lunes, 18 de junio de 2018

Prebendas de ex Ministros. Mito y realidad.

¿Sueldos y pensiones vitalicias?

Usted, amigo lector, igual que yo, habrá oído o leído en algún mensaje que alguien le haya hecho llegar indignado, que en este país de nuestros amores y sinsabores basta haber sido Ministro alguna vez para tener derecho a seguir cobrando el sueldo por los siglos de los siglos amén.

La información suele acompañarse con expresiones que ponen de manifiesto que en ese punto “todos los políticos son iguales”. Suelen arreciar las críticas contra quienes antes de ser Ministros decían ser blancos y luego resultaron tan negros com los demás. 

Por supuesto, dependiendo de quién sea quien hable, los términos “blanco” y “negro”, gozan de la sorprendente facultad de cambiar de tonalidad a gusto del ciudadano mayormente indignado.

En esta ocasión, por excepción, más que “editorializar”, prefiero informar. Cuatro consultas a la Srª Google (¿o será señor?)  y empiezo a tener las ideas bastante más claras que ayer por la tarde, última ocasión en la que me esforcé en tratar de convencer a  quien tenía delante, de que las cosas no son, necesariamente, como dicen tus informantes de whatsapp.

Ni una cosa, ni, en cierto modo, otra, aunque sigan disfrutando de prebendas un tanto asombrosas.

La Historia reciente de las compensaciones a Ministros que dejan de serlo arranca de la L.74/1980 (Como veremos, el precedente verdadero es catorce años anterior, pero de eso hablaremos luego) Sin entrar en demasiados detalles y lejos de tecnicismos propios de expertos juristas, los beneficios que la Ley de 1980 otorga a ex Presidentes de Gobierno y ex Ministros, son los siguientes:

  • 80% del último sueldo, a percibir por un tiempo igual al que se ha desempeñado el cargo, con un límite máximo de 24 mensualidades.
    
Es evidente que se está muy lejos de la creencia que habla de un sueldo vitalicio, pero es igualmente cierto que esa indemnización es, casi siempre, superior a aquella a la que puede aspirar cualquier trabajador que pierda su puesto de trabajo.

Cierto, también, que el cesado, aunque sea por dimisión, está incapacitado de trabajar durante los dos años siguientes a su mandato en entidades privadas que puedan haber tenido alguna relación con el cometido propio de su cargo. 

Quizás por ello es tan frecuente el ver reaparecer a un ex Ministro en alguna entidad no exactamente privada en cuyas decisiones puede influir el Gobierno: las famosas “puertas giratorias”.

  • En cuanto a la pensión, lo cierto es que el ex Ministro, cuando alcanza la edad de la jubilación tiene derecho al cobro de una pensión que por aplicación de la eufemística fórmula que incorpora le Ley, equivale en el 100 % de los casos a la cuantía máxima de la Seguridad Social.

El derecho a esta pensión ni exige haber cotizado los plazos y períodos que se le piden al resto de los pensionistas, ni es incompatible con la percepción de cualquiera otra pensión pública a la que pudiera tener derecho, lo que es, sin duda, una excepción lindante con lo escandaloso.

¿Qué se estila fuera de nuestras fronteras?

No he investigado a fondo, pero sí lo suficiente como para llegar a la conclusión de que, por extraño que nos parezca, no somos tan raros, ni tan despilfarradores como alguien pudiera suponer. Por ejemplo:

  • En cuanto a las retribuciones que les pagamos a nuestros Ministros y a nuestro Presidente de Gobierno, sólo Grecia y Portugal se muestran más cicateros. El resto pagan mucho mejor que nosotros.

Sé que no todos comparten mi punto de vista pero creo y sostengo que pagar menos de 80.000 € al año a un Ministro es una miseria impropia de las responsabilidades que se le deben exigir. Cualquiera que trabaje en una empresa privada de 1.000 empleados, por ejemplo, que compare con lo que gana un directivo de segundo nivel.

El problema, pienso, no es cuánto debemos pagarle a un político sino cuántos políticos podemos permitirnos el lujo de tener en nómina y qué podemos hacer con ellos no ya si roban (eso, ni  lo hacen tantos, ni, por lo que vemos, están yéndose de rositas), sino, simplemente, si demuestran su ineficacia.

  • Y en cuanto a compensaciones post cese, valgan como meras referencias, algunas cifras que he encontrado referidos casi siempre a Presidentes o Primeros Ministros: 

USA: Según publica el propio Congreso de los Estados Unidos, en 2014 los cuatro Presidentes  que seguían vivos, estaban costando en pensiones y “otros beneficios”, sin contar el coste de la seguridad, 3.517.000 $. En cabeza, George W. Bush, cuyas compensaciones ascendieron a 1.277.000 $.

Francia: Giscard D’Estaign costó 2’5 millones de €, Georges Chirac 1’5. Sarkozy, 2’2 millones. Ignoro el porqué unos les salen más caros que otros a los contribuyentes y el desglose de estas cantidades que superan con mucho los sueldos de los mismos personajes en activo.

Italia: En términos medios, los costes sobre los que venimos haciendo nuestros comentarios, referidos en este caso a Presidentes de República y Presidentes de Gobierno, se mueven en el entorno de los 30/31.000 € al mes.

En resumen: Aunque la mayoría de los países desarrollados no dan trato especial a sus ex Ministros, no se puede decir que los españoles seamos los únicos que lo hacemos.


¿De dónde y desde cuándo viene todo esto?

Del régimen anterior, o, si lo prefieren sin eufemismos ni paños calientes, del franquismo. Tal como suena.

Para ser precisos,  del Decreto 1120/1966, de 21 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Derechos Pasivos de los Funcionarios de la Administración Civil del Estado.

Esta Ley, en su Art. 41 otorga a cualquier ex Ministro, al margen del tiempo que haya permanecido en el cargo, el derecho a la percepción vitalicia (repito: vitalicia, y desde el día del cese, y aunque hubiera permanecido en el cargo más o menos tiempo) del 80 % del sueldo, compatible con cualquier otro genero de ingreso público o privado.

A la muerte del beneficiario, sus herederos, si eran padres o cónyuge, mantenían el 25 % del sueldo también con carácter vitalicio, y en cuanto a los huérfanos, en según que casos, también.

Años después, en el 74, el sistema se amplió a ex Presidentes de las Cortes, del Tribunal Supremo, del Consejo de Estado, del Tribunal de Cuentas del Reino y del Consejo de Economía Nacional.

Así que, de hecho, y aunque muchos, yo entre ellos, creamos que la disminución de prerrogativas debió de haber sido mucho más drástica, es lo cierto que la Ley de 1980 supuso recortar derechos exorbitantes a ciertos Altos Cargos de la Administración. Esta Ley no sólo cambió el futuro de los ex Ministros por venir, sino que eliminó privilegios a los que lo habían sido.

No me resisto en este punto a dar cuenta de un suceso de índole judicial referido a la materia que he venido contando.

En 1987 diecinueve ex Ministros de Franco demandaron al Estado pidiendo que se les mantuviera el sistema que se les había venido aplicando por la normativa del 66. Perdieron el juicio y si alguien quiere conocer los nombres de los demandantes, puede tomarse la molestia de consultar la hemeroteca (El País, 10 de abril de 1987)

En resumen.

Ni es como nos cuentan, ni está justificado tanto dispendio; más aún en tiempos de penurias.

Ni somos los únicos, ni los más derrochadores. Lo que ocurre, creo yo,  es que quienes lo hacen bien son los que no les pagan nada.

El invento data de los tiempos del General Franco. Resulta significativo que esta regulación, precisamente ésta, no haya seguido la suerte de tanta Ley preconstitucional. Será que se les ha olvidado.










   

lunes, 11 de junio de 2018

Chácharas de viejos

La teoría y la realidad.

Uno de los pilares básicos de la democracia representativa es la alternancia de los Partidos en el ejercicio del Poder.

¿Estamos de acuerdo en esto? ¿Seguro? Sigamos. Si eso es así, si la alternancia es consustancial con la democracia, el hecho de que un Partido suceda a otro en el Gobierno de la Nación debería ser valorado como un síntoma de la buena salud política del país.

¿Voy bien hasta ahora? No necesariamente. Para que las cosas sean como digo, falta una condición: que el relevo en el Gobierno se produzca de acuerdo con las previsiones constitucionales y no mediante un golpe de Estado.

Por descontado, hay una alternativa global a lo que estoy describiendo: el rechazo frontal de la democracia. Tengo la impresión de que no es la forma de pensar dominante entre mis conciudadanos, así es que seguiré escribiendo.

Como mis avisados lectores habrán ya sospechado, estoy a punto de hablar de la rasgada general de vestiduras que veo a mi alrededor desde que el Sr. Rajoy fuera desalojado de La Moncloa.

¿Podría pensarse que el procedimiento seguido por el ya nuevo Presidente del Gobierno ha sido o ha podido ser interpretado como una variante edulcorada de un golpe de Estado? No es una pregunta retórica: eso es lo que, por sorprendente que parezca, ha dicho -lo he oído- cierto Presidente de cierta Ciudad Autónoma cuyo acceso a esa Presidencia había ocurrido, sí que es curioso, después de una moción de censura presentada y ganada por su Partido.

Una somera lectura de los artículos 113 y 114 de la Constitución bastarían para sacarnos de dudas: el procedimiento seguido por D. Pedro Sánchez ha sido escrupulosamente constitucional. (Aprovecho la ocasión para recordar a mis lectores que los artículos citados no sólo forman parte del texto de nuestra Carta Magna sino que están tan vigentes como el 155, por ejemplo, o el 3 que es el que habla del español como lengua que todos tenemos el deber de conocer y el derecho a usar).

Más aún, la moción de censura no sólo es un procedimiento consagrado en la Constitución sino que, al margen de los resultados, ya se había ensayado en otras ocasiones. En 1980 lo utilizó el PSOE para apartar a Adolfo Suárez de la Presidencia del Gobierno, y en 1987 el Partido Popular para obligar a Felipe González a irse a su casa. 

Que en ambas ocasiones fracasaran los intentos, ni quita ni pone legalidad al procedimiento. De la misma manera que ni concurrir a las Elecciones garantiza el triunfo, ni la derrota es señal de nada, salvo de que no se tienen apoyos suficientes. Como en la moción de censura.

Las cosas que uno oye.

Viene todo esto a cuento de cosas que vengo oyendo en los últimos días, los pocos transcurridos desde la tan citada moción de censura.

Alguien del Partido que ha salido perjudicado del evento decía ante las cámaras de televisión que a Pedro Sánchez no lo habían elegido los ciudadanos sino “unos Diputados” (le faltó decir que encima no eran de su Partido). 

No, no es lo mismo ganar unas Elecciones Generales que una moción de censura. Pero, y eso es lo decisivo, ambos procedimientos están previstos en la Constitución, como el PP bien sabe, ya que él mismo ha hecho uso del juguete en más de una ocasión. 

Por otra parte, indago un poco (tampoco demasiado) y llego al convencimiento de que esos Diputados de los que hablábamos no son extraterrestres llegados de una lejana galaxia sino nuestros representantes elegidos por nosotros en Elecciones Generales. Igual que los que votaron en contra de la moción pero algo más numerosos.

Más me preocupa, no obstante, no lo que digan políticos profesionales perjudicados por el resultado de la moción, al fin y al cabo respiran por la herida, sino las desmesuradas reacciones que leo en redes sociales.

Desproporción, ponerse la venda antes de recibir la herida, prejuicios, urgencias, sensación de catástrofe. De todo, menos serenidad, pausa, paciencia y esperar antes de hablar.

He leído que cierto locutor sobradamente conocido por su alineamiento con las tesis más conservadoras, se preguntaba por qué desde que manda Pedro Sánchez se han terminado las manifestaciones de pensionistas.

¿Lo pregunta porque no sabe la contestación o para inducir a sus oyentes a sospechar que el nuevo Presidente mantenía adoctrinados y quién sabe si subvencionados, a varios centenares de miles de jubilados de todos los rincones de España? 

¿Tan difícil es de contestar su pregunta? Los manifestantes salían a la calle contra quien no sólo limitaba el crecimiento de sus pensiones, sino que, además les mandaba cartitas presumiendo de cuánto les había subido su peculio. Si el sucesor había prometido vagamente arreglar el entuerto ¿tanto extraña que se tomaran un tiempo antes de verificar que también él les tomaba el pelo?

O sea, que debajo de tan sorprendente pregunta sólo late la extrañeza, lindante con la indignación, de quien da por supuesto que el Poder, ahora y siempre, por los Siglos de los Siglos, le pertenece porque así lo ha querido Dios, y, por consiguiente, no está dispuesto a aceptar sin más que unos pelagatos pordioseros se sienten en sus poltronas.

"Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos"

 En estas cavilaciones andaba yo cuando, de pronto, caigo en la cuenta de que la práctica totalidad de los comentarios, de los mensajes que tanto me asombran proceden de gente más o menos de mi edad. Casi nadie de entre los autores, si es que lo hay, cumple ya los sesenta años.

Son por otra parte, los ciudadanos con los que más suelo hablar, como es de esperar. Unos piensan parecido a mí, otros no. Me da igual. No, no es cierto. Prefiero tener a mi alrededor amigos que piensen lo que mejor les acomode porque no hay más aburrido que estar, hablar y escuchar a los que dicen y piensan exactamente igual que tú. 

Mensajes desazonados, soliviantados, iracundos a veces, pero, sobre todo, temerosos del futuro inmediato. Tal parece que los últimos cambios en nuestro entorno (aclaro que lo de “últimos” hay que tomarlo en el sentido de “los inmediatamente anteriores al momento que decidamos elegir”, o sea, todo lo ocurrido desde hace bastante tiempo) nos auguran un porvenir azaroso, lleno de trampas, con abismos insalvables al final del camino.

Miro a mi pasado y me recuerdo y recuerdo a tan desesperanzada tropa convencidos de que todo era posible, de que teníamos el mundo en nuestras manos, de que el futuro era nuestro. Y lo era. Claro que lo era. ¿De quién iba a ser, sino de los que estábamos en la flor de la edad? De los jóvenes.

Según los casos nos animaba entonces el optimismo filosófico, o la rabia creadora, o la furia reivindicativa, o lo que quiera fuera que hacía circular, rápida, rápida, la sangre por nuestras venas. En definitiva, teníamos cualquier cosa, menos miedo. Ni siquiera andábamos sobrados de dinero, pero tampoco eso era cosa que fuera a enfriar nuestro empuje.

Éramos jóvenes ¡jóvenes! Ese tiempo, pasó y es algo que nunca más volverá. Sí, definitivamente, como dijo Neruda “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Y como éramos eso, la energía hecha carne, sobrevolamos tiempos mucho más problemáticos que los actuales, sin rompernos ni mancharnos. A veces, incluso cantábamos.

¿"Cualquier tiempo pasado fue mejor"?

Sigo pensando que las “Coplas a la muerte de su padre” es el mejor poema (o uno de los mejores, que habrá quien lo vea con menos entusiasmo que yo) escrito en español. No obstante, no comparto el pesimismo que subyace en el verso tantísimas veces repetido.

Nosotros, los que ya no somos lo que fuimos, soportamos el atentado brutal contra el Presidente Carrero Blanco y supimos que el futuro había comenzado. Así lo vivimos la mayoría, no como el preludio de nuestro propio entierro.

Dos años después, la muerte del General Franco nos puso en la disyuntiva de llorar por el pasado o construir el futuro. Todos, o la inmensa mayoría, anduvimos por sendas que no conocíamos buscando lo mejor para todos nosotros y para nuestro país. Incluso los que lo lloraron.

En algún recodo del camino tuvimos que lidiar con la sangría infame que grupos de fanáticos criminales, en nombre de sus propios fantasmas, estaba causando entre las filas de quienes no pensaban como ellos. 

Cada uno hizo lo que pudo, poco, si hemos de ser sinceros, porque el peso de la la lucha lo llevaron otros, pero, y eso es lo que quería resaltar, nunca creímos que eso, el odio vesánico de una banda de forajidos sin alma, pudiera acabar con nuestros sueños de paz y prosperidad.

Aún tuvimos que asistir perplejos a la grotesca aventura del Teniente Coronel Tejero. A unos les causaría sorpresa, a otros vergüenza e, incluso, a algunos pena porque no consiguiera lo que buscaba. ¿Miedo? Sí, también hubo quien lo pasó porque se sintió personalmente amenazado. Dos días después seguimos nuestro camino.

Y ésta es la pregunta que se me ocurre: ¿Estamos ahora en una encrucijada más grave que alguna de las que he citado, el atentado a Carrero, la muerte de Franco, el terrorismo de ETA, el intento de golpe de Estado de Tejero?

En resumen: los que estamos peor que antes, peor que nunca, somos nosotros, cada día más viejos, más tontos, más cobardicas, como si el mero hecho de vivir fuera un peligro, que lo es, desde luego. Pero no seamos cenizos; dejemos que cada generación se equivoque o acierte por sí misma, como hicimos nosotros cuando estábamos en condiciones de hacerlo.

“El tiempo pasará”

Pasará la crisis (hay quien dice, yo no lo creo, que ya pasó) y será el momento de verificar que ni éramos tan ricos antes de ella ni nunca llegamos a ser tan pobres como luego se nos dijo, aunque cientos de miles de compatriotas lo sigan pasando rematadamente mal. Y cuando creamos que todo va bien, nuevas tormentas nos amargarán la existencia. Y algunos volverán a creer en nuevos profetas que tratarán, una vez más de embaucarlos. 

Y hablaremos de si es preciso o no modificar la Constitución, y, si decidimos que lo es, en qué sentido y en qué términos. No estoy ni a favor ni en contra. Creo que la Constitución está al servicio de España, no España al servicio de la Constitución, luego si después de un examen desapasionado llegáramos a la conclusión de que tal o cual aspecto hay que cambiarlo, hagámoslo, porque no estamos hablando de la Biblia sino de un mero texto legal hecho por nosotros que hasta dice qué hay que hacer para cambiarlo.

Cataluña, ésa es otra, se normalizará antes o después. Vistos los errores cometidos en educación y en comunicación y su pervivencia en el tiempo, no creo que lo haga antes de que pasen dos generaciones, y eso si corregimos los errores de los que hablaba cuanto antes. Las aguas volverán a sus cauce por un tiempo, sólo por un tiempo, porque así viene siendo desde hace más de quinientos años 

Habrá que ser cautos, prudentes y, al mismo tiempo, inexorables, no vaya a ser que nos pase lo que les dijo Churchill a sus paisanos hablando de los errores de sus predecesores y de su error garrafal de transigir con Hitler: “Prefirieron la humillación a la guerra y al final, después de la humillación, tuvieron la guerra”. Lo que dicho en castellano antiguo, viene a ser lo mismo que “más vale una vez colorado que ciento amarillo”.

Pedro Sánchez lo hará bien, mal o regular (regular, como todos, sería lo más probable). Está donde está por méritos propios pero, sobre todo, por deméritos ajenos; también como todos los que llegan donde él está. 

Creo que si lo hace bien o regular, puede ser votado cuando toque con ciertas posibilidades de continuar en La Moncloa. En caso contrario, los votantes lo mandaremos de nuevo a su casa. Y la Historia continuará. Mientras tanto ¿Por qué no dejamos que lo intente? 

Lo mejor para España y para todos nosotros sería que él y todos y cada uno de los Presidentes de Gobierno que ha tenido y tendrá España hicieran bien su trabajo, sean quienes sean los que han conseguido auparle hasta el Poder. Sería fantástico que al día siguiente de las elecciones, el país, o le Comunidad o el pueblo se pusiera detrás del elegido y no le estorbara. Si además le ayudara... 

Lo que no parece muy sensato es tirarse a degüello antes, siquiera, de que llegue a su despacho. Si hiciéramos eso, deberíamos tener muy claro, al menos, que no lo hacemos porque Pedro Sánchez se esté equivocando, sino porque creemos que nos ha quitado algo que era nuestro, El Poder, cuando era de todos los españoles, los que piensan como nosotros y los otros, que, en ocasiones, son más.

En resumen:

Como cada día que pase seremos un poco más viejos (la alternativa es peor), bueno sería que nos comportáramos con la sapiencia que se nos presupone a los “senadores”, es decir, a los mayores.

No le demos más vueltas: no estamos al final del camino. El camino sigue hasta el horizonte, ése que se aleja cuando avanzamos, aunque nosotros vayamos más lentos o, incluso, aunque dejemos de andar. 

Nosotros tenemos pasado, un pasado del que algunos nos sentimos orgullosos, pero, nos guste o no el futuro es de otros, de los que vienen detrás. 

Aunque nos suene raro, las nuevas generaciones tienen en común con lo que nosotros fuimos, dos cosas al menos: ni tienen miedo ni van a dejar de recorrer su senda como crean que es su mejor manera de hacerla.




viernes, 1 de junio de 2018

Entre el drama y el esperpento

Por mal que estén las cosas siempre pueden empeorar.

Día y medio alucinante, surrealista, digno de un guionista que escribiera bajo los efectos de cualquier droga alucinógena.

Sedicentes líderes (dejémosles en paisanos, que mejor les cuadra) votando contra lo que defendieron días antes; aliados cirunstanciales que eran enemigos irreconciliables antes de entrar en el hemiciclo, otros que escogieron una senda que les llevaba a la contraria dirección a la que decían buscar. Argumentos contra sus propias palabras que aún resonaban en las bóvedas de la sala; Síes que eran noes, noes que eran síes.

Uno oye decir, más o menos, “me echan ahora que todo va bien; a ver quien arregla ahora lo que falta por hacer” y piensa que la recuperación iba medio bien, o sea medio mal, que no hay que confundir la evolución de la prima de riesgo, con el nivel de los salarios aún lejos de cuando todo empezó a ir de cabeza. Escucha hablar del recuperado prestigio internacional y recuerda, de inmediato, los desplantes de jueces belgas, escoceses o alemanes, edulcorados por las buenas palabras de los políticos afines de todos los países europeos, que siguen siendo, otra vez, el extranjero.

Llega el final, Rajoy saluda a Sánchez, le felicita y se va. Llevaba ausente una tarde y media mañana. Mal gesto, pero tiendo a entenderlo. Impropio de parlamentario curtido pero lógico en un ciudadano, que es lo que vuelve a ser. Llega el final, no, no bostezo, porque no ha lugar. Recupero el aliento y me da por pensar que estábamos mal, que por eso han mandado a Don Mariano a su casa, pero que ¡maldición! todo apunta a que podría ser peor el remedio que la enfermedad.

Dicho de otra manera, que podría ser que nos aplicáramos el principio de Peters, uno de ellos: “Por mal que estén las cosas, siempre pueden empeorar”. Y me da por hacer saldo de qué ha ganado y qué ha perdido cada una de las formaciones políticas (y también sus cabezas visibles, a las que me resisto a llamar “líderes”, porque para mí, eso es otra cosa y, por más que miro, no veo ni uno)

¿Habrá terminado por saber el Sr. Rajoy lo que ha pasado?

Le tenían ganas. Todos. Por distintas razones, pero estaban esperando el momento oportuno para tirarse a su yugular.

Tengo para mí, que se lo ha ganado a pulso. Los últimos meses han sido insoportables. El pudridero del fangal catalán, su desesperante manera de no hacer nada, absolutamente nada para enderezar el rumbo más allá de acudir a los Tribunales; el atorrante sonsonete repetitivo enervante, triunfalista de la recuperación, como si fuera cierto que todo iba bien, cuando soportábamos la creciente brecha de las desigualdades sociales, cuando el paro bajaba a golpe de precariedad, cuando el empleo ya no garantizaba un mínimo de bienestar, cuando Dª Fátima soliviantó a los pensionistas con una carta inadmisible; y la corrupción, la tremenda losa cuyo peso crecía cada semana, cada día, y cuya única contestación era airear el cieno ajeno.

Ayer el Presidente y hoy su Portavoz han acudido una vez más al viejo argumento evangélico de que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Todos han pecado pero el diluvio de cantazos que le ha caído encima se ha llevado por delante, por primera vez desde que se estrenó la Constitución, a un Presidente en ejercicio.

Se equivocó el Sr. Rajoy. Creyó hasta que ya era tarde que ganaría la moción y que, por tanto, saldría ganador. Por eso, creo yo, no se le pasó por la cabeza dimitir. Después, cuando se supo que el PNV, el mismo que le salvó apenas tres días antes, esta vez votaba en su contra, siguió negándose a darse a sí mismo una salida digna.

Dicen que dice que lo hace por el bien de España. Dª Cospedal mediante, parece que se trata de elegir lo mejor para los españoles. No lo creo. Lo mejor para el PP según su análisis que también puede ser erróneo. No han querido correr el riesgo de someterse a nuevas elecciones en plena marea creciente de su socio y principal competidor el también derechista Sr. Rivera. 

Podría el PP haber conservado el Gobierno, aunque Don Mariano tuviera que haber dejado su sillón a otro correligionario. Pudo hacerlo hasta esta mañana. No lo hizo. El tiempo dirá si han acertado o no. Mi opinión es que no, pero, ya saben: no es más que una opinión.

Un penúltimo apunte: hoy ha subido la bolsa y ha bajado la prima de riesgo. Ambas en niveles significativos. Yo creo que ni la presentación de la moción, ni su resultado han tenido mucho que ver con los vaivenes. Mejor así, aunque eso desmienta los agoreros pronósticos de algunos cenizos profesionales

No quiero dejar la ocasión de reconocerle al Sr. Rajoy el mérito incuestionable de haber producido su mejor, más brillante, más elocuente intervención desde que lo conozco. La mejor de esta tormentosa, atormentada y estrafalaria moción de censura.

Una certeza que valdrá de poco: D. Pedro Sánchez es Presidente de Gobierno.

“Digan lo que digan los demás”, hay una certeza previa. Una certeza incuestionable, incómoda para muchos, pero indiscutible: el modo de acceder a la Moncloa del nuevo inquilino ha seguido el procedimiento establecido por la Constitución, de manera que dejen de rasgarse las vestiduras, porque la Constitución que dicen defender quienes ahora claman al cielo, prevé este trámite, como previó la intervención de Cataluña. 

Lo único que eché en falta en el anodino, cauto y circunspecto parlamento del Candidato fue su programa. Teníamos Candidato pero salvo él nadie sabemos exactamente qué es lo que piensa hacer. (Tengo, incluso, mis dudas de si en su mente estará ya el citado programa o aún andará en fase embrionaria)

Es posible que el lunes esté ya en La Moncloa. Por fin, su sueño hecho realidad. Ahora bien, no es que no tenga mayoría parlamentaria, que no la tiene. Es que su desamparo es tan dramático que cada vez que quiera hacer algo se dará cuenta de cuán precario es el equilibrio de su sillón. Necesitará, vez a vez, que vuelva a repetirse el insólito espectáculo de enemigos votando juntos.

Verá la fruición con que su entusiasta felicitador, el Profesor Iglesias, exige su cuota de poder para que él pueda seguir disfrutando la suya. Comprobará lo caro que sale ir de copas con gentes tan poco recomendables como sus costaleros de esta mañana. ¿Qué espera del Sr. Tardá, del Sr. Rufián, de sus primos del PdCat, de sus amigos de Bildu? ¿Cuánto puede fiarse de los conspicuos varones del Partido Nacionalista Vasco? ¿Por qué supone que no harán con él lo que acaban de hacer con el Sr. Rajoy?

Doy por descontado, Sr. Sánchez, que usted ya sabe que un día sí y otro también van a echarle en cara que es usted Presidente sin que le hayamos elegido los ciudadanos. Recuérdeles que el Sr. Calvo Sotelo tampoco lo fue, aunque a lo peor es un mal precedente, porque pasó de Presidente de Gobierno a Diputado del Grupo Mixto.

También le recordarán que usted dice que mantendrá los Presupuestos del Sr. Rajoy a los que usted se opuso. Me pregunto cómo podría usted evitarlo con un Senado de mayoría absoluta del PP y una eventual nueva revisión en el Parlamento, sin el poyo del PNV. O sea, que usted se está limitando a aplicar aquello de “hacer de la necesidad virtud”.

Y lo peor es que igual le da por alargar la agonía de su mandato hasta donde el cuerpo aguante, porque, oye, día que pasa en la Moncloa, día que sigues en el Poder. ¡El Poder! ¿Eso cree? Usted cree que necesita tiempo para convertirse en un líder aclamado por todos. Cuidado, Sr. Presidente. Alargue el mandato, deje crecer a su sombra a los Profesores de Podemos y verá cómo entre ellos y el Sr. Rivera, en vez de terminar con el bipartidismo, inventan y disfrutan de uno nuevo, el de ellos.

No obstante, Sr. Sánchez, por el bien de España, por el bien del pueblo español, por el bien de todos nosotros, espero estar equivocándome de medio a medio. No sabe cuánto me alegraría si en unos meses todos acabáramos por ver, no sin cierta estupefacción, al genial estadista que estaba escondido a la vista de todos. 

¡Ah, si usted arreglara el desmadre catalán, mejorara las pensiones y redujera el déficit al mismo tiempo, solventara el espinoso asunto de la financiación autonómica, simplificara la Administración, modernizara la Justicia, redujera desigualdades…! Porque sé que no olvidará mandar al desván la Ley Mordaza, y alguna otra cosa de las que figuraran en algún programa que usted llegó a tener en otros momentos.

Ciudadanos. otro caso digno de estudio.

Siempre hay argumentos para defender una cosa o su contraria. Eso depende de por dónde crea uno que va a soplar el viento. 

Ciudadanos ha crecido como la espuma, a qué negarlo, apoyado en dos pilares fundamentales: la oposición frontal, sin fisuras (digan los que digan los Hernandos, Cospedales y demás palmeros) ante cualquier asomo de independentismo catalán, y la defensa de una moralidad pública alejada de las prácticas corruptas que vienen asolando España, desde hace demasiado tiempo.

Del primer aspecto, no hace falta añadir ni una palabra. Del segundo, sí. ¿Cómo es posible que un Partido con esas señas de identidad, vote en contra de una moción de censura basada, precisamente, en la denuncia de corrupción consecuente con la Sentencia de la Audiencia Nacional en el caso Gürtel? Por el interés general. Por la conveniencia de sostener la estabillidad. ¡¡¡Ya!!!

No. Rivera se alió con Sánchez no hace tanto tiempo con la intención de desalojar al S. Rajoy de la Presidencia. No lo lograron porque la maniobra no entraba en los planes del Profesor Iglesias, pero lo intentaron. La diferencia es que Ciudadanos entonces era una interesante formación política, cuarta en el orden sucesorio, y ahora es toda una alternativa de Gobierno con serias aspiraciones a tocar el Poder con las manos, si las elecciones se hubieran celebrado tras una larga agonía del PP cuya recuperación se antojaba imposible.

Claro que a lo mejor yo soy un mal pensado y no caigo en la cuenta de que la tolerancia de Ciudadanos con la corrupción va por barrios, porque en Andalucía sostiene al frente de la Junta un Gobierno del PSOE y no ve en ello la menor contradicción con su credo.

Ahora resulta que las cosas han salido al revés y se encuentra en la oposición, pero en una oposición que liderará su gran rival a la hora de disputarse el voto de la derecha. Cosas que pasan cuando uno piensa más en sí mismo que en lo que de verdad cuenta en política. Todo eso, salvo que descubra la cuadratura del círculo y sea capaz de hacer oposición al PSOE y al PP al mismo tiempo.

Los Nacionalistas de acá y de acullá, como siempre, vendiendo o alquilando sus votos.

Ha pasado mucho tiempo. Recuerdo, año 92, haber oído personalmente al Sr. Maciá Alavedra presumir del civilizadísimo comportamiento de Convergencia y Unión que siempre pondría los votos de sus Diputados en Madrid “al servicio de la Gobernabilidad de España”, dijo, y añadió. “Lo hicimos con UCD, ahora con el PSOE y, cuando llegue el momento, lo haremos con el PP”. 

Y lo hicieron. Aún estaba lejos el momento en el que se desenmascaró al clan Pujol. Los independentistas entonces cabían en cuatro taxis. Cobraron a precio de oro sus apoyos y cuando les pareció que había llegado el momento, rompieron, o pretendieron romper, la baraja. Parece que no les está resultando tan sencillo, así es que vuelta a las andadas: “No votamos a Sánchez, votamos contra Rajoy”. 

Entendido. Que levante la mano quien crea que no van a intentar cobrar el oculto peaje de su apoyo al Presidente. El de ayer, y el que se deducirá de seguir manteniéndole en la Moncloa.

Del PNV, mejor lo dejamos. Hoy te salvo el culo y mañana te hundo en la miseria. Total, si me aseguran que los dineros van a seguir viniendo… ¿Y el acercamiento de los gudaris presos a su tierra? De eso, mis queridos lectores, no hay prueba alguna de que se haya hablado. Tiempo al tiempo.

Una sola y discreta mención para la Srª Oramas. No tuve el placer de oírla y lo siento, porque suelo disfrutar con su oratoria y con el fondo de sus intervenciones. Creo que ha sido consecuente. Cuando no gustan las alternativas, lo único sensato es abstenerse. Cierto que la irrelevancia de su voto facilita la independencia de criterio, pero otros en su lugar quizás hubieran caído en la tentación de sacar algo a cambio de su pronunciamiento en un sentido o en otro.

Y D. Pablo Iglesias se acerca algo más al “sorpasso”

El Claustro de Podemos debe de estar frotándose las manos. Por fin casi dos años después, tiene al PSOE donde quería: D. Pedro en la Moncloa, en precario, rehén de sí mismo y de una patulea de formaciones que pueden mantenerle maniatado en tanto no haga día a día lo que se le indique.

De momento, ya está reclamando la entrada en el Gobierno. El argumento, impecable desde el punto de vista de la matemática parlamentaria, es que será difícil gobernar con 84 Diputados y que se haría mucho mejor con 156. Tal parece que D. Pablo no sólo es un experto docente en la ciencia política sino que tiene sobrados conocimientos en ciencias exactas.

Él y ella deben congratularse de que con el desbarajuste instalado en la escena política, sólo algún necio podría recordar el lejano episodio de la compra de su chaletito en la Sierra y de la sorprendente concesión de la hipoteca por mor de las buenas relaciones que mantiene la pareja con el soporte financiero del secesionismo.

Ya han dicho que quieren “compartir responsabilidades de Gobierno” y que aspiran a agotar la legislatura. Lo han dicho sin perder ni un minuto, saliendo del pleno que ha hecho Presidente a Sánchez. Y al final del mandato de ese Gobierno de coalición, me imagino, los posibles aciertos serían de Podemos magnificados por su eficaz aparato de “agit pro” y los errores del pobre Sánchez que no siempre se dejó aconsejar cabalmente.

Entre líneas es fácil leer la amenaza latente: tienes 84 Diputados, sólo eso. Ponte heroico y te mandamos a tu casa. Yo no sé si Sánchez es consciente de la fuerza real que tiene, que es la que se deduce del planteamiento contrario: “haré las cosas como he anunciado, y si no estáis conformes, disuelvo las Cortes y convoco elecciones generales”.

Podemos necesita tiempo, y el nacionalismo pactos. ¿Es imaginable la cara de Tardá, de Quim Torra y demás secesionistas ante un Gobierno de Ciudadanos, presunto ganador de las siguientes Generales? Igual dejaban de presionar al flamante nuevo Presidente.

En Resumen

Pierde el PP, por sus propios errores.

Pierde Ciudadanos por sus cálculos cicateros que además no se cumplieron.

Podría perder PSOE, pese a ganar en apariencia, a poco que se equivoque.

Ganan Podemos y Nacionalistas

Y justo en este momento me viene a la cabeza, inoportuna aquella aleluya:

   “Y nos molieron a palos, 
    los sarracenos.
    que Dios ayuda a  malos
    cuando son más que los buenos”.