sábado, 15 de junio de 2024

 Elecciones en la UE (I)

Y, por consiguiente, en España

Si me lo permiten, dedicaré dos posts a las elecciones del pasado domingo, pero empezaré hablando de los resultados globales. Lo contrario me parecería tan desacertado como si después de unas elecciones generales en España, ésas que reclama don Alberto no menos de seis veces al día, empezara por analizar los resultados en la Región de Murcia.


Europa y la UE

Hablar de Europa cuando nos referimos a la Unión Europea es caer en el mismo egocentrismo en el que incurren con tanta frecuencia los ciudadanos estadounidenses cuando confunden su país no ya con "Norteamérica", ninguneando a sus vecinos Canadá y México, sino al continente americano entero.

La Unión Europea ocupa algo menos de 4.240.000 Km2. Europa sobrepasa los 10 millones y eso contando, como debe de ser, sólo con la parte europea de Rusia, ésa que alguna vez se nos dijo que terminaba en los Urales.

Pese a las evidentes diferencias económicas y, en cierto modo, culturales, la Unión Europea es el resultado de la voluntad política de veintisiete países dispuestos a transferir una parte de sus competencias nacionales en pro de la existencia de un sujeto político que suponen favorable a sus propios intereses nacionales y que está sustentado en unos principios, unos fundamentos, cuyas raíces se hunden en una centenaria historia compartida.

Europa es, simplemente, un  continente cuyos límites son una pura convención establecida hace muchos años vaya usted a saber por quién.  Recuerden a Zeus convertido en toro, no sé si bravo o no, raptando a Europa.

En 1957, como fruto de los esfuerzos de un pequeño grupo de visionarios, Alcide De Gasperi, Conrad Adenauer, Robert Schuman , Jean  Monnet y algunos más, se firma el Tratado de Roma entre Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. Estos seis países sellan el Tratado de Roma, partida de nacimiento de lo que hoy conocemos como Unión Europea.

Ese Tratado, complementado por otros posteriores, hoy da cobijo a 27 países y a casi 450 millones de ciudadanos. Países muy distintos ente sí: de los casi 700.000 km2  de Francia a los 316 de Malta. De los cerca de 85 millones de habitantes de Alemania a los poco más de 475.000 también de Malta. De los 119.00 € de PIB per capita de Luxemburgo a los 14.580 de Bulgaria. Un conglomerado de pueblos entre los que se ha guerreado y se han establecido alianzas, uniones y luchas a muerte, desde que se tiene noticia histórica. En la Unión se hablan 24 idiomas oficiales, que no incluyen otro puñado de lenguas, euskera, gallego, catalán, gaélico, occitano, corso… 

¿Cómo extrañarse de que este variopinto grupo de pueblos avance a trompicones, que no siempre sepa cómo afrontar los problemas que tiene por delante? Sin embargo, en términos históricos, lo logrado en tres cuartos de siglo ha sido asombroso y se ha conseguido entre dos parpadeos. ¿Cuánto tiempo hizo falta para que Francia, España, Alemania se ganaran el derecho a ser consideradas naciones? ¿Cuánto se tardó en abandonar el feudalismo en pro de los Estados nacionales?

Vale la pena observar, cómo se nos ve desde más allá de nuestras fronteras, qué se piensa de la libre circulación de personas y mercancías, de la moneda común (aunque no afecte a todos los países miembros), de la creciente importancia de la legislación comunitaria, de los tribunales europeos.


Elecciones Generales

Este sujeto político en permanente construcción, acaba de celebrar elecciones generales. El próximo quinquenio se estrena con problemas pendientes graves, la excesiva y carísima burocracia, los efectos retardatarios de la exigencia de la unanimidad (no es lo mismo en una unión de seis países que de 27), la palmaria ineficacia a la hora de diseñar y desarrollar relaciones comunes con el resto del mundo, las tensiones entre posiciones antagónicas ante problemas tan candentes como la marea migratoria creciente y acaso inevitable, la manera de posicionarse frente una guerra a nuestras puertas, y otra algo más allá pero vital para nuestros intereses y, sobre todo, para las bases de nuestro modo de entender algo tan esencial como el respeto a los derechos humanos.

Hay, además, una fundada desazón por la radicalización del electorado, de los Partidos que lo articulan y de los Gobiernos de los países miembros. Los tiempos en que la UE estaba gobernada por los acuerdos entre democratacristianos, socialdemócratas y liberales están a punto de ser otro capítulo más de la Historia. La creciente pujanza de movimientos, de Partidos cuyas señas de identidad son la añoranza del tiempo en que "la Patria" era algo indiscutible en cuanto a entidad política y el rechazo a "mezclar" tu población con gentes venidas del hambre y de las creencias distintas a las tradicionales, no sólo ponen en peligro el avance en la construcción de una UE más potente, con más competencias (a costa, por supuesto, de cesiones de cada uno de los Estados miembros) sino que cuestionan la virtualidad de los fundamentos sobre los que se asienta. 

Hay quien habla de polarización. A mi modo de ver, el término es inexacto: lo que estamos observando es el deslizamiento general y progresivo hacia posiciones a la derecha de la derecha tradicional. Ultra derecha, neofascismo, nazis, son sólo términos, la mayoría de las  veces mal utilizados, entre otras cosas porque las diferencias entre los Partidos que se mueven en este extremo del espectro político, y los Gobiernos que han llegado a controlar, son bastante grandes. Víctor Orban ha llegado a ser calificado como "el caballo de Troya de Vladimir Putin"; su posición frente a la guerra de Ucrania es significativa de lo que estoy diciendo. Finlandia, también sospechosa de ultraderechismo, es miembro de la OTAN desde el año pasado por su aversión  y su fundado temor al expansionismo ruso. Giorgia Meloni está a considerable distancia ideológica y práctica de Alternativa por Alemania. No se me ocurre dónde y con quién relacionar a Alvises, nuestro último ultra español, el asiduo frecuentador de redes sociales  que tantos bulos ha colaborado en difundir.

En la otra ala del espectro político no ocurre lo mismo: la izquierda que malvive más allá de la socialdemocracia sigue con su inveterada de dividirse, dividirse y volverse a dividir entre voces de unidad, a la búsqueda de la pureza ideológica, no es, en modo alguno, contrapeso significativo de la creciente ola de las derechas.


A modo de conclusiones

Así que, vistos los resultados globales de la Unión, parece claro que

  • Los conservadores, sea en su versión "popular" o "democristiana" han sido la fuerza más votada. 
  • La socialdemcracia está en retroceso, aunque sigue siendo imprescindible y resiste, mal que bien .
  • A su izquierda, lo único que se incrementa es la tendencia suicida al fraccionalismo más disfuncional.
  • Los liberales se mantienen a duras penas, si bien pueden seguir aportando sus escaños a la vieja alianza con conservadores y socialdemócratas. 
  • Los verdes han dejado de ser el Partido del futuro. Buena parte de sus tesis pertenecen ya al acervo común y, por tanto, puedes ser verde de corazón y cualquier otra cosa de cabeza. El conservacionismo y la defensa de la naturaleza ya no es suficiente para alcanzar resultados relevantes. Son vistos como extraterrestres por los negacionistas, pero nada más.
  • La ultraderecha, primera fuerza nada menos que en Francia, segunda en bastantes países y significativa prácticamente en el resto, tendrá que esperar cinco años más para amurallar Europa y expulsar a los veinte, treinta o cuarenta millones de inmigrantes cuyas creencias y cuyo color de piel tan distintos los hacen de los "verdaderos" europeos.
  • Esos cinco años próximos son los que tienen los ganadores para volver por sus fueros, acercar Europa a los europeos y seguir avanzando en un futuro que algunos desearíamos ver cómo La Unión Europea se convierte en una sólida potencia mundial digna de ser tomada en serio, por USA y China, por Rusia… En definitiva, un sujeto político que aspire a algo más que a convertir su Historia y sus riquezas en un pasatiempo del turismo de masas.
  • Por lo que se refiere a España, escribiré mis ocurrencias dentro de una semana, salvo que, mientras tanto, Feijoo y Sánchez se reten a muerte en las tapias de La Almudena






sábado, 8 de junio de 2024

 De nuevo en activo


Nunca elegí estar callado


En estas últimas semanas, con mi blog de vacaciones, un nutrido grupo de amigos, lectores habituales de mis ocurrencias, no sólo se interesaban por la evolución de mis achaques, sino que trataban de animarme para seguir escribiendo. 

Gracias a todos ellos. Hoy, por fin, les hago caso, y cerraré este post con lo que han sido mis razones para mantenerme en silencio. Válidas o no para los demás, han sido las mías.

Desde luego, no estaban entre ellas la carencia de materia prima: estás últimas semanas han sido pródigas en acontecimientos. Permítanme  que dé un repaso, sin cronología precisa, ni orden de importancia alguna, a una pequeña parte de las cosas que han ocurrido a nuestro alrededor.


La Ley de Amnistía

Negada su constitucionalidad hasta el aburrimiento por tirios y troyanos (pueblos a los que nunca pertenecieron los secesionistas catalanes, advierto) ha acabado por ser aprobada por el Parlamento al segundo intento y, tras pasar su peculiar quinario en el Senado, ya ha ha siso publicada en el Boletín de las Cortes, lo que aún no la convierte en vigente.

La Historia enjuiciará cuando corresponda la Ley y sus progenitores ¿Fue el resultado de la intolerable cesión de un Presidente de Gobierno sin escrúpulos, dispuesto a cualquier desmán para mantenerse en su puesto o se trató de una medida imprescindible para alejar el fantasma de la independencia de Cataluña y sellar la reconciliación entre catalanes y entre estos y el resto de España? ¡Lástima! Lo malo del futuro es que no suele ser predecible hasta que llega; luego, lo de acertar la quiniela el lunes está al alcance de cualquiera.

Lo que está fuera de duda es que en el pasado inmediato ha sido, sigue siendo, el primero y más frecuente argumento de debate entre los Partidos. En algunos casos, entre fuerzas a las que se le supone más proximidad que la que ambas admiten. 


Vox, una de cal y otra de arena

Permítanme que, por una vez, le dé la razón a Vox, que en esta ocasión, para variar, no zahería a Sánchez sino a Feijoo. No recuerdo en qué campaña fue, ¡están siendo tantas y tan seguidas…! Don Alberto había cogido carrerilla, estaba denostando al PSOE y le pidió a Pedro Sánchez no sólo convocatoria inmediata de elecciones generales, sino ¡someter a referéndum la Ley de amnistía! Don Santiago se preguntaba cómo era posible que don Alberto no cayera en la cuenta que si la amnistía era inconstitucional,  someterla a referéndum era dar por supuesto lo contrario. Dijo más cosas, pero en ésta tenía razón.

No sé si para compensar o porque le gusta el personaje, el señor Abascal se trajo como estrella invitada a uno de sus mítines a Javier Milei, ese peculiar resultado del humorismo surrealista del pueblo argentino a la hora de votar. El invitado, que considera irracional cualquier medida social y dice usar la motosierra como herramienta de precisión a la hora de hacer recortes presupuestarios, en este caso no le dio por terminar su intervención cantando, cosa que la mayoría agradeció, pero no se dejó en el tintero ninguno de los epítetos que traía reservados para el Presidente del Gobierno. Contestó el Gobierno español y ya tenemos servida una nueva escaramuza diplomática con un  país hermano. Para casos como éste no sé hasta que punto no convendría rehabilitar el duelo por lesiones al honor, la honra o el buen nombre del ofendido, para que los interesados zanjasen sus diferencias sin molestar a sus respectivos pueblos.


Los familiares como munición electoral

La sugerencia que acabo de apuntar tendría bastante éxito ahora que a nuestra clase política le ha dado por considerar a los familiares (o aspirantes a serlo) como munición electoral. Veamos, por ejemplo, el juego que le está dando a los diestros, especie política antipódica de los zurdos, el caso Begoña Gómez, la esposa del Presidente Sánchez: cierto togado admite a trámite una querella presentado por Manos Blancas, el conocido sindicato sin obreros sobe cuya ideología ultramontana estamos al cabo de la calle. Los propios querellantes admiten que la base de su escrito son noticias extraídas de tabloides digitales cuya veracidad no les consta (lo dicen ellos mismos, que conste). El fiscal pide sobreseimiento. El caso sigue adelante. La UCO, en un largo informe, no ve indicio de irregularidades en la actuación de doña Begoña. El caso sigue adelante. Esta semana, el juez en un alarde de consideración con la investigada la cita con un mes de antelación, seguramente para que pueda organizar su agenda sin agobios. Los mal pensados, zurdos, seguro, ven en la fecha de esta citación una intromisión de su señoría en el final de la campaña de las europeas. Ganas de enredar, porque, como ha dicho el juez, no hay ningún precepto que le prohiba citar a quien quiera en plena campaña electoral ¿Lo ven?


Tres elecciones en cuatro meses

Y hablando de elecciones, tres en cuatro meses es algo que no lo soporta ni un italiano. Y aún podrían haber sido cuatro si Pedro Sánchez hubiera hecho caso a la constante exigencia de don Alberto de convocar elecciones generales.

Pocas sorpresas hubo en las vascas. El PNV pierde fuelle, pero mantiene el tipo lo suficiente como para poder reeditar el pacto de gobierno con los socialistas, lo que, por fortuna para la mayoría del resto de España, deja a EH Bildu compuesto y sin novia, aunque su avance es incuestionable. Las demás formaciones, como siempre, meros comparsas. Lo que no les privó, a unos, en seguir identificando a Bildu con ETA y a otros en culpar de sus propias miserias a todas las derechas del planeta.


El turno para Cataluña

El laberinto catalán, es punto y aparte. Ganó Salvador Illa, es decir el PSC, o sea, visto desde Madrid, Pedro Sánchez. Ganó Illa, pero también hace años ganó Inés Arrimada y ése fue el comienzo del fin de Ciudadanos. El caso no es comparable, salvo que también Illa podría no acabar sien Honorable. Por medio está el prófugo, su ansia de revancha, y su experiencia en sacarle partido a sus ajetreadas minorías. Quiere volver por sus fueros y lo plantea con el desparpajo que le es habitual: "Mis siete votos en el Parlamento Español te mantienen como Presidente de Gobierno, así que si quieres seguir en el machito, ve pensando en un destino para Illa ¿qué tal una Embajada? porque yo necesito tu apoyo en el Parlament para volver  ser lo que fui". El final no está escrito y, personalmente en este preciso momento no apostaría por nadie. (Advertencia: el entrecomillado de arriba es mi versión libre de lo que Puigdemont podría haber largado en catalán).


Reconociendo el Estado Palestino

Mientras todo esto está pasando, Sánchez cree que es el momento de reconocer el Estado Palestino y toma la decisión, por sí y ante sí, sin comentarlo con la oposición, ni pasarlo por el Parlamento. Por lo que a mí respecta, sólo es mi opinión ya saben, sobran motivos para adoptar esta decisión. Más bien, creo que llega con diez años de retraso, los que median entre la recomendación al Gobierno aprobada por abrumadora mayoría en nuestro Parlamento y el día en que Sánchez rellenó aquel hueco histórico. Eran los tiempos de Mariano Rajoy, que no debió considerar urgente la  petición.

¡La que se armó! El Gobierno de Israel, entre bombardeo y bombardeo nos acusó de connivencia con Hamás, de antisemitas y de no recuerdo cuántas barbaridades más. Incluso en flagrante vulneración de la normativa internacional sobre el status de las sedes diplomáticas en países extranjeros, pretende limitar las funciones de nuestro consulado en su tierra. Netanyahu, cuyo mantenimiento al frente del Gobierno es vital para su futuro judicial, no es alguien que tenga problemas de timidez así que no se ha dejado nada en el tintero hablando de España. No pasa nada: el pequeño Albares, saca pecho y contesta que España no va a dejarse amedrentar. Así que ahí andamos, metidos en otro charco que también suministra abundante argumentario electoral a unos y a otros.

En pleno rifirrafe, para echar una mano, aunque no sepa decirles a quién, don Santiago Abascal pilla un vuelo y se va a Tel Aviv a verse con el amable Netanyahu. ¿Para compensar el desaire de Sánchez? ¿Para prometerle deshacer lo hecho en cuanto toque poltrona? ¿Para tener de qué hablar a la vuelta en la campaña por las europeas? ¡Qué cosas!


Fuera de nuestras fronteras

Decía hace unos cuantos párrafos que no ha sido material lo que me he faltado. He estado escribiendo hasta aquí sobre nuestras cosas. Fuera, igual o peor. Guerras eternas de las que ya nadie habla, Siria, Eritrea, algún fogonazo sobre la implacable actuación de Vladimir Putin que día a día nos acerca a los europeos a un conflicto que sabemos cómo empezó pero no cómo y cuándo podrá terminar. 


Donald Trump gana perdiendo

¿Y en la sede del Imperio? Donald Trump acaba de ser condenado por un jurado escrupulosamente examinado por acusación y por defensa. La opinión de esos doce ciudadanos ha sido, como digo, unánime. Un sólo voto a su favor habría bastado para que se fuera de rositas ¡Lo que ha salido por la boquita del ex presidente! ("ni Teresa de Calcuta hubiera salido bien librada", llegó a decir, cuestionando la imparcialidad del tribunal ) El juez que, por cierto, no ha intervenido en el veredicto, es un corrupto y USA se ha convertido ya en un país fascista. Por eso es tan importante que él salve a su patria en noviembre.

Dudo que en cualquier otro país, de UK a Trinidad Tobago pasando por Luxemburgo, Australia y la Isla de Tonga, una condena como ésa hubiera dejado  políticamente vivo al condenado. El Imperio es otra cosa: en las siguientes 24 horas al fallo del jurado, un río de oro llegó a las cuentas electorales de Trump. Quién sabe, se ve que entre sus votantes puede que se piense que mejor es que lo condenen ahora que cuando volviera a ser Presidente, o que elegir a un convicto es ganar tiempo, visto el número de altos mandatarios cuyos desmanes suelen quedar impunes. En fin, son los Estados Unidos de Norteamérica cuya Constitución permite llegar a la Presidencia a condenados e incluso reclusos. hasta hay quien defiende que entre las facultades del Presidente está la de autoindultarse.


México stren presidencia y Presidenta

Y, para cerrar este capítulo internacional, me gustaría desearle a México y a los mexicanos, seis años de buena gobernanza, ahora que, por primera vez, llega una mujer  la Presidencia. El margen por el que ha sido elegida y la ausencia de noticias sobre juego sucio electoral, es un buen augurio.


Ls razones del silencio

Finalmente ¿Por qué, pues, he estado en silencio con tantas cosas pasando a mi alrededor? No se trata de si podía o no podía sentarme ante mi PC y escribir sobre lo que hubiera ocurrido esa semana. Es verdad que durante bastantes días habría sido imposible (En la UVI, por ejemplo, no creo que se dieran las mejores condiciones), pero me parece que lo que de verdad cuenta es que cuando sientes que tu vida, tal como suena, está en peligro, guardas toda tu energía para luchar por ella y dejas de lado casi todo lo demás.

En todo caso, mis disculpas por tan largo silencio, aunque les aseguro que ese tiempo se me ha hecho a mí más largo que a ustedes.. 

Por suerte, vuelvo a sentir interés por otras cosas, lo que quiere decir que siento que lo peor ya ha pasado.

Gracias, por último a cuantos lectores de este blog se han venido interesando por la evolución de mis desdichas.


 




sábado, 13 de abril de 2024

Mujeres en Urgencias


No era lo que tenía pensado para la tarde del domingo pasado, pero, cosas de mi actual situación, acabé recalando otra vez en Urgencias del Ramón y Cajal. 

Por suerte, pude volver a casa al cabo de unas horas, y, entretanto, fui testigo involuntario de parte de lo que ocurría en el box contiguo al mío.

La tarde estaba tranquila, al menos en la zona en la que me estabularon, no había mucha afluencia de pacientes, no estaba muy concurrida, así es que, más allá del insidioso pitido rítmico de quién sabe qué tipo de máquinas de control, era imposible no percibir lo que ocurría a tu alrededor. 

De un lado para otro se desplazaban celadores, auxiliares, alguien del personal de limpieza, enfermeras, residentes, doctores… Y algún que otro acompañante.

Me habían encamado a la espera, corta, del otorrino que estuviera disponible. Blanca estaba sentada al lado y habían dejado las cortinas de mi habitáculo recogidas de forma que veía buena parte de la sala.

Por el contrario, las cortinas echadas casi por completo del box a mi izquierda apenas permitía vislumbrar su interior. Oí un murmullo quejumbroso. No lo relacioné con el dolor sino con el disgusto. Me pareció el timbre de voz una mujer entrada en años que trataba de manifestar su disconformidad con algo. Entreví una cabellera blanca no muy cuidada y un hombro cubierto por una prenda de un color indefinible.

Pensé que aquella paciente estaba sola, pero no, había alguien más. Una voz que trataba de ser convincente, acaso con un tono un punto más apremiante de lo que me pareció que demandaba la paciente.

—No insistas, querida: yo no puedo llevarte a tu casa esta noche. Tienes que quedarte aquí. Te darán habitación enseguida, ya lo verás, y estarás bien cuidada.

—Pero la doctora insiste en que debo marcharme…

—Tendrá sus razones, no lo dudo. Razones médicas, pero ¿qué sabe ella de cómo arreglarnos nosotros si te vas a tu casa y tengo que ir yo contigo? Lo siento, pero tienes que quedarte.

Entró en liza una tercera voz, otra mujer a la que apenas vislumbré vestida con una de tantas variantes de los uniformes de la clase médica. Habría apostado que era enfermera.

—¿Qué tal, cariño, cómo sigues?

La interpelada contestó con un suspiro.

—¿Qué tal sigue su madre?

—No, verá, no es mi madre: soy su nuera. O sea, que es mi suegra. Mi marido está en Gandía aprovechando eso del trabajo no presencial, y a mí me ha dejado al cuidado de su madre, que, ya ve, con lo bien que está aquí, y, pues ya la está oyendo, no para de decirme que quiere irse a su casa.

—¿A su casa de ella o a su casa de usted?

—A la suya de ella. Vive sola ¿sabe? ¿Cómo quiere que la cuide? 

—El caso, señora, es que la doctora insiste en que no hay razones para no darle el alta. El episodio está superado.

—Pero… 

—¡Mire, déjelo: voy por la doctora y que ella decida!


La llegada de la doctora introdujo nuevos elementos en la conversación. Oí sus pasos pero no llegué a verla. Tenía una voz joven, cálida, convincente, propia de quien está convencida de que la práctica de la medicina exige mucho más que conocimientos técnicos sobre las enfermedades y sus remedios. Transmitía calma; era consciente de que estaba ante un problema y que era ella quien debía tomar las riendas.

Escuchó a la enferma y a su nuera. Tomó conciencia de que más allá de la peripecia superada que la había llevado a urgencias, allí había una mujer rozando la ancianidad que vivía sola, que se negaba a "meter en casa a una desconocida que se pase el día hurgando entre mis cosas, cuando lo suyo, lo de toda la vida, es que me atienda mi nuera, que para eso se llevó a mi hijo".

La nuera insistía en que a ella le resultaba imposible desatender a las mellizas para irse  "a la otra punta de Madrid, para estar pendiente de ella".

—Y es que, doctora, alguna vez tiene que ser la primera: esto nos pasa cada dos por tres, ella se arregla muy mal sola, no quiere ayudas extrañas pero yo tengo mis obligaciones, compréndalo.

La doctora se reconvirtió de pronto en asistenta social, o en ONG, o en qué sé yo qué, pero cambió de estrategia.

Silencio, o casi. Oí no un canturreo, pero sí algunos sonidos inarticulados emitidos por la doctora. Como si pensara en voz alta buscando la solución

—Usted, señora no tiene por qué meter a nadie en su casa, -Su voz sonaba como una pomada- porque en sus circunstancias, la normativa actual puede garantizarle ayudas suficientes como para sentirse segura, protegida y seguir siendo independiente por completo. Ahora van a pasarla a una habitación en sala. ¡No, no se alarme: uno o dos días como máximo! En realidad, dede el punto de vista médico, no sería necesario, porque ahora está bien. No pasa nada. Pasará buena noche, su nuera vendrá mañana, ¿verdad?-La interpelada emitió su conformidad sin demasiado entusiasmo- y entren ella y yo resolveremos lo que sea necesario para que disfrute de esas ventajas… 

En cuanto lo pruebe, quedará encantada. Descanse ahora ¡luego vengo a verla!


Lamento no poder dar cuenta de cómo terminó aquella historia de soledad, vejez, e incompatibilidades. Tal vez la suegra fuera una pepla, o la nuera una bruja, o ni una cosa ni la otra, sino la suma de circunstancias resultado de las siderales diferencias entre las expectativas de una madre respecto a lo que se puede esperar de los hijos (ahora que no se exige, siquiera, presencia en el puesto de trabajo) cuando han decidido tener su propia vida.

Digo que me quedé sin saber el final, porque justo entones apareció la comitiva que venía a extraerme sangre, succionarme flemas, ponerme un algún suero en vena, ordenar una placa de tórax, y, si no recuerdo mal, enchufarme, ¡cómo no!, a uno de  esos artilugios que, cuando los retiran, siempre dejan de recuerdo dos o tres electrodos adheridos a la pelambre de tu torso.


La mayoría tendemos a tomar partido. Por lo que a mí respecta, me incliné a declarar empate técnico entre suegra y nuera y otorgué la condición de ganadora a la joven doctora que encontró, eso creo, una solución aceptable.


sábado, 6 de abril de 2024

 El mundo y nosotros

Un equilibrio inestable

A punto de cerrar el primer cuarto del siglo, queda poco de los parámetros, los sobreentendidos, las líneas maestras de lo que habían sido las relaciones de todo tipo, económicas, diplomáticas, militares entre los grandes protagonistas del teatro internacional.


El llamado "mundo occidental"

Nunca fue tan homogéneo como a veces se nos ha hecho creer. Más allá de la imprescindible coordinación guerrera, imprescindible para evitar la derrota en las dos Guerras Mundiales, la alianza de las democracias occidentales escondía tensiones que solían llevar como denominador común el afán de control global por parte de los Estados Unidos, el seguidismo habitual del Reino Unido, las suspicacias de Francia, o el lento posicionamiento de Alemania, por ejemplo, tratando de recuperar un papel que acaso no vuelva a desempeñar.

¿Y ahora?

  • UK navega en un mar de desconciertos desde que la obtusa propuesta de su salida de la UE dividió a su pueblo.
  • Francia abandona a velocidad creciente sus viejas zonas africanas de influencia, que son ahora territorios abonados para la creciente presencia de rusos o chinos.
  • Alemania, con su economía estancada, no es la "locomotora" capaz de arrastrar la actividad del resto de la Unión Europea.
  • En cuanto a ésta en su conjunto, está a años luz de convertirse en protagonista de nada: el Grupo Visegrado, como un comando infiltrado en territorio hostil, actúa como elemento distorsionador de cualquier intento de conseguir lo imprescindible: la voz única para un pequeño y viejo continente cada día más abocado a convertirse en parque temático para los nuevos ricos llegados de los arrabales del mundo. 

Estados Unidos, China, Rusia, los aspirantes

  • Biden y Trump, Trump y Biden, lucharán en noviembre por la Presidencia. Gane quien gane, perderemos todos. Los conocemos a ambos, sabemos de sus palmarias limitaciones y, en el caso de Donald Trump, estamos al cabo de la calle de hasta dónde puede llevarnos su imprevisibilidad. Por otra parte ¿qué señales está emitiendo ahora mismo Joe Biden al resto del planeta? Incapaz de controlar a Israel, regateando ayudas imprescindibles a Ucrania, si quiere evitar riesgos mayores a correr, por ejemplo, por las repúblicas bálticas. ¿Qué puede esperarse de un D. Trump cercado por problemas judiciales, dispuesto, si llega el caso, a ocupar la Presidencia por cualquier método? El problema, me temo, trasciende a estos dos ancianos: es la sociedad norteamericana la que está necesitando un psiquiatra cósmico que le devuelva la razón.
  • China, paso a paso se afianza como la sucesora del "imperio" decadente actual. Es cierto que algunos de sus problemas podrían ser la carcoma que royera sus cimientos, pero ese riesgo está a varias generaciones de distancia. Por el momento, sus posiciones buscando el control de las materias primas de las que carece, se consolidan en África, en América del Sur… Y sus índices de crecimiento, siguen creciendo impertérritos. Juega sus cartas con bastante prudencia y ha logrado que todos, USA incluida, sepan que ya no puede ser dejada de lado.
  • La Rusia de V. Putin se ha convertido en un enorme quebradero de cabeza. No sé, nadie lo sabe, hasta dónde está dispuesto a llegar el amo del Kremlin en su agresivo, grosero, aventurerismo. Cabalgando en la teoría zarista, así de vieja es la idea, de no mantener fronteras geográficas con el enemigo, es un hecho que la invasión de Ucrania no es más que un ejemplo de lo que podría llegar a hacer si no se le impide. ¿Quién va a hacerlo? Mientras tanto, él mueve sus hilos, estrecha relaciones con los países emergentes menos occidentalistas, y, nos guste a no, se las arregla para soportar las presiones, sanciones incluidas, que no parecen disminuir su capacidad de acción.
  • La India, Brasil, Irán, si bien es cierto que están uno o varios peldaños más abajo todos tienen en común que sus simpatías están más cerca de China y Rusia que de Washington o de  Bruselas (si es que en esos países les preocupa la capital europea).

En resumen, el planeta está cambiando a gran velocidad, nos faltan certezas, metas, señales de por dónde va a ir la humanidad en las próximas décadas


¿Y España?

Para llorar: uno ojea la prensa, ve los noticieros, escucha a los tertulianos, ¿y?

  • Las surrealistas aventuras de Rubiales compiten en tiempo, frecuencia e índices de seguimiento, con las trapacerías de Koldo y su gente; el culebrón del novio de la Presidenta madrileña, con sus denuncias cruzadas, pierde algo de fuelle, frente a lo que podría llamarse "el Frente Begoña". En esas estamos: a falta de mejor cosa que llevarse a la pantalla, arremetamos contra cónyuges y parejas.
  • Senado y Congreso se enzarzan en una pelea por montar Comisiones de Investigación, cuya intención es clara y meridiana: según los casos, o machacar a Pedro Sánchez o dejar en ridículo a Alberto N. Feijoo. ¿O alguien espera otra cosa?
  • PP y PSOE descubren Europa y la ONU y, a estas alturas, están dispuestos, ambos, a dejarnos en ridículo ante el mundo entero, a base de airear nuestras miserias en los foros internacionales.

Tenemos tres procesos electorales a la vuelta de la esquina. De hecho la campaña de las elecciones vascas ya ha comenzado. Parecerían importantes, porque los resultados en Euskadi, en Cataluña o en las europeas, influirán en la política nacional. Pero…

  • Da la impresión de que los vascos siguen moviéndose en tono menor. Todo se reduce a saber quién va a ser el tercero en discordia que ayude al vencedor (vencedor a los puntos, porque el KO parece descartado). Es posible que con los cambios de caras y nombres en las cabeceras de cartel, haya alguna sorpresa, aunque no tiene por qué tener demasiada importancia.
  • Cataluña es otra cosa: allí parece que el único punto en cuestión es quién de los independentistas lo es más, quién es el verdadero padre de la Ley de Amnistía y cuándo y cómo se plantea el referéndum de autodeterminación, con o sin Constitución española de por medio. El que las encuestas, por unanimidad, den al PSC como Partido más votado, no parece un elemento esencial. 
  • Por cierto, me resulta divertida la propuesta del prófugo por antonomasia de celebrar un debate a tres, Junts, ERC, y PSC, por descontado, en algún lugar del sur de Francia. ¿No les parece que deberíamos denominarlo "Debate en el exilio"?

Por su parte, el Presidente Sánchez ha decidido hacerse notar visitando los trabajos de las exhumaciones de Cuelgamuros. Un poco traído por los pelos, pero igual le da resultado. Cosas más extrañas se han visto en política. De momento ha habido que actualizar de golpe lo previsto para que los familiares de los enterrados, que hasta el momento tenían vetada las visitas "por razones de seguridad", puedan también acceder a los osarios.

Así que ésta es España. Me gustaría, para variar, que nuestros representantes se dedicaran a trabajar en cosas que de verdad nos interesaran.