y cierra España


Abascal anuncia moción de censura


El 29 de julio, a punto de incurrir en "agostidad", durante el Pleno del Parlamento dedicado al examen de las medidas acordadas por la UE para paliar los efectos de la pandemia, ("virus chino" en terminología Vox), el líder de este Partido anunció la presentación de una moción de censura  durante el mes de septiembre.


Las reacciones de los Partidos más significativos no se hicieron esperar

  • Pedro Sánchez optó por la ironía. "¿Se va usted de vacaciones?" Da la impresión de que el anuncio no es algo que vaya a perturbar los días de descanso que el Presidente del Gobierno haya decidido tomarse. Explicable a pocas nociones que se tengan sobre matemática parlamentaria: esa moción puede hacerle zumbar los oídos por las lindezas que espere recibir, pero no va a moverle el sillón.
  • Más significativa ha sido la reacción en las filas populares. Don Teodoro, el hábil lanzador de huesos de aceitunas, dice en Twitter que esa censura post vacacional está pensada para "salvar al soldado Sánchez" y que, en consecuencia, no cuenten con ellos para maniobras de distracción que refuercen al PSOE.  Ya ven: García Egea ve a Abascal como paladín del social-comunismo.  

¿Qué es una moción de censura?


En términos sencillos, se trata de un mecanismo constitucional que se activa en el Congreso de los Diputados para poner a prueba la continuidad de un Gobierno, bajo ciertas condiciones:

  • Debe ser suscrita por al menos el 10 % del total de Diputados (35 en la actualidad).
  • Quien la presente debe ir con un programa de Gobierno bajo el brazo y tiene que  presentar un candidato a sustituir al Presidente que trata de derrocar.
  • Si la moción prospera, el candidato se convierte en Presidente de Gobierno, y si fracasa, el mismo grupo que la presentó no puede repetir el intento en lo que resta de legislatura. 

Se trata, en definitiva, de un mecanismo de fiscalización del Poder Legislativo sobre el ejecutivo, más contundente y trascendente que el control periódico de la acción de Gobierno. 


El modelo español optó por un tipo de moción similar al alemán. Suele atribuírsele el carácter de "positivo" en la medida en que para derribar al Gobierno se le exige contar con apoyos parlamentarios suficientes para garantizar unos razonables niveles de estabilidad: la mayoría absoluta.


Dando por supuesto que más de un dirigente político de cada Partido sabe sumar, restar, multiplicar y dividir, si la finalidad de la moción es el "quítate tú para ponerme yo" y si para conseguirlo es preciso obtener apoyos parlamentarios suficientes, digo yo que cualquiera puede saber de antemano cuántos votos tiene a favor y cuántos en contra, y, por consiguiente, si el intento tiene visos de prosperar o no ¿Verdad?


Pues no: una cosa es la finalidad esencial de la moción y otra el interés de este o aquel Partido de utilizar la herramienta para otros fines no previstos por la Constitución pero en modo alguno prohibidos.


O sea que una cosa es la fundamentación teórica de la moción de censura, la comentada hasta ahora, y otra el uso que en la práctica se ha venido haciendo de ella desde el 78 hasta hoy.


Tres mociones… y dos amagos


Primer intento: Mayo de 1980. Felipe González vs. Adolfo Suárez.

  • Se había levantado la veda contra la UCD. Francotiradores de las distintas familias del Partido gobernante habían roto las hostilidades internas, y andaban a la greña, todos contra todos. El PSOE, por su parte, pisaba el acelerador para suceder al Partido que había pilotado la transición, y sus líderes decidieron que había llegado el momento de estrenar la figura de la moción de censura.
  • En la primavera del 80, Alfonso Guerra, número dos del Partido socialista, presentaba la moción con Felipe González como candidato alternativo. No tenían a su favor votos suficientes, así que la moción no tenía la menor posibilidad de prosperar, como dos días después se demostró: 152 votos a favor por 166 en contra.
  • En tan memorable ocasión, el 28 de mayo del 80, Guerra dijo: "La moción de censura es un deber moral cuando la oposición considera que el Gobierno no ha defendido los intereses de la nación, no ha defendido los intereses de los ciudadanos. Esta moción de censura ha sido ya útil como procedimiento de dinamización de la vida política, como fórmula de creación de una ilusión colectiva que ha terminado con el mito del desencanto político. El Gobierno ha eludido la responsabilidad de enfrentarse con una situación de corrupción y de desorganización administrativa en organismos estatales". Tiempo tendríamos de oírle cosas bien distintas
  • ¿Éxito o fracaso? No siempre los números lo dicen todo. 

Segundo intento, siete años después: Hernández Mancha Vs Felipe González

  • En 1987, poco tiempo después de haber ascendido a la presidencia de Alianza Popular por obra y gracia de la omnímoda voluntad de Manuel Fraga, Antonio Hernández Mancha plantea una moción de censura al Gobierno de Felipe González que en aquel momento gozaba en el Congreso de mayoría absoluta.
  • El nuevo líder de lo que sería más tarde el PP no era diputado y, por tanto, no tenía la posibilidad de enfrentarse dialécticamente a un González que estaba en la cresta de la ola. Hernández Mancha aprovechó, pues, la moción de censura para dotarse de una cierta visibilidad, afianzarse como líder de su formación y "ponerse de largo" ante la opinión pública.
  • Como estaba previsto, la moción cayó con cierto estrépito: sólo votaron a favor 67 diputados, de Alianza Popular y Unión Valenciana y, el candidato fue vapuleado por el Vicepresidente, Alfonso Guerra que en esa ocasión no se anduvo por las ramas: "No hay ni un solo dato, en la realidad parlamentaria, que permita pensar en la posibilidad, aunque sea lejana, de que los firmantes de la moción puedan aglutinar en torno a su candidato una mayoría capaz de sostener un Gobierno", dijo para desacreditar la iniciativa que presentaba el entonces líder de Alianza Popular, Antonio Hernández Mancha. "Son ustedes la derecha reaccionaria vestida de populismo". ¡Vaya! ¿Ven? No es lo mismo presentar una moción que tener que soportarla.
  • Tiempo después, el mismo Hernández Mancha daría su versión sobre aquella moción: "necesitaba atraer la atención del electorado de centro derecha y mostrarme como líder de ese espectro para frenar el ascenso de Adolfo Suárez con el CDS. Sabía que era imposible, pero logré cosas importantes como frenar a Suárez que no volvió a levantar cabeza y un buen resultado en las europeas, municipales y autonómicas de junio, quitando la mayoría absoluta en la Comunidad de Madrid al PSOE".
  • ¿Cuál fue el saldo final? Hernández Mancha se reveló como una estrella fugaz que se perdió en el anonimato poco después, pero es cierto que el PP actual tuvo en esa moción su acta fundacional aunque entonces no se percibiera así. En todo caso, a partir de ese momento, el PP se alzó con el santo y la peana de la derecha española.

Pasados 30 años, la tercera, que tampoco fraguó: Pablo Iglesias vs Mariano Rajoy

  • Por primera vez, no era el segundo Partido del Parlamento el que intentaba la caída del Gobierno. El Profesor Iglesias ya daba por descontado que sus posibilidades de hacer caer el Gobierno era nulas, pero con toda probabilidad no era ésa su intención.
  • Una vez más, no se trataba de utilizar la moción para su finalidad esencial, forzar un cambio de Gobierno sin elecciones generales de por medio, sino ponerla al servicio de intereses menores aunque no fueran, ni mucho menos ilegales, ni, por tanto, ilegítimos.
  • Si Hernández Mancha trataba de hacerse visible y poder mantener un debate público con el Presidente del Gobierno, Iglesias, que daba por descontado que Rajoy era intocable, buscaba algo que más tarde se convertiría en una obsesión: convertirse en líder de la oposición, arrinconar al PSOE, sobrepasarlo y ser reconocido como Jefe Indiscutible de la Única Izquierda Española Verdadera.
  • Otra vez más, y ya iban tres, el mecanismo del Art. 113 de la Constitución era puesto al servicio de objetivos no previstos por los redactores de la Magna Carta. 

Primer amago:1995. Aznar propone a Julio Anguita apretar la pinza contra el PSOE.

  • Así lo contaron las crónicas: Don José María Aznar, el actual gurú de la gran derecha, el guardián de las esencias conservadoras, penaba hace ahora un cuarto de siglo, en la oposición, lejos de la Moncloa, persistente domicilio de Felipe González.
  • Desde hacía algún tiempo, se habían dado algunas coincidencias tácticas puntuales en las que PP e Izquierda Unida habían ido sino de la mano, al menos al mismo paso, enfrentándose ambos al Partido Socialista. Uno aspiraba a suceder a Felipe González cuanto antes y otro a desbancar al socialismo como fuerza hegemónica de la izquierda. Era "la pinza" de la que tanto se habló entonces.
  • Así que José María Aznar propuso a Julio Anguita, acordar una moción de censura contra el Gobierno socialista que ambos deberían apoyar y defender. No hubo caso: lo que a Don José María le parecía una jugada maestra, al Califa Rojo le pareció una barbaridad inconcebible. El intento se archivó y la vida siguió su curso.

Segundo amago: julio de 2013, Pérez Rubalcaba amenaza a Mariano Rajoy.

  • Corrían los más negros días para el Gobierno conservador de Mariano Rajoy, cercado a diario por noticias sobre escándalos de corrupción que afectaban a figuras del PP y a Instituciones controladas por él. 
  • Es cierto que, en la mayoría de los casos, se trataba de hechos y personajes de la era Aznar, pero el Partido seguía siendo el mismo y el propio Presidente del Gobierno ya "era alguien" en aquellos tiempos.
  • Los Papeles de Bárcenas, la Gürtel, la Trama Púnica, Valencia eran la materia prima que usaba la prensa y la oposición para zaherir al Gobierno. El PSOE reclamaba un día sí y otro también la presencia del Presidente en el Congreso. Rajoy callaba, así que Rubalcaba lo emplazó. El 16 de julio le puso entre la espada y la pared: o acudía al Congreso a dar explicaciones o presentaba moción de censura y tendría que hablar en otro escenario quizás menos favorable.
  • Meditó el Presidente pros y contras, optó por hacerse presente en el Congreso y ahí acabó todo. Podría decirse que la amenaza sirvió para lo que el Partido Socialista pretendía.

Y al final, por fin, el fin (que canta Sabina): una moción que cambió un Gobierno

  • No voy a extenderme al respecto porque se ha hablado (y barbarizado, dicho sea de paso) demasiado sobre ella: después de tres intentos fallidos y dos amagos inconclusos, Pedro Sánchez accede al Gobierno de la Nación sin pasar primero por las urnas por primera vez desde que en España recuperamos la democracia.
  • ¿Alguien conserva alguna duda sobre la legalidad del procedimiento y la legitimidad del resultado? ¿No? Pues sigamos que nos estamos acercando a un nuevo caso.
  • Por el momento, recordemos: socialistas y conservadores, izquierdistas declarados y portaesencias de la derecha han utilizado la herramienta o han estado a punto de hacerlo cuando así lo han entendido oportuno para sus intereses.
  • Ningún Tribunal ha tenido siquiera la ocasión de pronunciarse sobre la procedencia de estos acontecimientos: tengámoslo presente antes de entrar en el, por ahora, último capítulo de la pequeña historia de la moción de censura. 


El turno de Vox: Abascal anuncia moción


¿En qué  punto estamos, hoy, mediado el mes de agosto?

  • Hasta hora no es más que un anuncio. En sede parlamentaria, pero un anuncio, sin fecha, sin demasiadas concreciones sobre programa y sin la menor pista sobre quién será el candidato a sustituir a Sánchez. Podríamos suponer que el más indicado habrá de ser el propio Abascal, pero ¿Y si fuera Rosa Díez o Felipe González o el mismísimo Aznar? No sería la primera vez que Abascal habla de ellos. La Constitución no limita la imaginación del solicitante de la moción a la hora de elegir candidato. La lógica, no obstante apunta a Santiago Abascal.
  • El mismo que tronó contra quien llegó al poder gracias al triunfo de una moción de censura, anuncia ahora la presentación de la suya propia contra Sánchez. No  me sorprende, y, desde luego, jamás se me ocurriría decir que el atajo elegido es irregular. No hay más que tener a mano la Constitución. 
  • Si por cualquier malabarismo parlamentario la moción obtuviera votos suficientes, el candidato propuesto por Vox sería el próximo Presidente del Gobierno, sin que nadie tuviera el menor derecho a considerarlo un okupa, ni debiera calificar de ilegítimo su ascenso al frente del Ejecutivo. Doy por supuesto que con esa íntima convicción afronta Vox su aventura, aunque sepa que la dificultad para llegar a la Moncloa en esta calesa es máxima.

No parece que la moción de Abascal tenga demasiadas posibilidades de cumplir su objetivo primordial. Incluso aunque Casado e Inés Arrimadas la apoyaran, no alcanzarían la mayoría absoluta de la que habla el punto 1 del Art. 113 de la Constitución. Caben deserciones en quienes hasta ahora han estado enfrente, pero ¿qué quieren que les diga? no termino de ver a Rufián, o a los acólitos de Otegi, pongo por caso, votando a favor de Vox. 


Tampoco necesita Abascal campañas adicionales de visibilidad. Si hay algo indiscutible, guste o no a sus detractores, es que Vox ha sabido desde el principio moverse como pez en el agua en las difíciles aguas de la notoriedad: pocos españoles desconocen hoy quién es Abascal, qué dice defender Vox, con quién se alinea y contra quién dispara.


Ni siquiera creo que el objetivo fundamental del intento sea desgastar al Ejecutivo. Las diatribas contra el Gobierno "social-comunista" son tan constantes, los epítetos al uso de tan grueso calibre, que aunque sea posible, resultaría difícil elevar el listón. Tanto que mi impresión personal es que el anuncio de la moción no va  desvelar a Sánchez. Otras preocupaciones de más calado (cuándo podrá comentar dónde se ha metido el Rey viejo, qué hay detrás de las últimas actuaciones judiciales relacionadas con su socio de Gobierno, qué hacer con las cifras de la pandemia, con los enfermos, con los muertos, con la ruina del país) podrán haberse convertido en pesadillas, pero ¿la moción de Vox?


Reflexionen y quizás lleguen a la misma conclusión que éste que les escribe: como Iglesias hace tres años, nadie en Vox piensa en mudarse a la Moncloa en el otoño. Saben que eso, por el momento es imposible. Al igual que su odiado contrincante, hay un paso previo: ser el primero en su clase, como penúltimo escalón antes de ganar el Gobierno.


Iglesias buscaba desplazar al PSOE y ser él quien representara las esencias de la izquierda; Abascal, quiere dejar por debajo de sus zapatos a "esa derechita cobarde" de la que ha hablado en alguna ocasión. Una vez más, los extremos se tocan.


Por eso, mientras Sánchez sonreía, García Egea bramaba indignado contra el anuncio de su poco amistoso socio. Que llegara a decir que era una maniobra para afianzar a Sánchez es otro ejemplo más de las tonterías que uno puede escuchar hoy en día por el cómodo procedimiento de no apagar el televisor cuando hablan nuestros apolíticos. ¿A quién se le ocurre imaginar a Abascal sosteniendo al Gobierno social-comunista-y-de-los-grandes-expresos-bolivarianos?


Sólo falta, pues, examinar qué puede pasar si, por fin, Vox hace honor a sus palabras y entrado septiembre, presenta la moción. 


Permítanme que no dé demasiado espacio a Inés Arrimadas en esta jugada. Los números dicen lo que dicen y, por tanto, aunque respeto mucho sus últimos movimientos, sus decisiones en este punto serán significativas, pero no decisorias de nada. La verdadera partida se juega entre Abascal y Casado.


Así las cosas,

  • ¿Alguien cree que el Partido Popular va a marchar tras la bandera de Vox y dar por bueno su programa y su candidato? ¿Seguro? ¿Ven a Casado votando a favor de un candidato a su derecha con mucho menos de la mitad de sus propios diputados?
  • ¿Y si la bancada popular vota en contra? Tendrá que defender desde la tribuna por qué se aleja de Vox. ¿Y eso no tendría consecuencias en sus múltiples alianzas? ¿Dañaría los gobiernos andaluzes, madrileños o murcianos?
  • Y si no apoya a Vox, ¿qué tendremos que oír por las boquitas que suelen representar al Partido cuando contesten a Casado?  


¿Mi predicción? 


Mal oficio el de profeta, sobre todo si tengo que hablar del futuro, que no hay nada más sencillo que pronosticar lo que ya ha pasado. Bien, a mí me parece que la moción se presentará y Casado se abstendrá. Del mal el menos.  Pablo Casado habría preferido que la ocurrencia no se hubiera producido, pero si no puede elegir lo que hacen los demás, tendrá que decidir qué hace él: mejor abstenerse que votar en contra que sería algo así como quemar las naves. Hay demasiadas alianzas en juego, y el otoño se presenta, además, caliente. 


Como subproducto, por lo que se refiere a Ciudadanos no descartaría que si optara por tomar distancias, buscar su propio espacio y votar en contra, Inés Arrimadas tendría en su mano una buena baza a la hora de sacarle partido a la negociación presupuestaria. 









sábado, 8 de agosto de 2020

El Rey que rabió

Penúltimo capítulo de una vida en claroscuro

Don Juan Carlos I, el Monarca Emérito, está escribiendo estos días, a sus 82 años, el que podría ser uno de los últimos capítulos de su complicada existencia.

El tobogán de la historia le ha traído y le ha llevado desde rincones incómodos hasta cumbres donde ha brillado la estrella de su bien hacer sobre acontecimientos en los que de grado o por fuerza ha tenido que ser protagonista.

Destino ya veremos si fausto o infausto que la vida no ha dicho aun la última palabra, pero en cualquier caso, notable. Pocos ejemplos habríamos de encontrar de Reyes nacidos fuera de su patria que al final de un reinado al que su voluntad puso fin terminan sus días también lejos de su propio Reino.

Creció Don Juan Carlos bajo la férula de un usurpador, soportó durante años la malquerencia de los sectores más duros que apoyaban al dictador, acertó cuando olvidó juramentos impuestos y ayudó a que su país entrara por la senda que la historia le reservaba, volvió a acertar el día que frenó en seco el grotesco intento de invertir la marcha del tiempo y aun tuvo margen para que hubiera de agradecérsele su papel como abanderado de la nueva realidad que él mismo había colaborado a crear.

Luego… Todo se torció, como si el destino estuviera esperándolo en el recodo del camino maldito reservado a los perdedores. Erró una y más veces. Llegó a pedir perdón a la ciudadanía en un gesto que la mayoría entendió en todo su valor, aunque a otros les pareciera impropio de la realeza.

Tengo para mí que mientras los errores afectaban sólo a su imagen y a la relación con su augusta esposa, cuando sus correrías podrían parecer un tributo a la turbulenta condición dinástica de reyes rijosos, la ciudadanía habría estado dispuesta a dar por hecho que eso era algo que no afectaba a "la cosa pública", y que aunque nada que trascienda del Jefe del Estado es estrictamente doméstico, podría ser condescendiente con las debilidades de quien había prestado tan buenos servicios a su país.

Los devaneos, las desavenencias conyugales se mantuvieron, por lo tanto, en zona de sombra, alimentaron cuchicheos, no beneficiaron a nadie pero tampoco pusieron en peligro mayores intereses. 

El carrusel de la historia

Pero hubo un punto de no retorno. Se conocieron noticias alarmantes. Rastro de dineros cuantiosos vinculados a actividades de difícil justificación en un Jefe de Estado. 

Sospechas inquietantes sobre más que posibles incumplimientos de obligaciones ineludibles con Hacienda, localización de caudales de orígenes inciertos en paraísos fiscales, relación de damas de fortuna relacionadas con personajes a la sazón encarceladas por indicios de múltiples delitos.

Ya no eran chismes de alcoba, aunque también. Ahora estábamos entrando en zona de alto riesgo. Ya no estaba sólo en cuestión la armonía conyugal, ni siquiera la honorabilidad del primer salpicado por conductas que investigaban autoridades de terceros países. Sea justo o no, empezaba a estar en riesgo la esencia misma de la institución.

Una abdicación oportuna; y ahora… ¿Cómo denominar el último movimiento de Juan Carlos I? ¿Marcha, exilio, huída? No es lo mismo, pero hagamos como que eso, la elección del término exacto, no importara demasiado. 

El viejo Rey Emérito se ha ido de España. No ha sido el primero de su dinastía. Algunos se fueron para no volver: Isabel II, Alfonso XIII; otros fueron de ida y vuelta: Carlos IV, Fernando VII. En dos ocasiones, la salida de España del Monarca dio paso a nueva forma de Gobierno, en otras sólo fue un paréntesis. ¿Y ahora? ¿Qué ocurrirá ahora?

Algunas puntualizaciones que nunca vienen mal

La necesaria diferenciación entre las instituciones y quienes las encarnan. 
  • No es lo mismo Rey que Monarquía, como no es lo mismo Sacerdote que Iglesia, Capitán que Ejército o Juez que Judicatura.
  • Lo sabemos todos, así es que cuando un juez prevarica, cuando un cura abusa de un menor o un capitán se extralimita en sus funciones, esperamos que afronten las consecuencias de sus actos pero no se nos ocurre clamar por la supresión del ejército, la iglesia o los tribunales de justicia. Cuestión distinta, desde luego, es admitir el derecho a profesar ideas antimiltaristas, o anticlericales. Son planos distintos
  • La misma regla deberíamos aplicar cuando se trata de enfrentarnos a un hipotético comportamiento inadecuado de un monarca. Habría que pedirle cuentas sin que ello equivalga, necesariamente, a cuestionar la Monarquía. Lo que en absoluto pone en cuestión el derecho de cualquier ciudadano a profesar ideales republicanos.
  • Pese a lo dicho, es también cierto que el prestigio de las instituciones que he citado como ejemplo sufre cuando el comportamiento de alguno de sus representantes no es el correcto. También está fuera de duda que en el caso que nos ocupa, Juan Carlos I ha dañado ahora el prestigio de la Monarquía, como en el pasado lo fortaleció. 
La obligación de actuar dentro de la Ley no decae por méritos  contraídos
  • No importa lo excelsa que haya sido la trayectoria pasada de cualquier servidor del Estado, no hay patentes de corso que laven su futuro.
  • Cabe, pues, reconocer los méritos de quien ha hecho mucho por España y, a renglón seguido, pedirle cuentas de cualquier movimiento posterior mal hecho. La Historia está llena de ejemplos: el Mariscal Petain, el "Héroe de Verdún" salvó a Francia en la I Guerra Mundial, pero al final de sus días colaboró con el nazismo, fue encarcelado, juzgado y condenado a muerte aunque la pena fuera conmutada por la cadena perpetua. Sin llegar a situación tan extrema, Churchill fue apartado del poder apenas terminada la II Guerra en la que su papel fue decisivo. 
  • El saldo del reinado de Juan Carlos I lo hará la Historia dentro de bastantes, bastantes años. A nosotros, sus coetáneos se nos permite opinar lo que nos dé la gana sobre su figura, pero a los poderes públicos no les queda otro remedio que aplicar la legislación vigente. Partiendo de la presunción de inocencia, desde luego, pero sin dejar por ello de tratar los hechos que le conciernan como si se tratara de cualquier otro español. Como él mismo proclamó que había que hacer.
El Rey se ha ido ¿Había otras soluciones?

Siempre las hay. Ocurre, no obstante que el debate sobre lo que pudo haber sido y no fue es uno de los más estériles y frustrantes que puedan darse.

No hay duda, me parece, de que la situación estaba volviéndose insostenible. Era evidente que lo único que no podía hacerse era cruzarse de brazos. Los problemas  de este episodio para el actual Jefe del Estado, Felipe VI, hijo, no se olvide, del protagonista, para el Gobierno, para el futuro de la propia institución monárquica y para el propio Juan Carlos I, crecían día a día. 

Repito: cualquier cosa menos no hacer nada. El paso del tiempo no iba a resolver el rompecabezas.

Se optó por una negociación triangular Jefatura del Estado, Rey Emérito y Gobierno. Podría haberse elegido la bilateral, Zarzuela / Moncloa, pero el factor familiar ha debido de pesar lo suficiente como para tomar en cuenta el punto de vista de Juan Carlos I.

Las opiniones sobre el resultado son variadas, como lo son los intereses de quienes las emiten. No es lo mismo lo que pueda pensar un "ciudadano de a pie" que lo que diga el Secretario General de este o aquel Partido.

¿Podría haberse llegado a una solución más gradual? Por ejemplo: 
  • Juan Carlos I abandona el complejo de La Zarzuela pero continúa en España. Sería una prueba inequívoca de que El viejo Rey no ha pensado en ningún momento en zafarse de la acción de la justicia.
  • A partir del momento en el que hayan concluido las pesquisas judiciales, si de ellas se deduce la inocencia del investigado, Juan Carlos I renuncia a su honorífica posición inherente a su condición de "Rey Emérito" y se va donde mejor le cuadre: nadie habría podido pensar que trataba de escapar de los Tribunales.
  • Podría haberse hecho así y también podría haber quien pensara que era una solución menos satisfactoria. En todo caso, recordemos: la medida ha sido el fruto de una negociación a tres bandas. Se buscaba el consenso, no la imposición. 
  • No obstante, abandonar España en este momento puede gustar más o menos, puede considerarse éticamente discutible o políticamente arriesgado, pero en ningún caso y bajo ningún concepto puede ser calificado de ilegal: Juan Carlos I no tiene ninguna causa abierta ante ningún tribunal, no soporta, hoy por hoy, ninguna limitación en su derecho a moverse libremente por donde le plazca.
  • Cuestión también distinta es qué pueda parecernos el secretismo que rodea el destino elegido por el Monarca Emérito ¿Es razonable? ¿Por qué el secreto? ¿Qué gana y qué pierden con ello el Rey viejo, el Monarca reinante, la Institución?
Algunas opiniones discrepantes

Dentro del Gobierno de coalición, la minoría podemita está que trina. No es para menos: me da la impresión de que se han enterado, como usted lector, y como yo, por la prensa, y eso, para quien pretende ser el portaestandarte de la única izquierda verdadera tiene que sentar mal. ¡Qué le vamos a hacer! Es lo que pasa cuando por mucho que estés en el Gobierno, guardas tu bandera republicana debajo de la almohada, pero sigues siendo el socio minoritario.

Tan cierto es que una cosa es socialismo y otra "podemismo unido" que mientras Pedro Sánchez explica a su militancia por qué apoya la Monarquía, Unidas o Podemos, o ambas reclaman la presencia de Felipe VI en el Congreso; una petición con tan nulo apoyo legal que haría sonrojarse de vergüenza al más lerdo de los alumnos de primer curso de derecho. 

Una semana antes de todo esto ya Dª Irene, la más Unida de todas la Ministras, que creen que pueden, había proclamado su aversión a la Monarquía y había puesto en solfa el prestigio de la institución. No parecía entender la diferencia entre Rey y Monarquía, o la entendía pero pretendía hacer pasar su opinión por dogma.

Hay más vestiduras rasgadas, lo que ocurre es que algunas son pura banalidad. El que el independentismo vasco quiera ir un par de pasos más allá o que el inefable activismo del supremacista Torra clame por la abdicación de Felipe VI y exija la proclamación de la III República, me produce un efecto curioso: ¿A qué viene ese repentino interés por un Estado del que quieren irse? Apenas hace un mes no tenían el menor empacho en soltarse el pelo y declarar en pleno Parlamento que la gobernabilidad de España les traía sin cuidado. 

Lo entiendo, que para eso claman por la secesión, pero si es así, ¿qué más les da que en España, nación a la que dicen no pertenecer, haya Rey, Presidente de República, Copríncipe, Sátrapa o Sultán? Lo único cierto de tanto exabrupto es que cualquier cosa que desestabilice a España lo considerarán una bendición.

Otras corrientes de pensamiento parten del axioma de que no maldecir a Pablo Iglesias y Cía por sus opiniones, no excomulgarlos (o sea echarlos del Gobierno) equivale a dinamitar la Monarquía. Bueno, es otra opinión más. Supongo que los que así hablaban dan por sabida la contestación (qué es y cómo funciona un Gobierno de coalición, qué significa que UP y PSOE sean dos Partidos diferentes, etc., etc. Juegos de verano).

En esa orilla han empezado a proliferar encendidos alegatos en defensa de la Monarquía, de Felipe VI y de Juan Carlos I. Bienvenidos sean, que no dejarán de ser, como mínimo, ejemplos vivos de la libertad de expresión y en ocasiones justificadas muestras de lealtad personal al Rey Emérito. 

No obstante veo que con frecuencia se incurre en los mismos errores que los cometidos por quienes arremeten contra lo que estos defienden: también confunden Rey con Monarquía, a veces argumentan que los aciertos pasados deberían compensar cualquier error posterior y, en no pocos casos, me entran dudas razonables de si se trata de defender al Rey Emérito o de atacar al Gobierno; especialmente cuando veo cómo se confunde socialdemocracia con comunismo, se hace un atadillo con todo y se da por supuesto no sólo que los errores atribuidos al Rey Emérito no existen, sino que todo es obra de un plan perverso para llevar a España a la orilla de Venezuela.

¿No habrá llegado el momento de darle un repaso a la Constitución?
  • Podríamos eliminar la prevalencia del varón sobre la hembra en el orden sucesorio, salvo que Vox opine que las cosas están bien como están y que lo contrario  es ideología de género.
  • Tampoco vendría mal trabajar sobre el principio de transparencia. No sé dónde encajarlo pero no parece lo más oportuno que hoy, cinco días después de la partida de Juan Carlos I sigamos sin saber a ciencia cierta dónde está.
  • Convendría mandar al desván de la Historia el principio de impecabilidad del soberano tal como ahora está tratada. Para algunos historiadores, la Edad Media terminó con el descubrimiento de América; para otros con la toma de Constantinopla por los otomanos 49 años antes. Hace más de cinco siglos en cualquier caso. Hasta el Monarca actual estoy seguro de que lo consideraría razonable.
  • El problema es que en cuanto toquemos esas teclas, saltará la gran cuestión ¿Y si nos preguntáramos qué preferimos, si Monarquía o República? Lo que nos lleva a otra previa ¿Está España en estos momentos en las mejores condiciones para afrontar esta opción? 
  • Más allá del manido argumento  de que las dos experiencias republicanas anteriores no resultaron demasiado ejemplares, hay algo confuso en el repentino sarampión de republicanismo: frente a la nítida definición constitucional de la Monarquía Parlamentaria, cuando se reclama un cambio de modelo ¿de qué modelo de República hablamos, presidencialista o parlamentaria; monocameral o bicameral; unitaria, federal confederal, República de Repúblicas o ya-veremos-cuando-llegue-el-momento? Conocer la respuesta a estas preguntas también se me antoja previo a cualquier paso por esta senda. 

























sábado, 1 de agosto de 2020

En el comienzo del Gran Fin de Semana del Verano

La pandemia y sus aliados

Hoy comienzan las vacaciones; así ha sido desde hace muchos años; el fin de semana que da paso al mes de agosto solía venir acompañado de las previsiones de la DGT sobe los millones de automóviles que habrían de congestionar nuestras carreteras. 

Me temo que este año serán los datos sobre los efectos de la Covid 19 los que tomen el relevo: 44.868 según los cálculos de "El País" en su edición del 26 de julio, aunque, pese a la apariencia de exactitud, no sea más que otra de las cifras que den cuenta de la magnitud incierta de la tragedia. Una tragedia que sigue prendida a nuestra espalda ensombreciendo el presente y el futuro inmediato.

Instalado en el litoral malagueño, soy testigo impotente de la irresponsabilidad de muchos de quienes me rodean. No importa que Cataluña, Aragón, Madrid y más de un centenar de focos de contagios padezcan los efectos del virus. Miro a mi alrededor y veo demasiadas muestras de irresponsabilidad. El futuro se me antoja incierto como se decía que se presentaba el reinado de Witiza.

La Junta de Andalucía dicta normas para evitar, entre otras cosas, estallidos de turismofobia provocados por la resistencia generalizada entre foráneos al cumplimiento de las normas más visibles de prevención, como el uso de la mascarilla. Cuando se ha tratado de exigirles respeto a nuestras normas, el resultado ha sido, en ocasiones, la reacción violenta de algunos de nuestros visitantes. Algunos de estos especímenes toman España por terreno conquistado, un país en el que no es necesario obedecer las Leyes.

Más de un restaurador que debería temer más que nadie el paso atrás en la lucha contra el virus, se muestra renuente a la hora de exigir a sus clientes la observancia estricta de normas incómodas. Los hay que parecen más temerosos del enojo del turista que preocupados por futuro inmediato de su propio negocio. ¿Cómo hacerles entender que ademas de mi salud está en juego su futuro?

Boris Johnson carga contra España sus propios errores y nos declara destino a evitar. Es posible que lo seamos, pero no es menos cierto que su papel de emisor de viajeros es cuestionable.

El Dr. Simón pone de manifiesto su opinión al respecto y el gremio de la hostelería truena pidiendo su dimisión. Para facilitar la comprensión, Antena 3 ofrece una versión manipulada de sus declaraciones. Simón hablaba como epidemiólogo y puntualizó a renglón seguido su punto de vista sobre el aspecto económico. La cadena que cito mutiló su intervención y provocó la reacción del sector turístico.

No importa que los últimos datos den cuenta de que está bajando la edad media de los infectados; muchos, demasiados de nuestros jóvenes siguen incapaces de  percibir el riesgo que sus conductas suponen para ellos y para quienes les superamos en edad, sus familiares entre ellos. Oigo hablar de posibles sanciones por incumplimientos; veo a mi alrededor tantos adolescentes, veinteañeros sin medidas de protección alguna, que me pregunto cuándo, cómo y dónde actúan los servidores de la Ley.

La presencia de visitantes de otras tierras ha caído en picado; cierto, pero el nivel de ignorancia de las normas de protección entre los que han venido es generalizado. No veo prueba apreciable de que los agentes de la Ley traten de impedirlo ¿Olvido del riesgo de turismofobia o miedo a que disguste al sacrosanto turista la exigencia de medidas que nos afectan a todos?

Oigo alguna voz aislada pidiendo más medidas. No las creo necesarias. Como en tantas otras ocasiones, bastaría con que se hicieran cumplir las actuales ¿Por qué nuestros agentes de la Ley son tan reticentes a exigir del ciudadano el cumplimiento de sus obligaciones? ¿Por qué olvidan que su primera obligación es "cumplir y hacer cumplir las leyes"?

Así que en tanto se conoce la letra pequeña de los reglamentos que habrán de aplicarse en la liberación de los dineros votados en Bruselas, crucemos los dedos y roguemos a los cielos para que ni siquiera los arrebatos de cariños familiares lleguen a ponernos en trance de repetir los sinsabores de la primavera.

Por cierto ¿me permiten un inciso a propósito de Bruselas y de la fauna que pulula por aquellos pagos? ¿De dónde ha salido el peculiar adjetivo, "frugales", aplicado a los países que tan reacios se mostraban a ayudar a los menesterosos miembros sureños de la Unión Europea? Parece ser que ha sido un diario británico quien ha puesto el término en circulación. Nuestros plumíferos lo han traducido, adoptado, usado y abusado de él, con un entusiasmo digno de mejor causa. Como si nuestra rica lengua no hubiera podido suministrar denominaciones más ajustadas a la realidad. Según el diccionario de la RAE, dícese que alguien es frugal cuando es parco en el comer y el beber, lo que no sé si cuadra a holandeses, austríacos, suecos y noruegos. Cuando su conducta demuestra tan rácana atención en el uso de sus dineros, más propio sería hablar de "ricachones avaros" ¿O no?

El hecho y el derecho

Cosas que pasan. El Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid publicaba hace unos días el Convenio con la Provincia Eclesiástica para la asistencia religiosa católica en los centros hospitalarios del Servicio Madrileño de Salud. En él se recogen las condiciones de esa prestación, el número de capellanes a tiempo completo y parcial a contratar, así como el presupuesto destinado a ello: 937.187,76 euros, más la cotización de la Seguridad Social aparte.

Muy pocos miembros de la Asamblea madrileña podrían haber estado enterados del trasfondo del acuerdo y más de uno lo vio como una muestra de despilfarro militante. De hecho hubo cierto diputado de Más Madrid al que le faltó tiempo para retuitear uno de los anexos del Convenio bajo el título "Ayuso asigna un cura por cada 100 camas de hospital".

Me pareció todo tan inesperado que quise averiguar qué había detrás. No importa lo que diga a continuación, quiero "cantar la palinodia" y reconocer que consideré fuera de lugar la medida. Más hubiera valido, pensé, que ese milloncejo de € se hubiera destinado a la contratación de más rastreadores, por ejemplo. 

Buscas, encuentras, lees y sales de tu ignorancia. Sorprendente, al menos para mí, y doy por supuesto que para muchos de mis lectores: la Presidenta de la Comunidad de Madrid se estaba limitando a aplicar la legalidad vigente.

Corría el año 1985, el inquilino de la Moncloa era Felipe González cuando, previas las conversaciones de rigor, la Conferencia Episcopal y el Gobierno de España suscribieron ciertos acuerdos de colaboración, en cuya virtud se regulaba la prestación de asistencia religiosa en los centros de salud de todo el territorio nacional.

Una Orden de 20 de diciembre de 1985 (BOE n. 305, de 21 de diciembre), fruto de aquellos acuerdos, establecía con detallada precisión no sólo cómo se establecía el número de curas por cama o de camas por cura, sino cuánto tenía el Estado que pagar por cada uno.

¿Extraño? Pues cuando uno entra en el fondo de la cuestión, no lo es tanto:
  • España no es un Estado laico, sino aconfesional. ¿Recuerdan el punto 3 del Art. 16 de la Constitución? Dice lo que dice, no lo que algunos consideran insuficiente y otros excesivo: "Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones". ¿Verdad que citar sólo a la Iglesia Católica tiene que tener un significado y unos efectos concretos? Es decir, que una cosa es la libertad religiosa y  otra el que todas las confesiones y, por tanto, sus respectivas Iglesias vayan a recibir el mismo trato.
  • Ese trato es el que el Tribunal Constitucional le atribuyó tres años antes del Acuerdo Gobierno/Conferencia Episcopal (Sent. TC 24/1982 de 13 de mayo) cuando desestimó el recurso de inconstitucionalidad interpuesto, curioso, por el propio PSOE contra la regulación de la carrera militar de los capellanes castrenses, firmado por Gregorio Peces Barba.
  • Por si alguien tiene curiosidad, conviene saber que algunas otras confesiones, la musulmana, por ejemplo, y alguna de las versiones del protestantismo también mantienen acuerdos con el Estado en esta materia (la de asistencia a enfermos en Hospitales Públicos) aunque ninguna ha logrado hasta ahora que sea el Estado quien abone los costes de esta atención. Ya digo: relean el Art. 16, y, si tienen curiosidad, la Sentencia del TC y entenderán por qué.
  • El tiempo siguió su curso, competencias que un día fueron estatales pasaron a las CC. AA. y hoy lo que antes era un deber del Estado ha pasado a ser obligación de los Gobiernos autonómicos. Así que puede extrañarnos más o menos el celo de la Srª Díaz Ayuso en cumplir lo que en su día ordenó el Gobierno de su poco amado Partido Socialista, pero pocas dudas pueden caber de que ha actuado dentro de la ley.
Y no es mal momento para apuntar una reflexión de carácter general. Las Leyes, como las Sentencias, han de cumplirse gusten más o menos y, por otra parte, el verdadero talante democrático de cualquiera de nosotros se pone a prueba no cuando el Juez dicta una sentencia de acuerdo con tus propias convicciones sino cuando hace lo contrario; no cuando te enfrentas a una norma que parece redactada por ti mismo, sino cuando te encuentras con que sigue vigente una Orden Ministerial que puede parecer rescatada de la noche de los tiempos y además está a años luz de tu forma de entender las relaciones Iglesia/ Estado.

No es Díaz Ayuso quien se ha sacado de la manga la ocurrencia de asignar un cura por cada 100 camas en los hospitales públicos madrileños, sino la vigencia de un muy viejo acuerdo entre el Gobierno de González y la Conferencia Episcopal que sigue vigente en tanto no se denuncie.

Puede extrañarnos que después de varias alternancias en la Presidencia del Gobierno y más de treinta y cinco años, el viejo acuerdo siga como el día que se firmó; habrá quien se pregunte cuándo terminaremos la tarea de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, pero, en tanto llegan esos momentos, ni el desuso ni la práctica en contrario derogan las leyes. Eso no ha cambiado ni tiene por qué.